EL RICTUS DE UNA AGÓNICA DEMOCRACIA LATINOAMERICANA
«Los hombres se gastaron la vida y democracia que tuvieron» (Jules MACDONALD PETROVICH, New Jersey, 1970)
Por Alberto JIMÉNEZ URE
(@[email protected])
La «Democracia Latinoamericana» es respecto a las libertades un corpus herido de gravedad: agónico y que, con rudeza extrema, sucio, desnudo y amordazado, fue atornillado a una camilla/cruz de hospital ante el cual sus médicos y enfermeras (que también verdugos) no pronuncian plegarias. Está moribunda y sus dolientes sin fe por su recuperación ¿Por qué? -intentar «salvarla» comporta emprender «actos insurreccionales» (reanimaciones cardiopulmonares, RCP) que no garantizan su recuperación: sino, el nacimiento sobre su mortaja de una espiguilla que rauda crecerá para transformarse en una especie de peligroso manzanillo arbóreo.
A nuestra jamás fidedigna «democracia» la flanquean cuatro clases de alimañas: las «letales con pertrechos», «parias cooperantes», «concubinas» y «observadoras ciegas». Aun cuando ya fueren gozosas de providencias administrativas, todas esperan que fallezca para distribuirse, en desiguales porciones y conforme al Organigrama del Funcionariado Forajido de Estado, los «réditos» (caso que todavía hubiere) En cuanto a quienes somos epígonos o vasallos/esclavos o la Vulgata, no importará cómo nos auto-califiquemos u otros lo hagan, nunca seremos convidados al reparto de la tarta: pero, proseguiremos hacia La Nada que está en no se sabe dónde y que a todos en silencio aguarda.
Una tarde entre jóvenes, pócimas, disertaciones políticas y empatías, mi amigo (precoz filósofo/catedrático) Jules MACDONAL PETROVICH me dijo lo siguiente en un hermoso parque del Estado de New Jersey: «[…] Afirmo que ninguna entidad, objeto o sendero bifurcado nos aguarda donde la muerte arropa, porque nada es realmente en la existencia […]» Recuerdo que su enunciado produjo confusión a la mayoría en juerga improvisada, pero no a mí. Le repliqué:
-«[…] Si algo confiere sentido a la existencia es sospechar que podríamos estar realmente vivos, felices y fraternos: que, por ello, de la Libertad somos dolientes […]»
Jules me miró fijamente. Urdía la forma de vindicar mi pensamiento refutándolo. Bebió intenso, desvió su mirada hacia cualquier parte y luego pronunció: «[…] The mens spent what life, and democracy also, they had […]» (Los hombres se gastaron la vida y democracia que tuvieron) No quiero presumir que ambos fuimos anticipados virtud a ningún don extraordinario. Los seres humanos, en general, somos aptos para presagiar a partir de cada suceso des o afortunado. Si cada amanecer nos afecta los sentidos será por tangible. Tuvimos algo que fue una democracia caricaturesca, pero pujábamos con el propósito de hacerla real. Luego de tantos tormentos, las hijas e hijos de esa imperfecta que fueron investidos de mando para lograr su florecimiento la han denostado e infligido inmenso daño.