Los jóvenes que apalearon a un perro en Colonia fueron internados en el INAU para que estén protegidos. Sus padres no estuvieron de acuerdo y le explicaron los motivos a la jueza. Uno de los jóvenes tiene que tomar una medicación diaria y la niña sufre de leucemia. Para el director del INAU, Jorge Ferrando, “el tema se dio vuelta y en lugar de pensar en la agresividad de los adolescentes, debemos estar pensando en la agresividad de parte de la población hacia ellos”, afirmó.
“Ante los hechos ocurridos y en protección a los mismos, se los internará por un período de diez días, no como menores infractores sino al amparo de lo que les pueda ocurrir”, dice el fallo de la jueza. Para la Justicia ninguno de los jóvenes cometió un delito, ya que esto no está penado por la ley.
Los padres de los jóvenes expresaron que no están de acuerdo en que estén sus hijos internados. Uno dijo que está luchando contra la enfermedad que padece su hijo, que toma mediación diariamente, y nadie le da la seguridad de que lo van a medicar bien. El joven también dijo que no quiere ir y que prefiere estar en su casa, sin salir como cuando lo ponen en penitencia.
Los padres del otro adolescente reconocen que su hijo estuvo mal y dicen que están de acuerdo en que esté internado por lo ocurrido.
La abuela de la niña dijo que su nieta tiene leucemia y que está concurriendo al Garraham por su enfermedad. Incluso concurre al psicólogo. Ella dijo que está en condiciones de hacerse cargo de la niña e incluso de llevarla al liceo. La niña tampoco quería ir internada.
“Mujica, ponete las pilas, por la Manuela”
Para el director del INAU, Jorge Ferrando, a partir de la divulgación pública de la matanza del perro, “se generó un nivel de agresividad y de violencia hacia estos adolescentes y a sus familias, con denuncias y amenazas, que ponen en riesgo la posibilidad de que puedan estar viviendo en su casa”. “Eso me parece gravísimo, se da vuelta el tema y en lugar de pensar en la agresividad de los adolescentes, debemos estar pensando en la agresividad de parte de la población hacia ellos”, afirmó.
El presidente José Mujica también habló sobre el tema. “Un par de chicos mataron a una perrita a palos y lo pusieron en facebook. Una cosa que da vergüenza, son vergüenzas de nuestra sociedad”, dijo.
Los jóvenes fueron esperados en el juzgado por mucha gente y muchas organizaciones protectoras de animales. Una de las señoras que estaba allí habló con la prensa y le envió un mensaje al presidente (audio). “Los políticos son los únicos que tienen la herramienta. Mujica, a ti te hablo, como te digo una cosa te digo otra. Así hablás tú, por favor, ponete las pilas. Por la Manuela que tenés a tu lado, porque mañana, un chico de estos te va a agarrar a Manuela y te va a empalar quizás a Manuela y la va a quemar y te va a tirar la cabeza en tu chacra. Y no te va a gustar, loco, porque es tu hija. Dejate de joder”, le dijo.


Columna de Opinión
¡Esto es maltrato, animal!
Columna de opinión.
Un hecho puntual y brutal (una pobre perra matada a golpes por unos adolescentes en Nueva Palmira) ha servido para que la sociedad uruguaya segregue, cual glándula estimulada, un montón de disparates. Antes que nada, está mal maltratar animales, faltaba más. Pero no deja de llamar la atención lo siguiente: ¿por qué este video despertó tantas reacciones, tantos gritos histéricos, tantos deseos de linchamiento, y finalmente una internación en el INAU "por protección" (y no como castigo, que era lo que habrían preferido los demandantes justicieros)?
En nuestro país se matan animales de mil maneras. Empezando por los que comemos, que se ultiman ya de un garrotazo, ya retorciéndoles el pescuezo, ya por degüello (dependiendo de la especie). Pero también se matan, por ejemplo, perros, porque a alguien no le gusta su presencia. Tal es el caso de personas que, molestas por sus ladridos, o por el peligro potencial que representan, o porque tienen un odio irracional debido a que cuando eran chicos un can abusó de ellas, rocían el vecindario con algún poderoso veneno. A veces -como pasó hace poco- se envenena también a alguna persona debido a la escasa capacidad discriminante del método utilizado.
En Semana de Turismo se sale a cazar por "deporte", y durante todo el año se matan peces por asfixia a la vista de todo el mundo. Y ni hablar de las horribles condiciones en que encerramos a animales, algunos de ellos muy parecidos a nosotros, con el único fin de exhibirlos.
Frente a todos estas situaciones -algunas más justificables, otras menos-, se alzan de vez en cuando voces contrarias, pero rara vez llegan a los niveles del caso que nos ocupa. Que yo recuerde, nunca. ¿Cuál es la diferencia? Que esta vez había un video.
Exactamente el mismo razonamiento se puede realizar frente al video de los cascos azules en Haití.
Es evidente que presenciar un hecho provoca reacciones primitivas más fuertes que el simple conocimiento de éste por otras vías. En otras palabras, una cosa es que te lo cuenten, y otra es verlo. Pero, ¿tiene que ser así? Ese sentimiento primario de indignación, ¿debería durar más de unos minutos? Claro que no. Una violación, o un asesinato, no son más o menos graves porque los veamos o no. Es cierto que los testigos directos se violentan más, pero repito: una vez pasados por el filtro de la razón, un hecho observado y otro similar del que nos hablaron deberían despertar las mismas reacciones, sobre todo en cuanto a cosas como pedir justicia y movilizarse por ella.
En vez de bajar la pelota al piso, lo que se hace es transformar la ira en una falsa bandera principista, ya sea ecológica, humanitaria o mística, que cubre lo vergonzante (que no debería serlo, en principio) de la primera reacción animal.
Un agregado: que los jóvenes implicados tengan terribles dramas, dramas de verdad (una tiene leucemia, otro está bajo tratamiento psiquiátrico y otro tiene una vida llena de restricciones por sus problemas cardíacos) parece no incidir en la liviana evaluación que la sociedad, o parte de ella, hace de los hechos. "¡Castigo, castigo!", gritan las hordas, sin notar que si el castigo se generalizara, muchos de ellos, si no todos, terminarían presos. Y me incluyo, por supuesto, en esta última parte.
He llegado a oír hablar en defensa de la dieta vegetariana a partir de lo sucedido. Caramba, no sé cómo se justifica (sin caer en un antropocentrismo inaceptable) que las plantas carezcan del derecho a la vida que se les otorga "naturalmente" a los animales. Más aun cuando, al defender a estos últimos, se hace uso, implícitamente, de la misma crítica al antropocentrismo. Pero eso es un detalle más en la colección de absurdos provocada por la falta de costumbre de pensar que afecta, curiosamente, al Homo sapiens (ya sé que "sapiens" no es "piensa" al verres, pero siempre me sonó a eso).
Creo que un índice de la demencia -o de la hipocresía- de una sociedad puede obtenerse midiendo la diferencia entre las reacciones que despierta un hecho comprobado y condenable: a) cuando es narrado, y b) cuando es filmado y subido a Youtube.
Repito: aborrezco el maltrato animal. Pero que en un país donde se maltrata a diario tanto a animales como a personas (hablo de la violencia doméstica, de la violencia frente al diferente, etcétera), que un hecho, uno, despierte tales reacciones resulta, por lo menos, sospechoso. Si hay justificación para la irritación demostrada, entonces deberíamos estar inmersos en una sangrienta guerra civil desde el inicio de la historia. Seguiremos abusando de otros seres vivos (incluyendo perros, personas, espinacas y bacterias) como hasta ahora; en algunos casos porque somos lisa y llanamente malos; en otros porque somos unos infelices que canalizamos por ahí nuestras justificadas frustraciones, y en otros pocos porque no tenemos más remedio.
Uno no es partidario de los linchamientos, obviamente. Pero, llegado el caso, sería más digno guardar las antorchas, las estacas, los tridentes y las balas de plata para ocasiones que valgan más la pena; de ellas está llena la vida cotidiana.