Beato Cardenal John Henry Newman
“el corazón habla al corazón”
Londres, 21 de febrero de 1801 - Birmingham, 11 de agosto de 1890, fue un presbítero anglicano convertido al catolicismo en 1845, más tarde fue elevado a la dignidad de cardenal por el papa León XIII y beatificado en 2010 en una ceremonia que presidió el Papa Benedicto XVI en el Reino Unido.
Su lema, cor ad cor loquitur, “el corazón habla al corazón”, y su fiesta el 9 de octubre.
"desde las sombras y las imágenes hacia la verdad"
“el hábito de oración, la práctica de buscar a Dios y el mundo invisible en cada momento, en cada lugar, en cada emergencia –os digo que la oración tiene lo que se puede llamar un efecto natural en el alma, espiritualizándola y elevándola. Un hombre ya no es lo que era antes; gradualmente... se ve imbuido de una serie de ideas nuevas, y se ve impregnado de principios diferentes” (Sermones Parroquiales y Comunes, IV, 230-231).
Cardenal J. H. Newman
Sermón: “El mundo invisible”
(algunos conceptos)
No miramos las cosas que se ven,
sino las que no se ven;
pues las visibles son temporales,
las invisibles eternas.
2 Cor. 4: 18
Tal como lo repetimos en el Credo, hay dos mundos, “el visible y el invisible”―el mundo que vemos y el mundo que no vemos; y el mundo que no vemos existe tan realmente como el que vemos.
Además de este mundo que podemos ver, existe otro mundo alrededor nuestro, mucho más maravilloso. A nuestro alrededor hay innumerables seres, idas y venidas, seres vigilantes, que trabajan o que esperan, que no vemos: pertenecen a aquel otro mundo, al que no alcanzan a ver nuestros ojos, sino sólo la fe.
Así, tomadas las cosas invisibles y aquellas que vemos, hay que decir que en definitiva las cosas que no vemos son más encumbradas que las que vemos. Pues, antes que nada, está Él, Aquel que está por encima de todas las cosas, que las ha creado todas, ante quién no son nada y con quien nada puede compararse. Bien sabemos que Dios Todopoderoso existe más real y absolutamente que cualquiera de nuestros compañeros cuya existencia certifican nuestros sentidos; y sin embargo no lo vemos, no lo oímos, no lo sentimos, no lo encontramos.
Y en aquel otro mundo también están las almas de los muertos. Ellos también, cuando parten de aquí, de este mundo, no cesan de existir, pero se retiran de la escena de las cosas visibles; o, en otras palabras, dejan de interactuar con nosotros a través de nuestros sentidos.
Los ángeles también habitan el mundo invisible, y a su respecto se nos dice mucho más que de las almas de los fieles difuntos, pues estos últimos “descansan de sus labores; pero los ángeles están activamente empleados entre nosotros, en la Iglesia. Se dice que son “espíritus servidores, enviados para servicio a favor de los que han de heredar la salvación” (Heb. I:14). No existe un cristiano tan modesto que no cuente con ángeles a su servicio, si vive por la fe y para el amor. Y eso, pese a que son tan grandiosos, tan gloriosos, tan puros, tan maravillosos, que con sólo verlos (en el caso que se nos permitiera) caeríamos por tierra, como le ocurrió al profeta Daniel.
Así, el mundo de los espíritus, por muy invisible que sea, está presente; en el presente, no en el futuro, no lejos. No está por encima del cielo, ni más allá de la tumba, está aquí y ahora: el Reino de Dios está entre nosotros. De esto habla el texto: No miramos las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las visibles son temporales, las invisibles eternas.
Así es el reino escondido de Dios; y, así como ahora está oculto, a su debido tiempo será manifestado.
¡Benditos aquellos que a la larga verán aquello que con el ojo mortal no se ve y que sólo se contempla con la fe!.
“Toda carne es heno, y toda su gloria como flor del campo; secase el heno, marchitase la flor, cuando el soplo de Yahvé pasa sobre ella. Sí, el hombre es heno; secase la hierba, la flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece eternamente” (Is. XL:6-8).
Fuentes: Varias
Sobre Newman su biografía y espiritualidad: