CARRERA AL FUTURO: VUELOS PERSONALES, DE SUEÑO A REALIDAD
Desde tiempos remotos, desafiar la ley de la gravedad y levarse por los aires ha sido uno de los mayores anhelos del hombre. Es por eso que muchos dioses fueron representados con alas, al igual que incontables héroes y personajes de ficción.
Algunos avances se han logrado al respecto. Hoy podemos viajar miles de kilómetros en pocas horas gracias al desarrollo de la aeronáutica, que desde la invención de los hermanos Wright no ha dejado de perfeccionarse.
Pero la imaginación de los que aún sueñan con desplegar sus brazos y surcar los cielos no se queda quieta. Es así que nacieron los Jetpacks, curiosos artefactos individuales provistos de motores de propulsión a chorro cuyos gases, al escapar, permiten volar. En las líneas que siguen haremos un repaso sobre el camino recorrido por este singular invento que atravesó los campos del relato para materializarse en lo concreto.
Un producto de la ciencia ficción
La primera versión convencional de un Jetpack fue literaria: en 1928, Buck Rogers –personaje creado por Philip Francis Nowlan- brillaba con su traje rojo en la tapa de Amazing Stories, acompañado de la representación inicial de un cinturón cohete personalizado.
Luego, el aparato pasó a la pantalla –chica y grande-, haciendo sus apariciones en la espalda de personajes como el emblemático James Bond en Operación Trueno, estrenada en 1965; Jango Fett, sicario contratado para eliminar a la reina Padmé en el Episodio II de Star Wars; Iron Man, quien se impulsa con un modelo sofisticado emplazado en sus pies; o Buzz Lightyear, que cuenta con dos alas en su dorso de juguete y poco vuelo, por mencionar algunos.
El paso a la realidad
Como sucedió con diferentes inventos, el Jetpack dejó de ser un elemento sólo existente en el reino de la imaginación para transformarse en una máquina de existencia real de la cual hoy ya es posible acceder a varios modelos, como los que siguen:
1. Skyflash
Desde que se convirtió en piloto a la edad de 14 años, el alemán Fritz Unger soñó con volar sin el estorbo de un avión. Su deseo se hizo realidad al construir, junto a un grupo de amigos, un Jetpack unipersonal que recibió el nombre de Skyflash.
El mismo fue diseñado para poder despegar desde el suelo y, si tiene éxito, será el avión bimotor más pequeño del mundo. Sus alas, que se colocan como una mochila en quien las use, mien 3,5 metros de punta a punta.
Skyflash pesa tan sólo 25 kilos, puede alcanzar una velocidad crucero de 126 kilómetros por hora y su autonomía a es de 60 minutos aproximadamente. Hasta el momento, se ha terminado un ejemplar de la nave hecha con madera contrachapada cubierta por plástico. Se espera que el siguiente paso sea fabricarlo con fibra de vidrio y motores más potentes que le permitan duplicar su rendimiento.
2. The Martin Jetpack
Tras muchos años de trabajo, Glenn Martin y un entusiasta equipo de expertos de la Martin Aircraft Company lograron construir esta nave que utiliza compuestos sofisticados y un sistema de propulsión eficiente para lograr el preciado objetivo de efectuar vuelos personales.
Cuenta con un motor a gasolina especialmente diseñado y con una capacidad de almacenamiento de 18.9 litros, que facilita el despegue y aterrizaje vertical y un vuelo de 50 minutos a lo largo de 30 kilómetros, aproximadamente.
Martin Jetpack pesa 115 kilos, es capaz de alcanzar los 100 kilómetros por hora y actualmente se encuentra en las etapas finales de desarrollo para ser finalmente entregado a los primeros clientes comerciales.
3. Jetlev Flyer
A diferencia de los ejemplos anteriores, este implemento creado por Raymond Li no se desliza libre por los aires, sino que está conectado a una especie de moto acuática sin tripulación mediante un tubo flexible que lo propulsa a través de un motor de 200 caballos de fuerza.
Dichos tubos se conectan a una mochila que es portada por el usuario junto a los controles de vuelo.
Jetlev Flyer puede almacenar hasta 100 litros de combustible; elevarse diez metros por encima de la superficie del agua; y volar a una velocidad tope de 35 kilómetros por hora.
Los que deseen hacerse de un ejemplar deberán pagar la cifra de 227.000 dólares y saber nadar con soltura para no correr riesgos en caso de que el vuelo falle.
Es muy posible que en los años que siguen seamos testigos de nuevos y mejores desarrollos de increíbles tecnologías que den al hombre la posibilidad de hacer vuelos personales cada vez más largos, seguros y –tal vez- accesibles-. Será cuestión de esperar y ver qué pasa. La promesa al menos ya está hecha.
¿Te animarías a usar alguno de los Jetpacks que vimos en esta nota?
Algunos avances se han logrado al respecto. Hoy podemos viajar miles de kilómetros en pocas horas gracias al desarrollo de la aeronáutica, que desde la invención de los hermanos Wright no ha dejado de perfeccionarse.
Pero la imaginación de los que aún sueñan con desplegar sus brazos y surcar los cielos no se queda quieta. Es así que nacieron los Jetpacks, curiosos artefactos individuales provistos de motores de propulsión a chorro cuyos gases, al escapar, permiten volar. En las líneas que siguen haremos un repaso sobre el camino recorrido por este singular invento que atravesó los campos del relato para materializarse en lo concreto.
Un producto de la ciencia ficción
La primera versión convencional de un Jetpack fue literaria: en 1928, Buck Rogers –personaje creado por Philip Francis Nowlan- brillaba con su traje rojo en la tapa de Amazing Stories, acompañado de la representación inicial de un cinturón cohete personalizado.
Luego, el aparato pasó a la pantalla –chica y grande-, haciendo sus apariciones en la espalda de personajes como el emblemático James Bond en Operación Trueno, estrenada en 1965; Jango Fett, sicario contratado para eliminar a la reina Padmé en el Episodio II de Star Wars; Iron Man, quien se impulsa con un modelo sofisticado emplazado en sus pies; o Buzz Lightyear, que cuenta con dos alas en su dorso de juguete y poco vuelo, por mencionar algunos.
El paso a la realidad
Como sucedió con diferentes inventos, el Jetpack dejó de ser un elemento sólo existente en el reino de la imaginación para transformarse en una máquina de existencia real de la cual hoy ya es posible acceder a varios modelos, como los que siguen:
1. Skyflash
Desde que se convirtió en piloto a la edad de 14 años, el alemán Fritz Unger soñó con volar sin el estorbo de un avión. Su deseo se hizo realidad al construir, junto a un grupo de amigos, un Jetpack unipersonal que recibió el nombre de Skyflash.
El mismo fue diseñado para poder despegar desde el suelo y, si tiene éxito, será el avión bimotor más pequeño del mundo. Sus alas, que se colocan como una mochila en quien las use, mien 3,5 metros de punta a punta.
Skyflash pesa tan sólo 25 kilos, puede alcanzar una velocidad crucero de 126 kilómetros por hora y su autonomía a es de 60 minutos aproximadamente. Hasta el momento, se ha terminado un ejemplar de la nave hecha con madera contrachapada cubierta por plástico. Se espera que el siguiente paso sea fabricarlo con fibra de vidrio y motores más potentes que le permitan duplicar su rendimiento.
2. The Martin Jetpack
Tras muchos años de trabajo, Glenn Martin y un entusiasta equipo de expertos de la Martin Aircraft Company lograron construir esta nave que utiliza compuestos sofisticados y un sistema de propulsión eficiente para lograr el preciado objetivo de efectuar vuelos personales.
Cuenta con un motor a gasolina especialmente diseñado y con una capacidad de almacenamiento de 18.9 litros, que facilita el despegue y aterrizaje vertical y un vuelo de 50 minutos a lo largo de 30 kilómetros, aproximadamente.
Martin Jetpack pesa 115 kilos, es capaz de alcanzar los 100 kilómetros por hora y actualmente se encuentra en las etapas finales de desarrollo para ser finalmente entregado a los primeros clientes comerciales.
3. Jetlev Flyer
A diferencia de los ejemplos anteriores, este implemento creado por Raymond Li no se desliza libre por los aires, sino que está conectado a una especie de moto acuática sin tripulación mediante un tubo flexible que lo propulsa a través de un motor de 200 caballos de fuerza.
Dichos tubos se conectan a una mochila que es portada por el usuario junto a los controles de vuelo.
Jetlev Flyer puede almacenar hasta 100 litros de combustible; elevarse diez metros por encima de la superficie del agua; y volar a una velocidad tope de 35 kilómetros por hora.
Los que deseen hacerse de un ejemplar deberán pagar la cifra de 227.000 dólares y saber nadar con soltura para no correr riesgos en caso de que el vuelo falle.
Es muy posible que en los años que siguen seamos testigos de nuevos y mejores desarrollos de increíbles tecnologías que den al hombre la posibilidad de hacer vuelos personales cada vez más largos, seguros y –tal vez- accesibles-. Será cuestión de esperar y ver qué pasa. La promesa al menos ya está hecha.
¿Te animarías a usar alguno de los Jetpacks que vimos en esta nota?