“No hay tiempo de dormir una siesta”
Músico y cineasta, armó una banda en Nueva York, que hoy tocará en Buenos Aires junto a Horizonte, además de proyectar un mediometraje que unió a diversos integrantes de la fecha.
Las visitas a Nueva York primero fueron tentativas. No había planes para quedarse definitivamente. Pero la aparición de un amor, como es habitual, cambió los planes. Y Pablo Cubarle, cellista eléctrico y guitarrista del ambiente local, se radicó en Brooklyn. Desde ahí, además de una familia, armó un nuevo proyecto musical, Contramano, junto al bajista estadounidense Jay Troop y el baterista peruano Juandi Aguilar. Un trío de tinte indie y pop integrado con dos discos y la reciente musicalización de un mediometraje (dirigido por el propio Pablo) en su haber, se hizo acreedor de varios premios y llamó la atención de la prensa.
“Allá es muy común que se den este tipo de cruzas musicales porque el ambiente es muy cosmopolita”, cuenta Pablo sobre la experiencia y el recital que hoy a las 20:30 estarán dando en Ultra, cuando presenten un compendio de sus dos álbumes y la proyección de When You Need Them, el film dirigido por el propio Cubarle que cuenta con el protagónico de Nico Pauls y la participación Mariana Baraj en percusión. “Cuenta la vida de un geek argentino que vive en Nueva York y le apasiona todo lo que es la tecnología pero es un poco torpe en el amor”, cuenta sobre este mediometraje que fue premiado en el Festival de Las Vegas, y seleccionado en las competencias oficiales de los festivales de HBO/International Latino, Monterrey y Roma, entre otros.
–¿Cómo influye en la música de Contramano que la banda esté formada por integrantes de distintos orígenes?
–Es algo buenísimo, porque todos terminamos aportando algo distinto. Si a todos nos gustara el mismo estilo o la misma banda, sonaríamos muy parecido a eso. Pero al ser todos de distintos lugares y tener distintas influencias, nos da un toque más particular, una combinación nueva que termina en un rock indie de corte alternativo y formato no convencional de cello eléctrico, bajo y batería, con algunas guitarras y teclados, y letras en inglés y castellano. En la música está todo inventado teóricamente, pero todavía se pueden mezclar distintas músicas.
–Durante estos años de ausencia, ¿mantuviste contacto con el país?
–Vine al país todos los años. Desde allá se extraña. Pero además tengo una hija de siete y siempre trato de que mantenga un contacto con la Argentina. En un momento veníamos muy seguido, porque allá las cosas estaban bien y los pasajes eran baratos, pero ahora la cosa cambió y no puedo viajar tan seguido. La situación del país la veo complicada porque por un lado hay crecimiento, pero por otro lado está todo muy caro. Y mientras más pasan los años, se me hace más difícil la posibilidad de volver. Vas perdiendo el arraigo. Y aparecen cosas que ya no cazás a nivel cultural.
–¿Qué fue lo que más te sorprendió de Brooklyn?
–La variedad, la enorme cantidad de propuestas. Hay miles de personas que todos los años van para allá a cumplir su sueño o proyecto. Y la energía que sentís en el aire es la de que no hay tiempo ni de tirarte a dormir una siesta.