El Huáscar fue el más exitoso buque de la generación de monitores construidos en los astilleros de Laird & Brothers, en el puerto inglés de Birkinhead. Su diseño estuvo a cargo del famoso capitán Cowper Phipps Coles, oficial de la Marina Real Británica, creador de la torreta blindada que el Huáscar haría temible y famosa.
Phipps Coles dirigió la construcción de una generación de monitores, entre ellos el HMS Prince Albert y HMS Royal Sovering, cuyas correrías cimentaron su fama dentro del Almirantazgo británico. Fue por esa aureola de eficacia y maniobrabilidad que la comisión naval peruana, presidida por el capitán Salcedo, le encargó la construcción del Huáscar, que quedó listo el 7 de octubre de 1865.
Al ser botado al mar, el flamante monitor fue bautizado con el nombre del último inca cusqueño, Huáscar, asesinado por su medio hermano Atahualpa durante la guerra civil que debilitó al imperio inca.
El Huáscar tenía una solo hélice, pero su casco de hierro fundido eran tan maniobrable que, en poco más de dos minutos, la nave, que llegaba a desplazar mil 750 toneladas incluyendo carbón, armamento, víveres y tripulación, podía girar 180 grados.
La nave tenía dos cubiertas, con dos torres de mando y cubiertas o falcas rebatibles para no albergar agua durante las maniobras en alta mar. La oficialidad contaba con camarotes individuales y una sala comedor de conferencias, mientras que la tripulación dormía en hamacas, en un patio ubicado en la parte delantera.
Los cañones del Huáscar, que pesaban cada uno 12.5 toneladas, podían disparar bombas de 150 kilos. La torreta Coles, en honor de su creador, podía moverse hasta 360 grados, impulsada por la fuerza de unos veinte marineros. Entre tiro y tiro, se necesitaban al menos 15 minutos.
Tenía además otros dos cañones más pequeños, que podían disparar bombas de 20 kilos, además de otro cañón más chico. Durante el conflicto con Chile, se le adicionó una ametralladora Gatling en la cofa o palo mayor central de la nave.
Un accidentado viaje
En diciembre de 1865, el Huáscar estaba listo para zarpar de Liverpool con destino al Perú. En Londres, ocurría lo mismo con la Independencia. Pero en esos días, el estado de guerra entre el Perú y España era abierto, aunque no declarado porque el gobierno de Pezet ultimaba los preparativos de una alianza militar con Chile, Bolivia y Ecuador.
A través de la presión diplomática sobre Londres, España intentó bloquear la entrega de los dos acorazados al Perú. Estos obstáculos, sin embargo, tuvieron un aliado mayor en la improvisación del gobierno peruano, que no se preocupó en enviar la oficialidad suficiente ni la marinería que se necesitaba para movilizar a los dos buques.
“Solo se contaban unos pocos oficiales y resultó muy difícil contratar tripulación que resultó de los peor”, afirma el capitán de fragata AP Manuel Vegas en su libro Historia de la Marina de Guerra del Perú 1821-1924.
“Esta gente, sin la menor práctica de mar, obligó al Huáscar, que había salido de Mersey el 20 de enero de 1866, a regresar a Holyhead con un fuerte temporal. Arribo a Brest (Francia) el 23 y ahí tuvo que esperar a la Independencia, hasta el 20 de febrero, luchando con la tripulación desmoralizada”, escribe Vegas.
En el puerto francés las cosas no fueron mejores. Presionados por la diplomacia española, las autoridades aduaneras de Francia pusieron una serie de obstáculos para el aprovisionamiento de las naves, sacando a relucir la supuesta neutralidad francesa.
Para burlar los controles ingleses, la comisión naval peruana contrató el vapor Thames, cargado de víveres, municiones, implementos navales y carbón, necesarios para la larga travesía por el Atlántico y que se negaron a brindar las autoridades en Inglaterra y Francia.
Rumbo a América del Sur
Finalmente, el Huáscar y la Independencia zarparon rumbo a América del Sur el 24 de febrero, pero por el mal tiempo tuvieron que retornar a Brest. Finalmente, tras una tensa e interminable espera, enrumbaron con destino al sur, pero siempre alejados de las costas españolas para evitar cualquier emboscada naval.
En la ruta, por negligencia del oficial de guardia, las máquinas del Huáscar se detuvieron y se produjo un choque con la Independencia. Para entonces, y desde Inglaterra, las relaciones entre los comandantes de las dos naves blindadas eran muy malas.
Por el choque, el Huáscar debió recalar en el puerto portugués de Funchal, en la isla Madeira, pero las autoridades portuguesas igualmente pusieron obstáculos y ni siquiera permitieron el transbordo de carbón desde el vapor Thames. En San Vicente siguieron los obstáculos hasta que pudieron reabastecerse de carbón en una isla deshabitada del Atlántico.
Rebelión en el Huáscar
El 1 de abril, las dos naves llegaron a Rio de Janeiro, pero el encono entre Salcedo, el jefe del Huáscar, y García y García, de la Independencia, creció en intensidad y se extendió a la oficialidad y tripulación de los buques. En medio de la insubordinación, parte de la tripulación del Huàscar, con apoyo en tierra, intentó una acción criminal contra Salcedo, que conjurtó a tiempo el motín y atentado en su contra.
García y García, con apoyo del ministro del Perú en Brasil, notificó a Salcedo para que le deje el mando a su segundo, que también se había rebelado.
En estas intrigas y pendencias vergonzosas en el extranjero y mientras el Perú afrontaba la guerra con España, se pasaron 29 días y no se preocuparon en reparar el Huáscar, que había perdido una hélice.
Superados estos trances, siguieron rumbo al sur y, ya en Argentina, el Huáscar apresó al bergantín español Manuel, que fue inutilizado. Todos estos hechos se daban en Rio de Janeiro mientras, en el Callao, se combatió heroicamente contra la flota española y se le derrotó en el combate del Dos de Mayo.
El 24 de mayo, en medio del estrecho de Magallanes, el Huáscar se encontró con la América, que había salido a su espera desde hace dos meses, con una tripulación más preparada, además de combustible. El 25 fondearon en Punta Arenas y tres días después el Huáscar ingresó finalmente al Océano Pacífico, que será el escenario de sus correrías más famosas.
El 6 de junio, el Huáscar se incorporó a la escuadra peruana, que los esperaba en el puerto chileno de Ancud, en el archipiélago de Chiloé, pero ya la guerra con España habia terminado.