axllennon2
Usuario (Colombia)

El Banco de Pagos Internacionales: conozca al grupo secreto que dirige el mundo Publicado: 14 abr 2015 04:43 GMT El Banco de Pagos Internacionales (BPI) es la institución financiera global más secreta del mundo. Desde su creación en 1930, el banco ha estado en el centro de los acontecimientos mundiales, pero frecuentemente ha pasado desapercibido. El BPI está construyendo una nueva arquitectura financiera y regulatoria global, demostrando que tiene el poder para dar forma a las normativas financieras del planeta. El escritor británico Adam LeBor realizó la primera investigación profunda de las actividades del banco basándose en una serie de documentos y entrevistas con importantes figuras del mundo financiero. "El BPI es una institución única: es una organización internacional, un banco muy rentable y un instituto de investigación fundado y protegido por tratados internacionales", cita el portal 'Global Research' un extracto del libro de LeBor, titulado 'Tower of Basel : The Shadowy History of the Secret Bank that Runs the World' ('Torre de Basilea: La Vaga Historia del Banco Secreto que Dirige el Mundo'). Sus decisiones dan forma a nuestras vidas El banco fue creado por los gobernadores del Banco de Inglaterra y el Reichsbank en 1930 y está protegido por un tratado internacional, por lo que el BPI y sus activos están legalmente fuera del alcance de cualquier Gobierno o jurisdicción. Es decir, el BPI es intocable. El banco tiene sólo 140 clientes, pero en los años 2011 y 2012 obtuvo ganancias libres de impuestos estimadas en 1.170 millones de dólares. "El club más exclusivo del mundo tiene 18 miembros" que se reúnen en Basilea, Suiza, en el marco del Comité Consultivo Económico del BPI. Se trata de "las personas más poderosas del mundo", los banqueros centrales. "Los banqueros centrales, cuya independencia está constitucionalmente protegida, controlan la política monetaria en el mundo desarrollado. Gestionan la oferta de dinero a las economías nacionales. Fijan las tasas de interés decidiendo así el valor de nuestros ahorros e inversiones. Ellos deciden si hay que centrarse en la austeridad o crecimiento. Sus decisiones dan forma a nuestras vidas", escribe LeBor. Papel crucial en la historia Desde el primer día de existencia, el BPI se ha dedicado a la promoción de los intereses de los bancos centrales y la construcción de la nueva arquitectura de la financiación transnacional. Sus miembros han desempeñado un papel crucial en la determinación de la respuesta mundial a la crisis financiera global, afirma LeBor. El BPI permaneció abierto a los negocios a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, aceptando el oro robado nazi y llevando a cabo operaciones de divisas de la Alemania nazi. El banco fue utilizado tanto por los Aliados, como por las potencias del Eje como un punto secreto de contacto para mantener abiertos los canales internacionales de financiación. "Alemania perdió la guerra, pero ganó la paz económica, en gran parte gracias al BPI", indica el libro. "La opacidad del banco y la influencia que se hace cada vez mayor plantean profundas preguntas, no solo sobre la política monetaria, sino también sobre la transparencia, la rendición de cuentas, y cómo se ejerce el poder en nuestras democracias", advierte el autor del libro. http://actualidad.rt.com/economia/171986-banco-pagos-internacionales-grupo-secreto-dirige-mundo
HOMBRES MENGUANTES DE CINE Diez aventuras en miniatura antes de Ant-Man Marvel contraataca con uno de los superhéroes más canijos de su universo. Ant-Man es uno de los personajes más curiosos de entre todas sus colecciones y su poder de cambiar de tamaño nos ha recordado a un puñado de gente que gracias a científicos locos, experimentos y radiaciones varias, lograron mirar de tú a tú a insectos, bichejos e, incluso, glóbulos rojos JORGE LOSER 10. Muñecos infernales (1936) No es la primera película que lidia con personas minúsculas (la primera aparición serían la creaciones del Dr Pletorius en La novia de Frankenstein) pero sí en la que la trama gira en torno a ello. La penúltima obre del inclasificable Tod Browning relata la venganza de un convicto fugado al que le da por disfrazarse de vieja y reducir a tamaño Madelman a la gente. Luego los vende como muñecos y controla sus mentes para que efectúen los asesinatos de sus enemigos. Muy loca. 9. Doctor Cíclope (1940) Si hay algo que tienen en común muchas de estas películas de gente que merma es el científico que concibe la operación. Por supuesto es doctor y suele estar zumbado. El Sr Cíclope tiene dos ojos pero muy mala leche. Reduce a sus compañeros de trabajo para probar su nuevo miniaturizador. Los pobres se pasan el resto de la divertida película escapando de mil peligros. Los efectos fueron nominados a los Óscar de ese año (y es que nunca una gallina había dado tanto miedo). 8. El increíble hombre menguante (1957) ¿Qué se puede añadir sobre este clásico de la ciencia ficción? No mucho, quizá siempre está bien apuntar que no sólo es la mejor en este género sino que se suele ignorar su cualidad casi filosófica. Posee las escenas de lucha con los elementos más logradas de su época y al mismo tiempo plantea múltiples cuestiones sobre la existencia, siendo su clímax un impactante monólogo del protagonista. Guionizando sobre su propia novela, Richard Matheson logró uno de los mayores hitos del género fantástico. 7. Ataque diabólico (1958) Si Jack Arnold fue uno de los directores de ciencia ficción y terror de los años 50 con más tino, su colega Bert I. Gordon se especializaría en crear copias de sus películas con menor presupuesto y más caradura. Esto no implica que pelis como ésta, a la sombra del hombre menguante, sean menos divertidas. Aquí es otro Mad doctor el que encoge a sus amigos, con intención de que nunca le abandonen, dejándolos a la suerte de perros, gatos y demás gargantúas. 6. La mosca (1958) Vincent Price observa una tela de araña desde la que sale un ruidito agudo y agónico. La cámara nos permite ver con terror el primer plano de una mosca con medio cuerpo y cabeza de hombre. Aterrado, grita pidiendo socorro desesperadamente, a punto de ser devorado por el bicho. Sí, es el turbador final de La mosca, película que en realidad centra su atención a la otra mitad del experimento, el cuerpo del hombre con cabeza y brazo de mosca. Pero el recuerdo indeleble es ese final, con el destino cruel de la parte humana. 5. El planeta fantasma (1961) Cuando un asteroide se cruza en su camino, la nave de un astronauta acaba en la superficie de el planeta fantasma, que tiene una atmósfera tan rara que hace que te conviertas en tu mini yo. Esto sería como un Gulliver del espacio que se encuentra una lilliput con monstruos de traje de goma. Como buen astronauta americano, lucha con los aliens, golfea un poco con las sumisas damas del planeta de las minifaldas, se vuelve a hacer grande y se pira a la tierra. 4. Viaje Alucinante (1966) Reducimos la escala un poco más, de tamaño de una Barbie al de un glóbulo rojo. En esta epopeya de ciencia ficción de los sesenta, unos científicos tratan de salvar la vida de un colega eliminando el coágulo de una arteria. Son reducidos e inyectados en vena y claro, navegar por vasos, sistema linfático y nadar suspendido en los pulmones es muy bonito hasta que te atacan los linfocitos, los anticuerpos y demás sistema inmunitario. Todo un clásico con unos efectos tremendamente elaborados para su época. 3. La increíble mujer menguante (1981) La primera película del irregular director Joel Schumacher es una revisión en clave de humor de la novela de Richard Matheson. Tiene lo peor de algunas de las comedias de los años ochenta, pero acaba funcionando extrañamente gracias a su afectuosa mirada al cine de serie B de los 50. Su chillona paleta de colores y su sátira feminista del consumismo (mucho más apreciable y válida a día de hoy) la hacen una rareza nada desdeñable y obligada para los fans de Lily Tomlin. 2. El chip prodigioso (1987) Una revisión del viaje alucinante de Fleischer con una vuelta de tuerca de humor, romance y thriller. Una película familiar, en el diabólico sentido del término que le confiere un Joe Dante en su mejor momento. Pese a su reparto estelar, con Dennis Quaid y Meg Ryan pre-metamorfosis. Fue bastante ignorada en su momento y permanece como un estupendo divertimento a redescubrir. Gran fotografía y banda sonora de Jerry Goldsmith. Ojo a los efectos visuales, ganaron el Óscar ese año. 1. Cariño, nos hemos encogido a nosotros mismos (1997) Obviamente, la buena era Cariño, he encogido a los niños, que apareció en el VHS dedicado al fantástico Disney, pero aprovecho para rescatar su no muy conocida tercera parte. No es una obra maestra perdida pero sí una comedia tontica hecha directamente para el mercado de vídeo que, sin sorprender, sigue teniendo buenos efectos especiales y situaciones. Merece un vistazo por escenas como el encuentro con las cucarachas de la casa, ver a Mila Kunis empezando o a Rick Moranis en su última aparición en pantalla.
Teoría insólita: Los viajes en el tiempo crearían dobles que se destruirían entre sí Publicado: 30 jul 2015 12:22 GMT Imagine un futuro en el que se pueda viajar en el tiempo para, por ejemplo, conocer a sus antepasados. Según la impactante teoría de un físico teórico estadounidense, si fuera posible viajar más rápido que la velocidad de la luz, se producirían extraños y graves efectos secundarios. El acto de viajar en el tiempo crearía varias versiones de uno mismo; una de ellas cargada de masa positiva y otra de masa negativa, sostiene el físico teórico Robert Nemiroff, de la Universidad Tecnológica de Michigan, que ha elaborado ecuaciones matemáticas para demostrar como funcionaría este proceso según las premisas científicas vigentes en la actualidad, informa LiveScience. Según Nemiroff, los dobles de uno mismo estarían destinados a encontrarse en algún momento, autodestruyéndose mutuamente. Para ilustrar las implicaciones de este viaje relativista en el tiempo, Nemiroff expone un caso sencillo. En su experimento teórico, una nave espacial sería lanzada desde una plataforma de la Tierra y viajaría a una velocidad cinco veces superior a la velocidad de la luz hasta un planeta situado a unos 10 años luz de distancia, para luego dar media vuelta y regresar a un lugar cercano a la pista de despegue. En ese momento, explica Nemiroff, un par de "naves fantasmas", una cargada de masa positiva y otra con masa negativa, "saldrían del aire". Cinco años después del embarque, se produciría una aparición un tanto extraña: dado que la luz de la nave espacial viaja más despacio que la nave espacial en sí, cuando la nave regresara y aterrizara en la pista, los terrícolas verían imágenes de la nave en su salida y otra nave espacial de aspecto similar en su camino de regreso. Ocho años más tarde, se registrarían sucesos aún más extraños: una imagen de la nave aterrizando en la pista sería todavía visible, al igual que dos imágenes (tal vez hologramas) de la nave espacial en su viaje de ida y de vuelta. Esta vez las imágenes parecerían mucho más lejanas. Finalmente, al cabo de poco más de 10 años, los pares de las naves espaciales fantasmas se aniquilarían entre sí. "Cuanto más se acerca uno va a la velocidad de la luz y más largo es el viaje, más allá en el futuro se puede ir", explica el físico teórico. http://actualidad.rt.com/actualidad/181593-teoria-viajes-tiempo-dobles-autodestruir

Empecé a leer el libro El mundo de hielo y fuego de GRR Martin. Les dejó el capítulo sobre los gigantes y los Niños del Bosque: LA EDAD DEL AMANECER NO HAY NADIE que pueda decir con certeza cuándo empezó el mundo, aunque esto no ha detenido a muchos maestres y eruditos de buscar la respuesta. Tiene cuarenta mil años de antigüedad, según algunos, o tal vez un número tan grande como quinientos mil—o ¿quizás más? No está escrito en ningún libro conocido, ya que en la primera edad de este mundo, la Edad del Amanecer, los hombres no conocían las letras. De todas formas, podemos estar seguros de que el mundo era mucho más primitivo, un mundo bárbaro poblado de tribus que vivían directamente de la tierra sin saber cómo trabajar el metal o como adestrar a las bestias. Lo poco que sabemos de aquellos días está contenido en los textos más antiguos: las historias escritas por los Ándalos, los Valyrios y por los Ghiscarios, e incluso por aquellas distantes gentes de la legendaria Asshai. Aun así, por más viejos que fueran estos pueblos letrados, no eran más que niños durante la Edad del Amanecer. Así que las verdades que puedan contener sus historias son difíciles de encontrar, como intentar separar los granos de la paja. ¿Qué podemos decir con certeza sobre la Edad del Amanecer? Las tierras del este estaban inundadas de gente, incivilizadas, ya que todo el mundo lo era, aunque numerosas. Pero en Poniente, desde las Tierras del Eterno Invierno hasta las costas del Mar del Verano, existían solo dos pueblos: los niños del bosque y la raza de criaturas conocidas como gigantes. Poco, y quizás menos, puede ser dicho de los gigantes de la Edad del Amanecer, ya que nadie recopiló sus relatos, sus leyendas, o sus historias. Los Hombres de la Guardia dicen que los salvajes tienen relatos de gigantes viviendo de forma intranquila entre los niños, yendo por donde querían y tomando lo que deseaban. Todos los reportes indican que eran inmensas y poderosas criaturas, pero ingenuas. Reportes de confianza de los exploradores de la Guardia de la Noche, quienes fueron los últimos en ver a los gigantes mientras vivían, afirman que estaban cubiertos por un tupido pelaje, en vez de ser simplemente hombres de gran tamaño, como dicen los cuentos de niños. Existe evidencia considerable de entierros entre los gigantes, como registra "Pasajes de los Muertos" del Maestre Kennet, un estudio de los túmulos y los sepulcros del Norte en su tiempo al servicio de Invernalia, durante el largo reinado de Cregan Stark. De los huesos hallados en el Norte y enviados a la Ciudadela, algunos maestres calculan que el más grande de los gigantes pudo alcanzar los cuatro metros, mientras que otros dicen que tres metros y medio es más cercano a la verdad. Los relatos de los exploradores, hace mucho fallecidos, concuerdan en que los gigantes no construían casa ni confeccionaban vestimentas, y no conocían mejores herramientas o armas además de ramas arrancadas de los árboles. Los archivos de la Ciudadela contienen una carta del Maestre Aemon, enviada en los primeros años del reinado de Aegon V, informando sobre el relato de un explorador llamado Redwyn, escrito en los días del Rey Dorren Stark. Es el recuento de un viaje a Punta Lorn y la Costa Helada, en el cual se dice que el explorador y sus compañeros pelearon contra los gigantes y comerciaron con los niños del bosque. La carta de Aemon afirmaba que había encontrado muchos de estos relatos en sus búsquedas en los archivos de la Guardia en el Castillo Negro, y los consideró creíbles. Los gigantes no tenían rey ni señores, no construían hogares excepto en cavernas o bajo árboles altos, y no trabajaban ni el metal ni los campos. Permanecieron como criaturas de la Edad del Amanecer incluso después de que las eras transcurrieran, los hombres se volvieron cada vez más numerosos, y los bosques fueron dominados y reducidos. Ahora los gigantes se han ido incluso de las tierras de Mas-allá-del-Muro, y los últimos informes de su avistamiento tienen más de cien años de antigüedad. E incluso esos son dudosos, historias de los exploradores de la Guardia podrían contar junto a una cálida hoguera. Los niños del bosque eran, en muchos aspectos, lo opuesto a los gigantes. Pequeños como niños pero de piel oscura y hermosa apariencia, vivían de una forma que hoy en día podríamos considerar ordinaria, sin embargo eran menos barbáricos que los gigantes. No trabajaban el metal, pero tenían gran habilidad trabajando la obsidiana (lo que el pueblo llano conoce como vidriagón, mientras que los Valyrios lo conocían por una palabra que significaba "fuego helado" para fabricar herramientas y armas para cazar. No tejían ropas pero tenían talento en la confección de prendas hechas de hojas y corteza de árbol. Aprendieron a hacer arcos de arciano y a construir trampas de hierba, que ambos sexos utilizaban para cazar. Se dice que su música era tan hermosa como ellos, pero lo que cantaban ya no se recuerda, salvo en pequeños fragmentos transmitidos desde días antiguos. "Reyes del Invierno, o las Leyendas y Linajes de los Stark de Invernalia" del Maestre Childer, contiene un fragmento de una balada que supuestamente habla del tiempo en el que Brandon el Constructor buscó la ayuda de los niños mientras construía el Muro. Fue llevado a un lugar secreto para reunirse con ellos, pero al principio no fue capaz de entender su lenguaje, que fue descrito como el sonido de las piedras en un arroyo, o del viento soplando a través de las hojas, o de la lluvia al caer sobre el agua. La forma en que Brandon llegó a comprender el lenguaje de los niños es un relato en sí mismo, y no vale la pena repetirlo aquí. Pero parece ser que su lenguaje se originó, o tomó inspiración de los sonidos que escuchaban a diario. Los dioses que adoraban los niños eran los dioses sin nombre que algún día se convertirían en los dioses de los Primeros Hombres, los innumerables dioses de los ríos, los bosques y las piedras. Fueron los niños quienes tallaron los rostros en los arcianos, tal vez para que sus dioses pudieran observar a sus fieles y sus oraciones. Otros, con poca evidencia, dicen que los verdevidentes—los sabios entre los niños—eran capaces de ver a través de los ojos de los arcianos tallados. La supuesta prueba de ello sería el hecho de que los Primeros Hombres creían en esto. Fue su miedo a que los arcianos los espiaran lo que los llevó a cortar muchos de los árboles tallados y las arboledas de arcianos, para negarles a los niños tal ventaja. Sin embargo, los Primeros Hombres eran menos instruidos de lo que somos ahora, y creían en cosas que sus descendientes actuales no; consideremos "Casado con el Mar, un Relato de la Historia de Puerto Blanco desde sus Primeros Días‖ del Maestre Yorrick, el cual relata la práctica del sacrificio de sangre para los antiguos dioses. Dichos sacrificios persistieron hasta hace tan poco como cinco siglos atrás, de acuerdo a los relatos de los predecesores del Maestre Yorrick en Puerto Blanco. Esto no quiere decir que los verdevidentes no conocían artes perdidas que pertenecían a los misterios mayores, como ver eventos a gran distancia, o comunicarse a través de medio reino (como hacían los valyrios, los cuales llegarían mucho tiempo después que ellos). Pero tal vez algunas de estas proezas que los verdevidentes poseían, tenían más que ver con charlatanería que con la verdad. Ellos no podían transformarse en bestias, como decían algunos, pero parece ser cierto que eran capaces de comunicarse con los animales de una manera que no podemos conseguir hoy en día. Así es como surgieron las leyendas de cambiapieles y hombres bestia. A decir verdad, son muchas las leyendas sobre cambiapieles, pero la más común— traída desde más-allá-del-Muro por hombres de la Guardia de la Noche, y registradas en el Muro por septones y maestres de siglos anteriores—sostienen que los cambiapieles no solo se comunicaban con las bestias, sino que podían controlarlas al unir sus espíritus. Aun entre los salvajes, estos cambiapieles eran temidos como hombres antinaturales que podían convocar a los animales para ser sus aliados. Algunos relatos hablan de cambiapieles que se pierden dentro de sus bestias, y otros dicen que los animales podían hablar con voz humana cuando un cambiapieles los controlaba. Pero todos los relatos acuerdan en que los cambiapieles más comunes eran aquellos que controlaban lobos—incluso huargos—y estos tenían un nombre especial entre los salvajes: wargs. Además, las leyendas sostienen que los verdevidentes podían ahondar en el pasado y ver lejos en el futuro. Pero como nuestro aprendizaje nos ha enseñado, los misterios mayores que afirman este poder también afirman que las visiones de los eventos por venir son confusas y a menudo malinterpretadas, algo útil que decir cuando se intenta engañar a los desprevenidos con adivinaciones del futuro. A pesar de que los niños tienen sus propias artes, siempre debemos procurar separar la verdad de la superstición, y el conocimiento debe ser probado y confirmado. Los misterios mayores y las artes mágicas, fueron y están más allá de los límites de nuestra capacidad mortal para entenderlos. Aunque actualmente es considerado desacreditado, un fragmento de "Historia antinatural" del Septon Barth se ha convertido en fuente de controversias en la Ciudadela. Reclamando haber consultado en los textos que se dice son conservados en el Castillo Negro, el Septon Barth asegura que los niños del bosque podían hablar con los cuervos y hacer que repitieran sus palabras. Según Barth, este misterio mayor les fue enseñado a los Primeros Hombres por los niños para que pudieran transmitir mensajes a gran distancia. Esto fue transmitido, de forma degradada, hasta los maestres de hoy en día, quienes ya no saben cómo hablar con estas aves. Es cierto que nuestra orden entiende el lenguaje de los cuervos… pero esto supone los propósitos básicos de sus graznidos y ronquidos, sus signos de miedo e ira, y las formas en las que ellos muestran su disposición para aparearse o su falta de salud. Los cuervos están entre los pájaros más inteligentes, pero no son más listos que los niños pequeños, y son considerablemente menos capaces de poseer un verdadero lenguaje, fuera lo que fuera que el Septon Barth pueda haber creído. Unos pocos maestres, dedicados al eslabón de acero valyrio, han dicho que Barth estaba en lo cierto, pero ninguno ha sido capaz de probar sus afirmaciones respecto a la comunicación entre cuervos y hombres. Sin importar la veracidad de sus artes, los niños fueron guiados por los verdevidentes, y no cabe duda de que en algún momento se los pudo encontrar desde las Tierras del Eterno Invierno hasta las costas del Mar del Verano. Erigieron sus casas con sencillez, sin construir fuertes, ni castillos, ni ciudades. En lugar de esto, vivían en los bosques, en chozas sobre los pantanos y ciénagas, y hasta en cavernas y colinas huecas. Se dice que, en los bosques, construyeron refugios de hojas y juncos sobre las ramas de los árboles, "ciudades" secretas entre los árboles. Durante mucho se ha creído que hacían esto para protegerse de predadores como los huargos o los gatosombras, contra los que sus simples armas de piedra—y hasta sus alardeados verdevidentes—no podían hacer nada. Pero otras fuentes niegan esto, afirmando que sus mayores enemigos eran los gigantes, tal como insinúan los relatos contados en el Norte, y como probablemente fue probado por el Maestre Kenneth en su estudio de los túmulos cerca del Lago Largo—la tumba de un gigante con puntas de flecha de obsidiana encontrados entre las sus costillas. Trae a la mente una transcripción de una canción salvaje en la "Historia de los Reyes de Mas-Allá-del-Muro" del Maestre Herryk, con respecto a los hermanos Gendel y Gorne. Ellos fueron llamados a mediar en una disputa entre un clan de niños y una familia de gigantes sobre la posesión de una caverna. Se dice que Gendel y Gorne resolvieron el asunto a través de engaños, haciendo que ambas partes renunciaran a cualquier deseo sobre la caverna, después de que los hermanos descubrieran que esta era parte de una cadena de cavernas mucho más grande que en algún punto pasaba por debajo el Muro. Pero teniendo en cuenta que los salvajes no eran letrados, sus tradiciones deben ser vistas con cierta dosis de escepticismo. Sin embargo, las bestias de los bosques y los gigantes eventualmente se unieron a causa de otro, aun mayor peligro. Surge la posibilidad de que una tercera raza haya habitado los Siete Reinos en la Edad del Amanecer, pero es tan especulativa que sólo necesita ser tratada con brevedad. Entre los hombres del hierro, se dice que los primeros de los Primeros Hombres que llegaron a las Islas del Hierro encontraron la famosa Silla de Piedramar en Viejo Wyk, pero las islas estaban deshabitadas. De ser cierto esto, la naturaleza y origen de los creadores de la silla son un misterio. El Maestre Kirth, en su colección de leyendas sobre los hombres del hierro "Canciones que cantan los Hombres Ahogados", sugiere que la silla fue dejada por visitantes venidos desde el otro lado del Mar del Ocaso, pero no hay evidencias de esto, tan sólo son especulaciones.

Hoy cumple el Rey del terror, Stephen King. link: https://www.youtube.com/watch?v=eRBFpr-UBbE link: https://www.youtube.com/watch?v=Xuu9qsW2d4U En la fuente pueden mirar sus libros: http://estabolsanoesunjuguete.blogia.com/2008/110702-libros-de-stephen-king.php
Un joven indigente de Cardiff, Gales, consiguió ingresar a la Universidad de Cambridge con las mejores notas, después de tener que dormir en los sofás de sus amigos y trabajar durante 24 horas para poder mantenerse. Un estudiante de bajos recursos, que debía dormir en los sofás de sus amigos y trabajar durante 24 horas para poder sostener sus estudios, se aseguró un pase a la Universidad de Cambridge luego de un intenso esfuerzo. Jacob Lewis tiene 22 años y vive en Gales. A los 17 años, cuando terminó la escuela, perdió su hogar tras una disputa con su familia, y afirma "mi familia siempre fue muy pobre y yo me sentía atraído por las brillantes luces de la ciudad". Fue entonces cuando Jacob decidió emanciparse, según informa el medio galés Wales Online. Trabajó durante cinco años, pero cuando vio a sus amigos de la escuela graduarse en la universidad, sintió que había perdido: "Tenía una existencia cómoda, con dinero y mi propio lugar, pero me sentía como si hubiera perdido mi vida estudiantil", afirmó. Esa crisis sería el motor del cambio en la vida del joven. A la edad de 21 años, se matriculó en 'Coleg y Cymoedd', un centro de estudios en Gales para preparar su ingreso a Cambridge. Al comienzo de sus estudios, Jacob trató de mantener su casa, pero terminó trabajando 24 horas toda las semanas para poder costear sus cuentas de la universidad. "Fue un reto, pero no imposible", aseguró optimista. Al no poder mantener su casa, se alojaba en las de otros, saltando de sofá en sofá, según cuenta. Jacob, consiguió las mejores notas posibles en el bachillerato y producto de tanto esfuerzo es un hecho que la prestigiosa Universidad de Cambridge le hará un lugar en su facultad de Derecho. El joven será el primer miembro de su familia en ir a la universidad y está orgulloso de eso. "Estoy increíblemente agradecido a la universidad por todo lo que hicieron por mí. Fueron momentos difíciles, pero ha valido la pena", dijo y agregó "espero que esto muestre a los estudiantes galeses que con trabajo e intensa dedicación los sueños pueden hacerse realidad".

Síndrome de Amok. Consiste en una súbita y espontánea explosión de rabia salvaje, que hace que la persona afectada corra locamente armada con un cuchillo (que también puede ser un arma de fuego o una granada) y ataque, hiera o mate indiscriminadamente a los hombres y animales que aparezcan a su paso, hasta que el sujeto es inmovilizado, queda amnésico o se suicida. El nombre viene de la palabra malaya meng-"mok, que significa “atacar y matar con ira ciega”, pues fue allí donde fue observado este fenómeno por primera vez.Generalmente se da en contextos culturales específicos donde aún existe un fuerte componente mágico, es por ello que existen patologías similares con algunas variaciones como son la Grisi Siknis o "locura de la selva" de América Central, el Chakore panameño, el Latah del Sudeste Asiático, el Pibloktoq o "histéria ártica", el Berserk escandinavo, o el iich’ aa entre los indios navajos. Síndrome de Capgras. El delirio de Capgras es un raro trastorno en el que una persona tiene la creencia ilusoria de que un conocido, generalmente el cónyuge u otro miembro cercano de la familia, ha sido sustituido por un impostor idéntico pero que es un extraño. Debe su nombre a Jean Marie Joseph Capgras, el psiquiatra francés que la definió en 1923. Síndrome de Fregoli. Es la condición contraria al mal de Capgras. Es un trastorno en que una persona cree percibir que las diferentes personas son en realidad una sola persona que cambia de apariencia o está disfrazada. Quienes lo padecen se angustian porque se sienten acosados y perseguidos por esta "persona única" que toma distintos roles. El nombre viene del actor italiano Leopoldo Fregoli, que era conocido por su habilidad para hacer cambios rápidos de apariencia mientras estaba actuando. Prosopagnosia. Es una enfermedad donde todas las caras que se ven son las mismas porque se hace imposible asociarlas a cada persona. Incluso si el afectado se ve en un espejo, tampoco se reconoce a sí mismo. Para poder identificar a los seres queridos, los enfermos de prosopagnosia se concentran en otras claves visuales, como el cabello, la voz, la forma del cuerpo, el olor u otros detalles distintivos. Síndrome de Cotard. Es un trastorno psicopatólogico muy poco frecuente en que una persona cree que él o ella está muerta, no existe, está en descomposición o ha perdido su sangre u órganos internos. En raras ocasiones, puede incluir ideas delirantes de inmortalidad. Frases como "Mi cerebro se ha podrido", "he perdido parte de las víceras", o "estoy muerto" son repetidas por quienes padecen de esta patología. Conocido también como el mal del cadáver ambulante, se trata principalmente de pacientes depresivos melancólicos que en un momento dado comienzan a creer que dejaron de existir. Debe su nombre a Jules Cotard, el neurólogo francés que describió la condición por primera vez el 1880. Síndrome de la Mano Ajena. Es una patología en la que el sujeto tiene la sensación que una de sus manos opera por sí sola, como si obedeciera a una fuerza desconocida. Muchas veces la mano trata de incomodarle, se enfrenta a su otra mano, o realiza maniobras complejas.Lo que sucede en realidad es que está alterada la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales debido a alguna cirugía, golpes o infecciones en la cabeza. Uno de los casos más curiosos de ésta patología afectó a un hombre de 73 años cuya mano cobraba vida y empezaba a masturbarlo sin poderla reprimir. Apotemnofilia. Se trata de una enfermedad psiquiátrica en la que el individuo siente un deseo irreprimible de amputarse una o varias extremidades porque no las considera parte de su cuerpo. Los afectados narran que sienten envidia cuando ven una persona amputada, incluso se han documentado casos de individuos que se han dejado atropellar por un tren o se han autolesionado provocándose heridas tan graves en sus extremidades que los médicos han tenido que amputarlas. Al tratarse de un trastorno de identidad de la integridad corporal, también puede existir el deseo de querer ser sordo, invidente, paralítico y, en algunos casos, utilizan muletas o sillas de ruedas para fingir que son discapacitados. Psicosis Wendigo o Wíndigo. Se refiere a una condición mental donde la persona afligida desarrolla un apetito insaciable por comer carne humana incluso cuando hay otros alimentos a su disposición, es producido tras haber practicado el canibalismo en situaciones de estrés donde no hay alimentos. Esta psicosis es identificada como un síndrome de cultura determinada, el cual es una combinación de síntomas psicosomáticos y psiquiátricos que pertenecen a una enfermedad reconocible sólo en una sociedad o cultura. En muchos casos los sujetos afectados por este trastorno son ejecutados antes de que puedan causar daño al resto de la comunidad, sus comportamientos están caracterizados por actos violentos y la perdida de capacidad para socializar con las personas que lo rodean. El conflicto moral en este caso radica en el hecho de que el Wendigo fue una persona, quien por padecer de hambruna recurrió al canibalismo para sobrevivir, aunque en muchas ocasiones la persona que sobrevive por este medio sufre de culpa y remordimiento, prefiriendo ser ejecutado por su crimen a vivir con ello y seguir haciéndolo. Anorexia. Se puede considerar como una alteración por defecto, de los hábitos y/o comportamientos involucrados en la alimentación. Las personas que lo padecen dedican la mayor parte de su tiempo a temas alimentarios y todo lo que esté relacionado con ello. La preocupación por la comida y el temor a ganar peso forman lo esencial de este trastorno, junto con la inseguridad personal para enfrentarse a este problema. Niegan la enfermedad y se perciben gordas en alguna parte de su cuerpo a pesar de presentar un aspecto esquelético. Trastorno psicótico compartido o folie à deux. La "locura compartida por dos" es un raro síndrome psiquiátrico en el que un síntoma de psicosis (particularmente una creencia paranoica o delirante) es transmitida de un individuo a otro. El mismo síndrome compartido por más de dos personas puede llamarse folie à trois, folie à quatre, folie à famille o incluso folie à plusieurs (locura de muchos). Existió el caso de una mujer que comenzó a ver insectos que se le subían por el cuerpo y estaban por toda su casa. Con el tiempo, su esposo también comenzó a verlos, pero cuando su médico les pidió que recogieran algunos y los llevaran al consultorio, la pareja se apareció con un frasco de vidrio lleno de cabellos, hilos y migas de pan. Una vez que el esposo fue separado de su mujer, dejó de ver los insectos. Amnesia extrema. Se trata de un padecimiento que llega a ser desesperante tanto para quien lo sufre, como para quienes están a su alrededor, ya que se caracteriza por poder retener en la memoria sólo lo que pasó hace pocos segundos, olvidando el resto del pasado. Esto significa que a cada instante se descubre lo mismo una y otra vez. Tal vez el caso más célebre es el del músico británico Clive Wearing que sólo recuerda 7 segundos de su vida previa. Síndrome del Huésped Fantasma. La persona que sufra este trastorno, pensará que su casa está ocupada por alguien que de alguna forma, consigue ocultarse para no dejarse ver. Aún así, el enfermo tendrá la idea delirante de que detecta a su curioso ocupante, ya sea viendo su reflejo en un espejo, escuchando el televisor encendido. Síndrome de Münchhausen. Se caracteriza por inventarse y fingir dolencias (o incluso provocárselas a sí mismo, mediante la ingesta de medicamentos o mediante autolesiones) para llamar la atención de los médicos, y ser tratado como un enfermo. Tal vez la variante más peligrosa sea el "Síndrome de Munchausen por poderes" donde una madre puede simular síntomas de enfermedad en su hijo añadiendo sangre a su orina o heces, dejando de alimentarlo, falsificando fiebres, administrándole secretamente fármacos que le produzcan vómito o diarrea o empleando otros trucos como infectar las vías intravenosas (a través de una vena) para que el niño aparente o en realidad resulte enfermo. Además la mujer se presenta como muy colaboradora con el personal médico y como una persona dedicada y abnegada en el cuidado de su hijo. Koro. Es un tipo de trastorno mental que sólo se da en la China. El enfermo cree que su pene se va reduciendo progresivamente hasta invaginarse en el abdomen y causar la muerte. En un 30 o 40% de los casos el enfermo tiene asociada una depresión, pero el resto no tienen ninguna otra patología. El paciente puede llegar a morir por esta enfermedad. En la India existe una enfermedad psicológica que tiene rasgos comunes al Koro. Se trata del Dhat, al que se describe como una neurosis ligada a la cultura consistente en la creencia de que con la orina se evacúa una sustancia blanquecina (el "Dhat", que el paciente cree es su semen. Este cuadro, muy frecuente en el subcontinente indio, se acompaña de una importante ansiedad, ya que en esta cultura el semen se asimila a la fuerza y al vigor, con lo que la espermaturia acarrearía la debilidad física y mental. Amafufunyana. Este es un desorden descrito entre los Xhosas y Zulús. Quienes sufren este mal dicen escuchar voces que provienen de sus propios estómagos. Esas voces hablan en otras lenguas y en un tono incluso agresivo. Los afectados pueden incluso cometer suicidio. Las personas creen que se produce producto de un embrujo donde se le ha dado secretamente a la victima una poción hecha a base de hormigas que se han estado comiendo un cadáver enterrado. Se dice que hubo un caso que afectó a 400 niños de una escuela, a quienes se les hinchó el vientre y mostraron una conducta extraña: Corrían sin control con los ojos en blanco y haciendo ruido y golpeando todo a su paso. Uno de los profesores informó que al apretar las barrigas de los niños se podían oír claramente voces zulúes diciendo que estaban en posesión de los estudiantes. http://jpserena.blogspot.com/2010/03/enfermedades-mentales-espeluznantes.html
En un agujero en el suelo, vivía un hóbbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hóbbit, y eso significa comodidad. Tenía una puerta redonda, perfecta como un ojo de buey, pintada de verde, con una manilla de bronce dorada y brillante, justo en el medio. La puerta se abría a un vestíbulo cilíndrico, como un túnel: un túnel muy cómodo, sin humos, con paredes revestidas de madera y suelos enlosados y alfombrados, provistos de sillas barnizadas, y montones y montones de perchas para sombreros y abrigos; el hóbbit era aficionado a las visitas. El túnel se extendía serpeando, y penetraba bastante, pero no directamente, en la ladera de la colina -La Colina, como la llamaba toda la gente de muchas millas alrededor-, y muchas puertecitas redondas se abrían en él, primero a un lado y luego al otro. Nada de subir escaleras para el hóbbit: dormitorios, cuartos de baño, bodegas, despensas (muchas), armarios (habitaciones enteras dedicadas a ropa), cocinas, comedores, se encontraban en la misma planta, y en verdad en el mismo pasillo. Las mejores habitaciones estaban todas a la izquierda de la puerta principal, pues eran las únicas que tenían ventanas, ventanas redondas, profundamente excavadas, que miraban al jardín y los prados de más allá, camino del río. Este hóbbit era un hóbbit acomodado, y se apellidaba Bolsón. Los Bolsón habían vivido en las cercanías de La Colina desde hacía muchísimo tiempo, y la gente los consideraba muy respetables, no sólo porque casi todos eran ricos, sino también porque nunca tenían ninguna aventura ni hacían algo inesperado: uno podía saber lo que diría un Bolsón acerca de cualquier asunto sin necesidad de preguntárselo. Ésta es la historia de cómo un Bolsón tuvo una aventura, y se encontró a sí mismo haciendo y diciendo cosas por completo inesperadas. Podría haber perdido el respeto de los vecinos, pero ganó... Bueno, ya veréis si al final ganó algo. La madre de nuestro hóbbit particular... pero, ¿qué es un hóbbit? Supongo que los hóbbits necesitan hoy que se los describa de algún modo, ya que se volvieron bastante raros y tímidos con la Gente Grande, como nos llaman. Son (o fueron) gente menuda de la mitad de nuestra talla, y más pequeños que los enanos barbados. Los hóbbits no tienen barba. Hay poca o ninguna magia en ellos, excepto esa común y cotidiana que los ayuda a desaparecer en silencio y rápidamente, cuando gente grande y estúpida como vosotros o yo se acerca sin mirar por dónde va, con un ruido de elefantes que puede oírse a una milla de distancia. Tienden a ser gruesos de vientre; visten de colores brillantes (sobre todo verde y amarillo); no usan zapatos, porque en los pies tienen suelas naturales de piel y un pelo espeso y tibio de color castaño, como el que les crece en las cabezas (que es rizado); los dedos son largos, mañosos y morenos, los rostros afables, y se ríen con profundas y jugosas risas (especialmente después de cenar, lo que hacen dos veces al día, cuando pueden). Ahora sabéis lo suficiente como para continuar el relato. Como iba diciendo, la madre de este hóbbit -o sea, Bilbo Bolsón- era la famosa Belladonna Tuk, una de las tres extraordinarias hijas del Viejo Tuk, patriarca de los hóbbits que vivían al otro lado de Delagua, el riachuelo que corría al pie de La Colina. Se decía a menudo (en otras familias) que tiempo atrás un antepasado de los Tuk se había casado sin duda con un hada. Eso era, desde luego, absurdo, pero por cierto había todavía algo no del todo hóbbit en ellos, y de cuando en cuando miembros del clan Tuk salían a correr aventuras. Desaparecían con discreción, y la familia echaba tierra sobre el asunto; pero los Tuk no eran tan respetables como los Bolsón, aunque indudablemente más ricos. Al menos Belladonna Tuk no había tenido ninguna aventura después de convertirse en la señora de Bungo Bolsón. Bungo, el padre de Bilbo, le construyó el agujero-hóbbit más lujoso (en parte con el dinero de ella) que pudiera encontrarse bajo La Colina o sobre La Colina o al otro lado de Delagua, y allí se quedaron hasta el fin. No obstante, es probable que Bilbo, hijo único, aunque se parecía y se comportaba exactamente como una segunda edición de su padre, firme y comodón, tuviese alguna rareza de carácter del lado de los Tuk, algo que sólo esperaba una ocasión para salir a la luz. La ocasión no llegó a presentarse nunca, hasta que Bilbo Bolsón fue un adulto que rondaba los cincuenta años y vivía en el hermoso agujero-hóbbit que acabo de describiros, y cuando en verdad ya parecía que se había asentado allí para siempre. Por alguna curiosa coincidencia, una mañana de hace tiempo en la quietud del mundo, cuando había menos ruido y más verdor, y los hóbbits eran todavía numerosos y prósperos, y Bilbo Bolsón estaba de pie en la puerta del agujero, después del desayuno, fumando una enorme y larga pipa de madera que casi le llegaba a los dedos lanudos de los pies (bien cepillados), Gandalf apareció de pronto. ¡Gandalf! Si sólo hubieseis oído un cuarto de lo que yo he oído de él, y he oído sólo muy poco de todo lo que hay que oír, estaríais preparados para cualquier especie de cuento notable. Cuentos y aventuras brotaban por dondequiera que pasara, de la forma más extraordinaria. No había bajado a aquel camino al pie de La Colina desde hacía años y años, desde la muerte de su amigo el Viejo Tuk, y los hóbbits casi habían olvidado cómo era. Había estado lejos, más allá de La Colina y del otro lado de Delagua por asuntos particulares, desde el tiempo en que todos ellos eran pequeños niños hóbbits y niñas hóbbits. Todo lo que el confiado Bilbo vio aquella mañana fue un anciano con un bastón. Tenía un sombrero azul, alto y puntiagudo, una larga capa gris, una bufanda de plata sobre la que colgaba una barba larga y blanca hasta más abajo de la cintura, y botas negras. -¡Buenos días! -dijo Bilbo, y esto era exactamente lo que quería decir. El sol brillaba y la hierba estaba muy verde. Pero Gandalf lo miró desde abajo de las cejas largas y espesas, más sobresalientes que el ala del sombrero, que le ensombrecía la cara. -¿Qué quieres decir? -preguntó-. ¿Me deseas un buen día, o quieres decir que es un buen día, lo quiera yo o no; o que hoy te sientes bien; o que es un día en que conviene ser bueno? -Todo eso a la vez -dijo Bilbo-. Y un día estupendo para una pipa de tabaco a la puerta de casa, además. ¡Si lleváis una pipa encima, sentaos y tomad un poco de mi tabaco! ¡No hay prisa, tenemos todo el día por delante! -Entonces Bilbo se sentó en una silla junto a la puerta, cruzó las piernas y lanzó un hermoso anillo de humo gris que navegó en el aire sin romperse, y se alejó flotando sobre La Colina. -¡Muy bonito! -dijo Gandalf-. Pero esta mañana no tengo tiempo para anillos de humo. Busco a alguien con quien compartir una aventura que estoy planeando, y es difícil dar con él. -Pienso lo mismo... En estos lugares somos gente sencilla y tranquila y no estamos acostumbrados a las aventuras. ¡Cosas desagradables, molestas e incómodas que retrasan la cena! No me explico por qué atraen a la gente -dijo nuestro señor Bolsón, y metiendo un pulgar detrás del tirante, lanzó otro anillo de humo más grande aún. Luego sacó el correo matutino y se puso a leer, fingiendo ignorar al viejo. Pero el viejo no se movió. Permaneció apoyado en el bastón observando al hóbbit sin decir nada, hasta que Bilbo se sintió bastante incómodo y aún un poco enfadado-. ¡Buenos días! -dijo al fin-. ¡No queremos aventuras aquí, gracias! ¿Por qué no probáis más allá de La Colina o al otro lado de Delagua? -Con esto daba a entender que la conversación había terminado. -¡Para cuántas cosas empleas el Buenos días! -dijo Gandalf-. Ahora quieres decir que intentas deshacerte de mí y que no serán buenos hasta que me vaya. -¡De ningún modo, de ningún modo, mi querido señor! Veamos, no creo conocer vuestro nombre... -¡Sí, sí, mi querido señor, y yo sí que conozco tu nombre, señor Bilbo Bolsón! Y tú también sabes el mío, aunque no me unas a él. ¡Yo soy Gandalf, y Gandalf soy yo! ¡Quién iba a pensar que un hijo de Belladonna Tuk me daría los buenos días como si yo fuese vendiendo botones de puerta en puerta! -¡Gandalf, Gandalf! ¡Válgame el cielo! ¿No sois vos el mago errante que dio al Viejo Tuk un par de botones mágicos de diamante que se abrochaban solos y no se desabrochaban hasta que les dabas una orden? ¿No sois vos quien contaba en las reuniones aquellas historias maravillosas de dragones y trasgos y gigantes y rescates de princesas y la inesperada fortuna de los hijos de madre viuda? ¿No el hombre que acostumbraba a fabricar aquellos fuegos de artificio tan excelentes? ¡Los recuerdo! El Viejo Tuk los preparaba en los solsticios de verano. ¡Espléndidos! Subían como grandes lirios, cabezas de dragón y árboles de fuego que quedaban suspendidos en el aire durante todo el crepúsculo. -Ya os habréis dado cuenta de que el señor Bolsón no era tan prosaico como él mismo creía, y también de que era muy aficionado a las flores:- ¡Diantre! -continuó-. ¿No sois vos el Gandalf responsable de que tantos y tantos jóvenes apacibles partiesen hacia el Azul en busca de locas aventuras? Cualquier cosa desde trepar árboles a visitar elfos... o zarpar en barcos, ¡y navegar hacia otras costas! ¡Caramba!, la vida era bastante apacible entonces... Quiero decir, en un tiempo tuvisteis la costumbre de perturbarlo todo en estos sitios. Os pido perdón, pero no tenía ni idea de que todavía estuvieseis en actividad. -¿Dónde si no iba a estar? -dijo el mago-. De cualquier modo, me complace descubrir que aún recuerdas algo de mí. Al menos, parece que recuerdas con cariño mis fuegos artificiales, y eso es reconfortante. Y en verdad, por la memoria de tu viejo abuelo Tuk y por la memoria de la pobre Belladonna, te concederé lo que has pedido. -Perdón, ¡yo no he pedido nada! -¡Sí, sí, lo has hecho! Dos veces ya. Mi perdón. Te lo doy. De hecho iré tan lejos como para embarcarme en esa aventura. Muy divertida para mí, muy buena para ti... y quizá también muy provechosa, si sales de ella sano y salvo. -¡Disculpad! No quiero ninguna aventura, gracias. Hoy no. ¡Buenos días! Pero venid a tomar el té... ¡cuando gustéis! ¿Por qué no mañana? ¡Sí, venid mañana! ¡Adiós! -Con esto el hóbbit retrocedió escabulléndose por la redonda puerta verde, y la cerró lo más rápido que pudo sin llegar a parecer grosero. Al fin y al cabo, un mago es un mago. «¡Para qué diablos lo habré invitado al té!», se dijo Bilbo cuando iba hacia la despensa. Acababa de desayunar hacía muy poco, pero pensó que un pastelillo o dos y un trago de algo le sentarían bien después del sobresalto. Gandalf, mientras tanto, seguía a la puerta, riéndose larga y apaciblemente. Al cabo de un rato subió, y con la punta del bastón dibujó un signo extraño en la hermosa puerta verde del hóbbit. Luego se alejó a grandes zancadas, justo en el momento en que Bilbo ya estaba terminando el segundo pastel y empezando a pensar que había conseguido librarse al fin de cualquier posible aventura. Al día siguiente casi se había olvidado de Gandalf No recordaba muy bien las cosas, a menos que las escribiese en la Libreta de Compromisos; de este modo: Gandalf Té Miércoles. El día anterior había estado demasiado aturdido como para ponerse a anotar. Un momento antes de la hora del té se oyó un tremendo campanillazo en la puerta principal, ¡y entonces se acordó! Se apresuró y puso la marmita, sacó otra taza y un platillo y un pastel o dos más, y corrió a la puerta. «¡Siento de veras haberle hecho esperar!», iba a decir, cuando vio que en realidad no era Gandalf. Era un enano de barba azul, recogida en un cinturón dorado, y ojos muy brillantes bajo el capuchón verde oscuro. Tan pronto como la puerta se abrió, entró deprisa como si le estuviesen esperando. Colgó la capa encapuchada en la percha más cercana, y -¡Dwalin, a vuestro servicio! -dijo saludando con una reverencia. -¡Bilbo Bolsón, al vuestro! -dijo el hóbbit, demasiado sorprendido como para hacer cualquier pregunta por el momento. Cuando el silencio que siguió empezó a hacerse incómodo, añadió-: Estoy a punto de tomar el té; por favor, acercaos y tomad algo conmigo. -Un tanto tieso, tal vez, pero habló con amabilidad. ¿Y qué haríais vosotros, si un enano llegara de súbito y colgara sus cosas en vuestro vestíbulo sin dar explicaciones? Llevaban apenas un rato a la mesa, en verdad estaban empezando el tercer pastelillo, cuando resonó otro campanillazo todavía más estridente. -¡Disculpad! -dijo el hóbbit, y se encaminó hacia la puerta. -¡Así que al fin habéis venido! -Esto era lo que iba a decirle ahora a Gandalf. Pero no era Gandalf. En cambio vio en el umbral un enano que parecía muy viejo, de barba blanca y capuchón escarlata; y éste también entró de un salto tan pronto como la puerta se abrió, como si fuera un invitado. -Veo que han empezado a llegar -dijo cuando vio en la percha el capuchón verde de Dwalin. Colocó el suyo rojo junto al otro y -¡Balin, a vuestro servicio! -dijo con la mano en el pecho. -¡Gracias! -dijo Bilbo casi sin voz. No era la respuesta más apropiada, pero el han empezado a llegar lo había dejado perplejo. Le gustaban las visitas, aunque prefería conocerlas antes de que llegasen, e invitarlas él mismo. Tenía el terrible presentimiento de que los pasteles no serían suficientes, y como conocía las obligaciones de un anfitrión y las cumplía con puntualidad aunque le parecieran penosas, quizá él se quedara sin ninguno. -¡Entre, y sírvase una taza de té! -consiguió decir luego de tomar aliento. -Un poco de cerveza me iría mejor, si a vos no os importa, mi buen señor -dijo Balin, el de la barba blanca-, pero no me incomodaría un pastelillo, un pastelillo de semillas, si tenéis alguno. -¡Muchos! -se encontró Bilbo respondiendo, sorprendido, y se encontró, también, corriendo a la bodega para echar en una jarra una pinta de cerveza, y después a la despensa a recoger dos sabrosos pastelillos de semillas que había hecho esa tarde para el refrigerio de después de la cena. Cuando regresó, Balin y Dwalin estaban charlando a la mesa como viejos amigos (en realidad eran hermanos). Bilbo depositó la cerveza y el pastel delante de ellos, cuando de nuevo se oyó un fuerte campanillazo, y después otro. «¡Gandalf de seguro esta vez!», pensó mientras resoplaba por el pasillo. Pero no; eran dos enanos más, ambos con capuchones azules, cinturones de plata y barbas amarillas; y cada uno de ellos llevaba una bolsa de herramientas y una pala. Saltaron adentro, tan pronto la puerta empezó a abrirse. Bilbo ya apenas se sorprendió. -¿En qué puedo yo serviros, mis queridos enanos? -dijo. -¡Kili, a vuestro servicio! -dijo uno-. ¡Y Fili! -añadió el otro; y ambos se sacaron a toda prisa los capuchones azules e hicieron una reverencia. -¡Al vuestro y al de vuestra familia! -replicó Bilbo, recordando esta vez sus buenos modales. -Veo que Dwalin y Balin están ya aquí -dijo Kili-. ¡Unámonos al tropel! «¡Tropel! -pensó el señor Bolsón-. No me gusta el sonido de esa palabra. Necesito sentarme un minuto y recapacitar, y echar un trago.» Sólo había alcanzado a mojarse los labios, en un rincón, mientras los cuatro enanos se sentaban en torno a la mesa, y charlaban sobre minas y oro y problemas con los trasgos, y las depredaciones de los dragones, y un montón de otras cosas que él no entendía, y no quería entender, pues parecían demasiado aventureras, cuando, din-don-dan, la campana sonó de nuevo, como si algún travieso niño hóbbit intentase arrancar el llamador. -¡Alguien más a la puerta! -dijo parpadeando. -Por el sonido yo diría que unos cuatro -dijo Fili-. Además, los vimos venir detrás de nosotros a lo lejos. El pobrecito hóbbit se sentó en el vestíbulo y apoyando la cabeza en las manos, se preguntó qué había pasado, y qué pasaría ahora, y si todos se quedarían a cenar. En ese momento la campana sonó de nuevo más fuerte que nunca, y tuvo que correr hacia la puerta. Y no eran cuatro, sino cinco. Otro enano se les había acercado mientras él seguía en el vestíbulo preguntándose qué ocurría. Apenas había girado la manija y ya todos estaban dentro, haciendo reverencias y diciendo uno tras otro «a vuestro servicio». Dori, Nori, Ori, Oin y Gloin eran sus nombres, y al momento dos capuchones de color púrpura, uno gris, uno castaño y uno blanco colgaban de las perchas, y allá fueron los enanos con las manos anchas metidas en los cinturones de oro y plata a reunirse con los otros. Ya casi eran un tropel. Unos pedían cerveza del país, otros cerveza negra, uno café, y todos ellos pastelillos; así que tuvieron al hóbbit muy ocupado durante un rato. Una gran cafetera había sido puesta a la lumbre, los pastelillos de semillas ya se habían acabado, y los enanos empezaban una ronda de bollos con mantequilla, cuando de pronto... un fuerte golpe. No un campanillazo, sino un fuerte toc-toc en la preciosa puerta verde del hóbbit. ¡Alguien estaba llamando a bastonazos! Bilbo corrió por el pasillo, muy enfadado, y por completo atribulado y compungido; éste era el miércoles más desagradable que pudiera recordar. Abrió la puerta de un bandazo, y todos rodaron dentro, uno sobre otro. Más enanos, ¡cuatro más! Y detrás Gandalf, apoyado en su vara y riendo. Había hecho una muesca bastante grande en la hermosa puerta; por cierto, también había borrado la marca secreta que pusiera allí la mañana anterior. -¡Tranquilidad, tranquilidad! -dijo-. ¡No es propio de ti, Bilbo, tener a los amigos esperando en el felpudo y luego abrir la puerta de sopetón! ¡Déjame presentarte a Bifur, Bofur, Bombur, y sobre todo a Thorin! -¡A vuestro servicio! -dijeron Bifur, Bofur y Bombur, los tres en hilera. Enseguida colgaron dos capuchones amarillos y uno verde pálido; y también uno celeste con una gran borla de plata. Este último pertenecía a Thorin, un enorme e importante enano, de hecho nada más y nada menos que el propio Thorin Escudo de Roble, a quien no le gustó nada caer de bruces sobre el felpudo de Bilbo con Bifur, Bofur y Bombur sobre él. Ante todo, Bombur era enormemente gordo y pesado. Thorin era muy arrogante, y no dijo nada sobre servicio; pero el pobre señor Bolsón le repitió tantas veces que lo sentía, que el enano gruñó al fin: -Le ruego no lo mencione más -y dejó de fruncir el entrecejo. -¡Vaya, ya estamos todos aquí! -dijo Gandalf, mirando la hilera de trece capuchones, una muy vistosa colección de capuchones, y su propio sombrero colgados en las perchas-. ¡Qué alegre reunión! ¡Espero que quede algo de comer y beber para los rezagados! ¿Qué es eso? ¡Té! ¡No, gracias! Para mí un poco de vino tinto. -Y también yo -dijo Thorin. -Y mermelada de frambuesa y tarta de manzana -dijo Bifur. -Y pastelillos de carne y queso -dijo Bofur. -Y pastel de carne de cerdo y también ensalada -dijo Bombur. -Y más pasteles, y cerveza, y café, si no os importa -gritaron los otros enanos al otro lado de la puerta. -Prepara unos pocos huevos. ¡Qué gran amigo! -gritó Gandalf mientras el hóbbit corría a las despensas-. ¡Y saca el pollo frío y unos encurtidos! «¡Parece conocer el interior de mi despensa tanto como yo!», pensó el señor Bolsón, que se sentía del todo desconcertado y empezaba a preguntarse si la más lamentable aventura no había ido a caer justo a su propia casa. Cuando terminó de apilar las botellas y los platos y los cuchillos y los tenedores y los vasos y las fuentes y las cucharas y demás cosas en grandes bandejas, estaba acalorado, rojo como la grana y muy fastidiado. -¡Fustigados y condenados enanos! -dijo en voz alta-. ¿Por qué no vienen y me echan una mano? -Y he aquí que allí estaban Balin y Dwalin en la puerta de la cocina, y Fili y Kili tras ellos, y antes de que pudiese decir cuchillo, ya se habían llevado a toda prisa las bandejas y un par de mesas pequeñas al salón, y allí colocaron todo otra vez. Gandalf se puso a la cabecera, con los trece enanos alrededor, y Bilbo se sentó en un taburete junto al fuego, mordisqueando una galleta (había perdido el apetito) e intentando aparentar que todo era normal y de ningún modo una aventura. Los enanos comieron y comieron, charlaron y charlaron, y el tiempo pasó. Por último echaron atrás las sillas, y Bilbo se puso en movimiento, recogiendo platos y vasos. -Supongo que os quedaréis todos a cenar -dijo en uno de sus más educados y reposados tonos. -¡Claro que sí! -dijo Thorin-, y después también. No nos meteremos en el asunto hasta más tarde, y antes podemos hacer un poco de música. ¡Ahora a levantar las mesas! Enseguida los doce enanos -no Thorin, él era demasiado importante, y se quedó charlando con Gandalf- se incorporaron de un salto, e hicieron enormes pilas con todas las cosas. Allá se fueron, sin esperar por las bandejas, llevando en equilibrio en una mano las columnas de platos, cada una de ellas con una botella encima, mientras el hóbbit corría detrás casi dando chillidos de miedo: -¡Por favor, cuidado! -y- ¡Por favor, no se molesten! Yo me las arreglo. -Pero los enanos no le hicieron caso y se pusieron a cantar: ¡Desportillad los vasos y destrozad los platos! ¡Embotad los cuchillos, doblad los tenedores! ¡Esto es lo que Bilbo Bolsón detesta tanto! ¡ Estrellad las botellas y quemad los tapones! ¡Desgarrad el mantel, pisotead la manteca, y derramad la leche en la despensa! ¡Echad los huesos en la alfombra del cuarto! ¡Salpicad de vino todas las puertas! ¡Vaciad los cacharros en un caldero hirviente; hacedlos trizas a garrotazos; y cuando terminéis, si aún algo queda entero, echadlo a rodar pasillo abajo! ¡Esto es lo que Bilbo Bolsón detesta tanto! ¡De modo que cuidado! ¡Cuidado con los platos! Y desde luego no hicieron ninguna de estas cosas terribles, y todo se limpió y se guardó a la velocidad del rayo, mientras el hóbbit daba vueltas y más vueltas en medio de la cocina intentando ver qué hacían. Al fin regresaron, y encontraron a Thorin con los pies en el guardafuego fumándose una pipa. Estaba haciendo unos enormes anillos de humo, y dondequiera que le dijera a uno que fuese, allí iba -chimenea arriba, o detrás del reloj sobre la repisa, o bajo la mesa, o girando y girando en el techo-, pero dondequiera que fuesen no eran bastante rápidos para escapar a Gandalf. ¡Pop! De la pipa de barro de Gandalf subía enseguida un anillo más pequeño que atravesaba el último anillo de Thorin. Luego el anillo de Gandalf tomaba un color verde, y bajaba a flotar sobre la cabeza del mago. Tenía ya toda una nube alrededor, y a la luz indistinta parecía una figura extraña y fantasmagórica. Bilbo permanecía inmóvil y observaba -le encantaban los anillos de humo- y se sonrojó al recordar qué orgulloso había estado de los anillos que en la mañana anterior lanzara al viento sobre La Colina. -¡Ahora un poco de música! -dijo Thorin-. ¡Sacad los instrumentos! Kili y Fili se apresuraron a buscar las bolsas y trajeron unos pequeños violines; Dori, Nori y Oin sacaron unas flautas de algún bolsillo de los capotes; Bombur tamborileó desde el vestíbulo; Bifur y Bofur salieron también, y volvieron con unos clarinetes que habían dejado entre los bastones. Dwalin y Balin dijeron: -¡Disculpadme, dejé el mío en el porche! -Y Thorin dijo:- ¡Trae el mío también! -Regresaron con unas violas tan grandes como ellos mismos, y con el arpa de Thorin envuelta en una tela verde. Era una hermosa arpa dorada, y cuando Thorin la rasgueó, los otros enanos empezaron juntos a tocar una música, tan súbita y dulcemente que Bilbo olvidó todo lo demás, y fue transportado a unas tierras distantes y oscuras, bajo lunas extrañas, lejos de Delagua y muy lejos del agujero-hóbbit bajo La Colina. La oscuridad penetró en la habitación por el ventanuco que se abría en la ladera de La Colina; el fuego parpadeaba -era abril- y aún seguían tocando, mientras la sombra de la barba de Gandalf danzaba contra la pared. La oscuridad invadió toda la habitación, y el fuego se extinguió y las sombras se borraron; y todavía seguían tocando. Y de pronto, uno primero y luego otro, mientras tocaban, entonaron el canto grave que antaño cantaran los enanos, en lo más hondo de las viejas moradas, y estas líneas son como un fragmento de esa canción, aunque no hay comparación posible sin la música. Más allá de las frías y brumosas montañas, a mazmorras profundas y cavernas antiguas, en busca del metal amarillo encantado, hemos de ir, antes que el día nazca. Los enanos echaban hechizos poderosos mientras las mazas tañían como campanas, en simas donde duermen criaturas sombrías, en salas huecas bajo las montañas. Para el antiguo rey y el señor de los Elfos los enanos labraban martilleando un tesoro dorado, y la luz atrapaban y en gemas la escondían en la espada. En collares de plata ponían y engarzaban estrellas florecientes, el fuego del dragón colgaban en coronas, en metal retorcido entretejían la luz de la luna y del sol. Más allá de las frías y brumosas montañas, a mazmorras profundas y cavernas antiguas, a reclamar el oro hace tiempo olvidado, hemos de ir, antes de que el día nazca. Allí para ellos mismos labraban las vasijas y las arpas de oro, pasaban mucho tiempo donde otros no cavaban, y allí muchas canciones cantaron que los hombres o los Elfos no oyeron. Los vientos ululaban en medio de la noche, y los pinos rugían en la cima. El fuego era rojo, y llameaba extendiéndose, los árboles como antorchas de luz resplandecían. Las campanas tocaban en el valle, y hombres de cara pálida observaban el cielo, la ira del dragón, miss violenta que el fuego, derribaba las torres y las casas. La montaña humeaba a la luz de la luna; los enanos oyeron los pasos del destino, huyeron y cayeron y fueron a morir a los pies del palacio, a la luz de la luna. Más allá de las hoscas y brumosas montañas, a mazmorras profundas y cavernas antiguas, a quitarle nuestro oro y las arpas, ¡hemos de ir, antes que el día nazca! Mientras cantaban, el hóbbit sintió dentro de él el amor de las cosas hermosas hechas a mano con ingenio y magia; un amor fiero y celoso, el deseo de los corazones de los enanos. Entonces algo de los Tuk renació en él: deseó salir y ver las montañas enormes, y oír los pinos y las cascadas, y explorar las cavernas, y llevar una espada en vez de un bastón. Miró por la ventana. Las estrellas asomaban fuera en el cielo oscuro, sobre los árboles. Pensó en las joyas de los enanos que brillaban en las cavernas tenebrosas. De repente, en el bosque de más allá de Delagua se alzó un fuego -quizá alguien encendía una hoguera-, y pensó en dragones devastadores que invadían la pacífica Colina envolviendo todo en llamas. Se estremeció; y enseguida volvió a ser el sencillo señor Bolsón, de Bolsón Cerrado, Sotomonte otra vez. Se incorporó temblando. Tenía muy pocas ganas de traer la lámpara, y apenas un poco más de pretender que iba a buscarla y marcharse y esconderse luego en la bodega detrás de los barriles de cerveza y no salir más hasta que los enanos se fueran. De pronto advirtió que la música y el canto habían cesado y que todos lo miraban con ojos brillantes en la oscuridad. -¿Adónde vas? -le preguntó Thorin, en un tono que parecía querer mostrar que adivinaba los pensamientos contradictorios del hóbbit. -¿Qué os parece un poco de luz? -dijo Bilbo disculpándose. -Nos gusta la oscuridad -dijeron todos los enanos-. ¡Oscuridad para asuntos oscuros! Faltan aún muchas horas hasta el alba. -¡Por supuesto! -dijo Bilbo, y volvió a sentarse a toda prisa. No le acertó al taburete y se sentó en cambio en el guardafuegos, derribando con estrépito el atizador y la pala. -¡Silencio! -dijo Gandalf-- ¡Que hable Thorin! -Y así fue como Thorin empezó. -¡Gandalf, enanos y señor Bolsón! Nos hemos reunido en casa de nuestro amigo y compañero conspirador, este hóbbit de lo más excelente y audaz. ¡Que nunca se le caiga el pelo de los pies! ¡Toda nuestra alabanza al vino y a la cerveza de la región! Se detuvo a tomar un respiro y a esperar una cortés observación del hóbbit, pero al pobre Bilbo se le habían agotado las cortesías, y movía la boca tratando de protestar porque lo habían llamado audaz, y peor que eso, compañero conspirador, aunque no emitió ningún sonido; se sentía de veras estupefacto. De modo que Thorin continuó: -Nos hemos reunido aquí para discutir nuestros planes, medios, política y recursos. Emprenderemos ese largo viaje poco antes de que rompa el día, un viaje que para algunos de nosotros, o quizá para todos (excepto para nuestro amigo y consejero, el ingenioso mago Gandalf) sea un viaje sin retorno. Éste es un momento solemne. Nuestro objetivo, supongo, todos lo conocemos bien. Para el estimable señor Bolsón, y quizá para uno o dos de los enanos más jóvenes (creo que acertaría si nombrara a Kili y a Fili, por ejemplo), la situación exacta y actual podría necesitar de una breve explicación... Éste era el estilo de Thorin. Era un enano importante. Si se lo hubieran permitido, quizá habría seguido así hasta quedarse sin aliento, sin dejar de decir a cada uno algo ya sabido. Pero lo interrumpieron de mal modo. El pobre Bilbo no pudo soportarlo más. Cuando oyó quizá sea un viaje sin retorno empezó a sentir que un chillido le subía desde dentro, y muy pronto estalló como el silbido de una locomotora a la salida de un túnel. Todos los enanos se pusieron en pie de un salto derribando la mesa. Gandalf golpeó el extremo de la vara mágica, que emitió una luz azul, y en el resplandor se pudo ver al pobre hóbbit de rodillas sobre la alfombra junto al hogar, temblando como una gelatina que se derrite. Enseguida cayó de bruces al suelo, y se puso a gritar: -¡Alcanzado por un rayo, alcanzado por un rayo! -una y otra vez, y eso fue todo lo que pudieron sacarle durante largo tiempo. Así que lo levantaron y lo tumbaron en un sofá de la sala, con un trago a mano, y volvieron a sus oscuros asuntos. -Excitable el compañerito -dijo Gandalf, mientras se sentaban de nuevo-. Tiene extraños y graciosos ataques, pero es uno de los mejores: tan fiero como un dragón en apuros. Si habéis visto alguna vez un dragón en apuros, comprenderéis que esto sólo podía ser una exageración poética aplicada a cualquier hóbbit, aún a Toro Bramador, el tío bisabuelo del Viejo Tuk, tan enorme (como hóbbit) que hasta podía montar a caballo. En la batalla de los Campos Verdes había cargado contra las filas de trasgos del Monte Gram, y blandiendo una porra de madera le arrancó de cuajo la cabeza al rey Golfimbul. La cabeza salió disparada unas cien yardas por el aire y fue a dar a la madriguera de un conejo, y de esta forma, y a la vez, se ganó la batalla y se inventó el juego del golf. Mientras tanto, sin embargo, el más gentil descendiente de Toro Bramador volvía a la vida en la sala de estar. Al cabo de un rato y luego de un trago se arrastró nervioso hacia la puerta. Esto fue lo que oyó; hablaba Gloin: -¡Hum! -o un bufido semejante-. ¿Creéis que servirá? Está muy bien que Gandalf diga que este hóbbit es fiero, pero un chillido como ése en un momento de excitación bastaría para despertar al dragón y al resto de la parentela, y matarnos a todos. ¡Creo que sonaba más a miedo que a excitación! En verdad, si no fuese por la señal en la puerta, juraría que habíamos venido a una casa equivocada. Tan pronto como eché una ojeada a ese pequeñajo que se sacudía y resoplaba sobre el felpudo, tuve mis dudas. ¡Más parece un tendero que un saqueador! En ese momento el señor Bolsón abrió la puerta y entró. La vena Tuk había ganado. De pronto sintió que si se quedaba sin cama ni desayuno podría parecer realmente fiero. En cuanto al pequeñajo que se sacudía sobre el felpudo, casi le hizo perder la cabeza. Más tarde, y a menudo, la parte Bolsón se lamentaría de lo que hizo entonces, y se diría: «Bilbo, fuiste un tonto; te decidiste a entrar y metiste la pata». -Perdonadme -dijo-, si por casualidad he oído lo que estabais diciendo. No pretendo entender lo que habláis, ni esa referencia a saqueadores, pero no creo equivocarme si digo que sospecháis que no sirvo. -Esto es lo que él llamaba no perder la dignidad.- Lo demostraré. No hay señal alguna en mi puerta, se pintó la semana anterior, y estoy seguro de que habéis venido a la casa equivocada. Desde el momento en que vi vuestras extrañas caras en el umbral tuve mis dudas. Pero considerad que es la casa correcta. Decidme lo que queréis que haga y lo intentaré, aunque tuviera que ir desde aquí hasta el Este del Este y luchar con los hombres gusanos del último Desierto. Tuve, una vez, un tío architatarabuelo, Toro Bramador Tuk, y... -Sí, sí, pero eso fue hace mucho -dijo Gloin-. Estaba hablando de vos. Y os aseguro que hay una marca en esta puerta: la normal en el negocio, o la que hasta hace poco era normal. Saqueador nocturno busca un buen trabajo, con mucha Excitación y Remuneración razonable, así es como todo el mundo la entiende. Podéis decir Buscador Experto de Tesoros en vez de saqueador si lo preferís. Algunos lo hacen. Para nosotros es lo mismo. Gandalf nos dijo que había un hombre de esas características por estos lugares, que buscaba un trabajo inmediato, y que habían concertado una cita este miércoles, aquí y a la hora del té. -Claro que hay una marca -dijo Gandalf- La puse yo mismo. Por muy buenas razones. Me pedisteis que encontrara al hombre decimocuarto para vuestra expedición, y elegí al señor Bilbo. Basta que alguien diga que elegí al hombre o la casa equivocada y podéis quedaros en trece y tener toda la mala suerte que queráis, o volver a picar carbón. Clavó la mirada con tal ira en Gloin que el enano se acurrucó en la silla; y cuando Bilbo intentó abrir la boca para hacer una pregunta, se volvió hacia él con el entrecejo fruncido, adelantando las cejas, espesas, hasta que el hóbbit cerró la boca de golpe. -Está bien -dijo Gandalf-. No discutamos más. He elegido al señor Bolsón y eso tendría que bastar a todos. Si digo que es un saqueador nocturno, lo es de veras, o lo será llegado el momento. Hay mucho más en él de lo que imagináis y mucho más de lo que él mismo se imagina. Tal vez (posiblemente) aún viváis todos para agradecérmelo. Ahora, Bilbo, muchacho, ¡vete a buscar la lámpara y pongamos un poco de luz a todo esto! Sobre la mesa, a la luz de una gran lámpara de pantalla roja, Gandalf extendió un trozo de pergamino bastante parecido a un mapa. -Esto lo hizo Thror, tu abuelo, Thorin -dijo respondiendo a las excitadas preguntas de los enanos-. Es un plano de la Montaña. -No creo que nos sea de gran ayuda -dijo Thorin desilusionado, tras echar un vistazo-. Recuerdo la Montaña muy bien, así como las tierras que hay por allí. Y sé dónde está el Bosque Negro, y el Brezal Marchito, donde se crían los grandes dragones. -Hay un dragón señalado en rojo sobre la Montaña -dijo Balin-, pero será bastante fácil encontrarlo sin eso, si alguna vez llegamos allí. -Hay también un punto que no habéis advertido -dijo el mago-, y es la entrada secreta. ¿Veis esa runa en el lado oeste, y la mano que apunta hacia ella desde las otras runas? Eso indica un pasadizo oculto a los Salones Inferiores. -Mirad el mapa al principio de este libro, y allí veréis las runas. -Puede que en otra época fuese secreto -dijo Thorin-, pero ¿cómo sabremos si todavía lo es? El Viejo Smaug ha vivido allí mucho tiempo y ha de conocer bien esas cuevas. -Tal vez..., pero no pudo haberlo utilizado desde hace años y años. -¿Por qué? -Porque es demasiado pequeño. Cinco pies de altura y tres pasan con holgura, dicen las runas, pero Smaug no podría arrastrarse por un agujero de ese tamaño, ni siquiera cuando era un dragón joven, y menos después de haber devorado tantos enanos y hombres de Valle. -Pues a mí me parece un agujero bastante grande -chilló Bilbo, que nada sabía de dragones, y en cuanto a agujeros sólo conocía los de los hóbbits. Se sentía otra vez excitado e interesado, y olvidó mantener la boca cerrada. Le encantaban los mapas, y en el vestíbulo colgaba uno enorme del País Redondo con todos sus caminos favoritos marcados en tinta roja-. ¿Cómo una puerta tan grande pudo haber sido un secreto para todo el mundo, aún sin tener en cuenta al dragón? -preguntó. Recordad que era sólo un pequeño hóbbit. -De muchos modos -dijo Gandalf-. Pero cómo ha quedado oculta, no lo sabremos sin antes ir a mirar. Por lo que dice el mapa, me imagino que hay una puerta cerrada que no se distingue del resto de la ladera. El método común entre los enanos, ¿no es cierto? -Muy cierto -dijo Thorin. -Además -prosiguió Gandalf-, olvidé mencionar que con el mapa venía una llave, una llave pequeña y rara. ¡Hela aquí! -dijo, y dio a Thorin una llave de plata, larga, de dientes intrincados-. ¡Guárdala bien! -Así lo haré -dijo Thorin, y la enganchó en una cadenilla que le colgaba del cuello bajo la chaqueta-. Ahora las cosas parecen más prometedoras. Estas noticias les dan mejor aspecto. Hasta hoy no teníamos una idea demasiado clara de lo que podíamos hacer. Pensábamos marchar hacia el Este en silencio y con toda la cautela posible, hasta llegar a Lago Largo. Las dificultades empezarían después... -Mucho antes, si algo sé de los caminos del Este -interrumpió Gandalf -Podríamos subir desde allí bordeando el Río Rápido -dijo Thorin sin prestar atención-, y luego hasta las ruinas de Valle, la vieja ciudad a la sombra de la Montaña. Pero a ninguno nos gustaba mucho la idea de la Puerta Principal. El río sale justo ahí atravesando el gran risco al sur de la Montaña, y de ahí sale también el dragón, muy a menudo desde hace tiempo, a menos que haya cambiado de costumbres. -Eso no sería bueno -dijo el mago-, no sin un guerrero poderoso, o aún un héroe. Intenté conseguir uno; pero los guerreros están todos ocupados luchando entre ellos en tierras lejanas, y en esta vecindad los héroes son escasos, o al menos no se los encuentra. Las espadas están aquí casi todas embotadas, las hachas se utilizan para cortar árboles y los escudos como cunas o cubrefuentes; y para comodidad de todos, los dragones están muy lejos (y de ahí que sean legendarios). Por este motivo me dediqué a merodear de noche, sobre todo desde que recordé la existencia de una Puerta lateral. Y aquí tenemos a nuestro pequeño Bilbo Bolsón, el saqueador, electo y selecto. Así que continuemos y hagamos planes. -Muy bien -dijo Thrain-, supongamos entonces que el experto mismo nos da alguna idea o sugerencia. -Se volvió con una cortesía burlona hacia Bilbo. -En primer lugar, me gustaría saber un poco más del asunto -dijo Bilbo, sintiéndose confuso y un poco agitado por dentro, pero bastante Tuk todavía y decidido a seguir adelante-. Me refiero al oro y al dragón, y todo eso, y cómo llegar allí y a quién pertenece, etcétera, etcétera. -¡Bendita sea! -dijo Thrain-, ¿no tienes un mapa? ¿Y no has oído nuestro canto? ¿Y acaso no hemos estado hablando de esto durante horas? -aún así, me gustaría saberlo todo clara y llanamente -dijo Bilbo con obstinación, adoptando un aire de negocios (por lo común reservado para gente que trataba de pedirle dinero), y tratando por todos los medios de parecer sabio, prudente, profesional, y estar a la altura de la recomendación de Gandalf-. También me gustaría conocer los riesgos, los gastos, el tiempo requerido y la remuneración, etcétera. -Lo que quería decir: «¿Qué sacaré de esto? ¿Y regresaré con vida?». -Oh, muy bien -dijo Thrain-. Hace mucho, en tiempos de mi abuelo Thror, nuestra familia fue expulsada del lejano Norte y vino con todos sus bienes y herramientas a esta Montaña del mapa. La había descubierto mi lejano antepasado, Thrain el Viejo, pero entonces abrieron minas, excavaron túneles y construyeron galerías y talleres más grandes... y creo además que encontraron gran cantidad de oro y también piedras preciosas. De cualquier modo, se hicieron inmensamente ricos, y mi abuelo fue de nuevo Rey bajo la Montaña y tratado con gran respeto por los mortales, que vivían al Sur y poco a poco se extendieron río arriba hasta el valle al pie de la Montaña. Allá, en aquellos días, levantaron la alegre ciudad de Valle. Los reyes mandaban buscar a nuestros herreros y recompensar con largueza aún a los menos hábiles. Los padres nos rogaban que tomásemos a sus hijos como aprendices y nos pagaban bien, sobre todo con provisiones, pues nosotros nunca sembrábamos, ni buscábamos comida. Aquellos días sí que eran buenos, y aún el más pobre tenía dinero para gastar y prestar, y ocio para fabricar objetos hermosos sólo por diversión, para no mencionar los más maravillosos juguetes mágicos, que hoy ya no se encuentran en el mundo. Así los salones de mi abuelo se llenaron de armaduras, joyas, grabados y copas, y el mercado de juguetes de Valle fue el asombro de todo el Norte. »Sin duda eso fue lo que atrajo al dragón. Los dragones, sabéis, roban oro y joyas a hombres, elfos y enanos dondequiera que puedan encontrarlos, y guardan el botín mientras viven (lo que en la práctica es para siempre, a menos que los maten), y ni siquiera disfrutan de un anillo de hojalata. En realidad apenas distinguen una pieza buena de una mala, aunque en general conocen bien el valor que tienen en el mercado; y no son capaces de hacer nada por sí mismos, ni siquiera arreglarse una escamita suelta en la armadura que llevan. Por aquellos días había muchos dragones en el Norte, y es posible que el oro empezara a escasear allá arriba, con enanos que huían al Sur o eran asesinados, y la devastación general y la destrucción que los dragones provocaban y que iba en aumento. Había un gusano que era muy ambicioso, fuerte y malvado, llamado Smaug. Un día echó a volar, y llegó al Sur. Lo primero que oímos fue un ruido como de un huracán que venía del Norte, y los pinos en la Montaña crujían y rechinaban con el viento. Algunos de los enanos que en ese momento estábamos fuera (yo era por fortuna uno de ellos, un muchacho apuesto y aventurero en aquellos días, siempre vagando por los alrededores, y eso me salvó entonces), bien, vimos desde bastante lejos al dragón que se posaba en nuestra Montaña en un remolino de fuego. Luego bajó por las laderas, y los bosques empezaron a arder. Ya para entonces todas las campanas repicaban en Valle y los guerreros se armaban. Los enanos salieron corriendo por la puerta grande; pero allí estaba el dragón esperándolos. Nadie escapó por ese lado. El río se transformó en vapor y una niebla cayó sobre ellos y acabó con la mayoría de los guerreros: la triste historia de siempre, sólo que en aquellos días era demasiado común. Luego retrocedió, arrastrándose a través de la Puerta Principal, y destrozó todos los salones, aceras, túneles, callejuelas, bodegas, mansiones y pasadizos. Después de eso no quedó enano vivo dentro, y el dragón se apoderó de todas las riquezas. Quizá, pues es costumbre entre los dragones, haya apilado todo en un gran montón muy adentro y duerma sobre el tesoro utilizándolo como cama. Más tarde empezó a salir de vez en cuando arrastrándose por la puerta grande y llegaba a Valle de noche, y se llevaba gente, especialmente doncellas, para comerlas en la cueva, hasta que Valle quedó arruinada y toda la gente murió o huyó. Lo que pasa allí ahora no lo sé con certeza, pero no creo que nadie viva hoy entre la Montaña y la orilla opuesta del Lago Largo. »Los pocos de nosotros que estábamos fuera, y así nos salvamos, llorábamos a escondidas y maldecíamos a Smaug, y allí nos encontramos inesperadamente con mi padre y mi abuelo, que tenían las barbas chamuscadas. Parecían muy preocupados, pero hablaban muy poco. Cuando les pregunté cómo habían huido me dijeron que callase, que algún día a su debido tiempo ya me enteraría. Luego escapamos, y tuvimos que ganarnos la vida lo mejor que pudimos en todas aquellas tierras, y muy a menudo llegamos a trabajar en herrerías o aún en minas de carbón. Pero nunca olvidamos el tesoro robado. E incluso ahora, en que he de admitir que hemos acumulado alguna riqueza y no estamos tan mal -en este momento Thorin acarició la cadena de oro que le colgaba del cuello-, todavía pretendemos recuperarlo y hacer que nuestras maldiciones caigan sobre Smaug..., si podemos. »Con frecuencia me pregunté sobre la fuga de mi padre y mi abuelo. Pienso ahora que tenía que haber una Puerta lateral secreta que sólo ellos conocían. Pero por lo visto hicieron un mapa, y me gustaría saber cómo Gandalf se apoderó de él, y por qué no llegó a mí, el legítimo heredero. -Yo no me apoderé de él, me lo dieron -dijo el mago-. Quizá recuerdes que tu abuelo Thror fue asesinado en las minas de Moria por Azog el Trasgo. -Maldito sea su nombre, sí -dijo Thorin. -Y Thrain, tu padre, se marchó un veintiuno de abril, se cumplieron cien años el jueves pasado; y desde entonces nunca se lo ha vuelto a ver... -Cierto, cierto -dijo Thorin. -Bien, tu padre me dio esto para que te lo diera; y si elegí el momento y el modo de entregarlo, no puedes culparme, teniendo en cuenta las dificultades que tuve para dar contigo. Tu padre no recordaba ni su propio nombre cuando me pasó el papel, y nunca me dijo el tuyo; de modo que en última instancia tendrías que alabarme y agradecérmelo. Toma, aquí está -dijo entregando el mapa a Thorin. -No lo entiendo -dijo Thorin, y Bilbo sintió que le gustaría decir lo mismo. La explicación no parecía explicar nada. -Tu abuelo -dijo el mago pausada y seriamente- le dio el mapa a su hijo para mayor seguridad antes de marcharse a las minas de Moria. Cuando mataron a tu abuelo, tu padre salió a probar fortuna con el mapa; y tuvo muchas desagradables aventuras, pero nunca se acercó a la Montaña. Cómo llegó allí, no lo sé, pero lo encontré prisionero en las mazmorras del Nigromante. -¿Qué demonios estabas haciendo allí? -preguntó Thorin con un escalofrío, y todos los enanos se estremecieron. -No te importa. Estaba averiguando cosas, como siempre; y resultó ser un asunto sórdido y peligroso. Hasta yo, Gandalf, apenas conseguí escapar. Intenté salvar a tu padre, pero era demasiado tarde. Había perdido el juicio e iba de un lado para otro, y había olvidado casi todo excepto el mapa y la llave. -Hace tiempo que dimos su merecido a los trasgos de Moria -dijo Thorin-. Ahora tendremos que ocuparnos del Nigromante. -¡No seas absurdo! El Nigromante es un enemigo a quien de ningún modo alcanzan los poderes de todos los enanos juntos, si desde las cuatro esquinas del mundo se reuniesen otra vez. Lo único que deseaba tu padre era que tú leyeras el mapa y usaras la llave. ¡El dragón y la Montaña son empresas más que grandes para ti! -¡Oíd, oíd! -dijo Bilbo, y sin querer habló en voz alta. -¡Oíd, oíd! -dijeron todos mirándolos, y Bilbo se puso tan nervioso que respondió: -¡Oíd lo que he de decir! -¿Qué es? -preguntaron. -Bien, os diré que tendríais que ir hacia el Este y echar allí un vistazo. Al fin y al cabo allí está la Puerta lateral, y los dragones han de dormir alguna vez, supongo. Si os sentáis a la entrada durante un tiempo, creo que algo se os ocurrirá. Y bien, ¿no os parece que hemos charlado bastante para una noche, eh? ¿Qué opináis de irse a la cama, para empezar mañana temprano y todo eso? Os daré un buen desayuno antes de que os vayáis. -Antes de que nos vayamos, supongo que querrás decir -dijo Thorin-. ¿No eres tú el saqueador? ¿Y tu oficio no es esperar a la entrada, y aún cruzar la puerta? Pero estoy de acuerdo en lo de la cama y el desayuno. Me gusta tomar seis huevos con jamón cuando empiezo un viaje: fritos, no escalfados, y cuida de no romperlos. Luego de que los otros hubieran pedido sus desayunos sin ningún por favor (lo que molestó sobremanera a Bilbo), todos se levantaron. El hóbbit tuvo que buscarles sitio, y preparó los cuartos vacíos, e hizo camas en sillas y sofás antes de instalarlos e irse a su propia camita muy cansado y nada feliz. Lo que sí decidió fue no molestarse en madrugar y preparar el maldito desayuno para todo el mundo. La vena Tuk empezaba a desaparecer, y ahora ya no estaba tan seguro de que fuese a hacer algún viaje por la mañana. Mientras yacía en cama pudo oír a Thorin en la habitación de al lado, la mejor de todas, todavía tarareando entre dientes: Más allá de las frías y brumosas montañas, a mazmorras profundas y cavernas antiguas, a reclamar el oro hace tiempo olvidado, hemos de ir, antes de que el día nazca. Bilbo se durmió con ese canto en los oídos, y tuvo unos sueños intranquilos. Despertó mucho después de que naciera el día.

Según el sitio CineFix, estas serían las películas esteticamente más hermosas de toda la historia: El arca rusa (2002), Alexander Sokurov Manhattan (1979), Woody Allen Citzen Kane (1941), Orson Welles 2001: Odisea en el espacio (1968), Stanley Kubrick El conformista (1970), Bernardo Bertolucci The Fall/ El sueño de Alexandria (2006), Tarsem Singh Héroe (2002), Zhang Yimou Lawrence de Arabia (1962), David Lean El árbol de la vida (2011), Terrence Malick Samsara (2011), Ron Fricke Personalmente sólo conozco Citizen Kane, 2001, Héroe y Samsara, y realmente me parecen muy logradas desde un punto de vista de la imagen. link: https://www.youtube.com/watch?v=kj73aDoeFdk

100 Cuentos Indispensables de la Ciencia Ficción para leer online Compartimos 100 Cuentos Indispensables de la Ciencia Ficción para leer online. Esperamos que los disfruten. 5.271.009 - Alfred Bester Alba de Saturno - Arthur C. Clarke Algo ahí arriba me ama - Alfred Bester Algunas peculiaridades de los ojos - Philip K. Dick Amor verdadero - Isaac Asimov Anochecer - Isaac Asimov Antes del Edén - Arthur C. Clarke Asnos estúpidos - Isaac Asimov Caballeros, permanezcan sentados - Robert A. Heinlein Calidoscopio - Ray Bradbury Caza mayor - Isaac Asimov Cómo construir un universo que no se derrumbe dos días después - Philip K. Dick Cómo ocurrió - Isaac Asimov Crimen en Marte - Arthur C. Clarke Cuánto se divertían - Isaac Asimov Cuento de navidad - Ray Bradbury De químico a químico - Isaac Asimov Dragón - Ray Bradbury El bacilo robado - H.G. Wells El centinela - Arthur C. Clarke El cohete - Ray Bradbury El continuo Gernsback - William Gibson El demonio de dos centímetros - Isaac Asimov El desierto - Ray Bradbury El emisario - Ray Bradbury El gran coito espacial - Kurt Vonnegut El hombre bicentenario - Isaac Asimov El hombre Pi - Alfred Bester El huevo de cristal - H.G. Wells El infierno es eterno - Alfred Bester El informe de la minoría - Philip K. Dick El lago - Ray Bradbury El mejor amigo de un muchacho - Isaac Asimov El niño feo - Isaac Asimov El nuevo acelerador - H.G. Wells El orinal florido - Alfred Bester El país de los ciegos - H.G. Wells El reino de las hormigas - H.G. Wells El ruido de un trueno - Ray Bradbury El tiempo es traidor - Alfred Bester En busca de San Aquino - Anthony Boucher En la noche - Ray Bradbury En una estación de buen tiempo - Ray Bradbury Encuentro nocturno - Ray Bradbury Esqueleto - Ray Bradbury Exilio - Edmond Hamilton Fuera de este mundo - Alfred Bester Guardianes del tiempo - Poul Anderson Harrison Bergeron - Kurt Vonnegut Hola y adiós - Ray Bradbury Jeffty tiene cinco años - Harlan Ellison La bruja de abril - Ray Bradbury La costa - Ray Bradbury La estrella - Arthur C. Clarke La fe de nuestros padres - Philip K. Dick La fuga de cuatro horas - Alfred Bester La larga guardia - Robert A. Heinlein La luz de las tinieblas - Arthur C. Clarke La mañana verde - Ray Bradbury La playa - Stephen King La sonrisa del cyborg - Isaac Asimov La última noche del mundo - Ray Bradbury La sabana - Ray Bradbury La sirena - Ray Bradbury La última orden - Arthur C. Clarke La última pregunta - Isaac Asimov Las verdes colinas de la tierra - Robert A. Heinlein Lenny - Isaac Asimov Los hombres de la tierra - Ray Bradbury Los hombres que asesinaron a Mahoma - Alfred Bester Los negros fosos de la luna - Robert A. Heinlein Los nueves billones de nombres de dios - Arthur C. Clarke Los ojos hacen algo más que ver - Isaac Asimov Los que abandonan Omelas - Ursula K. Le Guin Luna inconstante - Larry Niven Manuscrito encontrado en una botella de champagne - Alfred Bester Mensajero del futuro - Poul Anderson Multivac - Isaac Asimov Navidad en Ganímedes - Isaac Asimov No tengo boca y debo gritar - Harlan Ellison Número de desaparición - Alfred Bester Podemos recordarlo todo por usted - Philip K. Dick Primera ley - Isaac Asimov ¿Quiere usted esperar? - Alfred Bester Razón - Isaac Asimov Remedio para melancólicos - Ray Bradbury Robbie - Isaac Asimov Sensación de poder - Isaac Asimov Súper rana salva Tokio - Haruki Murakami Su vida ya no es como antes - Alfred Bester Todos exploradores - Isaac Asimov También paseamos perros - Robert A. Heinlein Tiernamente Fahrenheit - Alfred Bester Todos ustedes, Zombies - Robert A. Heinlein Un largo paseo hasta siempre - Kurt Vonnegut Una estatua para papá - Isaac Asimov Universo - Robert A. Heinlein Vendrán lluvias suaves - Ray Bradbury Versos iluminados - Isaac Asimov Ylla - Ray Bradbury Los enlaces en la fuente. http://lecturasindispensables.blogspot.com/2015/01/100-cuentos-indispensables-de-ciencia-ficcion.html