En este post les hablo sobre la historia de Japón y su cultura más antigua.
El pueblo japonés es sumamente consciente de su pasado histórico y es muy importante como materia curricular
Los japoneses valoran los contactos con las culturas china y coreana como formadoras de su cultura, y las relaciones con Occidente, durante el siglo cristiano y a partir del siglo XIX, como igualmente determinantes en su andadura como nación. Son conscientes de los daños ocasionados por Japón durante sus agresiones imperialistas en Corea, China y Manchuria, y de su responsabilidad en la Segunda Guerra Mundial.
El pasado de Japón es dividido por los propios japoneses en siete grandes etapas o edades: prehistórica o senshi, protohistórica o genshi, antigua o kodai, medieval o chûsei, premoderna o kinsei, moderna o kindai, y contemporánea o gendai. Cada una de ellas suele subdividirse en unidades de periodicidad más específicas.
Edad prehistórica o Senshi
Los primeros datos conseguidos sobre la población del archipiélago japonés datan de hace 30.000 años, aunque es probable que las islas estuvieran habitadas previamente. Dado que no existen documentos escritos anteriores al siglo VIII, todo estudio con anterioridad a estos ha de basarse en restos arqueológicos y fuentes documentales chinas o coreanas que hagan referencia a Japón. Los arqueólogos dividen la prehistoria en cuatro grandes períodos: una etapa paleolítica y precerámica anterior al 10.000 a.C.; el período Jômon (ca.10.000-ca. 300 a.C.) durante el cual se introdujo la fabricación de la cerámica; el período Yayoi (ca.300 a.C.-300 d.C.) en el que la utilización del metal y la agricultura de carácter sedentario se generalizaron; y el período Kofun (ca.300-710), edad de las grandes tumbas, que evidencian los inicios de la centralización del poder político. Este último período de transición a la era histórica, en la que se incorpora la escritura, es también encuadrado en el período protohistórico.
Edad protohistórica o Genshi
Antes de finalizar el período Yayoi, desde alrededor de mediados del siglo III, los clanes en la región de Yamato y en otras áreas del centro y oeste de Japón comenzaron a levantar montículos funerarios donde enterrar a sus jefes. Las de mayor dimensión se elevaron en Yamato, zona de mayor preeminencia que controlaba políticamente el resto del país. El periodo Asuka (593-710) marca la fase final de esta transición entre el período protohistórico y su entrada en la historia. Este período arranca del establecimiento de la emperatriz Suiko en su palacio de Toyoura en la región de Asuka en Yamato, al sur de la actual Nara. Ese mismo año, 593, el príncipe Shôtoku se convirtió en su regente. El budismo, introducido a mediados del siglo VI encontró en él y en su corte el mayor apoyo que pudo imaginar.Tanto en arquitectura y urbanismo, como en política, se siguieron los modelos chinos y coreanos y, tomando prestada su escritura, se comenzaron a recoger los primeros anales históricos.
Desde el siglo VIII Japón era el segundo país de Asia Oriental, sólo inferior a China, en sus realizaciones políticas y culturales. Los japoneses asimilaron muchos elementos de la civilización china. Sin embargo, en casi todos los campos marcaron con su propia impronta lo que habían aprendido, de modo que mantuvieron un estilo cultural propio. Mil años después, Japón fue el primero de los países asiáticos orientales en adaptarse a la civilización occidental. Pero, una vez más la fusión cultural resultante muestra el sello distintivo de la herencia histórica propia de Japón. Hoy, las viejas generaciones hablan con cierto tono despectivo de una "nueva raza" (shin-jinrui) de japoneses. Se refieren a los que nacieron después de la Segunda Guerra Mundial y poseen unos intereses y valores que se ven muy distintos a los suyos. Dicha generación, y las que le han seguido, parecen menos disciplinadas, más agresivas, individualistas, occidentalizadas y consumistas. Pero, aun así, es indudable que los shin-jinrui comparten la mayor parte de los valores culturales de sus mayores, haciendo hincapié en los que han contribuido a su destacada posición económica en el ámbito internacional: educación, trabajo duro, disciplina, armonía familiar y grupal, consenso y prioridad de los objetivos nacionales sobre los personales. Más acordes con la cultura occidental que las pasadas generaciones, no por eso han dejado de identificarse con la historia y la cultura de su país.
Edad antigua o Kodai
En el 710 una nueva capital fue diseñada de nueva planta en Nara según los modelos de la capital china de Chang´an de la dinastía Tang. Durante los años que en esta ciudad se mantuvo la capitalidad, Japón recibió numerosas influencias culturales y tecnológicas del continente. Se compilaron las primeras crónicas históricas, el Kojiki (712) y el Nihon shoki (720); el budismo y el confucianismo fueron utilizados con fines políticos para favorecer a la autoridad en el poder y los templos se ramificaron extendiendo sus brazos por todo el país; se centralizó el gobierno y se inició el censado de la población y de la posesión de la tierra. En el 794 se decidió un nuevo traslado de la capital, en esta ocasión se estableció donde se levanta hoy la moderna ciudad de Kyôto. Ésta iba a convertirse en el lugar de residencia permanente del emperador, y en la capital del país hasta el siglo XIX, cuando la capitalidad se trasladó a Edo, la actual Tokyo. El período que va desde el 794 al 1185 se denomina período Heian.
Éste supuso la total asimilación de la cultura china y el florecimiento de una elegante cultura cortesana. Políticamente la corte imperial se vio dominada por los nobles de la familia Fujiwara y encontró dificultades en la proliferación de fuertes dominios llamados shôen, y por tanto, en mantener su control sobre las provincias. Ante la inexistencia de una fuerza militar centralizada y efectiva, los clanes guerreros comenzaron a acumular poder, primero en las provincias y después en la corte. Así la familia de los Taira desplazó a los Fujiwara y ejerció su poder a mediados del siglo XII.
Etapa medieval o shûsei
Los Taira fueron barridos del poder en 1185, de nuevo por un clan guerrero, el encabezado por Minamoto no Yoritomo, quien recibió el título de shôgun, general en jefe de los ejércitos del emperador, y estableció un gobierno militar en Kamakura, una pequeña ciudad al este de Japón. Las cuatro primeras centurias de dominación del guerrero cubren el período Kamakura (1185-1333) y el período Muromachi (1333-1568), y suelen ser descritas como la era feudal de Japón. El gobierno del shôgun asumió el control de la administración de justicia, la sucesión imperial, y la defensa del país contra los intentos de invasiones mongolas a finales del siglo XIII. Primero fue encabezado por Yoritomo y sus hijos, pero con posterioridad, dada la edad de los sucesores, fueron los regentes de la familia de los Hôjô quienes ejercieron el control sobre la nación. En 1333 una coalición encabezada por el emperador Go-Daigo, que pretendía restaurar la perdida autoridad, desbancó del poder a los Minamoto. Fue la familia de los Ashikaga, que había apoyado al emperador, quien consiguió de nuevo hacerse con el poder del shogunato. Ashikaga Yoshimitsu fue capaz de dominar a los poderosos clanes provinciales, que le ofrecieron su apoyo. Cuando su fuerza se debilitó, dichos clanes comenzaron a rivalizar entre ellos y con el shôgun, lo que dio lugar al inicio de las guerras Ônin (1467-1477). El país entró en un período de guerra endémica conocido como "período de los Estados en Guerra" (1467-1568), en el que los señores feudales, ignorando el poder del shôgun y del emperador, se enfrentaron unos con otros por la hegemonía local.
Edad premoderna o kinsei
Desde mediados del siglo XVI se inició un movimiento en favor de la reunificación del país en el que destacaron como protagonistas Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Leyasu. El breve pero espectacular momento en el que Nobunaga y Hideyoshi ejercieron su poder y comenzaron a dar una nueva forma a las instituciones feudales es conocido como período Momoyama (1568-1600) o Azuchi-Momoyama. Tras sucederse uno a otro en el poder, fue Tokugawa Leyasu el que, alcanzando una victoria definitiva sobre los seguidores de la casa de Toyotomi en la batalla de Sekigahara en 1600, asumió un poder que duraría cerca de doscientos cincuenta años en manos de su familia. Esta batalla marca el inicio del período Edo (1600-1868). Leyasu estableció un cuidado orden político basado en un equilibrio en el que el shogunato controlaba Edo y el centro del poder, mientras que los daimyô, clasificados en función de su lealtad, gobernaban unos doscientos cincuenta feudos. Leyasu y sus sucesores fueron capaces de mantener la fortísima centralización del poder mediante este sistema, reforzando la distinción entre clases, institucionalizando para los daimyô un sistema de residencia alternada entre la capital y sus feudos, con la consiguiente lacra económica que suponía, erradicando el cristianismo, y controlando los contactos con el exterior. Esta estructura fue dominada por los samurais, y descansaban sobre el campesinado y los comerciantes las fuerzas económicas del país.
Edad moderna o Kindai
A pesar del opresivo sistema de gobierno de los Tokugawa, el país gozó de más de dos siglos de paz, en un relativo aislamiento del resto del mundo. Esta reclusión fue amenazada a mediados del siglo XIX por rusos, británicos y norteamericanos, quienes, lanzados por la revolución industrial a buscar nuevos mercados, presionaron a China y Japón para entablar contactos comerciales con estos dos grandes consumidores potenciales. El gobierno fue incapaz de mantenerse firme ante dichas presiones y tuvo que firmar tratados que dejaban en desventaja a Japón. Viendo la debilidad del poder del shôgun, los poderosos señores de Satsuma, Chôshû y Tosa, buscaron alianzas en la corte imperial para derrocar a los Tokugawa y restaurar el poder perdido al emperador.
La revolución industrial Japonesa fue una “revolución desde arriba” propiciada por la nobleza japonesa, pues sus intenciones eran la restauración del poder imperial contra el atraso y la debilidad del régimen feudal de los Tokugawa, y su incapacidad para enfrentarse a las amenazas occidentales.
El emperador Mustu-Hito llegaba al poder en 1867 adoptando el nombre de “Meji Tenno” (emperador del gobierno ilustrado). Inmediatamente cambió el aparato del Estado. En 1968 decretó la separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial). Tuvo lugar la restauración Meiji tuvo lugar en 1868 y marca el inicio de una nueva orientación del país, que pasó del aislamiento a la total apertura de sus fronteras no sólo territoriales, sino de todos los campos del saber
Los japoneses decidieron llevar a cabo su proceso de modernización eligiendo el modelo británico como guía al ferrocarril, telégrafo, obras públicas, industria textil y métodos de negocio. El patrón francés inspiró la reforma legas y la reforma del ejército. Los ejemplos alemán y norteamericano se adoptaron en universidades, en la educación primaria así como toda la innovación agrícola e incluso correo.
La acción del gobierno fue decisiva en la modernización del sistema y estructuras económicas. Se creó un marco legal que hizo posible el desarrollo de una economía e mercado y puso a su disposición todos los instrumentos necesarios para favorecer el despegue de la producción nacional. Incidió especialmente en el transporte, las comunicaciones y la industria de acero. Japón importo capital extranjero: se opto pincipalmente por la inversión en bonos del estado y acciones ferroviarias. La gran eficiencia del sistema económico japonés permitió firmemente el desarrollo económico de Japón.
Cabe destacar que fueron sobre todo el sector privado y en concreto el sector textil quienes hicieron de Japón en apenas veinte años un potencia económica ya que se convirtió en el exportador principal de seda natural y otros tejidos de algodón penetrando con fuerza en los mercados norteamericano, chino y coreano. Pues datos como que en 1877 solo existieran 3 fábricas de tejidos y en 1889 fuesen 83 confirman dicho impulso. Pues otros datos como el porcentaje de crecimiento económico del 4,4% anual entre 1880 y 1913 muestra el gran despegue. Cuando en 1912 murió el emperador Mutsu-Hito, Japón era un país rico. La renta nacional entre 1890 y 1914 creció en un 80% y disponía de un ejército fuerte y armado.
El aceleradísimo despegue industrial de Japón fortaleció los sentimientos de identidad nacional y conciencia racial del país. Difícilmente podríamos sospechar que al cabo de medio siglo llevaran a cabo un proceso tan vertiginoso de occidentalización que lo hiciera una gran potencia no solo económica sino que también militar. El sueño de la revolución de 1868, de constituir un país rico y un ejército fuerte se hizo realidad.
Japón redactó su primera constitución en 1889, lo que abrió el camino para un gobierno parlamentario. Inició una fructífera andadura industrial y consiguió el suficiente poder militar como para enfrentarse a China en 1895, a Rusia diez años después, y en 1910 anexionar Corea. El período Taishô (1912-1926) se caracterizó por el reconocimiento internacional de Japón como una de las grandes potencias, por su gobierno democrático, el crecimiento de su economía, y su participación en la diplomacia internacional. El emperador Shôwa tomó el relevo en 1926, y continuó su papel de cabeza visible de la nación hasta 1989, año en el que falleció. El período Shôwa se inició con una mirada optimista, pero pronto, tras su agresión militar de Manchuria y China, Japón fue expulsado de la Liga de Naciones. El ultra nacionalismo y la opresión política dentro del país, llevó a su enfrentamiento con los Estados Unidos y las fuerzas aliadas en Asia y en el Pacífico.
Edad contemporánea o Gendai
La derrota de Japón en 1945, tras sufrir el bombardeo atómico, trajo consigo la ocupación del país por parte de los aliados, la desmilitarización, el desmantelamiento de los grandes imperios industriales de los zaibatsu, la renuncia del emperador a su divinidad, una nueva constitución, una mayor democratización, y un nuevo sistema educativo. Después de un largo y doloroso período de posguerra y reconstrucción del país, la economía japonesa empezó a ponerse a la cabeza del mundo industrializado en los años sesenta y setenta. Las Olimpiadas de 1964, celebradas en Tokyo, ayudaron a su relanzamiento internacional. La nación prosperó gracias a los esfuerzos de los japoneses, que pusieron gran énfasis en la educación y la frugalidad. En los últimos años, bajo la presión internacional sufrida, ha iniciado la liberalización de su mercado con intentos de equilibrar una economía basada casi exclusivamente en la exportación, haciendo más sencilla la importación de productos extranjeros. Esta política se encuadra dentro de las iniciativas que se están realizando para conseguir la verdadera internacionalización de su sociedad.
Ahora hablaremos sobre la Cultura antigua japonesa
El arte en Japón
El arte japonés puede decirse que es un arte religioso, ceremonial, amante de la naturaleza que refleja en sus paisajes con tinte espiritual, lírico y contemplativo, popular y levemente irónico.
El arte japonés empezó siendo religioso, budista esencialmente y sintoísta, pero enseguida reflejó otras coordinadas distintas: verismo, amor a la naturaleza, independencia de toda influencia exterior, capacidad para expresar la belleza, con expresión lírica, sentimental y graciosa a base de escasos elementos tanto en la arquitectura como en la pintura.
Samuráis
La palabra samurái (侍 samurai?) (también samuray1 ) generalmente se utiliza para designar una gran variedad de guerreros del antiguo Japón, aunque bien su verdadero significado es "el que sirve" de una élite militar que gobernó el país durante cientos de años.2
El origen del samurái data en el siglo X y se fortaleció al concluir las Guerras Genpei a finales del siglo XII, cuando fue instituido un gobierno militar bajo la figura del shōgun, por el cual el Emperador de Japón quedó a su sombra como un mero espectador de la situación política del país. Su momento cumbre tuvo lugar durante el período Sengoku, una época de gran inestabilidad y continuas luchas de poder entre los distintos clanes existentes, por lo que esta etapa de la historia de Japón es referida como «período de los estados en guerra».
Históricamente la imagen de un samurái estuvo más relacionada con la de un arquero a caballo que con la de un espadachín, y no fue sino hasta que reinó una relativa paz que la espada adquirió la importancia con la que se la relaciona actualmente; la fantasía y la realidad de los samuráis se ha entremezclado e idealizado y sus historias han servido de base tanto de novelas, como de películas e historietas.
Ceremonia del té samurái
Para la cultura oriental, especialmente para los japoneses, el té es muy importante y forma parte de su vida.El té es milenario y tiene su propia historia especialmente en Japón, un país cuya cultura se ha desarrollado alrededor del té. Para ellos, la ceremonia del té es muy importante, tiene su historia propia, que debe ser respetada y transmitida de generación en generación.
La ceremonia del té japonés se la conoce con el nombre de Chanoyu, que tiene su historia propia y en la cual se sirve no cualquier té, sino el té matcha.
De acuerdo con diversos escritos, la historia del té en Japón comienza con la introducción del té en el siglo VIII, desde China. En esos momentos el té que se bebía no era el té matcha, ya que su aparición se produjo recién en el siglo XII.
En sus comienzos la ceremonia del té se realizaba solamente entre los sacerdotes Zen y las clases altas de la sociedad. Recién a partir del siglo XV esta costumbre comenzó a popularizarse y se llevaba a cabo mediante la practica un juego llamado Tocha. Este juego consistía en servir diferentes tipos de té, provenientes de diferentes regiones del Japón, y que los jugadores reconocieran de qué té se trataba. Si acertaban recibían premios.
Para la cultura japonesa el té es más que una bebida, se relaciona con el espíritu, la creatividad, la sencillez, los instintos y la naturaleza. Hoy día, estas tradiciones se siguen practicando y transmitiendo a las generaciones jóvenes, a tal punto que antes de casarse son instruidos en la ceremonia del té.
La escultura de los budas
Es casi siempre monumental. En ella no puede buscarse la elegancia de lineas, ni la perfeccionista ejecución, ni el modelado de los elementos constructivos. Más, con todo, su naturalismo realista, la naturalidad de una figura común en una pose mil veces repetida, sus ritmos lineales, encuentran en el espectador la aceptación más ardiente, aunque no en el entusiasmo que despierta la obra de arte pura y enajenada de su significación religiosa.
La pintura japonesa
Alcanzo metas como ninguna otra manifestación artística. En ella destacan los ambientes paisajísticos, los motivos naturalistas, la creación de ambientes íntimos con figuras femeninas de suaves líneas y rebuscadas posiciones para incrementar la impresión del movimiento. Ricas de color, de dibujo simple, de acción sencilla y de temática atrayente y diversificada, la pintura japonesa gozo de grandes simpatías en occidente, aunque siempre fueron tenidas como exóticas, dignas de coleccionar pero no de imitar.
Política Actual de Japón
Japón es una monarquía constitucional con un parlamento bicameral o Dieta. El poder ejecutivo lo ejerce un Gabinete, responsable ante la dieta y compuesto por el primer ministro y ministros de estado, debiendo ser todos civiles. El primer ministro debe ser un miembro de la Dieta y elegido por la misma. El primer ministro tiene el poder de nombrar y despedir a los ministros, de los que la mayor parte debe consistir en miembros del parlamento. La constitución atribuye la soberanía, que anteriormente recaía en el emperador, al pueblo japonés, quedando el emperador como símbolo del estado.
La rama legislativa se compone de una cámara de representantes (shūgi-dan) de 480 escaños, elegida por sufragio universal cada cuatro años, y una cámara de consejeros (sangi-dan) de 247 escaños cuyos miembros son elegidos por seis años. El sufragio es siempre universal y secreto para los hombres y mujeres mayores de edad (la mayoría de edad se establece en Japón a los veinte años). Dado que el emperador tiene un papel meramente simbólico, a veces se clasifica a Japón como una democracia parlamentaria. El emperador es la cabeza de la familia imperial japonesa,.
Por último, les dejo un documental sobre Japón en el que habla sobre toda su cultura y su antigüedad. Espero que os guste.
El pueblo japonés es sumamente consciente de su pasado histórico y es muy importante como materia curricular
Los japoneses valoran los contactos con las culturas china y coreana como formadoras de su cultura, y las relaciones con Occidente, durante el siglo cristiano y a partir del siglo XIX, como igualmente determinantes en su andadura como nación. Son conscientes de los daños ocasionados por Japón durante sus agresiones imperialistas en Corea, China y Manchuria, y de su responsabilidad en la Segunda Guerra Mundial.

El pasado de Japón es dividido por los propios japoneses en siete grandes etapas o edades: prehistórica o senshi, protohistórica o genshi, antigua o kodai, medieval o chûsei, premoderna o kinsei, moderna o kindai, y contemporánea o gendai. Cada una de ellas suele subdividirse en unidades de periodicidad más específicas.
Edad prehistórica o Senshi
Los primeros datos conseguidos sobre la población del archipiélago japonés datan de hace 30.000 años, aunque es probable que las islas estuvieran habitadas previamente. Dado que no existen documentos escritos anteriores al siglo VIII, todo estudio con anterioridad a estos ha de basarse en restos arqueológicos y fuentes documentales chinas o coreanas que hagan referencia a Japón. Los arqueólogos dividen la prehistoria en cuatro grandes períodos: una etapa paleolítica y precerámica anterior al 10.000 a.C.; el período Jômon (ca.10.000-ca. 300 a.C.) durante el cual se introdujo la fabricación de la cerámica; el período Yayoi (ca.300 a.C.-300 d.C.) en el que la utilización del metal y la agricultura de carácter sedentario se generalizaron; y el período Kofun (ca.300-710), edad de las grandes tumbas, que evidencian los inicios de la centralización del poder político. Este último período de transición a la era histórica, en la que se incorpora la escritura, es también encuadrado en el período protohistórico.
Edad protohistórica o Genshi
Antes de finalizar el período Yayoi, desde alrededor de mediados del siglo III, los clanes en la región de Yamato y en otras áreas del centro y oeste de Japón comenzaron a levantar montículos funerarios donde enterrar a sus jefes. Las de mayor dimensión se elevaron en Yamato, zona de mayor preeminencia que controlaba políticamente el resto del país. El periodo Asuka (593-710) marca la fase final de esta transición entre el período protohistórico y su entrada en la historia. Este período arranca del establecimiento de la emperatriz Suiko en su palacio de Toyoura en la región de Asuka en Yamato, al sur de la actual Nara. Ese mismo año, 593, el príncipe Shôtoku se convirtió en su regente. El budismo, introducido a mediados del siglo VI encontró en él y en su corte el mayor apoyo que pudo imaginar.Tanto en arquitectura y urbanismo, como en política, se siguieron los modelos chinos y coreanos y, tomando prestada su escritura, se comenzaron a recoger los primeros anales históricos.
Desde el siglo VIII Japón era el segundo país de Asia Oriental, sólo inferior a China, en sus realizaciones políticas y culturales. Los japoneses asimilaron muchos elementos de la civilización china. Sin embargo, en casi todos los campos marcaron con su propia impronta lo que habían aprendido, de modo que mantuvieron un estilo cultural propio. Mil años después, Japón fue el primero de los países asiáticos orientales en adaptarse a la civilización occidental. Pero, una vez más la fusión cultural resultante muestra el sello distintivo de la herencia histórica propia de Japón. Hoy, las viejas generaciones hablan con cierto tono despectivo de una "nueva raza" (shin-jinrui) de japoneses. Se refieren a los que nacieron después de la Segunda Guerra Mundial y poseen unos intereses y valores que se ven muy distintos a los suyos. Dicha generación, y las que le han seguido, parecen menos disciplinadas, más agresivas, individualistas, occidentalizadas y consumistas. Pero, aun así, es indudable que los shin-jinrui comparten la mayor parte de los valores culturales de sus mayores, haciendo hincapié en los que han contribuido a su destacada posición económica en el ámbito internacional: educación, trabajo duro, disciplina, armonía familiar y grupal, consenso y prioridad de los objetivos nacionales sobre los personales. Más acordes con la cultura occidental que las pasadas generaciones, no por eso han dejado de identificarse con la historia y la cultura de su país.
Edad antigua o Kodai
En el 710 una nueva capital fue diseñada de nueva planta en Nara según los modelos de la capital china de Chang´an de la dinastía Tang. Durante los años que en esta ciudad se mantuvo la capitalidad, Japón recibió numerosas influencias culturales y tecnológicas del continente. Se compilaron las primeras crónicas históricas, el Kojiki (712) y el Nihon shoki (720); el budismo y el confucianismo fueron utilizados con fines políticos para favorecer a la autoridad en el poder y los templos se ramificaron extendiendo sus brazos por todo el país; se centralizó el gobierno y se inició el censado de la población y de la posesión de la tierra. En el 794 se decidió un nuevo traslado de la capital, en esta ocasión se estableció donde se levanta hoy la moderna ciudad de Kyôto. Ésta iba a convertirse en el lugar de residencia permanente del emperador, y en la capital del país hasta el siglo XIX, cuando la capitalidad se trasladó a Edo, la actual Tokyo. El período que va desde el 794 al 1185 se denomina período Heian.
Éste supuso la total asimilación de la cultura china y el florecimiento de una elegante cultura cortesana. Políticamente la corte imperial se vio dominada por los nobles de la familia Fujiwara y encontró dificultades en la proliferación de fuertes dominios llamados shôen, y por tanto, en mantener su control sobre las provincias. Ante la inexistencia de una fuerza militar centralizada y efectiva, los clanes guerreros comenzaron a acumular poder, primero en las provincias y después en la corte. Así la familia de los Taira desplazó a los Fujiwara y ejerció su poder a mediados del siglo XII.
Etapa medieval o shûsei
Los Taira fueron barridos del poder en 1185, de nuevo por un clan guerrero, el encabezado por Minamoto no Yoritomo, quien recibió el título de shôgun, general en jefe de los ejércitos del emperador, y estableció un gobierno militar en Kamakura, una pequeña ciudad al este de Japón. Las cuatro primeras centurias de dominación del guerrero cubren el período Kamakura (1185-1333) y el período Muromachi (1333-1568), y suelen ser descritas como la era feudal de Japón. El gobierno del shôgun asumió el control de la administración de justicia, la sucesión imperial, y la defensa del país contra los intentos de invasiones mongolas a finales del siglo XIII. Primero fue encabezado por Yoritomo y sus hijos, pero con posterioridad, dada la edad de los sucesores, fueron los regentes de la familia de los Hôjô quienes ejercieron el control sobre la nación. En 1333 una coalición encabezada por el emperador Go-Daigo, que pretendía restaurar la perdida autoridad, desbancó del poder a los Minamoto. Fue la familia de los Ashikaga, que había apoyado al emperador, quien consiguió de nuevo hacerse con el poder del shogunato. Ashikaga Yoshimitsu fue capaz de dominar a los poderosos clanes provinciales, que le ofrecieron su apoyo. Cuando su fuerza se debilitó, dichos clanes comenzaron a rivalizar entre ellos y con el shôgun, lo que dio lugar al inicio de las guerras Ônin (1467-1477). El país entró en un período de guerra endémica conocido como "período de los Estados en Guerra" (1467-1568), en el que los señores feudales, ignorando el poder del shôgun y del emperador, se enfrentaron unos con otros por la hegemonía local.
Edad premoderna o kinsei
Desde mediados del siglo XVI se inició un movimiento en favor de la reunificación del país en el que destacaron como protagonistas Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Leyasu. El breve pero espectacular momento en el que Nobunaga y Hideyoshi ejercieron su poder y comenzaron a dar una nueva forma a las instituciones feudales es conocido como período Momoyama (1568-1600) o Azuchi-Momoyama. Tras sucederse uno a otro en el poder, fue Tokugawa Leyasu el que, alcanzando una victoria definitiva sobre los seguidores de la casa de Toyotomi en la batalla de Sekigahara en 1600, asumió un poder que duraría cerca de doscientos cincuenta años en manos de su familia. Esta batalla marca el inicio del período Edo (1600-1868). Leyasu estableció un cuidado orden político basado en un equilibrio en el que el shogunato controlaba Edo y el centro del poder, mientras que los daimyô, clasificados en función de su lealtad, gobernaban unos doscientos cincuenta feudos. Leyasu y sus sucesores fueron capaces de mantener la fortísima centralización del poder mediante este sistema, reforzando la distinción entre clases, institucionalizando para los daimyô un sistema de residencia alternada entre la capital y sus feudos, con la consiguiente lacra económica que suponía, erradicando el cristianismo, y controlando los contactos con el exterior. Esta estructura fue dominada por los samurais, y descansaban sobre el campesinado y los comerciantes las fuerzas económicas del país.
Edad moderna o Kindai
A pesar del opresivo sistema de gobierno de los Tokugawa, el país gozó de más de dos siglos de paz, en un relativo aislamiento del resto del mundo. Esta reclusión fue amenazada a mediados del siglo XIX por rusos, británicos y norteamericanos, quienes, lanzados por la revolución industrial a buscar nuevos mercados, presionaron a China y Japón para entablar contactos comerciales con estos dos grandes consumidores potenciales. El gobierno fue incapaz de mantenerse firme ante dichas presiones y tuvo que firmar tratados que dejaban en desventaja a Japón. Viendo la debilidad del poder del shôgun, los poderosos señores de Satsuma, Chôshû y Tosa, buscaron alianzas en la corte imperial para derrocar a los Tokugawa y restaurar el poder perdido al emperador.
La revolución industrial Japonesa fue una “revolución desde arriba” propiciada por la nobleza japonesa, pues sus intenciones eran la restauración del poder imperial contra el atraso y la debilidad del régimen feudal de los Tokugawa, y su incapacidad para enfrentarse a las amenazas occidentales.
El emperador Mustu-Hito llegaba al poder en 1867 adoptando el nombre de “Meji Tenno” (emperador del gobierno ilustrado). Inmediatamente cambió el aparato del Estado. En 1968 decretó la separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial). Tuvo lugar la restauración Meiji tuvo lugar en 1868 y marca el inicio de una nueva orientación del país, que pasó del aislamiento a la total apertura de sus fronteras no sólo territoriales, sino de todos los campos del saber
Los japoneses decidieron llevar a cabo su proceso de modernización eligiendo el modelo británico como guía al ferrocarril, telégrafo, obras públicas, industria textil y métodos de negocio. El patrón francés inspiró la reforma legas y la reforma del ejército. Los ejemplos alemán y norteamericano se adoptaron en universidades, en la educación primaria así como toda la innovación agrícola e incluso correo.
La acción del gobierno fue decisiva en la modernización del sistema y estructuras económicas. Se creó un marco legal que hizo posible el desarrollo de una economía e mercado y puso a su disposición todos los instrumentos necesarios para favorecer el despegue de la producción nacional. Incidió especialmente en el transporte, las comunicaciones y la industria de acero. Japón importo capital extranjero: se opto pincipalmente por la inversión en bonos del estado y acciones ferroviarias. La gran eficiencia del sistema económico japonés permitió firmemente el desarrollo económico de Japón.
Cabe destacar que fueron sobre todo el sector privado y en concreto el sector textil quienes hicieron de Japón en apenas veinte años un potencia económica ya que se convirtió en el exportador principal de seda natural y otros tejidos de algodón penetrando con fuerza en los mercados norteamericano, chino y coreano. Pues datos como que en 1877 solo existieran 3 fábricas de tejidos y en 1889 fuesen 83 confirman dicho impulso. Pues otros datos como el porcentaje de crecimiento económico del 4,4% anual entre 1880 y 1913 muestra el gran despegue. Cuando en 1912 murió el emperador Mutsu-Hito, Japón era un país rico. La renta nacional entre 1890 y 1914 creció en un 80% y disponía de un ejército fuerte y armado.
El aceleradísimo despegue industrial de Japón fortaleció los sentimientos de identidad nacional y conciencia racial del país. Difícilmente podríamos sospechar que al cabo de medio siglo llevaran a cabo un proceso tan vertiginoso de occidentalización que lo hiciera una gran potencia no solo económica sino que también militar. El sueño de la revolución de 1868, de constituir un país rico y un ejército fuerte se hizo realidad.
Japón redactó su primera constitución en 1889, lo que abrió el camino para un gobierno parlamentario. Inició una fructífera andadura industrial y consiguió el suficiente poder militar como para enfrentarse a China en 1895, a Rusia diez años después, y en 1910 anexionar Corea. El período Taishô (1912-1926) se caracterizó por el reconocimiento internacional de Japón como una de las grandes potencias, por su gobierno democrático, el crecimiento de su economía, y su participación en la diplomacia internacional. El emperador Shôwa tomó el relevo en 1926, y continuó su papel de cabeza visible de la nación hasta 1989, año en el que falleció. El período Shôwa se inició con una mirada optimista, pero pronto, tras su agresión militar de Manchuria y China, Japón fue expulsado de la Liga de Naciones. El ultra nacionalismo y la opresión política dentro del país, llevó a su enfrentamiento con los Estados Unidos y las fuerzas aliadas en Asia y en el Pacífico.
Edad contemporánea o Gendai
La derrota de Japón en 1945, tras sufrir el bombardeo atómico, trajo consigo la ocupación del país por parte de los aliados, la desmilitarización, el desmantelamiento de los grandes imperios industriales de los zaibatsu, la renuncia del emperador a su divinidad, una nueva constitución, una mayor democratización, y un nuevo sistema educativo. Después de un largo y doloroso período de posguerra y reconstrucción del país, la economía japonesa empezó a ponerse a la cabeza del mundo industrializado en los años sesenta y setenta. Las Olimpiadas de 1964, celebradas en Tokyo, ayudaron a su relanzamiento internacional. La nación prosperó gracias a los esfuerzos de los japoneses, que pusieron gran énfasis en la educación y la frugalidad. En los últimos años, bajo la presión internacional sufrida, ha iniciado la liberalización de su mercado con intentos de equilibrar una economía basada casi exclusivamente en la exportación, haciendo más sencilla la importación de productos extranjeros. Esta política se encuadra dentro de las iniciativas que se están realizando para conseguir la verdadera internacionalización de su sociedad.
Ahora hablaremos sobre la Cultura antigua japonesa
El arte en Japón
El arte japonés puede decirse que es un arte religioso, ceremonial, amante de la naturaleza que refleja en sus paisajes con tinte espiritual, lírico y contemplativo, popular y levemente irónico.
El arte japonés empezó siendo religioso, budista esencialmente y sintoísta, pero enseguida reflejó otras coordinadas distintas: verismo, amor a la naturaleza, independencia de toda influencia exterior, capacidad para expresar la belleza, con expresión lírica, sentimental y graciosa a base de escasos elementos tanto en la arquitectura como en la pintura.
Samuráis
La palabra samurái (侍 samurai?) (también samuray1 ) generalmente se utiliza para designar una gran variedad de guerreros del antiguo Japón, aunque bien su verdadero significado es "el que sirve" de una élite militar que gobernó el país durante cientos de años.2
El origen del samurái data en el siglo X y se fortaleció al concluir las Guerras Genpei a finales del siglo XII, cuando fue instituido un gobierno militar bajo la figura del shōgun, por el cual el Emperador de Japón quedó a su sombra como un mero espectador de la situación política del país. Su momento cumbre tuvo lugar durante el período Sengoku, una época de gran inestabilidad y continuas luchas de poder entre los distintos clanes existentes, por lo que esta etapa de la historia de Japón es referida como «período de los estados en guerra».
Históricamente la imagen de un samurái estuvo más relacionada con la de un arquero a caballo que con la de un espadachín, y no fue sino hasta que reinó una relativa paz que la espada adquirió la importancia con la que se la relaciona actualmente; la fantasía y la realidad de los samuráis se ha entremezclado e idealizado y sus historias han servido de base tanto de novelas, como de películas e historietas.

Ceremonia del té samurái
Para la cultura oriental, especialmente para los japoneses, el té es muy importante y forma parte de su vida.El té es milenario y tiene su propia historia especialmente en Japón, un país cuya cultura se ha desarrollado alrededor del té. Para ellos, la ceremonia del té es muy importante, tiene su historia propia, que debe ser respetada y transmitida de generación en generación.
La ceremonia del té japonés se la conoce con el nombre de Chanoyu, que tiene su historia propia y en la cual se sirve no cualquier té, sino el té matcha.
De acuerdo con diversos escritos, la historia del té en Japón comienza con la introducción del té en el siglo VIII, desde China. En esos momentos el té que se bebía no era el té matcha, ya que su aparición se produjo recién en el siglo XII.
En sus comienzos la ceremonia del té se realizaba solamente entre los sacerdotes Zen y las clases altas de la sociedad. Recién a partir del siglo XV esta costumbre comenzó a popularizarse y se llevaba a cabo mediante la practica un juego llamado Tocha. Este juego consistía en servir diferentes tipos de té, provenientes de diferentes regiones del Japón, y que los jugadores reconocieran de qué té se trataba. Si acertaban recibían premios.
Para la cultura japonesa el té es más que una bebida, se relaciona con el espíritu, la creatividad, la sencillez, los instintos y la naturaleza. Hoy día, estas tradiciones se siguen practicando y transmitiendo a las generaciones jóvenes, a tal punto que antes de casarse son instruidos en la ceremonia del té.

La escultura de los budas
Es casi siempre monumental. En ella no puede buscarse la elegancia de lineas, ni la perfeccionista ejecución, ni el modelado de los elementos constructivos. Más, con todo, su naturalismo realista, la naturalidad de una figura común en una pose mil veces repetida, sus ritmos lineales, encuentran en el espectador la aceptación más ardiente, aunque no en el entusiasmo que despierta la obra de arte pura y enajenada de su significación religiosa.

La pintura japonesa
Alcanzo metas como ninguna otra manifestación artística. En ella destacan los ambientes paisajísticos, los motivos naturalistas, la creación de ambientes íntimos con figuras femeninas de suaves líneas y rebuscadas posiciones para incrementar la impresión del movimiento. Ricas de color, de dibujo simple, de acción sencilla y de temática atrayente y diversificada, la pintura japonesa gozo de grandes simpatías en occidente, aunque siempre fueron tenidas como exóticas, dignas de coleccionar pero no de imitar.

Política Actual de Japón
Japón es una monarquía constitucional con un parlamento bicameral o Dieta. El poder ejecutivo lo ejerce un Gabinete, responsable ante la dieta y compuesto por el primer ministro y ministros de estado, debiendo ser todos civiles. El primer ministro debe ser un miembro de la Dieta y elegido por la misma. El primer ministro tiene el poder de nombrar y despedir a los ministros, de los que la mayor parte debe consistir en miembros del parlamento. La constitución atribuye la soberanía, que anteriormente recaía en el emperador, al pueblo japonés, quedando el emperador como símbolo del estado.
La rama legislativa se compone de una cámara de representantes (shūgi-dan) de 480 escaños, elegida por sufragio universal cada cuatro años, y una cámara de consejeros (sangi-dan) de 247 escaños cuyos miembros son elegidos por seis años. El sufragio es siempre universal y secreto para los hombres y mujeres mayores de edad (la mayoría de edad se establece en Japón a los veinte años). Dado que el emperador tiene un papel meramente simbólico, a veces se clasifica a Japón como una democracia parlamentaria. El emperador es la cabeza de la familia imperial japonesa,.
Por último, les dejo un documental sobre Japón en el que habla sobre toda su cultura y su antigüedad. Espero que os guste.