InicioInfoCoincidencias y desencuentros entre Borges y Tolkien

Les acerco un artículo del escritor Martín Hadis donde se analizan los parecidos y diferencias que tenían el autor de El Aleph y el de El Señor de los Anillos. Un interesante punto de vista sobre estos dos nombres famosos de la literatura, que parecen tan disímiles a primera vista.


***


Hispamérica, Revista de Literatura, Año XXXVIII, Número 112 / 2009



Prodigios y ficciones: coincidencias y desencuentros entre Borges y Tolkien


MARTÍN HADIS


“De la misma forma en que los geógrafos encajan apretadamente en los bordes de sus mapas aquellas partes del mundo que desconocen... así puedo decir yo también en esta obra mía, en la que he comparado las vidas de los más grandes hombres que han vivido... más allá de esto no hay nada, sino prodigios y ficciones”
Plutarco, Vidas Paralelas


Borges y Tolkien. A primera vista parece difícil invocar a dos escritores más disímiles. Jorge Luis Borges (1899-1986) nació y vivió toda su vida en Buenos Aires, frente al río inmóvil. Considerado por muchos el escritor de lengua castellana más importante del siglo XX, fue un autor erudito y elevado. A pesar de no haber obtenido jamás un título académico (excepto –en sus propias palabras– “un oscuro bachillerato ginebrino que la crítica sigue pesquisando”) recorrió el mundo dictando cátedra y recibiendo doctorados honoris causa de universidades prestigiosas. Sus obras, que cuestionan y hacen temblar los pilares de la misma realidad, continúan siendo fuente de inspiración y material de análisis para críticos literarios, filósofos, linguistas y epistemólogos.

Tolkien nació en 1892 en Sudáfrica, de familia inglesa. Pero solo permaneció allí unos años, hasta que su padre falleció y su madre regresó con su hijo a su país de origen. Desde pequeño, Tolkien mostró interés por los idiomas y a ellos se dedicó durante toda su vida. Luego de egresar de Oxford, fue profesor de la Universidad de Leeds y después, durante varias décadas, de la misma Oxford, especializándose en el estudio y la enseñanza de la lengua y la literatura de la Inglaterra medieval. Los relatos que Tolkien escribió basándose en sus lecturas mitológicas atrajeron desde un principio a numerosos lectores y hoy en día siguen convocando a millones de personas, en especial luego del estreno de la versión fílmica de El Señor de los Anillos.

Estos contrastes entre Borges y Tolkien son tal vez los más obvios, pero no los únicos. Como veremos a continuación, sus vidas y obras conforman un verdadero juego especular.

Frances y Francis: legados literarios
Borges fue un escritor fervorosamente argentino y siempre afirmó que su destino literario era la lengua castellana. Pero su abuela Frances Haslam era inglesa, nacida en Staffordshire, y Borges heredó de ella un interés apasionado por la lengua y la literatura de Inglaterra. De forma análoga, Tolkien era profundamente inglés y amaba la lengua inglesa. Sin embargo, cuando su madre murió, a edad temprana, el joven Tolkien fue adoptado por un sacerdote jesuita de origen español y galés, Francis Xavier Morgan. Fue a través de este sacerdote que Tolkien, educado en la lengua inglesa, entró en contacto con el idioma español: “Mi tutor era medio español”, escribe Tolkien, y “en los años de mi adolescencia temprana tomaba prestados sus libros [escritos en ese idioma] e intentaba leerlos...”.1 Tolkien quedó fascinado por esta lengua y ponderó una y otra vez su sonoridad y eufonía. De hecho, y según sus propias palabras, el español era la única de todas las lenguas romances en las que encontraba un enorme placer estético: “no se trata de la mera percepción de la belleza [de un idioma]”, “sino más bien al apetito que uno siente por un alimento que necesita”.

Así, ambos escritores fueron islas en sus respectivos países y tradiciones literarias, y recibieron como legado la tradición literaria y lingüística que el otro había heredado de nacimiento: Borges, que heredó sus inclinaciones literarias de sus ancestros ingleses y protestantes, nació en un país católico de habla castellana; Tolkien, inglés, fue educado en el catolicismo en un país de instituciones anglicanas, y se interesó por el español a través de su tutor jesuita. Hasta en los nombres de los respectivos tutores de Borges y Tolkien encontramos una coincidencia curiosa: Francis, el nombre del sacerdote jesuita de ascendencia española que educó a Tolkien, tiene la misma raíz que Frances, el nombre de la abuela inglesa de Borges.

Los públicos a los que llegaron las obras de Tolkien y Borges también conforman un juego de reflejos: ambos se volvieron mundialmente famosos, pero sus respectivos públicos fueron (y continúan siendo) diferentes. Borges fue siempre considerado un escritor complejo, y sus libros interesaron siempre a académicos y lectores un tanto (o muy) eruditos. El público lector de Tolkien fue, por el contrario, definitivamente masivo. En la década de los ’60, El Señor de los Anillos fue objeto de culto, primero en Estados Unidos, y gradualmente en todo el mundo. Thomas Shippey cita los resultados de una encuesta que arroja como resultado que en Inglaterra, durante el siglo XX, El Señor de los Anillos fue el libro más leído después de la Biblia.2

Hay asimismo fuentes en común: Borges y Tolkien estudiaron las mismas literaturas germánicas medievales; Tolkien estudió inglés antiguo y en su haber figuran varios ensayos filológicos importantes; Borges se dedicó a estudiar esa misma literatura anglosajona y medieval en las márgenes del Río de la Plata.

Borges habla sobre Tolkien
Tolkien, dedicado a las literaturas antiguas, casi no leía a autores contemporáneos, de manera que lo más probable es que jamás haya oído hablar de Borges. Si bien no hallé rastros de Tolkien en la obra completa de Borges, decidí revisar conversaciones y diálogos con Borges. Casi por casualidad di finalmente con el siguiente diálogo en el que Borges habla sobre la obra de Tolkien. Se trata de unas pocas líneas, breves pero sumamente reveladoras. Este diálogo se publicó por primera vez en The Gypsy Scholar, Vol 3 (1976), pp. 65-76, y fue recopilado en Jorge Luis Borges: Conversations, editado por Richard Burgin.3 El encuentro tuvo lugar en la Universidad de Michigan en 1976. Borges había aceptado una invitación para participar en un coloquio informal con los profesores y estudiantes de posgrado. El moderador fue Donald Yates, profesor de literatura latinoamericana y estudioso de la obra de ese visitante ilustre.

Yates: Yo creo que usted desea, en el fondo de su corazón, en el mismo centro de su ser creativo, desconcertar al lector y no dejarlo de la misma forma que antes de que leyera el cuento o el poema en cuestión.

Borges: Es posible, pero no es algo consciente.

[...]

Pregunta: quisiera que Borges explique cómo se relaciona esto con los aspectos creativos del lector, que éste trae a sus lecturas de Borges. A veces siento como si...

Borges: Bueno, pero, ¿en qué difiere el caso de Borges del caso de cualquier otro escritor? Cuando uno está leyendo un libro, si uno no encuentra una forma de entrar en el libro, entonces todo es inútil. El problema con El Señor de los Anillos es que uno siente que es dejado fuera del libro, ¿no? Eso es lo que nos ha sucedido a la mayoría de nosotros. En tal caso, el libro no ha sido escrito para nosotros.

Yates: En Chicago, anoche, y aquí hace un rato y en todos lados, la gente se acerca a Borges ansiosa de conocer la opinión de Borges acerca de Tolkien.

Borges: Bueno, yo nunca pude... yo quisiera que alguien me explicara o de alguna forma me transmitiera cuál es la idea de ese libro. La gente dice que si me gusta Lewis Carroll, debería gustarme Tolkien. Me gusta mucho Lewis Carroll, pero me encuentro desconcertado por Tolkien.

Yates: Anoche, Borges, usted mencionó la diferencia que existe entre Tolkien y Lewis Carroll. Usted dijo que Lewis Carroll es fantasía auténtica, mientras que Tolkien solo escribe y escribe sin llegar a ninguna parte.

Borges: Tal vez estoy siendo injusto con Tolkien pero, sí, siento que él escribe, escribe y escribe...


Y esto es todo. Borges sí llegó a leer a Tolkien, pero el encuentro literario jamás se dio si bien Borges tenía una profunda afinidad con la épica y los libros de Tolkien están llenos de heroísmo. Borges amaba los idiomas y Tolkien dedicó años a inventar lenguas profundas y bellas. Admiradores ambos de la lengua y la literatura inglesa, conservadores y tolerantes por naturaleza, escritores únicos en sus respectivos países por su apertura literaria y sus intereses lingüísticos y filosóficos, uno pensaría que Borges y Tolkien no sólo admirarían sus respectivas obras, sino que de conocerse hubieran sido seguramente amigos. ¿A qué se debe entonces este desencuentro?

Dos versiones de la fantasía
En el diálogo citado hay un dato sumamente significativo: el contraste que Borges establece entre Tolkien y Lewis Carroll: Alicia en el País de las Maravillas, afirma Borges, es “fantasía auténtica” mientras que Tolkien “escribe y escribe, sin llegar a ninguna parte”. Nada de lo que dice Borges es accidental; y menos en el marco de esta crítica. Si a Borges le agrada Lewis Carroll mientras rechaza a Tolkien, cabe preguntar ¿en qué se parecen Borges y Lewis Carroll, y qué los separa a ambos de Tolkien? ¿por qué Borges considera que las obras de Carroll y no las de Tolkien son fantasía auténtica? Para responder a esta pregunta, me remito a Steven Pinker, quien afirma que en términos cognitivos, todo relato literario es un experimento:

El autor coloca a un personaje ficticio en una situación hipotética, en un mundo que es en todos los demás aspectos el mundo real, en el que se cumplen leyes y se producen hechos ordinarios, y permite al lector que explore sus consecuencias. Incluso en los relatos de ciencia ficción, solo se nos pide que suspendamos a lo sumo unas pocas leyes de la física para que sea posible; por ejemplo, que el héroe se traslade a la galaxia vecina; pero hasta en estos relatos los eventos suceden de manera predecible, de acuerdo a causas y efectos conocidos. Hasta los relatos surrealistas como La metamorfosis de Kafka, parten de una permisa contraria a la realidad –por ejemplo, que un hombre pueda convertirse en un insecto– y desarrollan las consecuencias de esa premisa en un mundo en el que todas las demás expectativas continúan siendo satisfechas... Sólo es posible que suceda cualquier cosa en aquellas ficciones que son acerca de la lógica y la realidad, como Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas.4

Es decir, hay un primer grupo de relatos fantásticos, a los que podríamos llamar “concretos”, que alteran ciertos parámetros del mundo real y exploran cómo se desenvuelve un argumento en un mundo similar al nuestro. Pero luego hay un segundo grupo de relatos fantásticos, a los que podríamos llamar “metafísicos”, que no alteran uno o dos parámetros, sino en los que, literalmente, todo puede suceder y hasta la realidad misma resquebrajarse. Este agrupamiento resulta clave para entender las diferencias entre los modos de ficción de Tolkien, por un lado, y Carroll y Borges, por el otro.

Los relatos de Tolkien pertenecen al primer grupo: son relatos “concretos”. Tolkien modifica algunos parámetros de nuestra realidad, pero como él mismo ha afirmado, la Tierra Media es nuestro propio mundo con algunas modificaciones. Han cambiado, es cierto, “unas pocas leyes de la física” de manera que la magia funciona y los hechizos de magos y elfos tienen efecto. Pero más allá de este detalle, la Tierra Media es muy parecida al pasado de nuestro propio mundo. Y, lo que es igualmente importante, las expectativas que el lector puede tener acerca del funcionamiento de ese mundo imaginario en el que se adentra se mantienen constantes a lo largo del libro.

Los relatos de Borges y Carroll pertenecen al segundo grupo: son definitivamente “metafísicos”. En sus relatos puede suceder “cualquier cosa”: una persona puede agrandarse o achicarse, una enciclopedia puede contaminar al mundo, un gato puede volverse invisible, sesenta piedras pueden convertirse en tres o un libro contener infinitas páginas… A diferencia de lo que ocurre con Tolkien, los relatos de Borges y de Carroll son “acerca de la lógica y la realidad”; no acerca de ciertos personajes o hechos que ocurren en una versión alterada de este mundo, sino acerca de la realidad y la lógica misma, y las diversas maneras en que nuestras expectativas y presunciones pueden fallar o desconcertarnos. Por esta misma razón, entonces, la tensión que anima a las narraciones de Borges o de Carroll no parte de los sentimientos o percepciones de los personajes, sino que surge únicamente de la contradicción lógica que se suscita cuando estos presencian hechos inexplicables. Al tropezar en la madriguera del conejo, Alicia comienza un descenso en caída libre en una oscuridad casi total pero ella ni se inmuta. De manera análoga, los personajes de Borges sienten poco o nada incluso al afrontar su propia muerte.5 En los mundos de Borges y de Carroll rara vez se dan emociones lacerantes y pasiones encendidas. Las cosas simplemente suceden; los personajes se dejan arrastrar por los hechos, disociándose emocionalmente de ellos y sin importarles si estos hechos son increíbles o atroces (frecuentemente, son ambas cosas). Borges, que comparte con Carroll el amor por la razón, la lógica y las matemáticas, utiliza un rigor racional para demostrar argumentos falaces. Pausadamente, Borges dinamita los pilares de la racionalidad, hasta hacer que sus cimientos estallen o se disuelvan en mil fragmentos: “Casi inmediatamente”, escribe hacia el final de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, “la realidad cedió en más de un punto”. Y luego agrega: “Lo cierto es que anhelaba ceder”. Al terminar de leer las ficciones de Borges, los fundamentos mismos de la realidad han cedido y el lector se pregunta si hay realmente un yo, si existe alguna realidad, un sujeto. En ese marco no hay posibilidad alguna para verdades o valores absolutos.

Ángeles, profecías y mensajes
Borges cuenta: “Es muy común que vengan periodistas a verme y me pregunten: ¿Y cuál es su mensaje? Y yo les digo que no tengo ningún mensaje, porque los mensajes son propios de los ángeles –ya que el ángel es mensajero, en griego– y yo ciertamente no soy un ángel”.6 Para que haya mensajeros y mensajes debe haber un remitente, alguien que los envíe, y en las ficciones de Borges Dios, cuando aparece, lo hace solo tangencialmente, oculto tras una duda, tras la apariencia de una posibilidad hipotética o bajo la forma de una esperanza que a menudo termina siendo defraudada.

Basta leer unas pocas páginas de El Señor de los Anillos para notar que, en términos morales, filosóficos y religiosos, la obra de Tolkien se encuentra en un polo opuesto. Mientras que Borges desdibuja y cuestiona “verdades”, Tolkien escribe con trazo grueso y nítido y cosecha promesas cumplidas y certezas divinas. En los relatos de Tolkien, Dios y el sentido último del mundo son omnipresentes e inamovibles. Tolkien es profundamente cristiano y moralista, heroico y lleno de esperanza. Los ángeles o maiar están presentes en la narración, y no sólo traen consigo mensajes y profecías sino que participan activamente en batallas y contiendas, de las que el bien, a la larga, emerge siempre victorioso. Además, la incertidumbre acerca de la naturaleza de lo real no tiene cabida en la Tierra Media. Allí la magia existe y opera, las profecías se cumplen y hay un designio que se despliega ante los ojos del lector. Se trata de un camino concreto, bien delimitado, pleno de certezas y expectativas confirmadas. Estamos ante un plan divino: un enfrentamiento épico y colosal entre las fuerzas del bien y del mal, una lucha sin cuartel entre el odio, la destrucción y la Oscuridad, por un lado, y el libre albedrío, el amor, la creación y la Luz, por el otro. En los mundos de Tolkien hay, por sobre todas las cosas, un Orden, y dentro de ese Orden, todos y cada uno de los personajes tienen un rol marcado y esencial. Lejos de socavarla, Tolkien solidifica la realidad.

Asimismo, las tensiones que impulsan los relatos de Tolkien se encuentran “dentro” del alma, la mente y el corazón de sus personajes y en su interacción con los sucesivos desafíos que deben enfrentar. Magos y guerreros, sabios y soldados se desgarran continuamente en elecciones trascendentes y dilemas morales y éticos que los conducen a lo mejor o a lo peor de sí mismos. Tolkien no escatima palabras ni percepciones al ahondar en los sentimientos y elecciones de sus personajes. El Señor de los Anillos termina siendo, además de un ameno relato de aventuras, un estudio profundo y con frecuencia trágico de la naturaleza humana.

El camino a la Tierra Media
Este contraste explica el comentario de Borges acerca de Tolkien. Al igual que Carroll, Borges propone juegos racionales que despojan de sentido al mundo; Tolkien, por el contrario, postula un mundo aún más orgánico y predecible que la realidad misma, regido por valores claros y definidos. Los personajes de Borges apenas si sienten su paso por la vida, siendo sus desgracias y fortunas una excusa para atestiguar lo inexplicable; en el otro extremo de la escala, los personajes de Tolkien se enfrentan a su destino de heroísmo o traición que le permite al lector vislumbrar una realidad más sólida que la que pudo haber conocido. Por ello hay que leer entre líneas la afirmación de Borges. No es cierto que Tolkien divague, o que sus textos no lleven a ninguna parte; al contrario, el camino de Tolkien lleva hacia verdades incuestionables, hacia mundos más tangibles y coherentes que el nuestro, hacia promesas y designios divinos que se vuelven realidad. Y este camino de fe cierta, de revelaciones totales, de esperanza y de eucatástrofe, como llamaba a este proceso Tolkien, es un camino lineal que Borges, el gran creador de laberintos, no estuvo nunca dispuesto a recorrer.

Buenos Aires, 1971. Egresado del MIT Media Laboratory. Investigador y docente. Autor de Literatos y
excéntricos: los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges
(2006) y coautor de Borges Profesor (2000).


NOTAS


1 Humphrey Carpenter, ed., The letters of J.R.R. Tolkien, Boston, Houghton Mifflin, 1981, letter #163.

2 Tom Shippey, J. R. R. Tolkien: Author of the Century, London, Mariner Books, 2002, p. xxi.

3 Richard Burgin, ed., Jorge Luis Borges: Conversations, Jackson, University Press of Mississippi, 1998, p. 162. El original de la conversación está en inglés, la versión aquí ofrecida es mi traducción.

4 Steven Pinker, How the Mind Works, New York, W. W. Norton, 1997, p. 541. El subrayado es mío.

5 Algunos ejemplos: podemos pensar en el Minotauro que “apenas se defendió” en “La casa de Asterión”; en Duncan que al morir acuchillado en “El encuentro” se limita a afirmar “Qué raro. Todo esto es como un sueño”; en Johannes Dahlmann que en “El Sur” empuña con firmeza el cuchillo que acaso no sabe manejar y sale sin temor ni esperanza a morir a la llanura.

6 Osvaldo Ferrari, Libro de diálogos, Buenos Aires, Sudamericana, 1986, p. 45.

***


Y como apéndice del post, les dejo dos yapas. En primer lugar, el original en inglés de la conversación con Borges, extraído de Jorge Luis Borges: Conversations, pp. 162-163:

Question: I'd like him to comment on how that relates to the creative aspects of the reader, that he brings to his reading of Borges. I feel sometimes as though…

Borges: Well, how is the case of Borges different from the case of any other writer? When you are reading a book, if you don't find your way inside it, then everything is useless. The problem with The Lord of the Rings is you're left outside the book, no? That has happened to most of us. In that case, that book is not meant for us…

Yates: In Chicago, last night and here before and every place else, people come to Borges eager to find out his opinion on Tolkien.

Borges: Well I could never… I wish somebody would explain it to me or somehow convey what the book's good for. Those people say if I like Lewis Carroll, I should like Tolkien. I am very fond of Lewis Carroll, but I am disconcerted by Tolkien.

Yates: Last night you mentioned the difference between Tolkien and Lewis Carroll. You said Lewis Carroll is authentic fantasy and Tolkien is just going on and on and on.

Borges: Maybe I'm being unjust to Tolkien but, yes, I think of him as rambling on and on.


Y también les dejo una biografía un poco más detallada del autor del artículo, extraída de su sitio oficial .

Martín Hadis es docente, escritor e investigador universitario. Se recibió de licenciado en sistemas y de Master en Tecnología de Medios en el Media Laboratory del Massachusetts Institute of Tecnology (M.I.T.).

Su formación es a la vez tecnológica y humanística. Sus áreas de interés abarcan la inteligencia artificial, el diseño de interfaces del usuario, la literatura y la linguística.

Ha publicado artículos en diversos medios de diferentes países, entre ellos el Buenos Aires Herald (de Argentina) y el diario El País (de España). Es autor de Literatos y excéntricos (publicado por Editorial Sudamericana) y coautor de Borges Profesor (publicado por Emecé Editores).

A menudo dicta conferencias y escribe artículos sobre literatura, lingüística y la intersección entre tecnología y humanidades.


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