Una de “amor” y militancia
Durmiendo con el enemigo
Después de 37 años levantó vuelo
por sorpresa( ¡Y qué sorpresa!)
Lo hizo a impulsos de una sorda traición
justo el día en que los lacayos de la Academia Sueca
-rindiendo pleitesía al Imperio-
otorgaban a Obama el Nobel de la Paz
(Risas sarcásticas: 48 horas antes, el bueno de Barack había
firmado el decreto autorizando el envío de otros 20.000 soldados a Iraq.)
Al minuto de descubrir la trama secreta
el hombre sacude su memoria
a modo de caja de resonancia.
Shokeada (la memoria, claro)
no se dejó avasallar por la adrenalina
ni permitió que el pasado
le arrojara el caos de las imágenes
como caja de Pandora.
"Soy toda tuya- le dijo al hombre la memoria-;
ve con calma.
Hojea cada parcela de tiempo;
vuelve a escuchar las palabras
con imágenes
y el silencio sugestivo de las otras"
Otra vez a recorrer los arcanos caminos metafísicos...
Un año apenas;
un pasado casi virgen.
El hombre sabe que ella le escucha.
"Cierta noche,
mirando tu rostro hundido ente las sábanas
algo me decía de que estabas y no estabas.
Oyendo tu respiración
creí percibir al otro, como parte de los miasmas,
sorprendido
de que el inasible visitante
hubiera profanado la intimidad de nuestro templo.
De todos modos
y pese a la espesura de la angustia
estaba a años luz de imaginar siquiera
el rostro de tu amante sorpresivo.
"Me dije en silencio
-y como parte del terrible secreto
que no tardaría en descubrir-
que a manera de preludio
te habías escapado una noche
con un furtivo amante
desandando en soledad
los corredores metafísicos del tiempo
"Hasta entonces, nunca me habías dejado sólo.
Con mi cuerpo o con mi espíritu
habíamos compartido el viejo lecho
(en las buenas y en las malas, claro)
Durante años (incontables,
no podría precisarlos)
fuimos parte de una mágica historia
que el amor reservara para nosotros.
Tuvimos soles en la noche
e incontables lunas brillaron para nosotros
durante el día.
¿Lo recuerdas?
Habías llegado a mí, desposada y joven
con la angustia de no haber podido ser mujer
con el hombre que la Iglesia te entregara
(la católica y apostólica romana, claro).
Tuve que enseñarte el ABC del amor;
inventariar juntos un laberinto de fuego
para cada poro de la piel;
explicarte en medio de tu mirada extraviada
que no era casual ser parte del esperma
con el que habías sido concebida;
que tú y sólo tú, habías generado tu propio Ser
reivindicando
a cien millones de víctimas fatales.
Que todo eso te obligaba
a ganar la estatura imprescindible
a la hora de dar y recibir los sagrados dones
del amor, pero el amor con mayúscula;
el mismo que nos lleva
a las alturas espirituales del Nirvana.
Shhh...-te dije un día -. Tengo el secreto
mejor guardado de la existencia:
El orgasmo es Dios en el último escalón de esa escalera.
Sabe mujer-¿recuerdas que te dije?-; sabe mujer...
que el orgasmo no se alcanza sólo con los poros encendidos
de la piel ni con la vastedad del deseo
fagocitado por la dopamina y la feniletilamina.
Se llega a él
-única y exclusivamente-
después de que el animal ancestral que nos precede
quiera ser Alfa para luego ser Omega.
(El hombre intenta decirnos, amigos,
de que Dios siempre estará sordo
cada vez que hagamos el amor
a través del ortodoxo ejercicio de los genitales tomados).
Pero sigamos escuchando al hombre:
"Claro de que Dios hace morar un ángel
en cada uno de nosotros
con precisas instrucciones
para desandar esa escalera
que puede conducirnos al Nirvana;
porque el amor es fuego, claro,
pero también es filosofía.
Se encienden los soles interiores;
las palabras-de seda todas ellas-
se largarán afiebradas
lanzando la sublimidad de su discurso.
¿Recuerdas?
Algunas-para una mejor audición-
nos prestaban a Mozart por un rato.
Otras-más recatadas- ingresaban
en el Templo del Amor casi furtivamente.
Éste es Corelli y éste Vivaldi, acotaban
las imágenes hechas palabras
en nuestra propia Matrix.
Y música y palabras
-algunas robadas de "Hojas Muertas"-;
otras tomadas de Neruda
danzaban su danza erótica
como preludio del orgasmo por venir.
(Una vez más, amigos,
el hombre quiere decirnos que los amantes,
en el ejercicio de ascender otro escalón hacia el Nirvana,
necesitan que la palabra y la música
acompañen con unción el misterio de todos los misterios.
Y cuando menciona a Dios,
el hombre no se refiere al fetiche,
al ícono que trata de instrumentar la credibilidad
de todas las religiones de la tierra.
Nada de esto.
El nos habla de un Dios cósmico-materia y espíritu
como parte de un Universo insondable pero previsible-,
a manera del Alfa y el Omega
de Theillard de Chardin.
Por eso exige la atención sublime
para el acto sublime del amor.
Antes, claro, de que en los ocultos vericuetos Interiores
puedan expresar su lenguaje oculto
las neuronas y las células;
antes también, de que el mayor silencio
se haga silencio en el Templo existencial.)
Ajena por completo al entierro virtual del gran amor,
una avanzada de tropas de la 82° Division aerotransportada
viaja en el sigilo de la alta noche hacia Kabul.
Mientras tanto, en el silencio majestuoso de la Casa Blanca
los miembros conspicuos de El acta Patriótica
y la plana mayor de la Hermandad de los Espías,
velan el sueño presidencial
(compartido, claro, por las ancestrales tribus de Kenia)
antes de partir hacia el país de los suicidas
para recibir el Nobel de la Paz.
Cierto es
que del amor pasado
no quedaba siquiera el fantasma de un remedo
(hay que tener mucha imaginación
para imaginar el fantasma de un remedo).
Llevávamos una década cargada de reproches.
Diez años de atropello espiritual
sin un sólo beso de amor;
tampoco el beso seco
del afecto seco;
ni siquiera los besos cristianos
preconizado por los devotos del rosario.
Nada.
Todo estaba muerto,
mientras el amado amor
-como parte de una agonía no asumida-
se resistía a su destino inexorable
en medio
de la languidez espaciada
de los furtivos orgasmos sin palabras.
Estaba tan seco el corazón
(hablo del tuyo, claro)
que ni siquiera
la dolorosa y vergonzante
confesión de autoerotismo
logró abrir tus resortes compasivos
(ya sabemos que la compasión
es la lámina residual donde se oculta el amor
mientras agoniza).
¿Puede haber algo más espantoso
como alter ego de la angustia
que la eyaculación en soledad
alquilando virtualmente una imagen pornográfica?
(¿Qué podrás alegar en defensa propia
después de haber seducido al silencio
ganando el silencio de tu propia oralidad ?
Qué decir -me pregunto y te pregunto-
cuando al igual que la condena criminal
agravada por el vínculo,
a vos te caben las generales de la ley.
En nuestro caso
cargando la pesada mochila del vinculo de militancia.
Aquí va un recordatorio:
"...llegaron de civil con Albareda, que estaba con uniforme de policía y esposado. Lo ataron con alambre a una silla. Telleldin le dijo a Britos que le arrancara las insignias y lo degradara. Esto les va a servir de ejemplo para el día que traicionen a la policía. Usted camina por el peso de las bolas. Se las voy a cortar. Luego le introdujo los testículos seccionados en la boca de la víctima y se la cosió(...)
Dicen que fue el día que Videla se reunió con Kissinger; no me consta, claro".) (1)
Como era presumible
negaste todo
después del todo,
¿Qué mujer sería capaz de hacer honor
-hablo de confesión interna y externa-
respecto al hecho irrefutable
de su genética antropológica?
(en el tuyo y en el de todas la mujeres, claro);
desde María-ungida virgen por los lacayos
al servicio del animal depredador que habita
en nosotros.
Ungida virgen, además.
como contrapeso de la codicia humana.
Oración colectiva
del statu quo de la pobreza
de todos los pobres de la tierra.
Amén.
Pero también, a partir de María,
como una necesidad de anclar la angustia
y hacerla esponja ante nuestro natural terror
frente a la muerte.
Desde María, decía,
pasando por la inefable Marilyn
hasta la más solidaria trabajadora sexual.
Claro que de tu engaño y traición
no tengo pruebas.
( se entiende: pruebas científicas
Irrefutables)
Cero de material fílmico.
Cero de fotografías
reveladoras.
Cero de palabras de verbo ardiente
madrigal del más refinado erotismo
subyaciendo en la oralidad de la ternura.
Sin embargo, te informo mujer,
que no necesito de artilugios tecnológicos
para llegar a la verdad
(debieras saber
que la naturaleza nos ha dado la intuición
a modo de virtual
y formidable equipo cibernético.
La intuición es la contingencia de todos los hechos
más uno;
la suma de todas las razones
más una.
Es el corazón que jamás se equivoca.
De la inteligencia, la materia gris
que emana de la emoción.
Por eso tengo las copias y las fotocopias
de cada fondo de ojos
de tu mirada.
Tengo además
el registro exacto de cada decibel
de tus palabras
y hasta puedo percibir el forcejeo verbal,
la protesta metafísica
de tu alma amordazada.
Por eso, también,
puedo leer
lo que tus ojos dicen
(o lo que tus ojos ocultan)
antes de que abras la oralidad de tu ventana.
Sé si tu sangre se desliza sin prisa
en la paz del pensamiento
o se agita, espesa y rumorosa
fagocitada por la adrenalina del engaño.
Es inútil, mujer, Frönm se equivocó
sobre estimando la capacidad del cerebro
como ente volitivo del amor.
No hay secreto sublime
ni pensamiento superior
en la catedral gótica
que aloja la mente.
(¡Réquiem a la moral convertida en entelequia!)
La verdad es triste, cruel y despiadada:
El amor es el Santo Sudario de las vísceras.
Rebosando de dopamina
Y feniletilamina;
sin mente ni cerebro
capaces de catalizar la voluntad,
hueco el espíritu y sin alforjas el alma;
en fin, en el sujeto Cuerpo
(millones de nosotros en uno sólo)
Sin timón y sin comando,
el universo celular de ella y él
se encenderá al unísono
para regocijo de los sentidos
y la verdad excluyente del esperma.
Todo esto lo pienso
mientras -en una imagen del futuro que es presente-
veo a los Rangers y a los Boinas Verdes;
a los muchachos del Midde West
a los émulos de John Wayne
y a todos los buenos americanos
del american way life
que odian a Woody Allen
y a la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría.
Sí señor, la Liga Patriótica en pleno
marchando detrás del ejército cipayo de Colombia.
Avanzan a través de los nuevos y vastísimos desiertos
de América del Sur
hacia las entrañas del acuífero guaraní
para librar la guerra de todas las guerras
(la del agua, claro).
A su paso, los productores de soja
y los tenedores de comodities;
los grandes, los medianos
y los pequeño burgueses,
los reciben como a un ejército de liberación.
José Manuel López Gómez
Mail: [email protected]
( Del libro inédito: “Está bien que los agarren y los maten”).
(1) Página 12, artículo "La gente no valía nada" 29/10/2009
Durmiendo con el enemigo
Después de 37 años levantó vuelo
por sorpresa( ¡Y qué sorpresa!)
Lo hizo a impulsos de una sorda traición
justo el día en que los lacayos de la Academia Sueca
-rindiendo pleitesía al Imperio-
otorgaban a Obama el Nobel de la Paz
(Risas sarcásticas: 48 horas antes, el bueno de Barack había
firmado el decreto autorizando el envío de otros 20.000 soldados a Iraq.)
Al minuto de descubrir la trama secreta
el hombre sacude su memoria
a modo de caja de resonancia.
Shokeada (la memoria, claro)
no se dejó avasallar por la adrenalina
ni permitió que el pasado
le arrojara el caos de las imágenes
como caja de Pandora.
"Soy toda tuya- le dijo al hombre la memoria-;
ve con calma.
Hojea cada parcela de tiempo;
vuelve a escuchar las palabras
con imágenes
y el silencio sugestivo de las otras"
Otra vez a recorrer los arcanos caminos metafísicos...
Un año apenas;
un pasado casi virgen.
El hombre sabe que ella le escucha.
"Cierta noche,
mirando tu rostro hundido ente las sábanas
algo me decía de que estabas y no estabas.
Oyendo tu respiración
creí percibir al otro, como parte de los miasmas,
sorprendido
de que el inasible visitante
hubiera profanado la intimidad de nuestro templo.
De todos modos
y pese a la espesura de la angustia
estaba a años luz de imaginar siquiera
el rostro de tu amante sorpresivo.
"Me dije en silencio
-y como parte del terrible secreto
que no tardaría en descubrir-
que a manera de preludio
te habías escapado una noche
con un furtivo amante
desandando en soledad
los corredores metafísicos del tiempo
"Hasta entonces, nunca me habías dejado sólo.
Con mi cuerpo o con mi espíritu
habíamos compartido el viejo lecho
(en las buenas y en las malas, claro)
Durante años (incontables,
no podría precisarlos)
fuimos parte de una mágica historia
que el amor reservara para nosotros.
Tuvimos soles en la noche
e incontables lunas brillaron para nosotros
durante el día.
¿Lo recuerdas?
Habías llegado a mí, desposada y joven
con la angustia de no haber podido ser mujer
con el hombre que la Iglesia te entregara
(la católica y apostólica romana, claro).
Tuve que enseñarte el ABC del amor;
inventariar juntos un laberinto de fuego
para cada poro de la piel;
explicarte en medio de tu mirada extraviada
que no era casual ser parte del esperma
con el que habías sido concebida;
que tú y sólo tú, habías generado tu propio Ser
reivindicando
a cien millones de víctimas fatales.
Que todo eso te obligaba
a ganar la estatura imprescindible
a la hora de dar y recibir los sagrados dones
del amor, pero el amor con mayúscula;
el mismo que nos lleva
a las alturas espirituales del Nirvana.
Shhh...-te dije un día -. Tengo el secreto
mejor guardado de la existencia:
El orgasmo es Dios en el último escalón de esa escalera.
Sabe mujer-¿recuerdas que te dije?-; sabe mujer...
que el orgasmo no se alcanza sólo con los poros encendidos
de la piel ni con la vastedad del deseo
fagocitado por la dopamina y la feniletilamina.
Se llega a él
-única y exclusivamente-
después de que el animal ancestral que nos precede
quiera ser Alfa para luego ser Omega.
(El hombre intenta decirnos, amigos,
de que Dios siempre estará sordo
cada vez que hagamos el amor
a través del ortodoxo ejercicio de los genitales tomados).
Pero sigamos escuchando al hombre:
"Claro de que Dios hace morar un ángel
en cada uno de nosotros
con precisas instrucciones
para desandar esa escalera
que puede conducirnos al Nirvana;
porque el amor es fuego, claro,
pero también es filosofía.
Se encienden los soles interiores;
las palabras-de seda todas ellas-
se largarán afiebradas
lanzando la sublimidad de su discurso.
¿Recuerdas?
Algunas-para una mejor audición-
nos prestaban a Mozart por un rato.
Otras-más recatadas- ingresaban
en el Templo del Amor casi furtivamente.
Éste es Corelli y éste Vivaldi, acotaban
las imágenes hechas palabras
en nuestra propia Matrix.
Y música y palabras
-algunas robadas de "Hojas Muertas"-;
otras tomadas de Neruda
danzaban su danza erótica
como preludio del orgasmo por venir.
(Una vez más, amigos,
el hombre quiere decirnos que los amantes,
en el ejercicio de ascender otro escalón hacia el Nirvana,
necesitan que la palabra y la música
acompañen con unción el misterio de todos los misterios.
Y cuando menciona a Dios,
el hombre no se refiere al fetiche,
al ícono que trata de instrumentar la credibilidad
de todas las religiones de la tierra.
Nada de esto.
El nos habla de un Dios cósmico-materia y espíritu
como parte de un Universo insondable pero previsible-,
a manera del Alfa y el Omega
de Theillard de Chardin.
Por eso exige la atención sublime
para el acto sublime del amor.
Antes, claro, de que en los ocultos vericuetos Interiores
puedan expresar su lenguaje oculto
las neuronas y las células;
antes también, de que el mayor silencio
se haga silencio en el Templo existencial.)
Ajena por completo al entierro virtual del gran amor,
una avanzada de tropas de la 82° Division aerotransportada
viaja en el sigilo de la alta noche hacia Kabul.
Mientras tanto, en el silencio majestuoso de la Casa Blanca
los miembros conspicuos de El acta Patriótica
y la plana mayor de la Hermandad de los Espías,
velan el sueño presidencial
(compartido, claro, por las ancestrales tribus de Kenia)
antes de partir hacia el país de los suicidas
para recibir el Nobel de la Paz.
Cierto es
que del amor pasado
no quedaba siquiera el fantasma de un remedo
(hay que tener mucha imaginación
para imaginar el fantasma de un remedo).
Llevávamos una década cargada de reproches.
Diez años de atropello espiritual
sin un sólo beso de amor;
tampoco el beso seco
del afecto seco;
ni siquiera los besos cristianos
preconizado por los devotos del rosario.
Nada.
Todo estaba muerto,
mientras el amado amor
-como parte de una agonía no asumida-
se resistía a su destino inexorable
en medio
de la languidez espaciada
de los furtivos orgasmos sin palabras.
Estaba tan seco el corazón
(hablo del tuyo, claro)
que ni siquiera
la dolorosa y vergonzante
confesión de autoerotismo
logró abrir tus resortes compasivos
(ya sabemos que la compasión
es la lámina residual donde se oculta el amor
mientras agoniza).
¿Puede haber algo más espantoso
como alter ego de la angustia
que la eyaculación en soledad
alquilando virtualmente una imagen pornográfica?
(¿Qué podrás alegar en defensa propia
después de haber seducido al silencio
ganando el silencio de tu propia oralidad ?
Qué decir -me pregunto y te pregunto-
cuando al igual que la condena criminal
agravada por el vínculo,
a vos te caben las generales de la ley.
En nuestro caso
cargando la pesada mochila del vinculo de militancia.
Aquí va un recordatorio:
"...llegaron de civil con Albareda, que estaba con uniforme de policía y esposado. Lo ataron con alambre a una silla. Telleldin le dijo a Britos que le arrancara las insignias y lo degradara. Esto les va a servir de ejemplo para el día que traicionen a la policía. Usted camina por el peso de las bolas. Se las voy a cortar. Luego le introdujo los testículos seccionados en la boca de la víctima y se la cosió(...)
Dicen que fue el día que Videla se reunió con Kissinger; no me consta, claro".) (1)
Como era presumible
negaste todo
después del todo,
¿Qué mujer sería capaz de hacer honor
-hablo de confesión interna y externa-
respecto al hecho irrefutable
de su genética antropológica?
(en el tuyo y en el de todas la mujeres, claro);
desde María-ungida virgen por los lacayos
al servicio del animal depredador que habita
en nosotros.
Ungida virgen, además.
como contrapeso de la codicia humana.
Oración colectiva
del statu quo de la pobreza
de todos los pobres de la tierra.
Amén.
Pero también, a partir de María,
como una necesidad de anclar la angustia
y hacerla esponja ante nuestro natural terror
frente a la muerte.
Desde María, decía,
pasando por la inefable Marilyn
hasta la más solidaria trabajadora sexual.
Claro que de tu engaño y traición
no tengo pruebas.
( se entiende: pruebas científicas
Irrefutables)
Cero de material fílmico.
Cero de fotografías
reveladoras.
Cero de palabras de verbo ardiente
madrigal del más refinado erotismo
subyaciendo en la oralidad de la ternura.
Sin embargo, te informo mujer,
que no necesito de artilugios tecnológicos
para llegar a la verdad
(debieras saber
que la naturaleza nos ha dado la intuición
a modo de virtual
y formidable equipo cibernético.
La intuición es la contingencia de todos los hechos
más uno;
la suma de todas las razones
más una.
Es el corazón que jamás se equivoca.
De la inteligencia, la materia gris
que emana de la emoción.
Por eso tengo las copias y las fotocopias
de cada fondo de ojos
de tu mirada.
Tengo además
el registro exacto de cada decibel
de tus palabras
y hasta puedo percibir el forcejeo verbal,
la protesta metafísica
de tu alma amordazada.
Por eso, también,
puedo leer
lo que tus ojos dicen
(o lo que tus ojos ocultan)
antes de que abras la oralidad de tu ventana.
Sé si tu sangre se desliza sin prisa
en la paz del pensamiento
o se agita, espesa y rumorosa
fagocitada por la adrenalina del engaño.
Es inútil, mujer, Frönm se equivocó
sobre estimando la capacidad del cerebro
como ente volitivo del amor.
No hay secreto sublime
ni pensamiento superior
en la catedral gótica
que aloja la mente.
(¡Réquiem a la moral convertida en entelequia!)
La verdad es triste, cruel y despiadada:
El amor es el Santo Sudario de las vísceras.
Rebosando de dopamina
Y feniletilamina;
sin mente ni cerebro
capaces de catalizar la voluntad,
hueco el espíritu y sin alforjas el alma;
en fin, en el sujeto Cuerpo
(millones de nosotros en uno sólo)
Sin timón y sin comando,
el universo celular de ella y él
se encenderá al unísono
para regocijo de los sentidos
y la verdad excluyente del esperma.
Todo esto lo pienso
mientras -en una imagen del futuro que es presente-
veo a los Rangers y a los Boinas Verdes;
a los muchachos del Midde West
a los émulos de John Wayne
y a todos los buenos americanos
del american way life
que odian a Woody Allen
y a la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría.
Sí señor, la Liga Patriótica en pleno
marchando detrás del ejército cipayo de Colombia.
Avanzan a través de los nuevos y vastísimos desiertos
de América del Sur
hacia las entrañas del acuífero guaraní
para librar la guerra de todas las guerras
(la del agua, claro).
A su paso, los productores de soja
y los tenedores de comodities;
los grandes, los medianos
y los pequeño burgueses,
los reciben como a un ejército de liberación.
José Manuel López Gómez
Mail: [email protected]
( Del libro inédito: “Está bien que los agarren y los maten”).
(1) Página 12, artículo "La gente no valía nada" 29/10/2009