La teogonía de Babilonia la consideraba un súcubo, demonio femenino que se alimenta de la energìa del varón. Se le considera una de las corruptoras de Semyaza, o Samiaxas líder de los 200 arcángeles que se rebelaron contra el ser supremo.
Recogida la creencia babilónica en Nahemah, los hebreos la hacen pareja de Samael, a quien suele confundirse con Satanás, la incorporan a su folclore y sus tradiciones y se hace referencia a ella en el Zohar. Es una de los cuatro ángeles de la prostitución. Igual que Lilith, se hace amante de Adán y termina confinada en el litoral del Mar Rojo. Se le considera madre de Asmodai, un íncubo, demonio que vampiriza a las mujeres robándoles su energía sexual.
De acuerdo con la tradición, visitó la corte de Salomón en compañía de Lilith. Tan terrible era el maligno poder de las dos diablesas que el rey y sabio Salomón nos legó una conjuración con la cual se les ahuyenta, conocida como la Conjuración de los Siete.
Es una mujer muy parecida a Lilith, aunque de aspecto menos juvenil.
Nahemah es la responsable de la lujuria desenfrenada de los adúlteros, de las pasiones ilícitas y todas las tragedias ligadas a estos excesos, así como Lilith es culpable de infanticidios, pederastias y toda clase de conductas sexuales consideradas contranaturales por los estrictos criterios de Moisés y los rabinos.
Bajo el influjo de Nahemah “encontramos dulzura que conmueve el alma. Virginidades que seducen con el encanto de sus ternuras. Mujeres bellísimas que seducen. Hombres que abandonan sus hogares hechizados por el encanto de esas beldades preciosísimas. Embelesos indescriptibles. Pasiones incontenibles, salones preciosísimos, elegantes cabarets, lechos mullidos, bailes deliciosos, orquestas del abismo, palabras de romance que no se pueden olvidar…” según cuenta Samael Aun Weor en su extensa obra.
Finalmente, reprobando el celibato (otro acto reprobable a la luz de latradición hebrea) Eliphas Levi comenta:
“Hay… almas de hombres que nacen viudos, y cuyas esposas están retenidas como cautivas por Lilith y por Naemah, las reinas de las Strigas; estas son las almas que tienen que espiar la temeridad de un voto de celibato. Así, cuando un hombre renuncia el amor de las mujeres, hace esclava de los demonios de la perversidad a la esposa que le estaba destinada. Las almas crecen y se multiplican en el cielo, así como los cuerpos lo hacen en la tierra. Las almas inmaculadas son las hijas de los besos de los ángeles.”
Así que ya saben, chamacos mejor le dejamos de tener miedo a la Llorona y el nahual y nos cuidamos de las dos bellas pelirrojas, Lilith y Nahemah.