PARTE 2
1. - Bueno. Te la voy a hacer corta y seguime, aunque no me creas. Aunque antes, anda a la esquina, a lo de los chinos y tráeme un cartoncito de vino. Así recuerdo mejor.
En un segundo estaba de vuelta y esperando a que termine de insultar a una piba que del susto cruzaba en rojo.
- OK pibe, escúchate esta historia, que no te la vas a olvidar.
- La escucho.
- Aunque vos no lo creas, este no es el único mundo que existe. Hay miles de mundos que comparten un mismo espacio, un mismo lugar. Pero cada uno ocupa otra dimensión.
“Lindo loquito me toco esta vez”. Pensé mientras intentaba seguirle el hilo.
- El tema es que nadie aquí lo sabe. Salen a buscar fuera del planeta y nadie toma en cuenta el tiempo, todos piensan en la variable distancia. Para hacértelo más claro. Es como que todos los mundos se encuentran apilados uno sobre el otro, pero en distintas capas, como una torta de varios pisos. Bueno…yo vengo de uno de esos mundos, y te puedo decir que hay decenas apilados unos sobre otros. Conectados por puertas casi invisibles y escondidas. Un mundo donde magia y ciencia son lo mismo. Bastante brutal, pero más civilizado que este. Solo teníamos un problema. Los monstruos. De todo tipo y tamaño. De enormes fauces o virulentos y venenosos. Marinos y terrestres. Hasta pequeños pero inofensivos, pero de aspecto horrible. Y como los humanos somos humanos en todas las dimensiones, el temor pudo más. Y ahí entre yo. El mejor cazador de monstruos de todos los mundos.
Todo hasta ahí me había parecido ridículo. Pero lo de los monstruos era ya una exageración. Aún así y con mi cara de “no creo nada” el hombre continuo.
- Y si, sabes una cosa? Yo era cazador de monstruos. El mejor cazador de monstruos de todas las eras. Era, realmente invencible. Demoledor y certero. Un verdadero carnicero. Hasta me animo a decir que el olor a sangre me estimulaba más. Asesiné en el mar, en la tierra y hasta en las montañas. Donde sea que hubiese una criatura distinta. Lo más brutalmente posible, para que todos lo sepan y se corra la voz, que "el jefe" de todas las criaturas había pasado por allí. Mi marca personal eran los rastros de sangre viseras diseminadas, un advertencia a futuro. Y así, con el tiempo comencé a matar por placer. Yo mataba y ellos iban desapareciendo cada vez más. Aún a aquellos que no lo merecían. Yo iba por ellos aunque nadie me lo pedía, un soldado fiel. Y con el tiempo escasearon entonces llegue a cazar hasta crías y hembras embarazadas. Nadie podía ni intentaba detenerme, por temor o veneración. El olor a muerte y la adrenalina eran mi comida y mi razón. De cazador pase a asesino, y de héroe a villano. hubo verdaeras y monstrusosas masacres, bien a mi medida. el hedor a muerte lleno cada mundo, cada confin. Y entonces lo inexplicable para mí, un día, no se porque, dijeron basta. Se cansaron de la sangre, de los gritos del dolor ajeno. Y yo no pude parar, no podía detenerme, esta en mi A:N, era el monstruo que ellos habían aplaudido y amado. Me alimentaron asi. Los cobardes, los debiluchos me exiliaron al único mundo, en donde los monstruos son in-cazables, me mandaron para aquí. Una noche oscura, me engañaron y me pasaron por una puerta que solo abre hacia un solo lado y me metieron para no dejarme volver ya nunca más. Al mundo más toxico de todos, donde los monstruos casi nunca parecen monstruos. Donde los monstruos tiene sonrisas brillantes y hermosos trajes, dientes blancos y pulcros, y donde son imposibles de cazar. Donde no parecen monstruos. El mundo de los monstruos sin monstruos. Prefirieron lidiar con los monstruos a lidiar conmigo. Una cuestión de balance, dijeron falsos. Y aquí me ves. Mirando a esta pared blanca, a etsa puerta cerrada, todos y cada uno de los días, para ver si se abre y puedo volver a cazar, es que extraño el olor a sangre y aqui los monstruos son inalcanzables. Algunos humanos que han pasado, que fueron castigados por otras razones me dijeron, que los monstruos se reagruparon que crecieron en cantidad y ferocidad, pero aún así los prefieren a ellos que a mí. No lo puedo entender, dicen que es parte de la naturaleza y de mi naturaleza, pero yo no les creo. Son cobardes.
Yo seguía callado atento y en silencio, dándome cuenta que el vino barato hacia efecto rápido, pero no quería faltarle el respeto ni desatar su ira ebria. De todas formas de un rato a otro me iba a ir, y el hombre pasaría a ser historia sin mención alguna en mis cuentos.
- Solo una cosa te aseguro pibe. Agregó. La sangre se paga, y aunque me veas como un menesteroso, soy de raíz cazadora noble y cada cicatriz es una medalla. También lo se, lo tengo claro alguien en algún lado busca venganza, estoy seguro que en cualquier mundo, en cualquier plano, se paga todo, aunque no estoy del todo seguro sí en este es así. Sin embargo, y aunque no lo creas, a veces siento que raspan, que arañan la pared desde el otro lado. Siento mordiscos y gruñidos. Golpes y cornadas. Estoy seguro alguien viene por mí, y lo estoy esperando. Para cruzar o para morir. Prefiero morir dentro despedazado y luchando, que vivir como una alimaña arrastrada aquí. En tu mundo con monstruos in-cazables. Casi ni duermo, y cuando lo hago estoy atento, salvo que me pegue el vino o el paco, y si me encuentran dormido, mejor. Sin dolor.
Le dio un trago final y enorme al cartón. Y casi limo los bordes con su lengua.
- Pero quédate tranquilo, a este mundo no pasan los monstruos. Le tienen mucho miedo. Aquí los monstruos son mucho más poderosos y, ellos son monstruos pero no imbéciles. Tu mundo es monstruoso realmente, aunque finjan no verlo o los adoren como dioses.
El tipo se dio media vuelta y nuevamente, se quedo fijo mirando a la pared blanca. Luego se recostó sobre un cartón, y rojo de vino, se desplomó.
Me fui sabiendo que un loquito borrachín más, había pasado por mi vida. Nada para contar en un cuento.
Solo un par de día pasaron y otra vez pase por las seis esquinas. Ya de tardecita casi noche.
Me había olvidado por completo, cuando desde una extremo sentí un ruido brusco casi un gruñido gutural. Pensé que era un perro atropellado o alguien que había sido asaltado, pero súbito recordé y mire a la pared blanca, que ya no era tal, donde dormía ebrio el cazador.
Seguramente alguien se cobraría una deuda esa noche
www.250cm.blogspot.com.ar
1. - Bueno. Te la voy a hacer corta y seguime, aunque no me creas. Aunque antes, anda a la esquina, a lo de los chinos y tráeme un cartoncito de vino. Así recuerdo mejor.
En un segundo estaba de vuelta y esperando a que termine de insultar a una piba que del susto cruzaba en rojo.
- OK pibe, escúchate esta historia, que no te la vas a olvidar.
- La escucho.
- Aunque vos no lo creas, este no es el único mundo que existe. Hay miles de mundos que comparten un mismo espacio, un mismo lugar. Pero cada uno ocupa otra dimensión.
“Lindo loquito me toco esta vez”. Pensé mientras intentaba seguirle el hilo.
- El tema es que nadie aquí lo sabe. Salen a buscar fuera del planeta y nadie toma en cuenta el tiempo, todos piensan en la variable distancia. Para hacértelo más claro. Es como que todos los mundos se encuentran apilados uno sobre el otro, pero en distintas capas, como una torta de varios pisos. Bueno…yo vengo de uno de esos mundos, y te puedo decir que hay decenas apilados unos sobre otros. Conectados por puertas casi invisibles y escondidas. Un mundo donde magia y ciencia son lo mismo. Bastante brutal, pero más civilizado que este. Solo teníamos un problema. Los monstruos. De todo tipo y tamaño. De enormes fauces o virulentos y venenosos. Marinos y terrestres. Hasta pequeños pero inofensivos, pero de aspecto horrible. Y como los humanos somos humanos en todas las dimensiones, el temor pudo más. Y ahí entre yo. El mejor cazador de monstruos de todos los mundos.
Todo hasta ahí me había parecido ridículo. Pero lo de los monstruos era ya una exageración. Aún así y con mi cara de “no creo nada” el hombre continuo.
- Y si, sabes una cosa? Yo era cazador de monstruos. El mejor cazador de monstruos de todas las eras. Era, realmente invencible. Demoledor y certero. Un verdadero carnicero. Hasta me animo a decir que el olor a sangre me estimulaba más. Asesiné en el mar, en la tierra y hasta en las montañas. Donde sea que hubiese una criatura distinta. Lo más brutalmente posible, para que todos lo sepan y se corra la voz, que "el jefe" de todas las criaturas había pasado por allí. Mi marca personal eran los rastros de sangre viseras diseminadas, un advertencia a futuro. Y así, con el tiempo comencé a matar por placer. Yo mataba y ellos iban desapareciendo cada vez más. Aún a aquellos que no lo merecían. Yo iba por ellos aunque nadie me lo pedía, un soldado fiel. Y con el tiempo escasearon entonces llegue a cazar hasta crías y hembras embarazadas. Nadie podía ni intentaba detenerme, por temor o veneración. El olor a muerte y la adrenalina eran mi comida y mi razón. De cazador pase a asesino, y de héroe a villano. hubo verdaeras y monstrusosas masacres, bien a mi medida. el hedor a muerte lleno cada mundo, cada confin. Y entonces lo inexplicable para mí, un día, no se porque, dijeron basta. Se cansaron de la sangre, de los gritos del dolor ajeno. Y yo no pude parar, no podía detenerme, esta en mi A:N, era el monstruo que ellos habían aplaudido y amado. Me alimentaron asi. Los cobardes, los debiluchos me exiliaron al único mundo, en donde los monstruos son in-cazables, me mandaron para aquí. Una noche oscura, me engañaron y me pasaron por una puerta que solo abre hacia un solo lado y me metieron para no dejarme volver ya nunca más. Al mundo más toxico de todos, donde los monstruos casi nunca parecen monstruos. Donde los monstruos tiene sonrisas brillantes y hermosos trajes, dientes blancos y pulcros, y donde son imposibles de cazar. Donde no parecen monstruos. El mundo de los monstruos sin monstruos. Prefirieron lidiar con los monstruos a lidiar conmigo. Una cuestión de balance, dijeron falsos. Y aquí me ves. Mirando a esta pared blanca, a etsa puerta cerrada, todos y cada uno de los días, para ver si se abre y puedo volver a cazar, es que extraño el olor a sangre y aqui los monstruos son inalcanzables. Algunos humanos que han pasado, que fueron castigados por otras razones me dijeron, que los monstruos se reagruparon que crecieron en cantidad y ferocidad, pero aún así los prefieren a ellos que a mí. No lo puedo entender, dicen que es parte de la naturaleza y de mi naturaleza, pero yo no les creo. Son cobardes.
Yo seguía callado atento y en silencio, dándome cuenta que el vino barato hacia efecto rápido, pero no quería faltarle el respeto ni desatar su ira ebria. De todas formas de un rato a otro me iba a ir, y el hombre pasaría a ser historia sin mención alguna en mis cuentos.
- Solo una cosa te aseguro pibe. Agregó. La sangre se paga, y aunque me veas como un menesteroso, soy de raíz cazadora noble y cada cicatriz es una medalla. También lo se, lo tengo claro alguien en algún lado busca venganza, estoy seguro que en cualquier mundo, en cualquier plano, se paga todo, aunque no estoy del todo seguro sí en este es así. Sin embargo, y aunque no lo creas, a veces siento que raspan, que arañan la pared desde el otro lado. Siento mordiscos y gruñidos. Golpes y cornadas. Estoy seguro alguien viene por mí, y lo estoy esperando. Para cruzar o para morir. Prefiero morir dentro despedazado y luchando, que vivir como una alimaña arrastrada aquí. En tu mundo con monstruos in-cazables. Casi ni duermo, y cuando lo hago estoy atento, salvo que me pegue el vino o el paco, y si me encuentran dormido, mejor. Sin dolor.
Le dio un trago final y enorme al cartón. Y casi limo los bordes con su lengua.
- Pero quédate tranquilo, a este mundo no pasan los monstruos. Le tienen mucho miedo. Aquí los monstruos son mucho más poderosos y, ellos son monstruos pero no imbéciles. Tu mundo es monstruoso realmente, aunque finjan no verlo o los adoren como dioses.
El tipo se dio media vuelta y nuevamente, se quedo fijo mirando a la pared blanca. Luego se recostó sobre un cartón, y rojo de vino, se desplomó.
Me fui sabiendo que un loquito borrachín más, había pasado por mi vida. Nada para contar en un cuento.
Solo un par de día pasaron y otra vez pase por las seis esquinas. Ya de tardecita casi noche.
Me había olvidado por completo, cuando desde una extremo sentí un ruido brusco casi un gruñido gutural. Pensé que era un perro atropellado o alguien que había sido asaltado, pero súbito recordé y mire a la pared blanca, que ya no era tal, donde dormía ebrio el cazador.
Seguramente alguien se cobraría una deuda esa noche
www.250cm.blogspot.com.ar

