

LA MUERTE SEGÚN LA MITOLOGÍA EGIPCIA


Los antiguos egipcios creían en la existencia de un complejo y complicado Más Allá (llamado Duat, Amenti o Necher-Jertet). Era tal su obsesión por ese otro mundo que estaban más preocupados por su futura existencia después de la muerte que por su vida terrenal, de ahí la importancia que le daban a los rituales de embalsamamiento y entierro, ya que morir antes de haber llevado a cabo los preparativos para el otro mundo, podría hacer peligrar la posibilidad de alcanzar la inmortalidad en el paraíso.
Con el transcurso del tiempo, la mitología egipcia se fue modificando generando diferentes versiones, pero en resumen cuando la persona moría, el dios del ultramundo Anubis (con cabeza de chacal) guiaba al fallecido por su viaje en el Más Allá. Ahí, el espíritu del difunto debía deambular en un mundo complejo y peligroso, plagado de lugares enigmáticos y sorteando seres malignos.
Con el transcurso del tiempo, la mitología egipcia se fue modificando generando diferentes versiones, pero en resumen cuando la persona moría, el dios del ultramundo Anubis (con cabeza de chacal) guiaba al fallecido por su viaje en el Más Allá. Ahí, el espíritu del difunto debía deambular en un mundo complejo y peligroso, plagado de lugares enigmáticos y sorteando seres malignos.

El fallecido requería atravesar una serie de puertas, cavernas y montañas vigiladas por criaturas sobrenaturales y aterradoras. Estas criaturas podían ser pacificadas con la recitación de los sortilegios adecuados incluidos en el Libro de los Muertos, destinados a eliminar su amenaza e incluso pasar a gozar de su protección, hasta llegar ante el dios de la resurrección Osiris (con el rostro de color verde) para ser juzgado por sus actos durante su vida y saber si merecía o no la eternidad.
EL JUICIO DE OSIRIS

Era el acontecimiento más importante para el difunto. Ahí primero debía jurar que no había cometido ningún pecado de una lista de 42, mediante la recitación de un texto conocido como la “Confesión Negativa”.
(Es interesante ver que los diez mandamientos se encuentran en la Confesión Negativa. Lo que hace pensar a algunos estudiosos que de ahí se inspiró Moisés para la elaboración del decálogo)
Entonces el corazón del difunto era pesado en una balanza contra la diosa Maat, que encarnaba la verdad y la justicia. A menudo era representada por una pluma de avestruz. Si la balanza permanecía en equilibrio significaba que el fallecido había llevado una vida ejemplar.

El dios de la sabiduría Tot (con cabeza de ibis) actuaba como escriba, anotando los resultados. El dios celeste Horus (con cabeza de halcón) intermediaba entre el finado y Osiris. Al final del juicio, Osiris dictaba su sentencia:
Si esta era favorable, el fallecido podía ir a vivir eternamente en el Aaru (El Paraíso en la mitología egipcia).
Si esta era negativa, lo devoraba la feroz bestia Ammit (una creatura con cabeza de cocodrilo, cuerpo de león y piernas de hipopótamo). Esto se denominaba la segunda muerte y era lo que más temían los antiguos egipcios porque implicaba la completa aniquilación. Dejaban de existir para siempre.
Si esta era favorable, el fallecido podía ir a vivir eternamente en el Aaru (El Paraíso en la mitología egipcia).
Si esta era negativa, lo devoraba la feroz bestia Ammit (una creatura con cabeza de cocodrilo, cuerpo de león y piernas de hipopótamo). Esto se denominaba la segunda muerte y era lo que más temían los antiguos egipcios porque implicaba la completa aniquilación. Dejaban de existir para siempre.


LA MUERTE SEGÚN EL BUDISMO


Hay que saber que no hay una sola versión, ya que el budismo lleva más de 2’500 años existiendo en prácticamente todos los países de Asia, lo que ha generado múltiples versiones influenciadas por las creencias de las culturas locales.
La tradición de los países budistas del Himalaya, basada en el el Bardo Thödol (el libro tibetano de la muerte) dice que cuando la persona muere, la conciencia entra en un periodo de transición entre dos reencarnaciones, conocido como Bardo. Este periodo duraría 49 días y se compone de tres etapas, cada una dividida en dos fases. La enseñanza y los ejercicios espirituales tienen por objetivo encarar correctamente esas etapas.
La tradición de los países budistas del Himalaya, basada en el el Bardo Thödol (el libro tibetano de la muerte) dice que cuando la persona muere, la conciencia entra en un periodo de transición entre dos reencarnaciones, conocido como Bardo. Este periodo duraría 49 días y se compone de tres etapas, cada una dividida en dos fases. La enseñanza y los ejercicios espirituales tienen por objetivo encarar correctamente esas etapas.
EL CHIKHAI BARDO
Sucede al momento de morir y en los instantes que le siguen.
Primera Fase
Se percibe la Luz Clara Primaria que es una luz brillante vinculada con nuestra Naturaleza Divina. Se dice que aquellos que se desarrollaron espiritualmente durante su vida, podrán reconocerla y confrontarla, lo que les permitirá escapar de la rueda de reencarnaciones (Samsara).
Esta Luz se puede también experimentar durante la vida, pero para ello, se requiere permanece en silencio sin ser movido por pensamientos o emociones. Esto generalmente ocurre en un estado profundo de meditación. Experimentar la Luz en plena conciencia permite liberarse de Maya (el mundo de la ilusión).
La mayoría de las personas pasan inconscientemente por esta etapa por muchas causas: impureza de pensamientos y emociones, apego al mundo de la forma y las posesiones, culpa, karma, influencia de las drogas, ignorancia de los estados del bardo y su potencial liberador, etc. De ahí que los movimientos iniciáticos pongan tanto énfasis en la purificación y el desprendimiento.
Esta Luz se puede también experimentar durante la vida, pero para ello, se requiere permanece en silencio sin ser movido por pensamientos o emociones. Esto generalmente ocurre en un estado profundo de meditación. Experimentar la Luz en plena conciencia permite liberarse de Maya (el mundo de la ilusión).
La mayoría de las personas pasan inconscientemente por esta etapa por muchas causas: impureza de pensamientos y emociones, apego al mundo de la forma y las posesiones, culpa, karma, influencia de las drogas, ignorancia de los estados del bardo y su potencial liberador, etc. De ahí que los movimientos iniciáticos pongan tanto énfasis en la purificación y el desprendimiento.
Segunda Fase
Se percibe una Luz Clara Secundaria. Esta correspondería con la luz que personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte (ECM) aseguran haber visto. Aparentemente es de menor intensidad, pero en realidad es la misma Luz que se redujo para adaptarse a las limitaciones de la persona, ya que la intensidad de la Luz depende de la calidad de la Luz dentro de la conciencia de la propia persona.
Al igual que la primera etapa, la liberación también se ofrece aquí como un don de la Inteligencia Divina, sin embargo sería una liberación incompleta, debido a que en la primera fase, la Luz corresponde a una manifestación de la Conciencia Cósmica, mientras que en la segunda fase corresponde a una manifestación de nuestro Sí Superior u monada que es una expresión de la primera a un nivel más “pequeño”, más individual.
Para propiciar el logro de la liberación, los budistas practican meditaciones en donde en un estado alterado de conciencia intentan vivir esa experiencia con la Luz, para así estar preparados y reconocerla cuando se encuentren en el Chikai.
Mientras se experimenta la fase de Chikai, los ruidos físicos o lamentos de los familiares y amigos, pueden distraer a la consciencia del moribundo. Es por esa razón que la habitación donde se encuentre debe estar libre de cualquier condición que pueda perturbar su concentración mental.
Si la persona logra reconocer la Luz, debe fusionarse con ella o absorber su radiación. Esto la llevará a mundos superiores. De lo contrario, si no tiene éxito, la conciencia se desvanece por completo durante 3 a 7 días, hasta la etapa siguiente.
Al igual que la primera etapa, la liberación también se ofrece aquí como un don de la Inteligencia Divina, sin embargo sería una liberación incompleta, debido a que en la primera fase, la Luz corresponde a una manifestación de la Conciencia Cósmica, mientras que en la segunda fase corresponde a una manifestación de nuestro Sí Superior u monada que es una expresión de la primera a un nivel más “pequeño”, más individual.
Para propiciar el logro de la liberación, los budistas practican meditaciones en donde en un estado alterado de conciencia intentan vivir esa experiencia con la Luz, para así estar preparados y reconocerla cuando se encuentren en el Chikai.
Mientras se experimenta la fase de Chikai, los ruidos físicos o lamentos de los familiares y amigos, pueden distraer a la consciencia del moribundo. Es por esa razón que la habitación donde se encuentre debe estar libre de cualquier condición que pueda perturbar su concentración mental.
Si la persona logra reconocer la Luz, debe fusionarse con ella o absorber su radiación. Esto la llevará a mundos superiores. De lo contrario, si no tiene éxito, la conciencia se desvanece por completo durante 3 a 7 días, hasta la etapa siguiente.
EL CHÖNYID BARDO
Primera Fase, cuando la consciencia se despierta, en los siguientes siete días percibe las 42 deidades pacificas. Cada una de estas deidades puede ofrecer al alma, la posibilidad de acceder a los placeres de los dioses, pero estas deidades pueden ser una trampa. Todo es tan hermoso que te puedes perder en tus fantasías.
Segunda Fase, en los siguientes siete días aparecen las 58 deidades iracundas que pueden aterrorizar a aquellos que no entiendan lo que representan. El alma errante puede sentir miedo e huir presa de pánico, arriesgando perderse.
En esta etapa, el contenido subconsciente de la persona se proyecta hacia el exterior como imágenes psíquicas. Estas imágenes pueden tomar la forma de dioses, maestros, ángeles, monstruos, demonios o cualquier cosa que refleje nuestros deseos, como nuestros temores.
Lo importante en esta etapa es no dejarse seducir por las imágenes encantadoras, ni asustarse por las imágenes aterradoras. El objetivo es realizar el “vacío”. Si la persona toma profundamente consciencia que todo ello son solamente creaciones mentales proyectadas al exterior de su ser y por lo tanto son irreales, obtendrá la liberación, ya que de esta manera, transforma su conciencia al darse cuenta de la verdadera base de estas visiones y su integración en su propio ser.
“
Segunda Fase, en los siguientes siete días aparecen las 58 deidades iracundas que pueden aterrorizar a aquellos que no entiendan lo que representan. El alma errante puede sentir miedo e huir presa de pánico, arriesgando perderse.
En esta etapa, el contenido subconsciente de la persona se proyecta hacia el exterior como imágenes psíquicas. Estas imágenes pueden tomar la forma de dioses, maestros, ángeles, monstruos, demonios o cualquier cosa que refleje nuestros deseos, como nuestros temores.
Lo importante en esta etapa es no dejarse seducir por las imágenes encantadoras, ni asustarse por las imágenes aterradoras. El objetivo es realizar el “vacío”. Si la persona toma profundamente consciencia que todo ello son solamente creaciones mentales proyectadas al exterior de su ser y por lo tanto son irreales, obtendrá la liberación, ya que de esta manera, transforma su conciencia al darse cuenta de la verdadera base de estas visiones y su integración en su propio ser.
“
¡Oh bien nacido! No os dejéis seducir por la suave luz de los dioses, es un obstáculo para la liberación.”
EL SIDPA BARDO
Primera Fase
Si la persona no logró la liberación en las etapas anteriores, viene la última prueba que es el encuentro con Yama, el Señor de la muerte (Chos-rgyal en tibetano), quien analizará sus obras, amontonando las buenas acciones en forma de guijarros blancos y las malas en forma de guijarros negros.

Una vida de buenas acciones permitirá un renacimiento positivo e incluso la entrada al reino de los dioses, una vida de maldad condenará al alma a renacer como un animal o una vida de tortura en el infierno.
Segunda Fase
Comienza la búsqueda de renacimiento en el mundo físico. Es el momento en que un alma puede escoger a sus padres y ver su próxima reencarnación.
“¡Oh bien nacido! Ahora veréis a hombres y mujeres enlazados amorosamente. Meditad fervientemente sobre ellos. En el preciso momento en el que semilla y huevo están a punto de unirse, el alma se llena de gozo.
¡Oh bien nacido! Entrad en la matriz caminad con la cabeza alta y emprender el camino de los hombres.”
El viaje termina tal como había comenzado con un largo descenso a través de un túnel oscuro, hacia una luz brillante, pero esta vez el túnel es el útero y lo que brilla al fondo es la primera luz que ve un recién nacido al abrir los ojos.
_ _ _
Para aquellos que están familiarizados con la enseñanza esotérica sobre el tema, verán que hay muchos paralelismos, pero están ocultados por símbolos y alegorías.
Por ejemplo los 49 días que supuestamente dura el Bardo, puede que se dé en casos muy particulares, pero en la mayoría de las personas, según los Mahatmas dura en promedio 1’500 años El numero tiene más bien que ver con la estructura septenaria con la que está constituida la Creación (49=7x7) y que se refleja también en los estados post-mortem.
“¡Oh bien nacido! Ahora veréis a hombres y mujeres enlazados amorosamente. Meditad fervientemente sobre ellos. En el preciso momento en el que semilla y huevo están a punto de unirse, el alma se llena de gozo.
¡Oh bien nacido! Entrad en la matriz caminad con la cabeza alta y emprender el camino de los hombres.”
El viaje termina tal como había comenzado con un largo descenso a través de un túnel oscuro, hacia una luz brillante, pero esta vez el túnel es el útero y lo que brilla al fondo es la primera luz que ve un recién nacido al abrir los ojos.
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Para aquellos que están familiarizados con la enseñanza esotérica sobre el tema, verán que hay muchos paralelismos, pero están ocultados por símbolos y alegorías.
Por ejemplo los 49 días que supuestamente dura el Bardo, puede que se dé en casos muy particulares, pero en la mayoría de las personas, según los Mahatmas dura en promedio 1’500 años El numero tiene más bien que ver con la estructura septenaria con la que está constituida la Creación (49=7x7) y que se refleja también en los estados post-mortem.
EL FUNERAL TIBETANO
Cuando una persona muere o está muriendo, la familia llama a los lamas quienes se colocan al lado del cuerpo para recitar el Bardo Thödol con el objetivo de guiar a la conciencia a través del Bardo. Si los recursos de la familia lo permiten, seguirán recitando durante los siguientes 49 días.
Pasados unos días de su muerte, expertos en el proceso colocan el cadáver en posición fetal, brazos y piernas se atan firmemente, se cubre el cuerpo con telas y se espera que se ponga rígido.
El cadáver es quemado o trasladado a un lugar remoto donde se deposita a modo de ofrenda para que sirva de alimento a los buitres. Esto último puede chocar a los occidentales pero para los tibetanos una vez que se muere, el cuerpo ya no es útil, por lo que como último regalo en esta vida se entrega como alimento para que otros seres puedan seguir viviendo.
Pasados unos días de su muerte, expertos en el proceso colocan el cadáver en posición fetal, brazos y piernas se atan firmemente, se cubre el cuerpo con telas y se espera que se ponga rígido.
El cadáver es quemado o trasladado a un lugar remoto donde se deposita a modo de ofrenda para que sirva de alimento a los buitres. Esto último puede chocar a los occidentales pero para los tibetanos una vez que se muere, el cuerpo ya no es útil, por lo que como último regalo en esta vida se entrega como alimento para que otros seres puedan seguir viviendo.

LA MUERTE SEGÚN EL CHAMANISMO


EL ÁGUILA
Los antiguos videntes, enfrentándose a peligros incalculables, habían “visto” la fuerza indescriptible que es el origen de todos los seres conscientes. La llamaron el Águila, porque al vislumbrarla brevemente, la “vieron” como algo que parecía un águila, negra y blanca, de tamaño infinito. Ellos “vieron” que es el Águila quien otorga la conciencia de ser. El Águila crea seres conscientes a fin de que vivan y enriquezcan la conciencia que les da con la vida. También vieron que es el Águila quien devora esa misma conciencia de ser, enriquecida por las experiencias de la vida, después de hacer que los seres conscientes se despojen de ella, en el momento de la muerte. (EFI,63)
Los chamanes “vieron” que en el Universo existe una fuerza descomunal, un inmenso conglomerado de campos de energía al que denominaron “el Águila” o “el oscuro mar de la conciencia”. Comprobaron que el “oscuro mar de la conciencia” es la fuerza que da conciencia a todos los seres vivos, desde los virus hasta los humanos. Se convencieron de que dota de conciencia al recién nacido, quien la realza mediante sus experiencias vitales hasta el momento en que la fuerza exige su devolución. (PM, 103)
Debido a nuestra conciencia de ser, nosotros pensamos que nos rodea un mundo de objetos. Pero lo que en realidad nos rodea son las emanaciones del Águila, fluidas, siempre en movimiento, y sin embargo inalterables, eternas. (EFI,62)
El universo está formado por campos de energía que desafían las descripciones o el escrutinio. Los brujos las llaman las emanaciones del Águila. Parecen filamentos de luz ordinaria, pero la luz ordinaria carece de vida comparada con las emanaciones del Águila, las cuales exudan conciencia de ser. (ECS,132)
Se asemeja a hilos incandescentes que se extienden en el infinito, en todas las direcciones concebibles; filamentos luminosos que están conscientes de sí mismos, en formas imposibles de comprender. (ADE,14)
A Don Juan personalmente no le gustaba la idea de que algo nos devora. Para él, sería más preciso si los videntes hubieran dicho que hay una fuerza que atrae nuestra conciencia, muy a la manera en que un imán atrae limaduras de hierro. En el momento de morir, todo nuestro ser se desintegra bajo la atracción de esa inmensa fuerza. (EFI,66)
El Águila refleja igualmente y al instante a todos los seres. Por eso no tiene sentido implorarle o pedirle favores. La parte humana del Águila es demasiado insignificante como para conmover a la totalidad. De todas formas, el Águila ha concedido un don a cada uno de los seres vivientes que existen: cada uno de ellos, si así lo desea, tiene el poder de conservar la llama de la conciencia, de buscar y traspasar la abertura hacia la libertad, de desobedecer el comparendo para morir y ser consumido. Es obvio para los videntes que ven o traspasan esa abertura que el Águila ha concedido este don a fin de perpetuar la conciencia. (EDA,177)
Los chamanes “vieron” que en el Universo existe una fuerza descomunal, un inmenso conglomerado de campos de energía al que denominaron “el Águila” o “el oscuro mar de la conciencia”. Comprobaron que el “oscuro mar de la conciencia” es la fuerza que da conciencia a todos los seres vivos, desde los virus hasta los humanos. Se convencieron de que dota de conciencia al recién nacido, quien la realza mediante sus experiencias vitales hasta el momento en que la fuerza exige su devolución. (PM, 103)
Debido a nuestra conciencia de ser, nosotros pensamos que nos rodea un mundo de objetos. Pero lo que en realidad nos rodea son las emanaciones del Águila, fluidas, siempre en movimiento, y sin embargo inalterables, eternas. (EFI,62)
El universo está formado por campos de energía que desafían las descripciones o el escrutinio. Los brujos las llaman las emanaciones del Águila. Parecen filamentos de luz ordinaria, pero la luz ordinaria carece de vida comparada con las emanaciones del Águila, las cuales exudan conciencia de ser. (ECS,132)
Se asemeja a hilos incandescentes que se extienden en el infinito, en todas las direcciones concebibles; filamentos luminosos que están conscientes de sí mismos, en formas imposibles de comprender. (ADE,14)
A Don Juan personalmente no le gustaba la idea de que algo nos devora. Para él, sería más preciso si los videntes hubieran dicho que hay una fuerza que atrae nuestra conciencia, muy a la manera en que un imán atrae limaduras de hierro. En el momento de morir, todo nuestro ser se desintegra bajo la atracción de esa inmensa fuerza. (EFI,66)
El Águila refleja igualmente y al instante a todos los seres. Por eso no tiene sentido implorarle o pedirle favores. La parte humana del Águila es demasiado insignificante como para conmover a la totalidad. De todas formas, el Águila ha concedido un don a cada uno de los seres vivientes que existen: cada uno de ellos, si así lo desea, tiene el poder de conservar la llama de la conciencia, de buscar y traspasar la abertura hacia la libertad, de desobedecer el comparendo para morir y ser consumido. Es obvio para los videntes que ven o traspasan esa abertura que el Águila ha concedido este don a fin de perpetuar la conciencia. (EDA,177)

LA ENERGÍA DEL ÁGUILA AL MISMO TIEMPO NOS DA LA VIDA Y NOS PROVOCA LA MUERTE
« La tumbadora (que es como los toltecas llamaban a la muerte) es una fuerza de las emanaciones del Águila que nos golpea a cada instante.
. . .
Los videntes describen a la tumbadora como una línea eterna de anillos iridiscentes o bolas de fuego que ruedan incesantemente sobre los seres humanos. Los seres orgánicos luminosos son golpeados sin tregua por esta fuerza, también llamada la fuerza rodante, hasta el día en el que los golpes resultan ser demasiado para ellos y los hacen finalmente desplomarse. Los antiguos videntes quedaron boquiabiertos al “ver” entonces cómo la fuerza rodante los tumba al pico del Águila para ser devorados. Por esa razón llamaban a esa fuerza la tumbadora.
La fuerza rodante es el medio a través del cual el Águila distribuye conciencia y vida. Y al mismo tiempo es la fuerza que hace morir a los seres vivientes.
. . .
La fuerza rodante está compuesta por dos fuerzas separadas: la fuerza circular, que golpea primero, es la fuerza dadora de vida (ya que gracias a su golpe el capullo luminoso no se dispersa manteniendo su forma); y la fuerza tumbadora, que golpea inmediatamente después, es la fuerza de la muerte (ya que su golpe va debilitando el capullo luminoso). Los nuevos videntes “vieron” que ambas fuerzas están fusionadas, pero que no son iguales.
En cada ser viviente el equilibrio de las dos fuerzas es muy delicado. Si en cualquier momento dado un individuo siente que la fuerza tumbadora le golpea con mayor fuerza que la circular, esto significa que está roto el equilibrio; a partir de entonces la fuerza tumbadora golpea más y más duro, hasta que rompe la abertura del ser viviente y lo hace morir. »
(EFI,248-254)
. . .
Los videntes describen a la tumbadora como una línea eterna de anillos iridiscentes o bolas de fuego que ruedan incesantemente sobre los seres humanos. Los seres orgánicos luminosos son golpeados sin tregua por esta fuerza, también llamada la fuerza rodante, hasta el día en el que los golpes resultan ser demasiado para ellos y los hacen finalmente desplomarse. Los antiguos videntes quedaron boquiabiertos al “ver” entonces cómo la fuerza rodante los tumba al pico del Águila para ser devorados. Por esa razón llamaban a esa fuerza la tumbadora.
La fuerza rodante es el medio a través del cual el Águila distribuye conciencia y vida. Y al mismo tiempo es la fuerza que hace morir a los seres vivientes.
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La fuerza rodante está compuesta por dos fuerzas separadas: la fuerza circular, que golpea primero, es la fuerza dadora de vida (ya que gracias a su golpe el capullo luminoso no se dispersa manteniendo su forma); y la fuerza tumbadora, que golpea inmediatamente después, es la fuerza de la muerte (ya que su golpe va debilitando el capullo luminoso). Los nuevos videntes “vieron” que ambas fuerzas están fusionadas, pero que no son iguales.
En cada ser viviente el equilibrio de las dos fuerzas es muy delicado. Si en cualquier momento dado un individuo siente que la fuerza tumbadora le golpea con mayor fuerza que la circular, esto significa que está roto el equilibrio; a partir de entonces la fuerza tumbadora golpea más y más duro, hasta que rompe la abertura del ser viviente y lo hace morir. »
(EFI,248-254)
¿CÓMO SE CONFRONTAN LOS GUERREROS A LA MUERTE?
Los guerreros viven con la muerte al lado y de saber que la muerte está con ellos, extraen el valor para enfrentar cualquier cosa. Lo peor que podía pasarnos es que tenemos que morir y puesto que ése ya es nuestro destino inalterable, estamos libres; aquellos que han perdido todo ya no tienen nada que temer. (EFI,268)
La noción de la muerte es de monumental importancia en la vida de los brujos. Lo que nos da cordura y fortaleza es saber que nuestro fin es inevitable. Nuestro error más costoso es permitirnos no pensar en la muerte. Sin una visión clara de la muerte, no hay orden para los brujos, no hay sobriedad, no hay belleza. Los brujos se esfuerzan sin medida por tener a su muerte en cuenta, con el fin de saber, al nivel más profundo, que no tienen ninguna otra certeza sino la de morir. (ECS,142)
En un mundo donde la muerte es el cazador, no hay tiempo para lamentos ni dudas. Solo hay tiempo para decisiones. (VAI,70)
Cada minuto puede ser el último; por tanto, tiene que ser vivido con el espíritu. (EDA,226)
La muerte es nuestro único adversario que vale la pena. La muerte es quien nos reta y nosotros nacemos para aceptar ese reto, seamos hombres comunes o brujos. La muerte no es un enemigo, aunque así lo parezca. No es nuestra destructora, aunque así lo pensemos. La vida es el proceso mediante el cual la muerte nos desafía. La muerte es la fuerza activa. Nosotros somos seres pasivos. Si nos movemos es debido a la presión de la muerte. (ECS,144)
Los nuevos videntes lo cambiaron todo al darse cuenta de que mientras el hombre tenga un capullo no hay manera de aspirar a la inmortalidad. Los antiguos videntes nunca se dieron cuenta de que el capullo humano es un receptáculo y que no puede sostener indefinidamente el embate de la fuerza rodante. (EFI,255)
La conciencia de ser comienza con la presión permanente que ejercen las emanaciones en grande sobre las del interior del capullo. Esta presión produce el primer acto de conciencia; detiene el movimiento de las emanaciones atrapadas, que incesantemente luchan por romper el capullo para salir, para morir. Los videntes saben que en verdad todos los seres vivientes luchan por morir. Lo que detiene a la muerte es estar consciente de ser. (EFI,98)
Lo que ocurre en el momento de la muerte es que toda la energía interior es liberada a la vez. En ese momento los seres humanos se ven inundados por la fuerza más inconcebible. No es la fuerza rodante que ha roto sus aberturas, porque esa fuerza jamás penetra al interior del capullo; solo la hace desplomarse. Lo que los inunda es la fuerza de todas las emanaciones que repentinamente quedan alineadas después de estar adormecidas durante toda una vida. No hay otra salida para una fuerza tan gigante, sino escapar a través de la abertura rota. Eso es la muerte. (EFI,279)
Cruzar hacia la libertad no significa alcanzar la vida eterna en el sentido usual de eternidad; esto es, vivir por siempre. Ocurre, más bien, que los guerreros pueden conservar su conciencia, que normalmente se abandona al momento de morir. En el momento de cruzar, el cuerpo en su totalidad se inflama de conocimiento. Al instante, cada célula se torna consciente de sí misma y además, consciente de la totalidad del cuerpo. (EDA)
Miles de brujos han conseguido retener la fuerza vital después de entregar sus experiencias vitales al “oscuro mar de la conciencia”. Para Don Juan esto quería decir que los chamanes no mueren en el sentido habitual en que entendemos la muerte, sino que la trascienden reteniendo la fuerza vital y desapareciendo de la faz de la tierra cuando emprenden el “viaje definitivo” de la percepción. (PM,105)
En el momento de la muerte los chamanes no son aniquilados, sino que se transforman en “seres inorgánicos”: seres que tienen conciencia pero que carecen de organismo. Para ellos la transformación en un ser inorgánico era evolucionar, y suponía el acceso a una clase de conciencia nueva e indescriptible, conciencia que realmente duraría millones de años y que algún día tendrían que devolver a lo que se las había dado: el “oscuro mar de la conciencia”. (PM,106)
La noción de la muerte es de monumental importancia en la vida de los brujos. Lo que nos da cordura y fortaleza es saber que nuestro fin es inevitable. Nuestro error más costoso es permitirnos no pensar en la muerte. Sin una visión clara de la muerte, no hay orden para los brujos, no hay sobriedad, no hay belleza. Los brujos se esfuerzan sin medida por tener a su muerte en cuenta, con el fin de saber, al nivel más profundo, que no tienen ninguna otra certeza sino la de morir. (ECS,142)
En un mundo donde la muerte es el cazador, no hay tiempo para lamentos ni dudas. Solo hay tiempo para decisiones. (VAI,70)
Cada minuto puede ser el último; por tanto, tiene que ser vivido con el espíritu. (EDA,226)
La muerte es nuestro único adversario que vale la pena. La muerte es quien nos reta y nosotros nacemos para aceptar ese reto, seamos hombres comunes o brujos. La muerte no es un enemigo, aunque así lo parezca. No es nuestra destructora, aunque así lo pensemos. La vida es el proceso mediante el cual la muerte nos desafía. La muerte es la fuerza activa. Nosotros somos seres pasivos. Si nos movemos es debido a la presión de la muerte. (ECS,144)
Los nuevos videntes lo cambiaron todo al darse cuenta de que mientras el hombre tenga un capullo no hay manera de aspirar a la inmortalidad. Los antiguos videntes nunca se dieron cuenta de que el capullo humano es un receptáculo y que no puede sostener indefinidamente el embate de la fuerza rodante. (EFI,255)
La conciencia de ser comienza con la presión permanente que ejercen las emanaciones en grande sobre las del interior del capullo. Esta presión produce el primer acto de conciencia; detiene el movimiento de las emanaciones atrapadas, que incesantemente luchan por romper el capullo para salir, para morir. Los videntes saben que en verdad todos los seres vivientes luchan por morir. Lo que detiene a la muerte es estar consciente de ser. (EFI,98)
Lo que ocurre en el momento de la muerte es que toda la energía interior es liberada a la vez. En ese momento los seres humanos se ven inundados por la fuerza más inconcebible. No es la fuerza rodante que ha roto sus aberturas, porque esa fuerza jamás penetra al interior del capullo; solo la hace desplomarse. Lo que los inunda es la fuerza de todas las emanaciones que repentinamente quedan alineadas después de estar adormecidas durante toda una vida. No hay otra salida para una fuerza tan gigante, sino escapar a través de la abertura rota. Eso es la muerte. (EFI,279)
Cruzar hacia la libertad no significa alcanzar la vida eterna en el sentido usual de eternidad; esto es, vivir por siempre. Ocurre, más bien, que los guerreros pueden conservar su conciencia, que normalmente se abandona al momento de morir. En el momento de cruzar, el cuerpo en su totalidad se inflama de conocimiento. Al instante, cada célula se torna consciente de sí misma y además, consciente de la totalidad del cuerpo. (EDA)
Miles de brujos han conseguido retener la fuerza vital después de entregar sus experiencias vitales al “oscuro mar de la conciencia”. Para Don Juan esto quería decir que los chamanes no mueren en el sentido habitual en que entendemos la muerte, sino que la trascienden reteniendo la fuerza vital y desapareciendo de la faz de la tierra cuando emprenden el “viaje definitivo” de la percepción. (PM,105)
En el momento de la muerte los chamanes no son aniquilados, sino que se transforman en “seres inorgánicos”: seres que tienen conciencia pero que carecen de organismo. Para ellos la transformación en un ser inorgánico era evolucionar, y suponía el acceso a una clase de conciencia nueva e indescriptible, conciencia que realmente duraría millones de años y que algún día tendrían que devolver a lo que se las había dado: el “oscuro mar de la conciencia”. (PM,106)

