Caso #298
En Las Puertas De La Demencia
I – La Inquisición.
Oscuridad. Desde el comienzo de los tiempos se considera la rival más poderosa de la luz, de sus mantos negros surge el poder necesario para opacar lentamente a la luz y devorarla hasta desaparecerla por completo. De ella muchas historias se cuentan, las antiguas civilizaciones la conectaban directamente con las fuerzas sobrenaturales y demoníacas.
Los ritos eran meramente de noche, se creía que el demonio más poderoso no podía sobrevivir a la luz y por eso se valían de la oscuridad para sus invocaciones y rituales paganos. La brujería fue en su momento y durante siglos el más claro ejemplo de lo que los rituales paganos se representaban, de ahí el método de aniquilación de las brujas, la hoguera. Claro, la mayoría de ellas eran inocentes que por culpa de la muy conocida inquisición morían en sacrificio a su santo credo, por no decir negocio.
La santa inquisición, un grupo de herejes que a nombre de una religión hacían su buen negocio, de ellos las más oscuras actividades paganas eran realizadas y para ocultar sus actos sometían a juicio a las denominadas brujas y aprovechándose del temor general de la gente podían manipularlas a su antojo.
De mano de sus muy respetados y temidos miembros se llevo a cabo una serie de ritos paganos a fuerzas que ni siquiera ellos podían controlar, en un viejo monasterio al oeste de Francia enclavado en lo más profundo de las montañas fue encontrado un antiguo manuscrito con ritos y canticos malditos. En un latín algo olvidado los miembros más destacados tomaron la decisión de llevar acabo aquel ritual que en el manuscrito se presentaba y así, formaron una secta exclusivamente para esa tarea.
En ese mismo monasterio decidieron hacer la invocación sin pensar si quiera en las consecuencias de sus actos, jugaban con fuego en un mundo de papel. En la torre principal del monasterio se llevo a cabo el ritual, esparcieron sal mezclada con cal por todo el piso y sobre ella dibujaron un extraño pentagrama del manuscrito, colocaron cinco personas sujetando una vela color negra cada una y vestidas únicamente con una túnica con capucha, en el centro del pentagrama colocaron una mesa y sobre ella una charola con las viseras de una cabra blanca y procedieron a encenderlas rociándolas con aceite.
El miembro mayor de la inquisición se coloco frente al pentagrama y con su habitual túnica blanca pronunció las palabras paganas de aquel manuscrito.
-Purgabit anima vestra et liberabo carcere. et aperuerit mihi ianuam intrat orbem suscipiat.
En traducción sería algo como; Purga tu ser y libérate de tu prisión. Abre la puerta y entra a nuestro mundo, te damos la bienvenida.
Al terminar de pronunciar estas palabras el lugar quedo en silencio, el aire susurraba suavemente refrescando sus sudorosos cuellos, el sonido de la nada es algo perturbador y maldito. El miembro mayor miro a su alrededor y no noto cambio alguno, así que frotando su túnica en su frente repitió las palabras.
-Purgabit anima vestra et liberabo carcere. et aperuerit mihi ianuam intrat orbem suscipiat.
Nuevamente el silencio gobernó aquel lúgubre lugar, el miembro mayor mostró cara de decepción y de incredulidad.
-Esto es solo una pérdida de tiempo. Dijo con voz burlona y repitió de nuevo.
-Purgabit anima vestra et liberabo… en ese momento fue interrumpido por una fuerte sacudida de la torre que lo hizo sujetarse de un pilar que se encontraba a su lado, el ambiente cambio, el susurrante aire se detuvo y una cálida brisa resopló en sus rostros. Sus túnicas comenzaron a quemarles y los cinco que sujetaban las velas gritaban mientras se las quitaban, no les importo no llevar nada debajo solo querían liberarse de aquel calor infernal, el miembro mayor sentía el infierno en su túnica pero no se la quito, solo miraba mi entras caía de rodillas al rocoso piso.
-Pronunciaste mal las palabras. Dijo una tétrica voz resonando en toda la torre. El miembro mayor desvanecido en el piso sintió como a sus espaldas algo se le acercaba al tiempo que sus ojos derramaban lagrimas de sangre al mirar que de la charola sobre la mesa se levantaban tétricas figuras amorfas formadas por las viseras sangrientas de la cabra, y que cada una de esos deformados seres atacaban a cada uno de aquellos cinco desafortunados que sujetaban las velas. Las criaturas se precipitaban sobre ellos atacando sus ojos sacándolos de sus órbitas para luego ser degollados lentamente.
–Las pronunciaste mal, pero… Dijo la tétrica voz ahora a las espaldas del miembro mayor. –Gracias por darnos la bienvenida, igualmente, las puertas de mi mundo, están abiertas. Y con una tétrica risa desapareció del lugar, dejando solo la sangrienta escena de mutilación.
El miembro mayor quedo vivo pero muerto por dentro, sus ojos quedaron perdidos en la nada mirando el oscuro abismo que había abierto. La inquisición lo declaro traidor al credo y fue acusado de hechicería y de prácticas paganas, y así, como antiguamente lo hacía fue condenado a morir en la hoguera como muchos inocentes que el mismo sacrifico.
Solo los miembros más poderosos del credo fueron testigos de la ejecución, así como de guardar el manuscrito como un documento pagano y de alto secreto, jamás debería ser visto por nadie mas así que lo colocaron en un baúl de madera que luego introdujeron en otro de plata y fue sepultado en lo más profundo de aquella torre.
De la ejecución se sabe poco, solo que al encender la hoguera el miembro no demostró temor alguno ni siquiera gritó, lo único que dijo al empezar a calcinarse fue;
-Las puertas de mi mundo, están abiertas. Y lentamente desapareció entre las llamas, dejando en este mundo, una temible maldición.
II – El Caso Del Dr. Madero.
Recuerdo muy bien aquel expediente médico, tome el caso medico como un trabajo más pero como siempre con el debido profesionalismo y pasión que le daba, me gustaba meterme de lleno en cada caso y tratar de ponerme en el lugar de cada uno de mis pacientes para ver por sus propios ojos que los afectaba. Era un medico algo estricto pero conmigo mismo, y apasionado de mi profesión, en el fondo creo que me sentía identificado con cada paciente ya que, cada ser humano tenemos temores y delirios dentro.
Mis tratamientos eran enfocados mas en lo mental que en lo físico, claro, nada se gana en torturar un paciente cuando el mal se encuentra en su mente. Las terapias de electro choques no eran de mi agrado ya que solo hacían sufrir al paciente encerrándolo en un mundo aun más oscuro. En mis años de profesión pude satisfactoriamente, volver en si a más de la mitad de mis pacientes, es curioso, siempre cada caso al final de él pensaba; -¿Los estaré salvando? Su mente perdida en la nada será una enfermedad o no. Al final siempre me ponía en duda si nuestra realidad era o no la enfermedad.
Mi vida transcurrió viviendo la vida de otros como buen actor acoge sus papeles yo acogía mis casos y los llevaba a otro nivel, ya fuese para su cura o en pocos casos, cerrarlos sin más remedio que el exilio para el paciente. Para muchos fui un héroe para pocos un santo pero realmente no fui más que un peón mas en este mundo en el cual, cualquiera, estando en el lugar correcto puede ser el héroe o villano que ese lugar decida. Mi nombre es... Bueno ya el uso de nombres es algo que no se usa mucho últimamente ya que los pocos seres humanos con vida no suele ser vistos paseando tranquilamente por las cálidas calles, pero en mis viejos tiempos me solían llamar Carlos Olivera y fui medico en el hospital psiquiátrico del valle y hace cinco años, días más o días menos, esto comenzó.
El caso #001 fue mi primer trabajo al llegar al valle y por asares del destino el ultimo, se trataba del médico al cual me disponía a reemplazar, en su historial se remarcaba su arduo amor por el trabajo en la institución además de su gusto por ser detallista en cada paciente que se le asignaba. A lo largo de su carrera trato a 297 pacientes siendo el caso #298 el que le pusiera fin a su carrera y bueno, a su cordura en general.
Su expediente se resumía así;
Caso #001
Paciente: Francisco Madero (Ex doctor de este centro médico)
Edad: 63 años.
Padecimiento: Demencia, psicosis y trastornos mentales severos.
Era claro que el doctor sufría de un padecimiento parecido al síndrome de Estocolmo en el que, en un secuestro la victima toma afecto de su secuestrador, bien, el Dr. Francisco Madero entro en un shock, debido a tantos casos que por su escritorio habían pasado, tomando como suyo uno de ellos, el del caso #298. Tome su caso porque era el de mayor urgencia en la institución además, el hecho de pasar de doctor a paciente en una sola noche me lleno de gran curiosidad.
Lo trate por varias semanas en las cuales no note cambio alguno, por las noches alucinaba diciendo que ellos vienen por él, viene por él, era imposible mantenerlo sin alguna fuente de luz ya que su demencia lo trastornaba y en su afán de buscar esa luz, lastimaba tanto al personal como así mismo. Llegue a un punto muerto en su caso y al no notar mejoría en casi tres meses decidí cerrarlo y dejarlo en espera de que por sí solo el tiempo fuera su medicina.
A lo largo de las semanas siguientes note como el ambiente en el hospital se tornaba más pesado y estresante, sin explicación cada día morían de dos a cinco pacientes en una aparente muerte natural pero que a gran escala era algo muy extraño. Los que permanecían con vida empezaron a mostrar síntomas muy parecidos a los del Dr. Maderos e incluso se tomaron medidas, toque de queda luego de las ocho de la noche cada enfermero y oficial de la seguridad debían recorrer cada pabellón del hospital vigilando la actitud de los pacientes. Pero lo que sucedió a continuación hizo que el hospital entrara en alerta roja.
De la noche a la mañana los pacientes mostraban un fuerte cambio tanto en su actitud y su aspecto, se volvieron hostiles y con una ardiente rabia, se lastimaban así mismo sin mostrar dolor alguno, de igual manera atacaban a los enfermeros causando la muerte de por lo menos ocho de ellos. La hostilidad llevo al personal del hospital a evacuar el centro psiquiátrico de manera masiva, se intento controlar la furia de los pacientes pero estos eran seres incontrolables.
Fui por mala fortuna uno de los últimos en salir y por esta razón pude ver por mis propios ojos lo que en este momento nos amenaza y que al cabo de cinco años tiene a la humanidad al filo de la extinción.
Fue espontaneo de la nada la oscuridad comenzó a cubrir el hospital, las luces se apagaban una detrás de la otra así como las lámparas de aceite que aun se usaban. Estaba en el área de descanso junto con una enfermera dos guardias y el conserje, estábamos debajo de las mesas mientras los guardias custodiaban las dos puertas que conducían al pasillo, se podían escuchar los lamentos de los pacientes que aun permanecían por así decirlo en su forma normal, al igual que los gritos de enfermeras a lo largo del piso. Se podían escuchar el azote de puertas acercándose, los pacientes en estado amorfo poseían una fuerza descomunal y su furia era insaciable.
Si se tenía la oportunidad de verlos de cerca se podía observar como su cuerpo sufría constantes cambios, sus palpitaciones podían estas a mil por segundo y al momento bajas a cero durante horas y aun así continuar con vida. Clínicamente era imposible que pudieran continuar con vida pero lo hacían, además del color verduzco musgo que su piel tomaba resaltaba su pérdida de cabello y el sangrado de sus ojos.
Era algo grotesco de ver porque su carne estaba muerta en vida y su vida, bueno ya no se le podía llamar vida era otro nivel en la evolución que no podíamos explicar ni con todo el avance medico del momento. No lo sé pero era algo que no era de este mundo.
-¡Abajo! Dijo uno de los guardias mientras cerraba la puerta lentamente, mire a una de las enfermeras que susurraba; -¡El doctor Madero tenía razón! ¡Tenía razón! La mire y quede pensativo, me cuestione a mi mismo sobre la verdad de la demencia del Dr. Madero ¿Estaba realmente loco? Me hice esa pregunta mientras escuchaba como la puerta era azotada con gran fuerza, y de luego de algunos fuertes golpes esta cayó.
III – El Área De Descanso.
El estrepitoso golpe de la puerta al caer elevó una densa nube de polvo, seguido de un silencio perturbador, los guardias se alejaron lentamente tomando refugio debajo de una mesa, yo me encontraba junto a las enfermeras y permanecimos cayados. Luego de unos breves segundos escuchamos pequeños pasos acercándose, por el astillado marco de la puerta cruzo una de estas criaturas a las cuales llamamos pacientes y eran semejantes a nosotros.
Pude notar un poco su figura a pesar del polvo que invadía el lugar, su cuerpo era delgado con heridas seguramente auto-provocadas, se podía notar una que otra costilla asomándose fuera de su pecho, sus brazos eran alargados dos veces del tamaño normal y sus manos con dedos alargados, esqueléticos y con uñas afiladas, sus piernas de igual manera duplicaban el tamaño normal. Su cabeza era agrandada con ojos rojos como fuego, su nariz achatada, orejas puntiagudas como las de un perro, con poco cabello y su boca era un puente de retorcidos y afilados colmillos chorreantes de sangre.
Quede inmóvil al ver aquello que se adentraba lentamente al área de descanso provocando sonidos como los de un canino al roer su más preciado hueso, se acercaba pero sabíamos que no nos había visto, note a las enfermeras alteradas y trate de calmarlas colocando mi mano en la cabeza de una de ellas mientras con la otra mano les hacia la señal de que guardaran silencio. Estábamos al acecho.
La criatura se acerco lentamente hasta llegar a la mesa en donde nos encontrábamos, podía ver a los guardias haciéndonos gestos de que no nos moviéramos, se acerco y coloco sus alargadas manos sobre la mesa, podía sentir la peste que despedía su aliento y gran medida su cuerpo que poco a poco se podría. No quería ser héroe así que hice caso a las señales de los guardias y no me moví. Bajé mi cabeza y cerré los ojos mientras que el sudor comenzó a cubrir mi cuerpo rápidamente, tenia aquel ser hostil a solo unos centímetros de mí y en cualquier momento, con cualquier movimiento, atacaría sin misericordia, ya lo había visto.
Mis palpitaciones se aceleraron y mi respiración comenzó a ser cada vez más fuerte, la criatura apoyada en la mesa olfateaba al aire esperando encontrar algún rastro de su próxima víctima, que sin duda alguna, seria yo pero, la atención de la criatura se desvió hacia los guardias quienes en un intento fallido de protegernos tiraron al piso algunas cosas que se encontraban sobre la mesa en la cual se refugiaban. La criatura se volteo y rápidamente se lanzó sobre uno de ellos tomando su cabeza y golpeándola fuertemente contra el piso hasta provocarle la muerte, el otro guardia tomo su arma y en un desesperado intento disparo contra la criatura impactándola en uno de sus hombros, pero, el impacto solo la hizo retroceder unos centímetros, el guardia nos miro y nos grito. -¡Largo, Salgan de aquí¡ Mientras apuntaba temblorosamente a la criatura, tome a las enfermeras y Salí corriendo por la puerta que llevaba al pasillo trasero, el conserje quedo en shock y no pudo correr, mientras corría podía escuchar sus gritos.
Salimos del área de descanso cerrando tras de nosotros la puerta, empuje una banca de metal y la coloque contra la puerta. Mire a las enfermeras, estaban con los nervios hechos añicos era normal podía entenderlas ya que yo me encontraba igual que ellas, dejamos atrás la puerta del área de descanso mientras escuchábamos los gritos dentro de ella.
IV – El Sótano.
El hospital estaba invadido por completo, desde el área de oficinas hasta las habitaciones de pacientes y las habitaciones de aislamiento estaban al acecho de las criaturas, estábamos en el segundo piso y nuestra única opción era tratar de llegar a la morgue que a la vez era un pequeño sótano medio acondicionado para por así decirlo, amontonar los cuerpos.
Sigilosamente caminamos hasta llegar a las escaleras, a pesar de todo esta parte del piso estaba libre de esas cosas pero aun así nos quedaban dos pisos más, pasar la recepción y tratar de no llamar la atención y en un intento suicida llegar a las escaleras que llevan al antes mencionado sótano.
Sin problemas llegamos hasta las escaleras y ágilmente bajamos sin hacer ruido, las enfermeras eran dos jóvenes de edades entre los veintidós y veinticinco años y que al igual que yo apenas comenzaban a trabajar en el hospital. Era algo injusto pero, era más injusto lo que se vivía a diario en el hospital con las terapias a las cuales me oponía rotundamente.
En la recepción una de las enfermeras se percato de una de estas criaturas vagando sin rumbo cerca de la puerta principal, con mi mano les señale que hicieran el menor ruido posible y que caminaran agachadas, caminamos sin ser vistos, eleve una plegaria en agradecimiento y bajamos escaleras abajo.
A punto de llegar otra duda se apodero de mí. ¿Y si los cadáveres en el sótano eran criaturas? Dije unas cuantas maldiciones veces a mi tonta idea de bajar, pero no había otra opción. Mire a las enfermeras y ellas a mí, las sentí decididas y más tranquilas.
-Doctor. Dijo una de ellas mientras tomaba mi mano. – Estamos con usted. Ambas sonrieron, pusieron tanto su confianza como su vida en mi decisión, no podía fallarles.
Bajé los pocos escalones que me faltaban, y llegue al pequeño pasillo que llevaba a la sala principal de la pequeña morgue y lentamente me deslice. Al asomarme el lugar estaba tranquilo, las viejas cámaras donde colocábamos los cuerpos estaban abiertos, los cuerpos había desaparecido y en cierta manera me sentía tranquilo y perturbado.
Llame a las enfermeras y caminamos por la pequeña morgue hacia la puerta que se encontraba al final del pasillo. Casi llegábamos, podía sentir como la tranquilidad se apoderaba de mi dé a pocos.
-Doctor, lo logramos. Dijo un de las enfermeras, seguido de esto escuchamos como los gritos de la segunda enfermera invadían el pasillo.
-¡Corran! Grito, mientras de su abdomen las garras de una de estas malditas criaturas se asomaban perforando órganos y piel, la enfermera con sus ojos cubiertos de lagrimas y su boca ensangrentada nos grito de nuevo.
-¡Corran!
El horror llego a mi ser cuando una segunda criatura apareció y coló sus manos en la cabeza de la enfermera, y de un continuo tirón la desprendió dejando el inerte cuerpo ya sin vida destilando sangre.
Tome la mano de la enfermera que me acompañaba, estaba inmóvil mirando el atroz acto, tire de ella y me encamine a la puerta que era la única salida de aquel lugar, salimos y al cerrar la puerta dentro del pasillo infernal pude escuchar un susurro que me heló la sangre.
-No pueden escapar.
Y lentamente, el susurro desapareció. Corrimos alejándonos rápidamente del hospital, a lo lejos podíamos ver a través de las ventanas los horrores que estos seres habían creado, cuerpos colgando así como un rojo intenso que cubría las ventana. El hospital fue el epicentro de este horror, por alguna razón el Dr. Madero tenía razón y ahora el también había perecido en esta maldita masacre demoníaca. Me aleje con la enfermera adentrándonos en el bosque con la esperanza de llegar a la ciudad de forma segura, la vida ya no era la misma para ninguno.
A lo lejos se escuchaban los gritos de los pocos que aun quedaban y que llegaban a ser alcanzados por las criaturas al igual que el sonido del viento entre las ramas nos hacia un excelente trasfondo de la tétrica noche que habíamos vivido, y con los primeros rayos del sol frente a nosotros, la tranquilidad nos acogió pero el helado frío no desaparecía y al recordar aquel susurro, mi alma se congelaba en ese oscuro momento.
De este relato y del anterior estoy haciendo un videojuego, es una adaptación. Sera un juego de horror en primera persona con narrativas en tiempo real.
espero les haya gustado.
En Las Puertas De La Demencia
I – La Inquisición.
Oscuridad. Desde el comienzo de los tiempos se considera la rival más poderosa de la luz, de sus mantos negros surge el poder necesario para opacar lentamente a la luz y devorarla hasta desaparecerla por completo. De ella muchas historias se cuentan, las antiguas civilizaciones la conectaban directamente con las fuerzas sobrenaturales y demoníacas.
Los ritos eran meramente de noche, se creía que el demonio más poderoso no podía sobrevivir a la luz y por eso se valían de la oscuridad para sus invocaciones y rituales paganos. La brujería fue en su momento y durante siglos el más claro ejemplo de lo que los rituales paganos se representaban, de ahí el método de aniquilación de las brujas, la hoguera. Claro, la mayoría de ellas eran inocentes que por culpa de la muy conocida inquisición morían en sacrificio a su santo credo, por no decir negocio.
La santa inquisición, un grupo de herejes que a nombre de una religión hacían su buen negocio, de ellos las más oscuras actividades paganas eran realizadas y para ocultar sus actos sometían a juicio a las denominadas brujas y aprovechándose del temor general de la gente podían manipularlas a su antojo.
De mano de sus muy respetados y temidos miembros se llevo a cabo una serie de ritos paganos a fuerzas que ni siquiera ellos podían controlar, en un viejo monasterio al oeste de Francia enclavado en lo más profundo de las montañas fue encontrado un antiguo manuscrito con ritos y canticos malditos. En un latín algo olvidado los miembros más destacados tomaron la decisión de llevar acabo aquel ritual que en el manuscrito se presentaba y así, formaron una secta exclusivamente para esa tarea.
En ese mismo monasterio decidieron hacer la invocación sin pensar si quiera en las consecuencias de sus actos, jugaban con fuego en un mundo de papel. En la torre principal del monasterio se llevo a cabo el ritual, esparcieron sal mezclada con cal por todo el piso y sobre ella dibujaron un extraño pentagrama del manuscrito, colocaron cinco personas sujetando una vela color negra cada una y vestidas únicamente con una túnica con capucha, en el centro del pentagrama colocaron una mesa y sobre ella una charola con las viseras de una cabra blanca y procedieron a encenderlas rociándolas con aceite.
El miembro mayor de la inquisición se coloco frente al pentagrama y con su habitual túnica blanca pronunció las palabras paganas de aquel manuscrito.
-Purgabit anima vestra et liberabo carcere. et aperuerit mihi ianuam intrat orbem suscipiat.
En traducción sería algo como; Purga tu ser y libérate de tu prisión. Abre la puerta y entra a nuestro mundo, te damos la bienvenida.
Al terminar de pronunciar estas palabras el lugar quedo en silencio, el aire susurraba suavemente refrescando sus sudorosos cuellos, el sonido de la nada es algo perturbador y maldito. El miembro mayor miro a su alrededor y no noto cambio alguno, así que frotando su túnica en su frente repitió las palabras.
-Purgabit anima vestra et liberabo carcere. et aperuerit mihi ianuam intrat orbem suscipiat.
Nuevamente el silencio gobernó aquel lúgubre lugar, el miembro mayor mostró cara de decepción y de incredulidad.
-Esto es solo una pérdida de tiempo. Dijo con voz burlona y repitió de nuevo.
-Purgabit anima vestra et liberabo… en ese momento fue interrumpido por una fuerte sacudida de la torre que lo hizo sujetarse de un pilar que se encontraba a su lado, el ambiente cambio, el susurrante aire se detuvo y una cálida brisa resopló en sus rostros. Sus túnicas comenzaron a quemarles y los cinco que sujetaban las velas gritaban mientras se las quitaban, no les importo no llevar nada debajo solo querían liberarse de aquel calor infernal, el miembro mayor sentía el infierno en su túnica pero no se la quito, solo miraba mi entras caía de rodillas al rocoso piso.
-Pronunciaste mal las palabras. Dijo una tétrica voz resonando en toda la torre. El miembro mayor desvanecido en el piso sintió como a sus espaldas algo se le acercaba al tiempo que sus ojos derramaban lagrimas de sangre al mirar que de la charola sobre la mesa se levantaban tétricas figuras amorfas formadas por las viseras sangrientas de la cabra, y que cada una de esos deformados seres atacaban a cada uno de aquellos cinco desafortunados que sujetaban las velas. Las criaturas se precipitaban sobre ellos atacando sus ojos sacándolos de sus órbitas para luego ser degollados lentamente.
–Las pronunciaste mal, pero… Dijo la tétrica voz ahora a las espaldas del miembro mayor. –Gracias por darnos la bienvenida, igualmente, las puertas de mi mundo, están abiertas. Y con una tétrica risa desapareció del lugar, dejando solo la sangrienta escena de mutilación.
El miembro mayor quedo vivo pero muerto por dentro, sus ojos quedaron perdidos en la nada mirando el oscuro abismo que había abierto. La inquisición lo declaro traidor al credo y fue acusado de hechicería y de prácticas paganas, y así, como antiguamente lo hacía fue condenado a morir en la hoguera como muchos inocentes que el mismo sacrifico.
Solo los miembros más poderosos del credo fueron testigos de la ejecución, así como de guardar el manuscrito como un documento pagano y de alto secreto, jamás debería ser visto por nadie mas así que lo colocaron en un baúl de madera que luego introdujeron en otro de plata y fue sepultado en lo más profundo de aquella torre.
De la ejecución se sabe poco, solo que al encender la hoguera el miembro no demostró temor alguno ni siquiera gritó, lo único que dijo al empezar a calcinarse fue;
-Las puertas de mi mundo, están abiertas. Y lentamente desapareció entre las llamas, dejando en este mundo, una temible maldición.
II – El Caso Del Dr. Madero.
Recuerdo muy bien aquel expediente médico, tome el caso medico como un trabajo más pero como siempre con el debido profesionalismo y pasión que le daba, me gustaba meterme de lleno en cada caso y tratar de ponerme en el lugar de cada uno de mis pacientes para ver por sus propios ojos que los afectaba. Era un medico algo estricto pero conmigo mismo, y apasionado de mi profesión, en el fondo creo que me sentía identificado con cada paciente ya que, cada ser humano tenemos temores y delirios dentro.
Mis tratamientos eran enfocados mas en lo mental que en lo físico, claro, nada se gana en torturar un paciente cuando el mal se encuentra en su mente. Las terapias de electro choques no eran de mi agrado ya que solo hacían sufrir al paciente encerrándolo en un mundo aun más oscuro. En mis años de profesión pude satisfactoriamente, volver en si a más de la mitad de mis pacientes, es curioso, siempre cada caso al final de él pensaba; -¿Los estaré salvando? Su mente perdida en la nada será una enfermedad o no. Al final siempre me ponía en duda si nuestra realidad era o no la enfermedad.
Mi vida transcurrió viviendo la vida de otros como buen actor acoge sus papeles yo acogía mis casos y los llevaba a otro nivel, ya fuese para su cura o en pocos casos, cerrarlos sin más remedio que el exilio para el paciente. Para muchos fui un héroe para pocos un santo pero realmente no fui más que un peón mas en este mundo en el cual, cualquiera, estando en el lugar correcto puede ser el héroe o villano que ese lugar decida. Mi nombre es... Bueno ya el uso de nombres es algo que no se usa mucho últimamente ya que los pocos seres humanos con vida no suele ser vistos paseando tranquilamente por las cálidas calles, pero en mis viejos tiempos me solían llamar Carlos Olivera y fui medico en el hospital psiquiátrico del valle y hace cinco años, días más o días menos, esto comenzó.
El caso #001 fue mi primer trabajo al llegar al valle y por asares del destino el ultimo, se trataba del médico al cual me disponía a reemplazar, en su historial se remarcaba su arduo amor por el trabajo en la institución además de su gusto por ser detallista en cada paciente que se le asignaba. A lo largo de su carrera trato a 297 pacientes siendo el caso #298 el que le pusiera fin a su carrera y bueno, a su cordura en general.
Su expediente se resumía así;
Caso #001
Paciente: Francisco Madero (Ex doctor de este centro médico)
Edad: 63 años.
Padecimiento: Demencia, psicosis y trastornos mentales severos.
Era claro que el doctor sufría de un padecimiento parecido al síndrome de Estocolmo en el que, en un secuestro la victima toma afecto de su secuestrador, bien, el Dr. Francisco Madero entro en un shock, debido a tantos casos que por su escritorio habían pasado, tomando como suyo uno de ellos, el del caso #298. Tome su caso porque era el de mayor urgencia en la institución además, el hecho de pasar de doctor a paciente en una sola noche me lleno de gran curiosidad.
Lo trate por varias semanas en las cuales no note cambio alguno, por las noches alucinaba diciendo que ellos vienen por él, viene por él, era imposible mantenerlo sin alguna fuente de luz ya que su demencia lo trastornaba y en su afán de buscar esa luz, lastimaba tanto al personal como así mismo. Llegue a un punto muerto en su caso y al no notar mejoría en casi tres meses decidí cerrarlo y dejarlo en espera de que por sí solo el tiempo fuera su medicina.
A lo largo de las semanas siguientes note como el ambiente en el hospital se tornaba más pesado y estresante, sin explicación cada día morían de dos a cinco pacientes en una aparente muerte natural pero que a gran escala era algo muy extraño. Los que permanecían con vida empezaron a mostrar síntomas muy parecidos a los del Dr. Maderos e incluso se tomaron medidas, toque de queda luego de las ocho de la noche cada enfermero y oficial de la seguridad debían recorrer cada pabellón del hospital vigilando la actitud de los pacientes. Pero lo que sucedió a continuación hizo que el hospital entrara en alerta roja.
De la noche a la mañana los pacientes mostraban un fuerte cambio tanto en su actitud y su aspecto, se volvieron hostiles y con una ardiente rabia, se lastimaban así mismo sin mostrar dolor alguno, de igual manera atacaban a los enfermeros causando la muerte de por lo menos ocho de ellos. La hostilidad llevo al personal del hospital a evacuar el centro psiquiátrico de manera masiva, se intento controlar la furia de los pacientes pero estos eran seres incontrolables.
Fui por mala fortuna uno de los últimos en salir y por esta razón pude ver por mis propios ojos lo que en este momento nos amenaza y que al cabo de cinco años tiene a la humanidad al filo de la extinción.
Fue espontaneo de la nada la oscuridad comenzó a cubrir el hospital, las luces se apagaban una detrás de la otra así como las lámparas de aceite que aun se usaban. Estaba en el área de descanso junto con una enfermera dos guardias y el conserje, estábamos debajo de las mesas mientras los guardias custodiaban las dos puertas que conducían al pasillo, se podían escuchar los lamentos de los pacientes que aun permanecían por así decirlo en su forma normal, al igual que los gritos de enfermeras a lo largo del piso. Se podían escuchar el azote de puertas acercándose, los pacientes en estado amorfo poseían una fuerza descomunal y su furia era insaciable.
Si se tenía la oportunidad de verlos de cerca se podía observar como su cuerpo sufría constantes cambios, sus palpitaciones podían estas a mil por segundo y al momento bajas a cero durante horas y aun así continuar con vida. Clínicamente era imposible que pudieran continuar con vida pero lo hacían, además del color verduzco musgo que su piel tomaba resaltaba su pérdida de cabello y el sangrado de sus ojos.
Era algo grotesco de ver porque su carne estaba muerta en vida y su vida, bueno ya no se le podía llamar vida era otro nivel en la evolución que no podíamos explicar ni con todo el avance medico del momento. No lo sé pero era algo que no era de este mundo.
-¡Abajo! Dijo uno de los guardias mientras cerraba la puerta lentamente, mire a una de las enfermeras que susurraba; -¡El doctor Madero tenía razón! ¡Tenía razón! La mire y quede pensativo, me cuestione a mi mismo sobre la verdad de la demencia del Dr. Madero ¿Estaba realmente loco? Me hice esa pregunta mientras escuchaba como la puerta era azotada con gran fuerza, y de luego de algunos fuertes golpes esta cayó.
III – El Área De Descanso.
El estrepitoso golpe de la puerta al caer elevó una densa nube de polvo, seguido de un silencio perturbador, los guardias se alejaron lentamente tomando refugio debajo de una mesa, yo me encontraba junto a las enfermeras y permanecimos cayados. Luego de unos breves segundos escuchamos pequeños pasos acercándose, por el astillado marco de la puerta cruzo una de estas criaturas a las cuales llamamos pacientes y eran semejantes a nosotros.
Pude notar un poco su figura a pesar del polvo que invadía el lugar, su cuerpo era delgado con heridas seguramente auto-provocadas, se podía notar una que otra costilla asomándose fuera de su pecho, sus brazos eran alargados dos veces del tamaño normal y sus manos con dedos alargados, esqueléticos y con uñas afiladas, sus piernas de igual manera duplicaban el tamaño normal. Su cabeza era agrandada con ojos rojos como fuego, su nariz achatada, orejas puntiagudas como las de un perro, con poco cabello y su boca era un puente de retorcidos y afilados colmillos chorreantes de sangre.
Quede inmóvil al ver aquello que se adentraba lentamente al área de descanso provocando sonidos como los de un canino al roer su más preciado hueso, se acercaba pero sabíamos que no nos había visto, note a las enfermeras alteradas y trate de calmarlas colocando mi mano en la cabeza de una de ellas mientras con la otra mano les hacia la señal de que guardaran silencio. Estábamos al acecho.
La criatura se acerco lentamente hasta llegar a la mesa en donde nos encontrábamos, podía ver a los guardias haciéndonos gestos de que no nos moviéramos, se acerco y coloco sus alargadas manos sobre la mesa, podía sentir la peste que despedía su aliento y gran medida su cuerpo que poco a poco se podría. No quería ser héroe así que hice caso a las señales de los guardias y no me moví. Bajé mi cabeza y cerré los ojos mientras que el sudor comenzó a cubrir mi cuerpo rápidamente, tenia aquel ser hostil a solo unos centímetros de mí y en cualquier momento, con cualquier movimiento, atacaría sin misericordia, ya lo había visto.
Mis palpitaciones se aceleraron y mi respiración comenzó a ser cada vez más fuerte, la criatura apoyada en la mesa olfateaba al aire esperando encontrar algún rastro de su próxima víctima, que sin duda alguna, seria yo pero, la atención de la criatura se desvió hacia los guardias quienes en un intento fallido de protegernos tiraron al piso algunas cosas que se encontraban sobre la mesa en la cual se refugiaban. La criatura se volteo y rápidamente se lanzó sobre uno de ellos tomando su cabeza y golpeándola fuertemente contra el piso hasta provocarle la muerte, el otro guardia tomo su arma y en un desesperado intento disparo contra la criatura impactándola en uno de sus hombros, pero, el impacto solo la hizo retroceder unos centímetros, el guardia nos miro y nos grito. -¡Largo, Salgan de aquí¡ Mientras apuntaba temblorosamente a la criatura, tome a las enfermeras y Salí corriendo por la puerta que llevaba al pasillo trasero, el conserje quedo en shock y no pudo correr, mientras corría podía escuchar sus gritos.
Salimos del área de descanso cerrando tras de nosotros la puerta, empuje una banca de metal y la coloque contra la puerta. Mire a las enfermeras, estaban con los nervios hechos añicos era normal podía entenderlas ya que yo me encontraba igual que ellas, dejamos atrás la puerta del área de descanso mientras escuchábamos los gritos dentro de ella.
IV – El Sótano.
El hospital estaba invadido por completo, desde el área de oficinas hasta las habitaciones de pacientes y las habitaciones de aislamiento estaban al acecho de las criaturas, estábamos en el segundo piso y nuestra única opción era tratar de llegar a la morgue que a la vez era un pequeño sótano medio acondicionado para por así decirlo, amontonar los cuerpos.
Sigilosamente caminamos hasta llegar a las escaleras, a pesar de todo esta parte del piso estaba libre de esas cosas pero aun así nos quedaban dos pisos más, pasar la recepción y tratar de no llamar la atención y en un intento suicida llegar a las escaleras que llevan al antes mencionado sótano.
Sin problemas llegamos hasta las escaleras y ágilmente bajamos sin hacer ruido, las enfermeras eran dos jóvenes de edades entre los veintidós y veinticinco años y que al igual que yo apenas comenzaban a trabajar en el hospital. Era algo injusto pero, era más injusto lo que se vivía a diario en el hospital con las terapias a las cuales me oponía rotundamente.
En la recepción una de las enfermeras se percato de una de estas criaturas vagando sin rumbo cerca de la puerta principal, con mi mano les señale que hicieran el menor ruido posible y que caminaran agachadas, caminamos sin ser vistos, eleve una plegaria en agradecimiento y bajamos escaleras abajo.
A punto de llegar otra duda se apodero de mí. ¿Y si los cadáveres en el sótano eran criaturas? Dije unas cuantas maldiciones veces a mi tonta idea de bajar, pero no había otra opción. Mire a las enfermeras y ellas a mí, las sentí decididas y más tranquilas.
-Doctor. Dijo una de ellas mientras tomaba mi mano. – Estamos con usted. Ambas sonrieron, pusieron tanto su confianza como su vida en mi decisión, no podía fallarles.
Bajé los pocos escalones que me faltaban, y llegue al pequeño pasillo que llevaba a la sala principal de la pequeña morgue y lentamente me deslice. Al asomarme el lugar estaba tranquilo, las viejas cámaras donde colocábamos los cuerpos estaban abiertos, los cuerpos había desaparecido y en cierta manera me sentía tranquilo y perturbado.
Llame a las enfermeras y caminamos por la pequeña morgue hacia la puerta que se encontraba al final del pasillo. Casi llegábamos, podía sentir como la tranquilidad se apoderaba de mi dé a pocos.
-Doctor, lo logramos. Dijo un de las enfermeras, seguido de esto escuchamos como los gritos de la segunda enfermera invadían el pasillo.
-¡Corran! Grito, mientras de su abdomen las garras de una de estas malditas criaturas se asomaban perforando órganos y piel, la enfermera con sus ojos cubiertos de lagrimas y su boca ensangrentada nos grito de nuevo.
-¡Corran!
El horror llego a mi ser cuando una segunda criatura apareció y coló sus manos en la cabeza de la enfermera, y de un continuo tirón la desprendió dejando el inerte cuerpo ya sin vida destilando sangre.
Tome la mano de la enfermera que me acompañaba, estaba inmóvil mirando el atroz acto, tire de ella y me encamine a la puerta que era la única salida de aquel lugar, salimos y al cerrar la puerta dentro del pasillo infernal pude escuchar un susurro que me heló la sangre.
-No pueden escapar.
Y lentamente, el susurro desapareció. Corrimos alejándonos rápidamente del hospital, a lo lejos podíamos ver a través de las ventanas los horrores que estos seres habían creado, cuerpos colgando así como un rojo intenso que cubría las ventana. El hospital fue el epicentro de este horror, por alguna razón el Dr. Madero tenía razón y ahora el también había perecido en esta maldita masacre demoníaca. Me aleje con la enfermera adentrándonos en el bosque con la esperanza de llegar a la ciudad de forma segura, la vida ya no era la misma para ninguno.
A lo lejos se escuchaban los gritos de los pocos que aun quedaban y que llegaban a ser alcanzados por las criaturas al igual que el sonido del viento entre las ramas nos hacia un excelente trasfondo de la tétrica noche que habíamos vivido, y con los primeros rayos del sol frente a nosotros, la tranquilidad nos acogió pero el helado frío no desaparecía y al recordar aquel susurro, mi alma se congelaba en ese oscuro momento.
De este relato y del anterior estoy haciendo un videojuego, es una adaptación. Sera un juego de horror en primera persona con narrativas en tiempo real.

espero les haya gustado.