La culpa de todo la tiene, siempre, el otro… decía el genial Tato Bores en uno de sus más festejados monólogos.
Y tenía razón.
Siempre le echamos la culpa de nuestros males a alguien que si bien es un perfecto desconocido, tenemos el placer de conocerlo casi personalmente: el otro.
¿Y quién es ése otro? Generalmente, cualquiera de nosotros, envueltos en alguna circunstancia en especial de nuestras vidas y muy pocas veces uno de ellos.
Ejemplos
Estrago en Río III: explota una fábrica de material militar. Vuela el pueblo (literalmente), hay muertos y heridos. Se inicia una investigación desde el estado y se llega a la conclusión que un pucho mal apagado de algún fumador empedernido de la fábrica, es lo que desencadena la explosión. Años más tarde, una investigación judicial determina que la fábrica fue volada a propósito para tapar el tráfico de armas de un país a otro. Muchos inculpados, ninguno responsable. La causa que se cierra, el presidente de turno en aquel momento que queda sobreseído, el ministro de defensa que fallece y la culpa ¿quién la tiene?
El otro.
Mediados de Noviembre (de todos los años) y los choferes de micros de larga distancia que piden aumentos salariales y las empresas exigen negociar. Se debate, se discute, interviene la UTA, el sindicato de choferes de micros y la mar en coche, pasaron esos 15 días y ya estamos en Diciembre, discutiendo si van a cobrar o no algún aumento. A mitad del mes, cuando por las medidas de fuerza tomadas no salió un solo micro, como por arte de magia se soluciona el conflicto y todos contentos nos vamos a Mar del Plata, en una pata.
Pregunta: ¿quién tuvo la culpa de todo esto… los choferes o la patronal?. Ninguno. La culpa la tuvo el otro. Y en este caso, el otro puede ser: el empleado o el jefe del empleado.
El otro.
Esta semana, deberían comenzar las clases en todo el territorio nacional, pero, por esas cosas que tiene la vida (las eternas discusiones entres los sindicatos educativos y los gobiernos), no van a empezar en 8 provincias. En esta discusión, ¿quién tiene la culpa: el estado o los sindicatos?. Una campana suena del lado del estado, aduciendo que los sueldos son acordes a la realidad que se vive y por el otro lado, los docentes que dicen exactamente lo contrario. Entonces ¿quién tiene la culpa de que tus hijos no pudiesen empezar a estudiar?
El otro.
Porque uno le echa la culpa al otro y el otro le echa la culpa al otro.
Un mamado en una autopista provoca un accidente que le cuesta la vida a una persona. Los que lo filman desde otro auto, dan aviso a la policía, a la licenciataria de la autopista, a los boy-scouts, al ejército de salvación y ninguno de los aludidos interviene para evitar esta tragedia. Se supone que debe ir preso por lo que hizo, dejando de lado, la discusión sobre si un auto es un arma o no, porque un auto, simplemente, es eso: un auto. ¿Algún culpable a la vista? Ninguno… o mejor dicho, el otro.
Desaparece una nena de 11 años y se especula que la secuestraron, que forma parte de una red de prostitución infantil, que fue un ajuste de cuentas. 8 personas sospechadas de haber estado metidas en el caso y un abogado que dice que ¨la causa ya está esclarecida¨. Un gobernador y un ministro de seguridad que saben y juran que la nena está viva, hasta que aparece muerta en un descampado a 10 cuadras de su casa, siendo éste el único lugar que los sabuesos no investigaron. Pasan los meses, la justicia va liberando a los presuntos cómplices y toda la parafernalia judicial, policial y mediática que se olvida, rápidamente, de la nena asesinada. ¿Quién es el responsable de esto?
El otro.
Podríamos seguir toda la noche tratando de descubrir quién es el otro. Apresuro a pensar que perderíamos la vida, buscando al responsable de cada caso mencionado, pero no es la cuestión a dilucidar en este momento.
Lo cierto es que cuando el sindicado como culpable demuestra tener los contactos necesarios como para comprometer a una figura pública, que tiene directa responsabilidad sobre el caso ocurrido, como por arte de magia desaparecen todas las pruebas, se desvía la atención del caso y por obra y gracia de vaya a saber quién, todo termina en la nada, quedando como único responsable nuestro querido, amado y nunca tan bien ponderado amigo: el otro.