Vivimos en un mundo audiovisual, donde hay una loca persecución por la calidad de la imagen, por la resolución que ofrecen los aparatos: megapixeles de las cámaras digitales (y de teléfonos y tablets con cámara integrada), monitores más grandes para poner los puntitos más pequeños (ya 1024×768 se nos queda corto, vamos a por los 1200) Ahora bien: ¿qué resolución tiene nuestro ojo?. Y la deducción lógica: ¿es inteligente tener aparatos que den más resolución que la de nuestro ojo? Para la primera pregunta, hay una aparente incógnita: El número de “pixeles” (receptores) de nuestra retina es de es de un orden aproximado de 85-126 millones (80-120 millones de bastones y 5-6 millones de conos). O sea, que cada ojo tendría en torno a 100 megapixeles. No está nada mal, ¿no? Pero ahora viene el problema: toda esta información llega al cerebro por un cable, el nervio óptico. Pero las fibras de este cable sólo son de un millón, como mucho de millón y medio. O sea, que al cerebro le llega sólo una imagen de 1 o 1,5 megapixeles. Una imagen un tanto “cutre”, ya que las cámaras digitales más mediocres ya tienen 3 ó 4 megapixeles.
Ahí lanzo las dos preguntas:
- ¿Qué ha pasado con la información perdida? (de 100 a 1 millón)
- Si es cierto que sólo tenemos 1 megapixel de resolución, ¿podemos realmente percibir la mejor calidad de imágenes de mas megapixeles? Bueno, ahí van las incógnitas. Echadle imaginación y poned vuestras teorías.
Bien, había puesto una serie de preguntas y admito que he hecho un poco de trampas, jeje. He comparado el ojo con una cámara digital o un monitor de ordenador para que todos diéramos por sentado que el funcionamiento es el mismo, es decir, una malla o cuadrícula con cuadrados muy pequeños, que son los pixeles o receptores. Pero sobreentendíamos que era una malla regular y homogénea, todos los pixeles tenían el mismo tamaño y la misma distancia entre ellas. A partir de aquí, llegaron las contradicciones.
Pero noooooo, he manipulado la información vilmente. Bien, retrocedamos un poco. Supongamos que tenemos un monitor con 3 millones de pixeles y 14 pulgadas, y otro monitor con los mismos pixeles pero de 19 pulgadas. ¿Cuál tiene más resolución?.
Efectivamente, el de 14 pulgadas, porque forzosamente los pixeles tienen que ser más pequeños. Es decir, la resolución de la imagen depende de la densidad de los pixeles o receptores, no de su número absoluto
La retina es un sistema muy sofisticado que podemos separar de forma didáctica en 2 zonas.
* Una zona “de alta resolución” con los receptores muy juntitos, que nos permite ver la imagen muy nítida.
* Una zona de alta sensibilidad y rapidez, donde sacrificamos parte de la calidad de la imagen en favor de la velocidad y del tamaño (conseguir una imagen grande para hacernos una idea de todo lo que nos rodea, aunque no sea totalmente nítida)
Lo curioso es que no somos conscientes de ver una parte nítida y una parte “desenfocada”. El cerebro y una serie de movimientos involuntarios de los ojos se encargan de ello.
Me extenderé en otro artículo sobre esos dos sistemas, y resolveré las aparentes contradicciones del artículo anterior (200 millones de receptores con solo 1 millón de cables)
La retina central
Bien, ya sabemos que la retina, la pantalla donde llega la imagen del exterior, no es un órgano sencillo y homogéneo. Según la zona que examinemos, se especializa en una función.
Hoy vamos a ver la zona más importante, la retina central, la que se encarga de la resolución de la imagen. Es la zona más compleja y más delicada de la retina, y también la parte más “noble” del ojo. De su buen estado depende nuestra visión. Anatómicamente la parte central se llama mácula, que significa mancha en latín. Se llama así porque es como una “mancha oscura” en el centro del fondo de ojo. Si la retina tiene un color naranja brillante, la mácula tiene una coloración más marrón.
En centro de esta mácula hay como un socavón, una depresión microscópica, llamada fóvea.
¿Qué tiene de especial esta fóvea?. Los fotorreceptores, esas células que reciben la luz, están muy juntos, y además son sólo conos. Esta particularidad es la que nos da la resolución de la imagen. Como dijimos en el artículo anterior, cuanto más juntos están los receptores, mejor resolución tenemos, imágenes más nítidas
Fijaos en este esquema: las células alargadas de abajo son los receptores. La fóvea se ve como una depresión con forma de cuña, y justo a ese nivel, los receptores, en este caso conos (que parecen como zanahorias azules en este dibujo) están muy juntos unos a otros.
Bueno, quizá os decepcione un poco, pero así de simple es el secreto. Unos pocos conos muy juntos dan una imagen muy nítida, al estar “apretujando” los receptores (es decir, los pixeles) si llegan 2 rayos de luz muy próximos podrán ser captados por dos receptores diferentes, y se verán como puntos diferentes. Es decir, imagen de gran resolución.
Lógicamente, en esta retina central, cada cono tiene su propia fibra nerviosa para él.
Cuantitativamente, de los 200 millones de receptores de la retina, sólo 150.000 cumplen esta función de retina central, y por tanto del millón de fibras nerviosas que hay en el nervio óptico, sólo 150.000 se ocupan de la “visión de alta resolución”. El resto, cuantitativamente es más grande, pero funcionálmente mucho menos importante.
Me diréis: entonces tenemos mucha resolución en poco espacio, el resto de la retina vera borroso, no nítido y “pixelado”. Pues así es.
La fóvea y la zona de alrededor que todavía tiene buena resolución de imagen ocupan unos 3 grados de visión, de los 120º de campo visual que tiene un ojo. O sea, justo el centro. Por eso sólo vemos enfocado lo que está exactamente en el centro de nuestra visión.
Podéis probarlo vosotros mismos. Mirad un cartel a lo lejos y leedlo. Después intentad leerlo sin mirar exactamente al cartel, sino a otro objeto un poco al lado. Es difícil hacer la prueba porque los ojos se mueven automáticamente a lo que queremos ver, es casi involuntario. Pero si conseguís tener la mirada un poco apartada, descubriréis que no lo podéis leer. Reconocéis los colores del cartel, pero no tenéis suficiente nitidez para leer.
Otro experimento: mirad a los ojos de alguien que está leyendo un papel. Los ojos van dando saltitos muy rápidos de izquierda a derecha, y cuando acaban la línea un salto grande de derecha a izquierda. Eso es porque sólo podemos leer lo que cae en la fóvea, y tenemos que estar desplazando constantemente la mirada hacia el siguiente grupo de palabras.
Si nuestro ojo tuviera la misma capacidad de resolución en toda la retina, leeríamos “de un golpe de vista”, no tendríamos que irnos desplazando por el papel.
