Los seres humanos somos imperfectos por naturaleza, todas las personas de hoy en día quieren encontrar la felicidad y la supremacía; nada más alejado de lo que el autor de Elogio de la dificultad quiere constatar. Nos cuenta que en esta sociedad tan conformista y facilista existen personas que se envuelven en su propio mundo de imaginaria, de falsa y engañosa felicidad. La felicidad es el orgullo que individualmente sentimos al conseguir superar satisfactoriamente un reto, una prueba, un obstáculo que toma tiempo, dedicación, fuerza y perseverancia, todo eso nos da ganas de seguir y confiramos de que podemos con cualquier cosa que se nos presente en la vida, es hacer el bien común en nuestro entorno, es no hacer un daño a los demás ni a nosotros mismos por capricho. Desafortunadamente el mundo de los sumisos es aquel donde las personas quieren vivir de una manera sin esforzarse, sin mover un dedo, sin creer en ellos mismos, lo que los lleva a conformarse con lo que tienen y estancarse en ese estado en el cual no existe superación alguna, un sueño eterno que resulta cómodo pero que verdaderamente es una cárcel mental que nos imposibilita y nos torna incapaces de superarnos a nosotros mismos, es un estado en donde se piensa que los sueños son inalcanzables y no se esmeran para hacerlo realidad asumiendo que fallarán o que es imposible e incumplible, entonces, caemos en el pesimismo y culpamos a nuestros semejantes para excusarnos de los fracasos que posiblemente vamos a tener o tuvimos cuando en realidad la única responsabilidad recae en nosotros mismos porque no intentamos lo suficiente, afortunadamente podemos analizar la circunstancia y levantarnos mil veces de la derrota para empezar una y otra vez más hasta que se haga realidad. Se estipula que los sueños son para hacerlos realidad, trabajar en ellos y hacer lo que esté a nuestro alcance para llevarlos a cabo arriesgando todo, de lo contrario, seguirían en esa condición irreal en nuestra cabeza para toda la vida o incluso pondríamos esos deseos en manos del incierto destino o de otras personas entregando ciegamente nuestra esperanza. Esta lectura hace reflexionar sobre el tipo de pensamiento adquirido, y a la vez, nos deja saber el sencillo entendimiento de la vida por parte de todas las personas quienes ignoramos la existencia de dicho facilismo en nuestras vidas sin detenernos un segundo a pensar por nosotros mismos, y cuestionar lo que se nos impone o presente frente a nosotros de manera fácil, por esto mismo es que siempre queremos de manera egoísta alcanzar objetivos meramente personales, y es allí donde las personas que abandonaron sus ideales y proyectos no respetan el pensamiento e ideología del prójimo, eso nos guía a un punto que nos distrae más del objetivo primordial que es cuestionar todo lo beneficioso que podemos conseguir sin antes no exigirnos algún tipo de sacrificio. El orgullo desmesurado de estos individuos los hace negar la oposición y la crítica de los demás, consecuentemente, se aborrecen también las diferencias por más pequeñas que sean, ahí la necedad nos controla y pensamos firmemente que la única y absoluta verdad es la que decimos y queremos imponer sobre todos los demás; esto no es así, entonces tenemos que validar y tomar seriamente en consideración las palabras de la otra parte, si es necesario debemos ponernos en sus zapatos y tratar de asimilar porque aquella persona tiene dicha pensamiento. Lo ideal es comprender y asumir de una vez por todas que nuestras afirmaciones pueden ser observadas por terceros, cuyas ideas son tan importantes y tienen la misma magnitud que la de nosotros, ya que, al fin y al cabo, puede que la contra parte esté sumida en la misma condición que nosotros.