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Game of Thrones: El mundo de hielo y fuego

Empecé a leer el libro El mundo de hielo y fuego de GRR Martin.
Les dejó el capítulo sobre los gigantes y los Niños del Bosque:

LA EDAD DEL AMANECER

NO HAY NADIE que pueda decir con certeza cuándo empezó el mundo, aunque esto no ha detenido a muchos maestres y eruditos de buscar la respuesta. Tiene cuarenta mil años de antigüedad, según algunos, o tal vez un número tan grande como quinientos mil—o ¿quizás más? No está escrito en ningún libro conocido, ya que en la primera edad de este mundo, la Edad del Amanecer, los hombres no conocían las letras.
De todas formas, podemos estar seguros de que el mundo era mucho más primitivo, un mundo bárbaro poblado de tribus que vivían directamente de la tierra sin saber cómo trabajar el metal o como adestrar a las bestias. Lo poco que sabemos de aquellos días está contenido en los textos más antiguos: las historias escritas por los Ándalos, los Valyrios y por los Ghiscarios, e incluso por aquellas distantes gentes de la legendaria Asshai. Aun así, por más viejos que fueran estos pueblos letrados, no eran más que niños durante la Edad del Amanecer. Así que las verdades que puedan contener sus historias son difíciles de encontrar, como intentar separar los granos de la paja.
¿Qué podemos decir con certeza sobre la Edad del Amanecer? Las tierras del este estaban inundadas de gente, incivilizadas, ya que todo el mundo lo era, aunque numerosas. Pero en Poniente, desde las Tierras del Eterno Invierno hasta las costas del Mar del Verano, existían solo dos pueblos: los niños del bosque y la raza de criaturas conocidas como gigantes.
Poco, y quizás menos, puede ser dicho de los gigantes de la Edad del Amanecer, ya que nadie recopiló sus relatos, sus leyendas, o sus historias. Los Hombres de la Guardia dicen que los salvajes tienen relatos de gigantes viviendo de forma intranquila entre los niños, yendo por donde querían y tomando lo que deseaban. Todos los reportes indican que eran inmensas y poderosas criaturas, pero ingenuas. Reportes de confianza de los exploradores de la Guardia de la Noche, quienes fueron los últimos en ver a los gigantes mientras vivían, afirman que estaban cubiertos por un tupido pelaje, en vez de ser simplemente hombres de gran tamaño, como dicen los cuentos de niños.




Existe evidencia considerable de entierros entre los gigantes, como registra "Pasajes de los Muertos" del Maestre Kennet, un estudio de los túmulos y los sepulcros del Norte en su tiempo al servicio de Invernalia, durante el largo reinado de Cregan Stark. De los huesos hallados en el Norte y enviados a la Ciudadela, algunos maestres calculan que el más grande de los gigantes pudo alcanzar los cuatro metros, mientras que otros dicen que tres metros y medio es más cercano a la verdad. Los relatos de los exploradores, hace mucho fallecidos, concuerdan en que los gigantes no construían casa ni confeccionaban vestimentas, y no conocían mejores herramientas o armas además de ramas arrancadas de los árboles.


Los archivos de la Ciudadela contienen una carta del Maestre Aemon, enviada en los primeros años del reinado de Aegon V, informando sobre el relato de un explorador llamado Redwyn, escrito en los días del Rey Dorren Stark. Es el recuento de un viaje a Punta Lorn y la Costa Helada, en el cual se dice que el explorador y sus compañeros pelearon contra los gigantes y comerciaron con los niños del bosque. La carta de Aemon afirmaba que había encontrado muchos de estos relatos en sus búsquedas en los archivos de la Guardia en el Castillo Negro, y los consideró creíbles.


Los gigantes no tenían rey ni señores, no construían hogares excepto en cavernas o bajo árboles altos, y no trabajaban ni el metal ni los campos. Permanecieron como criaturas de la Edad del Amanecer incluso después de que las eras transcurrieran, los hombres se volvieron cada vez más numerosos, y los bosques fueron dominados y reducidos. Ahora los gigantes se han ido incluso de las tierras de Mas-allá-del-Muro, y los últimos informes de su avistamiento tienen más de cien años de antigüedad. E incluso esos son dudosos, historias de los exploradores de la Guardia podrían contar junto a una cálida hoguera.


Los niños del bosque eran, en muchos aspectos, lo opuesto a los gigantes. Pequeños como niños pero de piel oscura y hermosa apariencia, vivían de una forma que hoy en día podríamos considerar ordinaria, sin embargo eran menos barbáricos que los gigantes. No trabajaban el metal, pero tenían gran habilidad trabajando la obsidiana (lo que el pueblo llano conoce como vidriagón, mientras que los Valyrios lo conocían por una palabra que significaba "fuego helado" para fabricar herramientas y armas para cazar. No tejían ropas pero tenían talento en la confección de prendas hechas de hojas y corteza de árbol. Aprendieron a hacer arcos de arciano y a construir trampas de hierba, que ambos sexos utilizaban para cazar.
Se dice que su música era tan hermosa como ellos, pero lo que cantaban ya no se recuerda, salvo en pequeños fragmentos transmitidos desde días antiguos. "Reyes del Invierno, o las Leyendas y Linajes de los Stark de Invernalia" del Maestre Childer, contiene un fragmento de una balada que supuestamente habla del tiempo en el que Brandon el Constructor buscó la ayuda de los niños mientras construía el Muro. Fue llevado a un lugar secreto para reunirse con ellos, pero al principio no fue capaz de entender su lenguaje, que fue descrito como el sonido de las piedras en un arroyo, o del viento soplando a través de las hojas, o de la lluvia al caer sobre el agua. La forma en que Brandon llegó a comprender el lenguaje de los niños es un relato en sí mismo, y no vale la pena repetirlo aquí. Pero parece ser que su lenguaje se originó, o tomó inspiración de los sonidos que escuchaban a diario.
Los dioses que adoraban los niños eran los dioses sin nombre que algún día se convertirían en los dioses de los Primeros Hombres, los innumerables dioses de los ríos, los bosques y las piedras. Fueron los niños quienes tallaron los rostros en los arcianos, tal vez para que sus dioses pudieran observar a sus fieles y sus oraciones.
Otros, con poca evidencia, dicen que los verdevidentes—los sabios entre los niños—eran capaces de ver a través de los ojos de los arcianos tallados. La supuesta prueba de ello sería el hecho de que los Primeros Hombres creían en esto. Fue su miedo a que los arcianos los espiaran lo que los llevó a cortar muchos de los árboles tallados y las arboledas de arcianos, para negarles a los niños tal ventaja.



Sin embargo, los Primeros Hombres eran menos instruidos de lo que somos ahora, y creían en cosas que sus descendientes actuales no; consideremos "Casado con el Mar, un Relato de la Historia de Puerto Blanco desde sus Primeros Días‖ del Maestre Yorrick, el cual relata la práctica del sacrificio de sangre para los antiguos dioses.
Dichos sacrificios persistieron hasta hace tan poco como cinco siglos atrás, de acuerdo a los relatos de los predecesores del Maestre Yorrick en Puerto Blanco.
Esto no quiere decir que los verdevidentes no conocían artes perdidas que pertenecían a los misterios mayores, como ver eventos a gran distancia, o comunicarse a través de medio reino (como hacían los valyrios, los cuales llegarían mucho tiempo después que ellos). Pero tal vez algunas de estas proezas que los verdevidentes poseían, tenían más que ver con charlatanería que con la verdad. Ellos no podían transformarse en bestias, como decían algunos, pero parece ser cierto que eran capaces de comunicarse con los animales de una manera que no podemos conseguir hoy en día. Así es como surgieron las leyendas de cambiapieles y hombres bestia.


A decir verdad, son muchas las leyendas sobre cambiapieles, pero la más común— traída desde más-allá-del-Muro por hombres de la Guardia de la Noche, y registradas en el Muro por septones y maestres de siglos anteriores—sostienen que los cambiapieles no solo se comunicaban con las bestias, sino que podían controlarlas al unir sus espíritus. Aun entre los salvajes, estos cambiapieles eran temidos como hombres antinaturales que podían convocar a los animales para ser sus aliados.


Algunos relatos hablan de cambiapieles que se pierden dentro de sus bestias, y otros dicen que los animales podían hablar con voz humana cuando un cambiapieles los controlaba.
Pero todos los relatos acuerdan en que los cambiapieles más comunes eran aquellos que controlaban lobos—incluso huargos—y estos tenían un nombre especial entre los salvajes: wargs.
Además, las leyendas sostienen que los verdevidentes podían ahondar en el pasado y ver lejos en el futuro. Pero como nuestro aprendizaje nos ha enseñado, los misterios mayores que afirman este poder también afirman que las visiones de los eventos por venir son confusas y a menudo malinterpretadas, algo útil que decir cuando se intenta engañar a los desprevenidos con adivinaciones del futuro. A pesar de que los niños tienen sus propias artes, siempre debemos procurar separar la verdad de la superstición, y el conocimiento debe ser probado y confirmado. Los misterios mayores y las artes mágicas, fueron y están más allá de los límites de nuestra capacidad mortal para entenderlos.


Aunque actualmente es considerado desacreditado, un fragmento de "Historia antinatural"
del Septon Barth se ha convertido en fuente de controversias en la Ciudadela. Reclamando haber consultado en los textos que se dice son conservados en el Castillo Negro, el Septon Barth asegura que los niños del bosque podían hablar con los cuervos y hacer que repitieran sus palabras. Según Barth, este misterio mayor les fue enseñado a los Primeros Hombres por los niños para que pudieran transmitir mensajes a gran distancia. Esto fue transmitido, de forma degradada, hasta los maestres de hoy en día, quienes ya no saben cómo hablar con estas aves.


Es cierto que nuestra orden entiende el lenguaje de los cuervos… pero esto supone los propósitos básicos de sus graznidos y ronquidos, sus signos de miedo e ira, y las formas en las que ellos muestran su disposición para aparearse o su falta de salud.


Los cuervos están entre los pájaros más inteligentes, pero no son más listos que los niños pequeños, y son considerablemente menos capaces de poseer un verdadero lenguaje, fuera lo que fuera que el Septon Barth pueda haber creído. Unos pocos maestres, dedicados al eslabón de acero valyrio, han dicho que Barth estaba en lo cierto, pero ninguno ha sido capaz de probar sus afirmaciones respecto a la comunicación entre cuervos y hombres.


Sin importar la veracidad de sus artes, los niños fueron guiados por los verdevidentes, y no cabe duda de que en algún momento se los pudo encontrar desde las Tierras del Eterno Invierno hasta las costas del Mar del Verano. Erigieron sus casas con sencillez, sin construir fuertes, ni castillos, ni ciudades. En lugar de esto, vivían en los bosques, en chozas sobre los pantanos y ciénagas, y hasta en cavernas y colinas huecas. Se dice que, en los bosques, construyeron refugios de hojas y juncos sobre las ramas de los árboles, "ciudades" secretas entre los árboles.





Durante mucho se ha creído que hacían esto para protegerse de predadores como los huargos o los gatosombras, contra los que sus simples armas de piedra—y hasta sus alardeados verdevidentes—no podían hacer nada. Pero otras fuentes niegan esto, afirmando que sus mayores enemigos eran los gigantes, tal como insinúan los relatos contados en el Norte, y como probablemente fue probado por el Maestre Kenneth en su estudio de los túmulos cerca del Lago Largo—la tumba de un gigante con puntas de flecha de obsidiana encontrados entre las sus costillas. Trae a la mente una transcripción de una canción salvaje en la "Historia de los Reyes de Mas-Allá-del-Muro" del Maestre Herryk, con respecto a los hermanos Gendel y Gorne. Ellos fueron llamados a mediar en una disputa entre un clan de niños y una familia de gigantes sobre la posesión de una caverna. Se dice que Gendel y Gorne resolvieron el asunto a través de engaños, haciendo que ambas partes renunciaran a cualquier deseo sobre la caverna, después de que los hermanos descubrieran que esta era parte de una cadena de cavernas mucho más grande que en algún punto pasaba por debajo el Muro. Pero teniendo en cuenta que los salvajes no eran letrados, sus tradiciones deben ser vistas con cierta dosis de escepticismo.
Sin embargo, las bestias de los bosques y los gigantes eventualmente se unieron a causa de otro, aun mayor peligro.


Surge la posibilidad de que una tercera raza haya habitado los Siete Reinos en la Edad del Amanecer, pero es tan especulativa que sólo necesita ser tratada con brevedad.
Entre los hombres del hierro, se dice que los primeros de los Primeros Hombres que llegaron a las Islas del Hierro encontraron la famosa Silla de Piedramar en Viejo Wyk, pero las islas estaban deshabitadas. De ser cierto esto, la naturaleza y origen de los creadores de la silla son un misterio. El Maestre Kirth, en su colección de leyendas sobre los hombres del hierro "Canciones que cantan los Hombres Ahogados", sugiere que la silla fue dejada por visitantes venidos desde el otro lado del Mar del Ocaso, pero no hay evidencias de esto, tan sólo son especulaciones.
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