InicioCiencia EducacionConsejos para estudiar menos, pero de manera más inteligente


Aprender no es lo mismo que memorizar, y estudiar no es tampoco esas dos cosas juntas. El estudio es una disciplina llena de mitos, medias verdades y contaminada por un sistema educativo que a menudo se enfoca en exceso en memorizar largos párrafos de texto. Hay mejores maneras de hacerlo.

Aquí tienes algunos consejos para mejorar la manera en la que estudias y sobre todo entender cuáles son las bases y los patrones que se esconden detrás de la memoria y de la relación de conceptos:




Estudia en sesiones de 25 minutos

Este es uno de los más básicos pero también de los más importantes por la cantidad de veces que se ignora. La idea de que la mejor manera de aprender es "echarle codos" y pasar horas frente a los libros o apuntes está tan arraigada que normalmente o se ignora o se toma con recelo. La realidad es que la capacidad de concentración y por tanto de aprendizaje del ser humano desciende drásticamente a partir de los 25 minutos, y que la manera más efectiva para aprender es dividir las sesiones en pequeños fragmentos de aproximadamente esa duración.

Una buena manera de aplicar esta técnica es usar el método Pomodoro. Es una técnica de productividad que consiste en dedicarle 25 minutos de concentración máxima a realizar una única tarea, sin distracciones. Sólo eso. Pasados esos 25, intercalamos con un pequeño descanso de 5 minutos y vuelta a empezar. Una hora tiene, por tanto, dos pomodoros. Muchos estudios sostienen que las personas que aprenden más rápido es porque son capaces de manejar y mantener su concentración durante un breve periodo de tiempo pero que, por contra, es muy productivo.


Cómo usar la técnica Pomodoro para aumentar tu productividad


Si siempre estás buscando maneras de ser más productivo, posiblemente has escuchado o leído acerca de la técnica Pomodoro. Fue creada en la década de los 80 por Francesco Cirillo y todavía hoy sigue siendo una de las técnicas para administrar el tiempo más populares en el mundo. El nombre Pomodoro (“tomate” en español) que le dio su creador, viene de que usó un temporizador de cocina en forma de tomate.

Aunque este método no es lo ideal para algunas personas, para otros resulta excelente y les permite realizar el máximo posible de tareas durante el día sin perder tiempo procrastinando, y al mismo tiempo tomando varios descansos para despejar la mente y relajarse.


¿En qué consiste la técnica Pomodoro?



La técnica Pomodoro trata de conseguir que se logren tantas tareas como sea posible en la menor cantidad de tiempo, manteniendo una concentración alta mientras el cerebro está fresco y descansado. El proceso es simple: durante 25 minutos deberás trabajar sin distracciones de ningún tipo, lo que se llamará “pomodoro”. Cuando un pomodoro finaliza tendrás 5 minutos de descanso. Después de que pasen cuatro pomodoros (o 100 minutos de trabajo), tendrás otro descanso de 15 minutos donde puedes levantarte de la silla, caminar un poco, o hacer cualquier otra cosa lejos del ordenador.


Objetivos para obtener mejores resultados usando la técnica Pomodoro

  • Averigua cuánto tardas en terminar una actividad contando los pomodoros. ¿Necesitas cuatro para terminar un trabajo de la universidad? ¿Necesitas dos para responder todos los correos del trabajo?

  • Aprende a proteger el pomodoro, es decir, no permitas que ninguna de las distracciones externas hagan que pierdas las concentración. En caso de que pase en algún momento, anótalo para saber cuántas veces en esos 25 minutos sentiste que necesitabas desconcentrarte.

  • En los 25 minutos de cada pomodoro incluye algunos minutos para recapitular y revisar lo que hiciste.

  • Organiza tu tiempo de acuerdo a los pomodoros. Esta idea debe ser tomada después de saber cuántos pomodoros te lleva cada actividad. Si te organizas y sabes cuánto tiempo tardarás en hacerlo todo, entonces también podrás crear más tiempo libre.
  • Después de cumplir los cuatro objetivos anteriores, trata de conseguir una meta personal. Por ejemplo: mejorar aún más tu eficiencia o la calidad del trabajo que estás haciendo. También puedes crear objetivos alrededor del tiempo libre usándolo como un premio al finalizar todo.




Nunca olvides los pequeños descansos


Entre cada pomodoro debes tener recesos, aunque sean de apenas 5 minutos. Este es el secreto para ser productivo, darte un poco de tiempo para que tu cerebro descanse después de estar concentrado en una tarea por poco menos de media hora.

Si sigues este sistema y te levantas de la silla cada cuatro pomodoros, realmente aumentarás tu productividad rápidamente, especialmente porque es una técnica muy sencilla para usar y que da resultados inmediatos.


¿Cómo comienzo?

Su creador utilizó un temporizador de cocina, y aunque esa sigue siendo una opción más que válida, ahora podemos utilizar pomodoro mediante aplicaciones especializadas para diferentes dispositivos.

Si no quieres instalar nada, puedes usar Marinara Timer , una aplicación web excelente y gratuita que te dará un enlace personalizado para controlar tu Pomodoro cada vez que quieras. Cuando te toque tomar un descanso, la app emitirá un sonido, aunque siempre puedes mirar el timer para saber cuánto tiempo te queda.

También puedes probar con opciones como Moosti que es mucho más sencilla y tiene aplicación para Chrome, o Tomato Timer que tiene notificaciones de escritorio y atajos de teclado.




Para tu smartphone


Si tienes Android una simple búsqueda en la Play Store te mostrará decenas de aplicaciones para seguir la técnica Pomodoro. Sin embargo, dos las mejores son It’s Pomodor Time y CleanFocus. Ambas son muy sencillas y fáciles de usar, además de gratuitas.

Si usas iOS definitivamente deberías instalar Pomodoro Timer, una aplicación que cuesta US$1.99 y que es hermosa. Para quienes quieran una versión gratuita tenemos Flat Tomato.







It's Pomodoro Time! Para Android







ClearFocus: Pomodoro Timer Para Android





Pomodoro Timer Para iOS




Aprende diferentes técnicas de lectura: skimming y scanning

Leer un libro de texto y entender, clasificar y diferenciar lo que se está leyendo suele ser una de las tareas claves a la hora de aprender cualquier cosa. El skimming y el scanning son dos técnicas de lectura que permiten coger grandes cantidades de texto y abordar su contenido sin tener que ir línea por línea.

  • Skimming: A menudo suele entenderse como pasear la vista por encima del texto captando palabras sueltas aquí y allá. Aunque no es 100% erróneo, hay maneras mucho más ordenadas de aplicar dicha técnica. Probablemente la mejor sea leer la primera línea de cada párrafo, únicamente. Al terminar, aunque no tendremos un conocimiento exacto del contenido del texto en nuestra cabeza habrá un bonito esquema mental de cómo está dispuesta la información y como podemos abordarla para su aprendizaje.


  • Scanning: Al contario que el skimming, el scanning sí consiste en pasear la mirada línea tras línea cogiendo una breve noción de lo que se expone en el texto. El truco está, sin embargo, en coger varias palabras clave e irlas buscando mientras se realiza este proceso. Identifica las 3 palabras clave (otra buena técnica de aprendizaje) que tienes que buscar y escenea el texto en busca de las mismas. Cada vez que la veas, subraya.



Digamos entonces que el paso lógico sería hacer primero un skimming general para entender mínimamente de qué va lo que estamos leyendo y cómo está dispuesta la información para luego hacer un scanning en busca de palabras clave.



Si no puedes explicarlo, no lo has entendido



Es popular el dicho (atribuido erróneamente a Einstein) de que si no eres capaz de explicarle algo a un niño de 5 años es porque no lo entiendes del todo. Aunque con sus matices, la cuestión es que tiene parte de verdad. El cerebro entiende y aprende conceptos completamente cuando es capaz de destilarlos hasta su esencia misma.

La mejor manera de aplicar esto es simular clases con lo que estemos estudiando. Recopila todo en unas breves notas, ponte de pie y da una breve clase magistral de 10 minutos. Verás que a menudo te atascas o ciertos conceptos no sabes explicarlos todo lo bien que deberías. Sirve por tanto para reforzar el conocimiento de lo que sí sabes y además identificar qué partes no acabas de tener del todo claras.




Entiende cómo funciona la memoria



La memoria humana es muy compleja y además está dividida en varios tipos y funciones. Pero tiene un denominador común: funciona de manera muy visual. Los patrones y los modelos repetitivos también son un buen método para fijar las cosas en la memoria.

En lo relativo a los patrones, lo más útil es encontrar un método para tomar apuntes que mejor se adapte a nuestras necesidades. Dicho de otro modo: cuanto más ordenada esté la información en esas notas y por tanto en nuestra cabeza, mejor vamos a poder recordarla y sobre todo relacionarla entre sí. La parte más importante del aprendizaje, más allá de la memoria, es entender cómo esos conceptos aprendidos se relacionan entre sí.

Si hablamos de la parte visual, hay varias técnicas conocidas. La más habitual es la de inventar una pequeña historia o regla nmemotécnica con aquello que queremos aprender. Sólo hay que coger los conceptos clave y crear un pequeño cuento o breve argumento con ellos, da igual lo absurdo que sea. Ponerlos en orden y relacionarlos es lo que hace que se activen las áreas específicas del cerebro relacionadas con la memoria.




La práctica suele ser mejor que la teoría



Tiene bastante que ver con lo que mencionábamos unos párrafos más arriba de exponer y explicar lo aprendido, pero la realidad es que una manera de aprender y memorizar casi sin darse cuenta es realizar cualquier tipo de actividad práctica relacionada con los mismos. Es, de hecho, la esencia detrás de las tareas escolares que se asignan a los niños.

Por algún motivo esta parte más práctica tiende a decaer con el tiempo y en institutos y universidades se suele hacer más énfasis en la memorización pura y dura. Hacer redacciones, resolver problemas, escribir un breve ensayo, esquematizar o simplemente ordenar términos en orden alfabético son procesos que ayudan tanto a la memorización como a la relación de conceptos, al aprendizar.




El poder del sueño




Cuando hablamos de lo que ocurre en tu cerebro mientras duermes hablamos también del papel clave que juega el sueño en el aprendizaje. Es, de hecho, el momento del día en el que neurológicamente hablando el cerebro se pone a trabajar como loco y a relacionar aleatoriamente conceptos, ideas y teorías. Por ello, es buena idea hacer un breve repaso de lo aprendido cinco minutos (no más) antes de dormir e irse a la cama con las ideas frescas en la cabeza. Es extremadamente curioso lo bien que funciona.

Por último, este vídeo, de una hora, de Martin Lobdell repasa alguno de estos consejos (en concreto el de las sesiones de 25 minutos y la importancia de tomar notas) y aunque algo largo es uno de esos imprescindibles que todo el mundo debería ver.
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