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El misterioso caso de la Ajorca de oro

Este es un cuento escrito por mi jaja para la escuela...como me dijeron que estaba muy bueno decidi subirlo haber que onda jajaja ademas tengo que decir que es mi primer post, espero que les guste... hay que destacar que es la continuacion de otro cuento pero no es necesario leer el anterior, es totalmente independiente.



Mi nombre es Nicolás, Nicolás Erasen. Eran las 15 pm y estaba sentado en mi oficina n° 5 de la comisaria de Valladolid, archivando los datos de mi último caso resuelto: “El caso del Malón de caballos perdidos”, cuando recibí un llamado urgente de la Catedral.
Al arribar me encontré con una situación un poco confusa. Ese mismo día los sacerdotes se habían percatado de que faltaba la preciada ajorca de oro en las manos de la virgen del Sagrario. Pero rápidamente la encontraron unos metros más adelante en las manos de un hombre que pedía a gritos que se la lleven, que la alejaran de su vista. El hombre, mas tarde identificado como Pedro, fue llevado a un hospital y luego a un internado; fue catalogado como loco.
Mi jefe, que hasta hacia unos segundos había estado hablando con uno de los sacerdotes principales, se me acerco y me dijo que me había designado el caso, que era el hombre indicado. Me dijo que debía averiguar exactamente qué había pasado, si verdaderamente Pedro era el culpable o había alguien más detrás de todo esto, y sobre todo debía saber por qué Pedro se había vuelto loco.
“Los expedientes y la información disponible estarán mañana por la mañana en tu despacho, Los sacerdotes quieren respuestas inmediatas y sabes que nuestra comisaria no puede cometer ningún error mas, estamos bajo la lupa. Confió en ti, Erasen” dijo y se fue.
Decidí examinar un poco la escena del hecho antes de irme. El sacerdote de la entrada me había dicho que la Catedral cerraba a las 20hs pm. Por lo que me apure a observar con detenimiento el gran salón. Prácticamente no había rasgos de desorden alguno. Luego de especular que es lo que Pedro pudo haber hecho al entrar, me tome un tiempo para contemplar las enormes y majestuosas columnas y estatuas que se encontraban a los costados del camino hacia el altar. Parecía un bosque de gigantes palmeras de granito. La iluminación que tenía el lugar, hacía resaltar la figura de la virgen del Sagrario, la virgen que tenía la ajorca de oro y generaba la sensación de que las columnas y estatuas presentes la protegían. “Este es un lugar muy especial, créame” acercándose me dijo un sacerdote.
Confundido y abrumado por las preguntas que invadían mi cabeza, partí hacia mi casa en la avenida Cortez. ¿Por qué Pedro intento robar la Ajorca? ¿Fue realmente él?, ¿Por qué se volvió loco? ¿Había alguien más detrás de todo esto? ¿Que había ocurrido aquella noche? Preguntas a la que les debía dar una respuesta si quería resolver el caso.
A la mañana siguiente antes de ir a la comisaria a hacer el papelerío de rutina y examinar los expedientes nuevos con información sobre el caso (principalmente planos de la catedral e información sobre Pedro y la Ajorca de oro), me tome el atrevimiento de pasar a visitar a nuestro único, hasta el momento, sospechoso.
Sin embargo lo único que saque de esa visita fueron dos palabras: “¡Llévensela!” y “¡Quítenmelos!”. Prácticamente Pedro no había parado de decir esas palabras desde que fue encontrado, era imposible sacarle información. Ahora entiendo porque yo era el indicado para el caso; estaba parado sobre la nada, no tenía pistas sobre el hecho.
Cuando llegue a la comisaria Sara, la secretaria de mi jefe, me acerco los datos. Me prepare mi café matutino y tome una de las mediaslunas que había en la mesa principal, cerré la puerta de mi oficina y me dedique a investigar el caso.
Afortunadamente, para mi suerte y la de la comisaria, encontré en uno de los archivos un dato interesante que podía ser de utilidad. Pedro tenía una novia, llamada María, y de la cual no se había separado (sentimentalmente) hasta la noche del suceso. María podía ser mi llave, para abrir la puerta del misterio; ella podía saber algo que me sirviera, asique anote su dirección en un papel y me tome el primer taxi que encontré. Creo que Salí en el momento justo porque cuando baje del piso me crucé con los inspectores que seguramente iban a hacer una de sus rutinarias “revisiones”, son muy fastidiosas, siempre le buscan la quinta pata al gato.
“Calle Bilingur al 345” le dije al tachero y me relaje en el asiento del acompañante. Veinte minutos de viaje, fue lo que tardo el auto en arribar a la casa. Era una casa modesta y simple pero a la vez acogedora. Al abrir la cerca que separaba la vereda del jardín delantero de la casa, golpeé mis manos con fuerza. Del interior de la casa salió una anciana mujer de canoso pelo lacio.
_“¿Es del Estado? ¿Que necesita señor?”, dijo extrañada la señora.
_“Usted debe ser doña Eleonor. Mi nombre es Nicolás Erasen y soy detective de la policía de Valladolid. Tengo entendido que su hija María estaba de novia con el hombre al que se le acusa de intentar robar la ajorca de oro. ¿No es así? Las causas de su locura no tienen explicación todavía. Por todo esto me gustaría hacerle unas preguntas a su hija”, dije y me dispuse a pasar a la casa casi sin recibir respuesta.
_“Entiendo, pero me va a tener que disculpar porque ella no se encuentra aquí en este momento ha salido. Pero si realmente es de muy urgencia que hable con ella, seguramente la encuentre en la Catedral…siempre va a misa dos veces por día”.
_ “¡Ho! Gracias eso me será de mucha utilidad. Pero una pregunta más… ¿Desde hace cuanto que va tanto a misa siempre fue tan religiosa?”
_ “No, precisamente eso me ha extrañado, siempre fue creyente pero en los últimos meses se ha acentuado mucho en ella”.
Me despedí cordialmente de Doña Leonor y emprendí mi camino hacia la Catedral, eran las 13:34 hs, si iba caminando seguramente llegue a la Catedral a tiempo para la hora de la segunda misa, y así podría interrogar a María. De paso podría despejar un poco mi mente mientras caminaba y pasar en limpio algunas cuestiones.
Seguramente esta tendencia a aumentar las visitas a la catedral podía tener alguna relación con el robo que había intentado efectuar Pedro. Tal vez, él fue manipulado por María para que le robe por ella ese objeto y esas constantes visitas a la Catedral eran solo para planear algo. Sin embargo había algo que no me concordaba, la relación entre María y Pedro, según lo que decía el expediente, era mucho más antigua que la fecha en la que María había empezado a aumentar sus visitas a la santuario cristiano. Su relación era de aproximadamente de 2 años. ¿Como una relación de tanto amor, como el que se necesita para mantenerse tanto tiempo puede ser creada y planificada solo para una manipulación? Definitivamente eso no concordaba, no tenía sentido. ¿Por qué esperar tanto?
La caminata si bien se me pasó rápido duro mucho más de lo pensado y por suerte llegue justo a tiempo para el comienzo de la misa. Me senté en uno de los bancos de atrás para no llamar mucho la atención.
Rápidamente divise a María, con su inconfundible cabello castaño largo como el que estaba en la foto del expediente. Me dedique a observar su comportamiento durante toda la misa, no escuche una palabra de lo que decía el sacerdote. Algo en su comportamiento era extraño, parecía estar alterada. Siguió la misa a la perfección siempre con la mirada fija, pero era como si no estuviera en sí. Y entonces me di cuenta. No miraba ni estaba prestando atención a la misa sino que su mirada estaba fija en la Virgen del Sagrario que tenía en sus manos la Ajorca de oro. Era indudable que ella tenía algo que ver con lo que había pasado aquella noche con Pedro. Tenía que interrogarla.
Finalizada la misa, no quise perder tiempo y me apresure a interceptar a María. Pero cuando la tome del brazo para apartarla de la multitud pareció reconocerme, en su rostro se vio una cara de desesperación y salió corriendo sin dejarme interrogarla. Al verla correr pude notar que sus brazos estaban repletos de joyas de oro, eran pulseras y anillos. La deje correr porque solo necesite eso para entender que ella tenía algo que ver con todo el caso. Además hasta que llegue a su casa no iba a saber que yo sabía donde vivía. Sin embargo, me tenía que mover rápido porque la acción estaba por comenzar, así que me tome el primer taxi que encontré que me llevo hacia la estación de policía. Me tenía que despejar la última duda.
Cuando arribe a la comisaria ya nadie quedaba en ella solo el sereno, y los novatos, a los que siempre se les designan los peores horarios. Entre a mi oficina sin decir una palabra más que “Buenas noches”, y ahí encontré la respuesta a mi pregunta. “Orospicosis”, ese era el trastorno que sufría María. Una obsesión inexplicable por los objetos de oro, las personas que sufren de esta enfermedad psicológica se ponen fuera de sí cuando ven un objeto de oro brillante, esa atracción que sufren los lleva a hacer cualquier cosa por conseguirlo.
Si mis cálculos son correctos María contrajo esta enfermedad desde hace mucho, producto de algún pico de stress o trastorno de la infancia, pero siempre fue por objetos pequeños y sin valor que no llamaban mucho la atención hasta que se encontró con la Ajorca de oro, cualquier Orospcicotico también se habría tentado ante semejante objeto majestuoso.
Fue tal la atracción que sintió María que un día le pidió a Pedro que se la consiguiera, seguramente, como muestra de su amor. Y Pedro para no perderla lo hizo. Lo único que me queda por resolver es porque Pedro se volvió loco, a eso si que no le encuentro explicación. Pero ya no importa luego le encontrare una. Ahora debo ir a la Catedral antes de que María se me adelante. La debo atrapar con las manos en la masa.
Si mis sospechas son ciertas, María intentara escapar por miedo a que la excarcelen luego del susto que le di y, más aun después de haber hablado con su madre de mi visita. Pero antes su obsesión por la ajorca no le permitirá irse sin ella, por eso ira a ir a terminar lo que su novio no logro hace algunos días. Ira a robar el objeto dorado.
El viento de la fría noche golpeaba sobre mi espalda, mientras esperaba paciente el arribo de María. “¿La condenarían culpable o solo inimputable?”, ya que lo de ella era una enfermedad, esa era mi duda ahora.
En eso entre las sombras la vi aparecer, cubierta solo con un pasamontañas, que desde mi punto de vista, no serbia ya que la larga cabellera que le sobresalía delataba su identidad.
La deje entrar en la Catedral y espere a que se adelantara unos metros adentro para no llamar su atención. Al ingresar sentí una leve brisa desde el interior del edificio y entonces recordé las palabras del sacerdote que estaba en la entrada aquel día: “La Catedral cierra a las 20 hs”, y me pregunte porque cerraría si las Catedrales nunca cierran están a toda hora abiertas al que quiera encontrarse con Dios. Es mas esta estaba abierta. Si bien me extraño esto no me pareció un tema muy importante, y además debía concentrarme en atrapar a María con las manos en la masa.
Simplemente tuve que esperar unos minutos en la puerta de la sala principal para que esto ocurriera. María con los ojos llenos de lágrimas al querer salir de la sala me diviso y se arrodillo ante mí pidiendo compasión por ella.
_ ¡No lo puedo controlar! ¡Es más fuerte que yo! Yo no quería pero…y Pedro pobre de él, y pobre de mí…
_Lo siento pero esto no depende de mi María… te entiendo, tranquilízate, una vez que aclaremos todo seguramente recibirás ayuda médica. Ya todo ha terminado.
La sala estaba más oscura que antes y había un ambiente extraño, un aire encapsulado en ella, las estatuas parecían haberse movido.
La tome de la cintura para ayudarla a levantarse. Ahora solo quedaba esclarecer el caso, pero todavía faltaba determinar el por qué de la locura de Pedro, según los archivos el siempre fue una persona equilibrada sin antecedentes.
_María, si quieres librarte de toda culpa, debes decirme a que se debe la locura de Pedro…
_Es que no lo sé…
_ ¿Como que no?... Que frio hace de repente… ¿Que es ese ruido?
Al mañana siguiente los sacerdotes encontraron al joven e intrépido detective y a María, totalmente inconscientes, fuera de sí, desparramados en el suelo y con la ajorca de oro en las manos de la mujer.
Los policías determinaron que Erasen se había visto seducido por la sensual María y juntos habían intentado robarse la ajorca cuyo valor se estimaba en 50.000 peseteas reales. La investigación quedo inconclusa ya que los sacerdotes se rehusaron en abrir las puertas nuevamente a la policía, argumentando que ya uno de sus integrantes había querido robar la ajorca de la Virgen del Sagrario, y como el robo finalmente no se había consumado el Estado español permitió esto. La comisaria de Valladolid fue cerrada por los inspectores acusada de ser cuna de corrupción y por obtener pocos resultados.
Luego de haber pasado dos semanas en el hospital María y el detective Nicolás Erasen, fueron trasladados al mismo internado que Pedro, ya que se los diagnostico como locos e inimputables (desde que se despertaron nunca dejaron de decir: ¡Quítenmelos! ¡Fuera salgan!).
La sociedad nunca supo qué paso en realidad con ellos, pero un sacerdote de la Catedral que siempre está en la entrada recibiendo a la gente dice que “esas noches, las palmeras de granito tomaron acción”.

FIN
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