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Cómo el psicoanálisis fue usado para manipular a las masas

Alejandro Martínez Gallardo
Pijamasurf / SOTT

Cómo el psicoanálisis fue usado para manipular a las masas y crear la sociedad de consumo

Las ideas de Freud, cooptadas por las relaciones públicas, crearon en gran medida la sociedad de consumo en la que nuestra individualidad se expresa a través de las cosas que adquirimos: de lo que nos hace sentir que somos especiales, pero que ciertamente no necesitamos.



El siglo XX será recordado, entre otras cosas, por ser el siglo del psicoanálisis, o como este documental afirma: El siglo del Yo o Siglo del ser (en una traducción literal) [La traducción oficial es " ]El siglo del individualismo [/color]" - NdE]. El siglo del yo en el que madura finalmente la gran invención moderna del individuo - de la psique individualizada - y en el que todas las energías se dirigen a construir y diferenciar la individualidad y desarrollar el yo, que acaba de desligarse de entes colectivizantes como el Estado o la Iglesia. "El siglo del yo" es también el siglo en el que el ser individual termina de secularizarse. Para hacer esto, para que el individuo pueda cobrar realidad aparentemente autónoma, necesita adquirir una serie de características que lo diferencian y lo acercan a su autorrealización. Entra aquí la segunda gran actividad que define al siglo XX: la publicidad. La publicidad que será el medio a través del cual el individuo recibirá la presión individualizadora para autodefinirse a través de las cosas que puede adquirir, como ocurre con la infraestructura ideológica del american dream.

Como nota Adam Curtis en este formidable documental, el gran artífice de esta transición es la familia Freud. Por supuesto, el doctor Sigmund Freud, pero también su hija Anna, quien ayudó a cimentar y a institucionalizar el psicoanálisis en diferentes partes del mundo. Y no menos importante, el sobrino de Freud, Ed Bernays, el padre de las relaciones públicas, quien tuvo la oscura pincelada de genio de implementar un marco psiconalítico a la comunicación de masas. Poco conocida, la influencia de Bernays tal vez no sea menor en nuestra vida cotidiana que la de Freud, especialmente porque el espacio público en el que habitamos es una esfera de deseo inconsciente que todo lo permea y lo reconduce hacia los fines del capitalismo. Incluso la mayoría de los publicistas no son conscientes de que el modelo bajo el que trabajan y adoctrinan a las masas con imágenes publicitarias es el modelo de la propaganda de Bernays, que busca aprovecharse de los instintos ahora reprimidos/ahora liberados de la mente inconsciente humana. Adam Curtis explica que Bernays:

Mostró a las corporaciones estadounidenses cómo las personas podían querer cosas que no necesitaban vinculando productos de consumo masivo con sus deseos inconscientes. Surgió una nueva idea política de control de masas: satisfaciendo los deseos egoístas internos, se podía aplacar a las masas y mantenerlas dóciles y contentas. Fue el principio del ser-todo-consumidor que domina nuestro mundo actual
.

Ed Bernays, trabajando en Estados Unidos como un agente de prensa, tuvo la idea de que si la propaganda podía usarse en la guerra también podía usarse en tiempos de paz, aunque la palabra había sido estigmatizada por su asociación con los nazis, por lo que le cambió el nombre a "relaciones públicas". Las relaciones públicas no son otra cosa que la propaganda remodelada, suavizada en su fachada pero igualmente manipuladora en su esencia (Bernays no sólo utilizó las ideas de Freud, su otra gran inspiración fueron las ideas del condicionamiento de Ivan Pavlov).




Uno de los primeros ejemplos de las artes oscuras de Bernays fue romper el tabú que había en contra de que las mujeres fumaran. Uno de sus clientes, George Hill, presidente de la American Tobacco Corporation acudió a él explicándole que estaba perdiendo la mitad del mercado debido a que las mujeres no solían fumar. Bernays optó por una lectura psiconalítica del simbolismo de los cigarrillos en las mujeres. La respuesta fue conforme al cliché: los cigarros para las mujeres simbolizaban el pene, por lo que estaban asociados con el dominio masculino. El magistral golpe mediático vino durante una manifestación a favor del voto femenino. Bernays convenció a un grupo de jóvenes suffragettes de que encendieran sus cigarrillos en el momento oportuno, cuando había preparado a un grupo de periodistas con sus cámaras, y que los llamarán "antorchas de libertad" (el eslogan siendo el ancla que fija y hace fluir el símbolo en el inconsciente). El resto es historia, los cigarrillos fálicos, símbolos del poder masculino, se convirtieron también en símbolos de la liberación femenina. Fumar era participar de alguna manera en toda la ideología de la libertad: la mujer podía ser por su propio poder una pequeña "Estatua de la Libertad", con todo y su antorcha.


Uno de los analistas en el documental define muy bien el postulado racional-irracional que Bernays aportó a los fundamentos del marketing y de la publicidad: "Bernays vio que no se trataba de vender algo intelectualmente, sino involucrando al consumidor de manera emocional. No es 'necesitas esta prenda de vestir', es 'tú te sentirás mejor si tienes una prenda de vestir'". Esta es la idea original de Bernays que básicamente mueve a la mayoría de las campañas publicitarias, ya no sólo informar sobre un producto, sino hablarle a los centros emotivos de un individuo a través de un producto.

No se puede señalar el nacimiento de la sociedad de consumo a partir de un único acontecimiento o una única persona, pero ciertamente dentro de su compleja construcción psicosocial es necesario incluir la orquestación que llevaron a cabo después de la Primera Guerra Mundial las grandes corporaciones estadounidenses utilizando las ideas de Bernays como punta de lanza. Como dice Curtis en el documental, lo que estaba haciendo Bernays "fascinó a las corporaciones estadounidenses", sobre todo porque vieron en ello la solución a su más grande temor. Con el boom de los medios de producción nacía también el peligro de que las personas dejarán de consumir y la economía dejará de crecer. En ese entonces la mayoría de los productos se vendían por necesidad, publicitando su funcionalidad y practicidad; pero ahora existía un excedente de productos que necesitaban venderse pero ya no eran necesarios. Como dijo Paul Mazur de la firma Lehman Brothers: "Necesitamos cambiar a Estados Unidos de una cultura de necesidades a una cultura de deseos. Las personas deben ser instruidas a desear, a querer cosas nuevas, incluso antes de que las viejas hayan sido enteramente consumidas". Tenemos aquí el plan maestro (por momentos diabólico) que rige la sociedad de consumo y el cual podemos apreciar claramente en cosas como la obsolescencia programada de marcas como Apple. También podemos identificarnos aquí, en tanto a que somos consumidores de productos bajo el imperio de la lógica del deseo, como los títeres de este plan de "ingeniería del consentimiento" (usando los términos de Bernays) que lleva ya más de 8o años en acción.

Empleado por las corporaciones más importantes de su época, Bernays fue instrumental en la creación de las nuevas tiendas departamentales, el laboratorio en el que Bernays crearía el nuevo tipo de consumidor: el individuo dejaría de ser principalmente un ciudadano para pasar a ser un consumidor. Ahí puso a prueba su idea de la glamourización de los productos involucrando a las celebridades en su estrategia de mercado, realizó los primeros "fashion shows" dentro de las tiendas y difundió la idea seminal de la moda y de los productos que vestimos como una forma de "comunicar nuestro sentido interno de ser a los demás". Los productos se convirtieron en una forma de expresar la individualidad de nuestro carácter - sólo podíamos ser nosotros mismos y mostrar nuestra particularidad a los demás a través de las cosas que nos hacían ver diferentes, el deseo de autoexpresión de lo oculto de nuestra personalidad encuentra su válvula de escape a través de lo superficial, de las apariencias que lo hacen perceptible y comunicable. Nuestra alma, o el signo cualitativo de nuestra esencia individual, se transpola a las cosas que llevamos, se vuelve parte de nuestra epidermis, se reifica.

A Bernays también se le atribuye haber vinculado en la mente del consumidor a los automóviles con la atracción o la potencia sexual; iniciar la tendencia de pagarle a psicólogos o expertos para hablar bien de un producto, pretendiendo que se trataba de un estudio independiente; convencer a los individuos de que debían de comprar acciones en Wall Street y por lo tanto contraer deudas bancarias para hacerlo. Por supuesto fue también uno de los primeros en organizar operaciones mediáticas a favor de los políticos, "sacarse la foto", empezando con el presidente Coolidge. Además Bernays fue agente literario de su tío Sigmund Freud en Estados Unidos: una doble agenda, puesto que al sembrar las ideas de Freud en el ambiente allanaba también el terreno psíquico para que sus mecanismo de persuasión fueran más efectivos.

Nos toca a nosotros padecer la influencia de Bernays y su particular aplicación del psicoanálisis freudiano para satisfacer la ambición de las grandes corporaciones y de sus más altos ejecutivos. De alguna manera en este entramado, la publicidad como industria todo-permeante de la realidad cotidiana, nos regala una probada de lo que algunas tradiciones esotéricas describen como el infierno. Tenemos por ejemplo, el mundo astral o bardo de las ilusiones, en el que las almas espectrales vagan persiguiendo sus deseos insatisfechos. Eliphas Lévi conjura una inquietante imagen: en el mundo astral, el individuo vaga por jardines luminosos encantado por imágenes rutilantes - como los productos que vemos anunciados en los aparadores, en la TV y en el cielo urbano, llenos de colores, ritmos sensuales y seducciones que apelan a nuestros más conspicuos deseos... sólo para descubrir que en cada flor crece enredada una serpiente. Este es el jardín del deseo, la región del Kama-Loka, que según la teosofía es el plano donde experimentamos la manifestación de todos nuestros deseos como entidades autónomas: los productos fantasmagóricos de nuestra psique, una máquina de deseos egoístas que percibimos como reales cuando son sólo proyecciones desiderativas. Un mundo infernal, puesto que como las imágenes de supermodelos o automóviles de lujo que pululan a nuestro alrededor, nunca podremos conseguir satisfacer estos deseos - no ciertamente sin hipotecar nuestra alma - justamente porque no tienen ninguna sustancia, son innecesarios, súcubos que inventamos. Para detrimento de nuestros publicistas, expertos en relaciones públicas y nuestros inflados egos, liberarse del deseo personal es la condición sine qua non para poder disolver la ilusión y continuar la evolución del ser.


Twitter del autor: @alepholo

* Citas tomadas del documental The Century of Self, traducidas por el autor


Comentario: Más allá de la comparación con el infierno, la visión es bastante terrorífica desde el mismo sentido común, en donde valemos por lo que tenemos o podemos tener y no por lo que somos. Como consecuencia, demasiadas personas van por el mundo dormidas y soñando con alcanzar ese "sueño americano" que les permita sentir que valen y así también, con esos espejismos, son más fáciles de manipular para seguir trabajando como esclavos de un sistema que impide que vean más allá de lo que deben ver.

Freud ciertamente le ha hecho mucho daño a la psicología humana, no solamente a través de las acciones de su sobrino Bernays, que claramente ha tenido una influencia inmensa, sino por el simple esparcimiento de sus ideas perversas. Quizás, el esparcimiento de estas ideas fue algo clave, para que la gente las creyera y pudiera ser más fácil de manipular... haciéndo que sea más difícil "hacer consciente lo inconsciente" por medio del verdadero conocimiento de nosotros mismos y nuestra psique
.

Imagine que la psicología experimental hubiera comenzado como una disciplina no influenciada por el pensamiento psicoanalítico en dos aspectos clave. En primer lugar, que los investigadores no sintieran la necesidad de distanciarse de ideas difíciles de probar sobre un inconsciente dinámico. Que ellos tenían la libertad de teorizar sobre el pensamiento inconsciente de la misma manera en la que Laycock, Carpenter y Hamilton lo hicieron, es decir, como una colección de sistemas eficientes y sofisticados de procesamiento de información. En segundo lugar, que eran libres para investigar la mente, incluso las partes que estaban inconscientes, con técnicas experimentales. Una parte importante del legado de Freud fue un rechazo del método científico como medio de estudio de la mente. ...

[Sin Freud y sus ideas equivocadas] los psicólogos cognitivos y sociales [habrían] aplicado sus técnicas experimentales perfeccionadas, para estudiar la sofisticada adaptación inconsciente más rápido de lo que lo hicieron. Sin dejarse intimidar por los obstáculos teóricos y metodológicos que el psicoanálisis creó para la psicología experimental, la investigación y teorización sobre el inconsciente adaptativo floreció. ...

El inconsciente freudiano es ingenioso, inteligente y sexy, y ha sido el tema de la gran literatura, al menos desde Sófocles. Hay pocas grandes obras de teatro o novelas sobre el piloto automático de la mente, y centrarse exclusivamente en el inconsciente adaptativo puede parecer hablar del amor romántico, sin la pasión y el sexo.

Este punto de vista es engañoso, sin embargo, debido a que subestima el papel que juega el inconsciente de adaptación en todas las cosas importantes e interesantes de la vida, incluyendo el lieben und arbeiten (trabajo y amor) de Freud. Como veremos, el inconsciente adaptativo no participa solamente en las cosas pequeñas, pero juega un papel importante en todas las facetas de la vida. La imposibilidad de encontrar gran literatura acerca del inconsciente adaptativo puede decir más acerca de la omnipresencia del pensamiento psicoanalítico que sobre cualquier otra cosa. ...

Existe un vasto sistema no-consciente bastante diferente del que Freud imaginaba. [...] Por otra parte, Freud y sus seguidores, estaban a menudo en desacuerdo sobre los puntos clave y, durante su larga carrera Freud cambió de opinión acerca de los conceptos clave, tales como la naturaleza de la represión. Surge entonces la pregunta de cómo sabemos cuáles de estas tantas ideas son ciertas. Una gran ventaja del enfoque psicológico moderno es una confianza en el método experimental para investigar los fenómenos mentales. Ha habido una explosión de investigaciones sobre el inconsciente adaptativo, debido al desarrollo de algunas técnicas experimentales muy inteligentes para estudiarlo...

Pero aquí está el problema: la investigación sobre el inconsciente adaptativo sugiere que mucho de lo que queremos ver es invisible. La mente es una herramienta maravillosamente sofisticada y eficiente, más que el ordenador más potente jamás construido. Una fuente importante de su tremendo poder es su capacidad para realizar análisis rápidos y no conscientes de una gran cantidad de información que se recibe y reaccionar a esa información de manera eficaz. Aun cuando nuestra mente consciente está ocupada en otra cosa, podemos interpretar, evaluar y seleccionar la información que se adapte a nuestros propósitos.

Esa es la buena noticia. La mala noticia es que es difícil conocernos a nosotros mismos porque no hay acceso directo al inconsciente adaptativo, no importa cuánto nos esforcemos. Debido a que nuestras mentes han evolucionado para operar en gran medida fuera de la conciencia, y el procesamiento no consciente es parte de la arquitectura del cerebro, no puede ser posible tener acceso directo a los procesos no conscientes. "Hacer consciente lo inconsciente" puede no ser más fácil que ver y entender el lenguaje ensamblador que controla nuestro programa procesador de textos del ordenador. (Timothy D. Wilson)



Citado en el artículo: Edades oscuras e inquisiciones, antiguas y modernas - O por qué las cosas están tan desastrosas en nuestro planeta y la humanidad está al borde de la extinción


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