Muchos ateos dicen de que Albert Einstein era ateo, y se defienden con la carta que el mismo escribió, pero ahora refutaré todo de todo y verán porque Albert Einstein era creyente. Voy a demostrar porque no era panteísta ni agnóstico.
Albert Einstein (1879-1955) es, muy probablemente, el científico más famoso del siglo XX, particularmente destacado por formular la Teoría de la Relatividad (1905), el efecto fotoeléctrico y otras contribuciones a la física moderna respecto a la concepción del tiempo, la gravedad, y la conversión de la materia en energía (E=mc²).
l también Premio Nobel de la Física (1921) es uno de los científicos que ayudó a sentar las bases para el estudio de la física cuántica o moderna, junto a otras figuras también prominentes como Max Planck , Werner Heisenberg , Erwin Schrödinger , Arthur H. Compton , Robert Millikan , entre otros.
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Comenzaremos refiriendo una conversación que tuvo lugar en el invierno de 1927, en una reunión en la casa del editor Samuel Fischer. Esta plática (documentada en Einstein: His Life and Universe (2007), por Walter Isaacson, p. 384), ocurrió en Berlín, en una tarde en la que Einstein, de entonces 48 años, estaba junto a su esposa en una cena en la que uno de los invitados expresó su creencia en la astrología.
Einstein ridiculizó la astrología tachándola como una mera superstición, a lo cual, Alfred Kerr (un ateo acérrimo) decidió intervenir diciendo que creer en Dios también era una “superstición.” Luego de hacer una pausa, Kerr, que había leído lo que los diarios decían del científico, le dijo a Einstein: "He oído que se supone que usted es profundamente religioso",
a lo cual, el ya premio Nobel de Física le contestó:
"Sí, puede decirlo así. Intente penetrar con nuestros medios limitados a los secretos de la naturaleza y encontrará que, detrás de todas las concatenaciones perceptibles, queda algo sutil, intangible e inexplicable. La veneración a esta fuerza que está más allá de lo que podemos comprender es mi religión. En ese sentido soy, de hecho, religioso" (Einstein, citado en The Diary of a Cosmopolitan (1971), de HG Kessler, p.157 Londres: Weidenfeld & Nicolson).
Conforme el paso de los años, el asunto fue abriéndose espacio entre las pláticas de Einstein. Por ejemplo, en abril de 1921, durante su primera visita a la Universidad de Princeton, Einstein haría el comentario de que "Dios puede ser sutil, pero no es malicioso" (Raffiniert ist der Herrgott, aber boshaft ist er nicht; (cit. en Calaprice, 2005:112; Clark, 1973: Ch. 14).
Asimismo, en un artículo de la Revista del New York Times, el 9 de noviembre de 1930, Einstein se refirió a su sistema de creencias espirituales como una religión de carácter "cósmico" cuya inspiración se originaba "en muchos de los Salmos de David y en algunos de los profetas" de la Biblia Hebrea (Véase la edición del New York Times Magazine).
En una entrevista más publicada en 1930 en el libro "Glimpses of the Great, Einstein", el historiador G. S. Viereck comenta que le preguntó al físico si en realidad creía en Dios o no, a lo cual, Einstein respondió comparando a Dios con un Bibliotecario Universal:
"No soy ateo y no pienso que pueda decir que soy panteísta. El problema en cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas. ¿No puedo responder con una parábola?
La mente humana, no importa cuán altamente capacitada esté, no puede comprender el universo. Estamos en la posición de un niño pequeño, entrando en una enorme biblioteca cuyas paredes están cubiertas hasta el techo de libros en muchos idiomas diferentes. El niño sabe que alguien debió haber escrito esos libros. No sabe quién ni cómo. No entiende los idiomas en los que están escritos. El niño observa un plan definido en la organización de los libros, un orden misterioso, el cual, no se comprende; un orden misterioso que no entiende pero apenas sospecha sutilmente.
Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso de la más grande y la más culta, hacia Dios. Vemos un universo maravillosamente organizado, obedeciendo ciertas leyes, pero solo entendemos las leyes vagamente. Nuestras mentes limitadas no pueden escrutar la fuerza misteriosa que balancea las constelaciones" (Cit. en Viereck, George Sylvester. "Glimpses of the Great". Duckworth, 1930. p. 372-373.; También citado en Einstein: His Life and Universe por Walter Isaacson, p. 386).
En 1943, en una conversación subsecuente con William Hermanns, se le preguntó al físico: "¿Cómo concibes a Dios?", a lo cual, Einstein respondió:
"Dios es un misterio, pero un misterio comprensible. No tengo nada sino admiración cuando observo las leyes de la naturaleza. No hay leyes sin un Legislador" (cit. en William Hermanns, Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man (1983), p. 106).
Einstein fue uno de los científicos más prominentes del siglo en rechazar la idea de que hubiera un conflicto entre la ciencia y la religión, pues sostenía que la religión era de alguna manera necesaria para la supervivencia de la ciencia (Calaprice, 2005:91). Una de sus famosas frases sobre la complementariedad y relación entre ciencia y religión usa una metáfora para hacer notar que, en su opinión, la una sin la otra estaría incapacitada:
"Los representantes de la ciencia a menudo han tratado de llegar a juicios fundamentales con respecto a los valores y los fines en función del método científico, y de esta manera se han puesto en la oposición a la religión. Estos conflictos han surgido de errores fatales... A pesar de que los dominios de la religión y de la ciencia en sí mismos están claramente delimitados entre sí, sin embargo, existen entre los dos fuertes relaciones y dependencias recíprocas. Aunque la religión puede ser la que determine el objetivo, tiene, sin embargo, aprendido de la ciencia, en el sentido más amplio, lo que significa contribuir a la consecución de objetivos a los que se ha configurado.
Pero la ciencia sólo puede ser creada por aquellos que están imbuidos a fondo con la aspiración hacia la verdad y el entendimiento. Esta fuente de sentimientos, no obstante, surge desde la esfera de la religión. A esto también pertenece la fe en la posibilidad de que las regulaciones válidas para el mundo de la existencia son de carácter racional, es decir, comprensibles para la razón. No puedo concebir un científico genuino sin una fe profunda. La situación puede ser expresada por una imagen: La ciencia sin la religión está lisiada, la religión sin la ciencia está ciega". (Fragmento tomado de Science, Philosophy and Religion, A Symposium, publicado por the Conference on Science, Philosophy and Religion in Their Relation to the Democratic Way of Life, Inc., New York (1941); republicado más tarde por el propio Einstein en su libro Out of My Later Years (1950), p. 24)
Einstein habló más detalladamente sobre lo que concebía como esta relación de interdependencia en su artículo "Religión y Ciencia: ¿Irreconciliables?" de 1948:
"La ciencia, en lo inmediato, produce conocimiento e, indirectamente, medios de acción. Esto lleva a la acción metódica si las metas definidas se establecen de antemano. Pera la función de establecer objetivos y aprobar declaraciones de valor trasciende su dominio. Si bien es cierto que la ciencia, en la medida de la comprensión de sus conexiones causales, puede llegar a conclusiones importantes sobre la compatibilidad e incompatibilidad de objetivos y evaluaciones, las definiciones independientes y fundamentales sobre las metas y los valores se mantienen fuera del alcance de la ciencia.
En cuanto a la religión, por otra parte, se está de acuerdo en que se trata de objetivos y evaluaciones y, en general, con la base emocional del pensamiento humano y de la acción, por lo que éstas no están predeterminadas por la disposición hereditaria inalterable de las especies humanas. La religión tiene que ver con la actitud del hombre hacia la naturaleza en general, con el establecimiento de ideales para el individuo y para la comunidad, y con la relación humana mutua” (Religion and Science: Irreconcilable?, 1948; citado en The Christian Register (Junio de 1948); republicado por el propio Einstein en su libro Ideas and Opinions, 1954).
Einstein consideraba que los ideales que la religión intenta alcanzar ejercen una influencia educativa y eran apropiados"para influir en la evaluación y la acción [de la ciencia] en la línea con los ideales aceptados". En sus palabras:
"La religión y la ciencia van de la mano. Como he dicho antes, la ciencia sin religión está coja y la religión sin ciencia es ciega. Estas son interdependientes y tienen un objetivo común: la búsqueda de la verdad" (Einstein Third Conversation (1948), cit. en Hermanns, 1983; Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man; p. 94).
En la misma conversación sostuvo que era "absurdo cuando los científicos dicen que no hay Dios", porque "el verdadero científico tiene fe" (un dicho que asimila las palabras del Salmo 14:1 : "El necio ha dicho en su corazón: no hay Dios.")
Einstein creía incluso que la búsqueda científica resultaba en la evocación de sentimientos religiosos:
"Cualquiera que está seriamente ocupado en la búsqueda de la ciencia se convence de que un Espíritu se manifiesta en las leyes del Universo: un Espíritu sumamente Superior al del hombre, y uno ante el cuál nosotros con nuestras modestas facultades nos debemos sentir humildes. De esta forma, la búsqueda de la ciencia lleva a un sentimiento religioso de un tipo especial, que es de hecho bastante diferente de la religiosidad de alguien más ingenuo" (24 de enero de 1936, en una carta a uno de sus alumnos llamado Phyllis Wright; cit. en Einstein y la religión: Física y Teología(1999), de Max Jammer, p. 92-93).
En una carta de 1948, Albert Einstein comentaba:"Sin religión no hay caridad. El alma dada a cada uno de nosotros se mueve por el mismo Espíritu viviente que se mueve en el universo" (1948 - Idem, p. 94).
En su libro “Ideas y opiniones”, escribió:
"Una convicción similar al sentimiento religioso de la racionalidad o la inteligibilidad del mundo está detrás de todo trabajo científico de un orden superior... Esta convicción, una creencia ligada con profundo sentimiento en una Mente Superior que se revela a Sí mismo en el mundo de la experiencia, representa mi concepción de Dios" (Einstein, Ideas & Opinions, p. 255).
Einstein creía que Dios sostiene todo alcance del universo y que Su inteligencia estaría más allá de la limitada comprensión humana; por lo cual escribió:
"Mi religión consiste en una humilde admiración del Espíritu infinitamente Superior que se revela a Sí mismo en los pequeños detalles que somos capaces de percibir con nuestras mentes frágiles y débiles. Esa convicción profundamente emocional de la presencia de un Poder Superior racional que es revelado en el universo incomprensible forma mi idea de Dios" (Einstein 1936, citado en Dukas and Hoffmann 1979, 66; también en The Private Albert Einstein (1992) por Peter A. Bucky & Allen G. Weakland, p. 86; Einstein, 1979:66).
Los límites de la ciencia
Para Einstein, la sola ciencia era incapaz de explicar toda la existencia, por un número de razones distintas (entre ellas, la causalidad):
"Cuando el número de factores que entran en juego en un complejo fenomenológico es demasiado grande, el método científico en la mayoría de los casos nos falla. Uno solo necesita pensar en el clima, en el que la predicción incluso para unos días siguientes es imposible. No obstante nadie duda que nos enfrentamos a una conexión causal cuyos componentes causales en su mayoría son conocidos por nosotros. Las ocurrencias en este dominio van más allá del alcance de la predicción exacta debido a la variedad de factores en funcionamiento, no a causa de la falta de orden en la naturaleza"
(1941; Science, Philosophy and Religion, A Symposium, published by the Conference on Science, Philosophy and Religion in Their Relation to the Democratic Way of Life, Inc., New York).
Otra de las razones era la imposibilidad de la ciencia a darle dirección y sentido al destino humano, pues según Einstein:
"El método científico no puede enseñar nada más allá de cómo los hechos están relacionados y condicionadas entre sí... el conocimiento de «lo que es» no abre la puerta directamente a lo que «debería ser». Uno puede tener el conocimiento más claro y completo de lo que es, y sin embargo, no ser capaz de deducir lo que debería ser el objetivo de nuestras aspiraciones humanas. El conocimiento objetivo nos ofrece instrumentos poderosos para los logros de algunos fines, pero el propio objetivo final y el anhelo de llegar a él debe venir de otra fuente... Aquí nos enfrentamos, por lo tanto, a los límites de la concepción puramente racional de nuestra existencia" (Einstein; “Out Of My Later Years”; Wing Books, Random House; copyright 1956, written in 1950, revised in 1956; pp. 20-21).
Einstein era firme creyente en el mundo espiritual, por lo cual, también rechazó el materialismo como ideología y la idea de que la experiencia sensorial lo es todo, al igual que otros creyentes intelectuales como John Eccles y Blaise Pascal . El alemán era de opinión de que:
"Las leyes básicas del universo son simples, pero porque nuestros sentidos están limitados, no podemos captarlas. Hay un patrón en la Creación" (cit. en 1930; por Hermanns, Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man (1983), p. 10).
Otra de las razones era la imposibilidad de la ciencia a darle dirección y sentido al destino humano, pues según Einstein:
"El método científico no puede enseñar nada más allá de cómo los hechos están relacionados y condicionadas entre sí... el conocimiento de «lo que es» no abre la puerta directamente a lo que «debería ser». Uno puede tener el conocimiento más claro y completo de lo que es, y sin embargo, no ser capaz de deducir lo que debería ser el objetivo de nuestras aspiraciones humanas. El conocimiento objetivo nos ofrece instrumentos poderosos para los logros de algunos fines, pero el propio objetivo final y el anhelo de llegar a él debe venir de otra fuente... Aquí nos enfrentamos, por lo tanto, a los límites de la concepción puramente racional de nuestra existencia" (Einstein; “Out Of My Later Years”; Wing Books, Random House; copyright 1956, written in 1950, revised in 1956; pp. 20-21).
De acuerdo al físico, este entendimiento es lo que permitió el descubrimiento, por ejemplo, del modelo copernicano:
"La materia es real para mis sentidos, pero éstos no son dignos de mi confianza. Si Galileo o Copérnico hubieran aceptado lo que veían, nunca hubieran descubierto el movimiento de la Tierra y los planetas" (Einstein; cit. en 1943; Hermanns, Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man, 1983:59).
…ni sus propios descubrimientos:
Hacia 1951, una colega que opinaba que la ciencia debía determinar el rumbo de la ética, le reprochaba, molesto, a Einstein, el haber usado los términos "religión" y "religioso"junto a los términos de la ciencia; sin embargo, Einstein respondió:
"No he encontrado mejor expresión que 'religioso' por confianza en que la naturaleza racional de la realidad es, al menos hasta cierto punto, accesible a la razón humana. Dondequiera que este sentimiento está ausente, la ciencia se degenera en un empirisimo sin inspiración.
Hacia 1949, Einstein escribió en un carta en donde volvía a hablar de su disgusto por la cruzada ideológica del ateísmo:
Einstein es también citado, diciendo:
Einstein creía que el comportamiento humano era completamente determinado por leyes causales, no casuales. La comprensión de la causalidad era fundamental para las creencias éticas de Einstein quien abogaba por el argumento de que la Creación tenía un propósito, rechazando la idea de la casualidad o el existencialismo secular. Por esa razón, negó relación alguna del azar con la teoría cuántica, lo que especificó en cartas enviadas al físico Max Born. Born, ganador del Premio Nobel de la Física de 1954, había dicho lo siguiente respecto a la comprensión de la construcción del universo:
"Si Dios ha hecho este mundo un mecanismo perfecto, al menos Él ha concedido lo suficiente a nuestro imperfecto intelecto para que, con el fin de predecir pequeñas partes de él, no necesitemos resolver innumerables ecuaciones diferenciales, sino que podamos usar los dados con bastante éxito" ("Einstein's Statistical Theories", en Schilpp, 1951:176).
Einstein contestó, en esencia, que Dios no construyó el mismo en base al azar:
"Usted cree en un Dios que juega a los dados, y yo en la ley completa y el orden en un mundo que existe objetivamente, y el cuál de una manera salvajemente especulativa, estoy tratando de capturar... Incluso el gran éxito inicial de la teoría cuántica no me hace creer en el juego de dados fundamental, aunque soy consciente de que algunos de nuestros colegas más jóvenes interpretan esto como consecuencia de la senectud...
La mecánica cuántica es ciertamente imponente, pero una voz interior me dice que no es la cosa real. La teoría dice mucho, pero realmente no nos trae más cerca al secreto del "Anciano [de días]". Yo, en todo caso, estoy convencido de que Él no juega a los dados" (En su carta del 4 de diciembre de 1926 enviada e Max Born, Einstein hizo su famoso comentario sobre la mecánica cuántica).
Albert Einstein (1879-1955) es, muy probablemente, el científico más famoso del siglo XX, particularmente destacado por formular la Teoría de la Relatividad (1905), el efecto fotoeléctrico y otras contribuciones a la física moderna respecto a la concepción del tiempo, la gravedad, y la conversión de la materia en energía (E=mc²).
l también Premio Nobel de la Física (1921) es uno de los científicos que ayudó a sentar las bases para el estudio de la física cuántica o moderna, junto a otras figuras también prominentes como Max Planck , Werner Heisenberg , Erwin Schrödinger , Arthur H. Compton , Robert Millikan , entre otros.
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Comenzaremos refiriendo una conversación que tuvo lugar en el invierno de 1927, en una reunión en la casa del editor Samuel Fischer. Esta plática (documentada en Einstein: His Life and Universe (2007), por Walter Isaacson, p. 384), ocurrió en Berlín, en una tarde en la que Einstein, de entonces 48 años, estaba junto a su esposa en una cena en la que uno de los invitados expresó su creencia en la astrología.
Einstein ridiculizó la astrología tachándola como una mera superstición, a lo cual, Alfred Kerr (un ateo acérrimo) decidió intervenir diciendo que creer en Dios también era una “superstición.” Luego de hacer una pausa, Kerr, que había leído lo que los diarios decían del científico, le dijo a Einstein: "He oído que se supone que usted es profundamente religioso",
a lo cual, el ya premio Nobel de Física le contestó:
"Sí, puede decirlo así. Intente penetrar con nuestros medios limitados a los secretos de la naturaleza y encontrará que, detrás de todas las concatenaciones perceptibles, queda algo sutil, intangible e inexplicable. La veneración a esta fuerza que está más allá de lo que podemos comprender es mi religión. En ese sentido soy, de hecho, religioso" (Einstein, citado en The Diary of a Cosmopolitan (1971), de HG Kessler, p.157 Londres: Weidenfeld & Nicolson).
Conforme el paso de los años, el asunto fue abriéndose espacio entre las pláticas de Einstein. Por ejemplo, en abril de 1921, durante su primera visita a la Universidad de Princeton, Einstein haría el comentario de que "Dios puede ser sutil, pero no es malicioso" (Raffiniert ist der Herrgott, aber boshaft ist er nicht; (cit. en Calaprice, 2005:112; Clark, 1973: Ch. 14).
Asimismo, en un artículo de la Revista del New York Times, el 9 de noviembre de 1930, Einstein se refirió a su sistema de creencias espirituales como una religión de carácter "cósmico" cuya inspiración se originaba "en muchos de los Salmos de David y en algunos de los profetas" de la Biblia Hebrea (Véase la edición del New York Times Magazine).
En una entrevista más publicada en 1930 en el libro "Glimpses of the Great, Einstein", el historiador G. S. Viereck comenta que le preguntó al físico si en realidad creía en Dios o no, a lo cual, Einstein respondió comparando a Dios con un Bibliotecario Universal:
"No soy ateo y no pienso que pueda decir que soy panteísta. El problema en cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas. ¿No puedo responder con una parábola?
La mente humana, no importa cuán altamente capacitada esté, no puede comprender el universo. Estamos en la posición de un niño pequeño, entrando en una enorme biblioteca cuyas paredes están cubiertas hasta el techo de libros en muchos idiomas diferentes. El niño sabe que alguien debió haber escrito esos libros. No sabe quién ni cómo. No entiende los idiomas en los que están escritos. El niño observa un plan definido en la organización de los libros, un orden misterioso, el cual, no se comprende; un orden misterioso que no entiende pero apenas sospecha sutilmente.
Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso de la más grande y la más culta, hacia Dios. Vemos un universo maravillosamente organizado, obedeciendo ciertas leyes, pero solo entendemos las leyes vagamente. Nuestras mentes limitadas no pueden escrutar la fuerza misteriosa que balancea las constelaciones" (Cit. en Viereck, George Sylvester. "Glimpses of the Great". Duckworth, 1930. p. 372-373.; También citado en Einstein: His Life and Universe por Walter Isaacson, p. 386).
En 1943, en una conversación subsecuente con William Hermanns, se le preguntó al físico: "¿Cómo concibes a Dios?", a lo cual, Einstein respondió:
"Dios es un misterio, pero un misterio comprensible. No tengo nada sino admiración cuando observo las leyes de la naturaleza. No hay leyes sin un Legislador" (cit. en William Hermanns, Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man (1983), p. 106).
Einstein fue uno de los científicos más prominentes del siglo en rechazar la idea de que hubiera un conflicto entre la ciencia y la religión, pues sostenía que la religión era de alguna manera necesaria para la supervivencia de la ciencia (Calaprice, 2005:91). Una de sus famosas frases sobre la complementariedad y relación entre ciencia y religión usa una metáfora para hacer notar que, en su opinión, la una sin la otra estaría incapacitada:
"Los representantes de la ciencia a menudo han tratado de llegar a juicios fundamentales con respecto a los valores y los fines en función del método científico, y de esta manera se han puesto en la oposición a la religión. Estos conflictos han surgido de errores fatales... A pesar de que los dominios de la religión y de la ciencia en sí mismos están claramente delimitados entre sí, sin embargo, existen entre los dos fuertes relaciones y dependencias recíprocas. Aunque la religión puede ser la que determine el objetivo, tiene, sin embargo, aprendido de la ciencia, en el sentido más amplio, lo que significa contribuir a la consecución de objetivos a los que se ha configurado.
Pero la ciencia sólo puede ser creada por aquellos que están imbuidos a fondo con la aspiración hacia la verdad y el entendimiento. Esta fuente de sentimientos, no obstante, surge desde la esfera de la religión. A esto también pertenece la fe en la posibilidad de que las regulaciones válidas para el mundo de la existencia son de carácter racional, es decir, comprensibles para la razón. No puedo concebir un científico genuino sin una fe profunda. La situación puede ser expresada por una imagen: La ciencia sin la religión está lisiada, la religión sin la ciencia está ciega". (Fragmento tomado de Science, Philosophy and Religion, A Symposium, publicado por the Conference on Science, Philosophy and Religion in Their Relation to the Democratic Way of Life, Inc., New York (1941); republicado más tarde por el propio Einstein en su libro Out of My Later Years (1950), p. 24)
Einstein habló más detalladamente sobre lo que concebía como esta relación de interdependencia en su artículo "Religión y Ciencia: ¿Irreconciliables?" de 1948:
"La ciencia, en lo inmediato, produce conocimiento e, indirectamente, medios de acción. Esto lleva a la acción metódica si las metas definidas se establecen de antemano. Pera la función de establecer objetivos y aprobar declaraciones de valor trasciende su dominio. Si bien es cierto que la ciencia, en la medida de la comprensión de sus conexiones causales, puede llegar a conclusiones importantes sobre la compatibilidad e incompatibilidad de objetivos y evaluaciones, las definiciones independientes y fundamentales sobre las metas y los valores se mantienen fuera del alcance de la ciencia.
En cuanto a la religión, por otra parte, se está de acuerdo en que se trata de objetivos y evaluaciones y, en general, con la base emocional del pensamiento humano y de la acción, por lo que éstas no están predeterminadas por la disposición hereditaria inalterable de las especies humanas. La religión tiene que ver con la actitud del hombre hacia la naturaleza en general, con el establecimiento de ideales para el individuo y para la comunidad, y con la relación humana mutua” (Religion and Science: Irreconcilable?, 1948; citado en The Christian Register (Junio de 1948); republicado por el propio Einstein en su libro Ideas and Opinions, 1954).
Einstein consideraba que los ideales que la religión intenta alcanzar ejercen una influencia educativa y eran apropiados"para influir en la evaluación y la acción [de la ciencia] en la línea con los ideales aceptados". En sus palabras:
"La religión y la ciencia van de la mano. Como he dicho antes, la ciencia sin religión está coja y la religión sin ciencia es ciega. Estas son interdependientes y tienen un objetivo común: la búsqueda de la verdad" (Einstein Third Conversation (1948), cit. en Hermanns, 1983; Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man; p. 94).
En la misma conversación sostuvo que era "absurdo cuando los científicos dicen que no hay Dios", porque "el verdadero científico tiene fe" (un dicho que asimila las palabras del Salmo 14:1 : "El necio ha dicho en su corazón: no hay Dios.")
Einstein creía incluso que la búsqueda científica resultaba en la evocación de sentimientos religiosos:
"Cualquiera que está seriamente ocupado en la búsqueda de la ciencia se convence de que un Espíritu se manifiesta en las leyes del Universo: un Espíritu sumamente Superior al del hombre, y uno ante el cuál nosotros con nuestras modestas facultades nos debemos sentir humildes. De esta forma, la búsqueda de la ciencia lleva a un sentimiento religioso de un tipo especial, que es de hecho bastante diferente de la religiosidad de alguien más ingenuo" (24 de enero de 1936, en una carta a uno de sus alumnos llamado Phyllis Wright; cit. en Einstein y la religión: Física y Teología(1999), de Max Jammer, p. 92-93).
En una carta de 1948, Albert Einstein comentaba:"Sin religión no hay caridad. El alma dada a cada uno de nosotros se mueve por el mismo Espíritu viviente que se mueve en el universo" (1948 - Idem, p. 94).
En su libro “Ideas y opiniones”, escribió:
"Una convicción similar al sentimiento religioso de la racionalidad o la inteligibilidad del mundo está detrás de todo trabajo científico de un orden superior... Esta convicción, una creencia ligada con profundo sentimiento en una Mente Superior que se revela a Sí mismo en el mundo de la experiencia, representa mi concepción de Dios" (Einstein, Ideas & Opinions, p. 255).
Einstein creía que Dios sostiene todo alcance del universo y que Su inteligencia estaría más allá de la limitada comprensión humana; por lo cual escribió:
"Mi religión consiste en una humilde admiración del Espíritu infinitamente Superior que se revela a Sí mismo en los pequeños detalles que somos capaces de percibir con nuestras mentes frágiles y débiles. Esa convicción profundamente emocional de la presencia de un Poder Superior racional que es revelado en el universo incomprensible forma mi idea de Dios" (Einstein 1936, citado en Dukas and Hoffmann 1979, 66; también en The Private Albert Einstein (1992) por Peter A. Bucky & Allen G. Weakland, p. 86; Einstein, 1979:66).
Los límites de la ciencia
Para Einstein, la sola ciencia era incapaz de explicar toda la existencia, por un número de razones distintas (entre ellas, la causalidad):
"Cuando el número de factores que entran en juego en un complejo fenomenológico es demasiado grande, el método científico en la mayoría de los casos nos falla. Uno solo necesita pensar en el clima, en el que la predicción incluso para unos días siguientes es imposible. No obstante nadie duda que nos enfrentamos a una conexión causal cuyos componentes causales en su mayoría son conocidos por nosotros. Las ocurrencias en este dominio van más allá del alcance de la predicción exacta debido a la variedad de factores en funcionamiento, no a causa de la falta de orden en la naturaleza"
(1941; Science, Philosophy and Religion, A Symposium, published by the Conference on Science, Philosophy and Religion in Their Relation to the Democratic Way of Life, Inc., New York).
Otra de las razones era la imposibilidad de la ciencia a darle dirección y sentido al destino humano, pues según Einstein:
"El método científico no puede enseñar nada más allá de cómo los hechos están relacionados y condicionadas entre sí... el conocimiento de «lo que es» no abre la puerta directamente a lo que «debería ser». Uno puede tener el conocimiento más claro y completo de lo que es, y sin embargo, no ser capaz de deducir lo que debería ser el objetivo de nuestras aspiraciones humanas. El conocimiento objetivo nos ofrece instrumentos poderosos para los logros de algunos fines, pero el propio objetivo final y el anhelo de llegar a él debe venir de otra fuente... Aquí nos enfrentamos, por lo tanto, a los límites de la concepción puramente racional de nuestra existencia" (Einstein; “Out Of My Later Years”; Wing Books, Random House; copyright 1956, written in 1950, revised in 1956; pp. 20-21).
Einstein era firme creyente en el mundo espiritual, por lo cual, también rechazó el materialismo como ideología y la idea de que la experiencia sensorial lo es todo, al igual que otros creyentes intelectuales como John Eccles y Blaise Pascal . El alemán era de opinión de que:
"Las leyes básicas del universo son simples, pero porque nuestros sentidos están limitados, no podemos captarlas. Hay un patrón en la Creación" (cit. en 1930; por Hermanns, Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man (1983), p. 10).
Otra de las razones era la imposibilidad de la ciencia a darle dirección y sentido al destino humano, pues según Einstein:
"El método científico no puede enseñar nada más allá de cómo los hechos están relacionados y condicionadas entre sí... el conocimiento de «lo que es» no abre la puerta directamente a lo que «debería ser». Uno puede tener el conocimiento más claro y completo de lo que es, y sin embargo, no ser capaz de deducir lo que debería ser el objetivo de nuestras aspiraciones humanas. El conocimiento objetivo nos ofrece instrumentos poderosos para los logros de algunos fines, pero el propio objetivo final y el anhelo de llegar a él debe venir de otra fuente... Aquí nos enfrentamos, por lo tanto, a los límites de la concepción puramente racional de nuestra existencia" (Einstein; “Out Of My Later Years”; Wing Books, Random House; copyright 1956, written in 1950, revised in 1956; pp. 20-21).
De acuerdo al físico, este entendimiento es lo que permitió el descubrimiento, por ejemplo, del modelo copernicano:
"La materia es real para mis sentidos, pero éstos no son dignos de mi confianza. Si Galileo o Copérnico hubieran aceptado lo que veían, nunca hubieran descubierto el movimiento de la Tierra y los planetas" (Einstein; cit. en 1943; Hermanns, Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man, 1983:59).
…ni sus propios descubrimientos:
"Si yo no hubiera tenido una fe absoluta en la armonía de la Creación, no hubiera tratado durante treinta años de expresarla en una fórmula matemática" (Einstein; cit. en 1943; Hermanns, Einstein and the Poet: In Search of the Cosmic Man, 1983:61).
Hacia 1951, una colega que opinaba que la ciencia debía determinar el rumbo de la ética, le reprochaba, molesto, a Einstein, el haber usado los términos "religión" y "religioso"junto a los términos de la ciencia; sin embargo, Einstein respondió:
"No he encontrado mejor expresión que 'religioso' por confianza en que la naturaleza racional de la realidad es, al menos hasta cierto punto, accesible a la razón humana. Dondequiera que este sentimiento está ausente, la ciencia se degenera en un empirisimo sin inspiración.
No puedo aceptar su opinión respecto a la ciencia y la ética. Lo que llamamos ciencia tiene el único propósito de determinar «lo que es». La determinación de lo que «debe ser» es ajeno a ella y no puede llevarse a cabo metódicamente. La ciencia sólo puede organizar las proposiciones éticas de forma lógica y proporcionar los medios para la realización de los objetivos éticos, pero la determinación de los objetivos está fuera de su alcance" (Albert Einstein, en su carta a Maurice Solovine, (el 1 enero 1951) [cit. en Einstein Archivo 21-174], publicado en Cartas a Solovine (1993); citado en Jean Abelé (1961), Christianity and science, Hawthorn Books).
Ya en 1943, Einstein había expresado un pensamiento similar al decir que el intelecto humano no podría dirigir los fines y determinar los valores, y que la ciencia no podía tomar el lugar de la religión de ninguna manera:
"Ciertamente, debemos tener cuidado de no hacer del intelecto nuestro dios; tiene, por supuesto, músculos poderosos, pero sin personalidad; no puede conducir, sólo puede servir y no es exigente en su elección de un líder. Esta característica se refleja en la calidad de sus sacerdotes: los intelectuales. El intelecto tiene un ojo agudo para los métodos e instrumentos, pero es ciego a los fines y valores. Así que no es de extrañar que esta ceguera fatal se pase de un viejo a un joven y en la actualidad afecte a toda una generación" (Einstein;The Goal of Human Existence, 11 April 1943; cit. en Einstein Archives 28-587; Einstein 1956; 260-261).
Hacia 1949, Einstein escribió en un carta en donde volvía a hablar de su disgusto por la cruzada ideológica del ateísmo:
"No comparto el espíritu de cruzada del ateo profesional cuyo fervor se debe a un doloroso acto doloroso de liberación de las cadenas del adoctrinamiento religioso recibido en su juventud. Prefiero una actitud de humildad que corresponde a la debilidad de nuestra comprensión intelectual de la naturaleza y de nuestro propio ser" (En su carta a Guy H. Raner Jr. (28 de septiembre 1949), de un artículo de Michael R. Gilmore en la revista Skeptic, Vol.. 5, N º 2, 1997).
Einstein es también citado, diciendo:
"Los prejuicios del incrédulo son para mí casi tan divertidos como los prejuicios del creyente" (Goldman, 1997: VII).
Einstein creía que el comportamiento humano era completamente determinado por leyes causales, no casuales. La comprensión de la causalidad era fundamental para las creencias éticas de Einstein quien abogaba por el argumento de que la Creación tenía un propósito, rechazando la idea de la casualidad o el existencialismo secular. Por esa razón, negó relación alguna del azar con la teoría cuántica, lo que especificó en cartas enviadas al físico Max Born. Born, ganador del Premio Nobel de la Física de 1954, había dicho lo siguiente respecto a la comprensión de la construcción del universo:
"Si Dios ha hecho este mundo un mecanismo perfecto, al menos Él ha concedido lo suficiente a nuestro imperfecto intelecto para que, con el fin de predecir pequeñas partes de él, no necesitemos resolver innumerables ecuaciones diferenciales, sino que podamos usar los dados con bastante éxito" ("Einstein's Statistical Theories", en Schilpp, 1951:176).
Einstein contestó, en esencia, que Dios no construyó el mismo en base al azar:
"Usted cree en un Dios que juega a los dados, y yo en la ley completa y el orden en un mundo que existe objetivamente, y el cuál de una manera salvajemente especulativa, estoy tratando de capturar... Incluso el gran éxito inicial de la teoría cuántica no me hace creer en el juego de dados fundamental, aunque soy consciente de que algunos de nuestros colegas más jóvenes interpretan esto como consecuencia de la senectud...
La mecánica cuántica es ciertamente imponente, pero una voz interior me dice que no es la cosa real. La teoría dice mucho, pero realmente no nos trae más cerca al secreto del "Anciano [de días]". Yo, en todo caso, estoy convencido de que Él no juega a los dados" (En su carta del 4 de diciembre de 1926 enviada e Max Born, Einstein hizo su famoso comentario sobre la mecánica cuántica).