JURESCRITOR
Usuario (Venezuela)

«[…] No soy anticomunista porque defienda millones de próceres impresos que no poseo, sino por pertenecer a la Clase Social de los Hombres Libres […]» Por José SANT ROZ Una obra que no tiene padrinos, surgida del dolor y la fidelidad que tiene el autor a su propia tragedia; que vivirá por sí misma, sin muletas ni las pamplinas de las cofradías intelectuales. Escrita y –tal vez- sufrida aquí, en Mérida: ciudad singular de locos madrugadores, pacíficos, novelescos. Desde muy temprano, estos personajes (en sus atavíos de un rigor antiguo) comienzan a ejercer sus rituales extraños. Por la Avenida «Los Próceres», CORREDOR (cinta roja en la cabeza y zapatos en las manos) hace el trayecto de diez kilómetros: desde la sede de Los Bomberos hasta La Hechicera. «EL GENERAL» perora sus profecías frente a la «Catedral» y Amador (aseador empedernido) recoge los desperdicios del tráfico ciudadano. Mientras converso con Alberto –en el Cafetín «París» del «Boulevard del Rectorado» de Universidad de Los Andes- una señora morena, claramente trastornada, va llenando nuestro diálogo de una especie de «canto árabe»: «triste» y «sagrado» -Si tuviéramos sólo entre «locos» como éstos –le digo a JIMÉNEZ URE- no tendrías motivos para escribir una novela como Aberraciones […] -Esos «locos» -me responde- son quizá los «puros», quienes no temieron perderlo todo y viven inmunes a la propia «demencia» y libres de reyertas […] -¿Cuál es la intención argumental de tu nueva novela? -Siempre quise escribir una lo suficientemente representativa de los acaecimientos más absurdos de la existencia de los hombres, de los ciudadanos que conforman una sociedad arquetípica. La intención argumental de mi narración es –aparte de expresar mis reflexiones u obsesiones filosóficas- presentar al mundo despojado de antifaces. -¿Es la República de Pathos (así se llama el país de tu libro) nuestra infernal Venezuela? -Nuestro país es, según muchas personas, política y económicamente infernal. Para mí éste país es un infierno filosófico. Ello abarca todo: ni la población más «culta» tiene claro cuáles son los intereses que debe defender. Observa y calla en vez de intervenir, transformar o reparar la concupiscencia. La República de Pathos es, como su nombre lo indica, una «nación con patologías». Venezuela experimenta, como esa de mi invención, episodios en los cuales su destino está dictado por seres fachudos y psicópatas. Similar a Federico FLAVIOS, Luis MONTALVA o BIOY CEPEDA (varios de los personajes de Aberraciones), algunos de nuestros políticos están en extremo perturbados. Pese a ello, previo sufragio, logran representarnos jurídicamente ante el Estado. -¿Por qué describes con tanto «horror» la condición humana? -La existencia del Hombre sobre la Tierra ha estado signada –la Historia así lo advierte- por el «horror». La condición humana no es sino una cualidad más abominable que la de los animales tenidos por irracionales. Porque, entre matar por instinto de supervivencia o motivos abstractos hay un enorme y demarcador surco. Cuando un individuo persigue a otro que no comparte sus opiniones, cuando no sólo lo caza sino que lo asesina u hostiga, no hace algo diferente a dar forma y vigencia al «horror». En mis textos, el «horror» no es «ficción»: es cotidianidad. El denominado «Ser Humano» no es sino un monstruo cuyo poder para ejecutar acciones aborrecibles aumenta con su inteligencia. -¿Quién es el escritor Federico FLAVIOS de tu novela? -Cualquier persona capaz de vivir sin freno. Un demente. Ese que destaca entre tantos tipejos que pueblan el Mundo con su fe por la «doble moral». -¿No estarán descritos en Aberraciones ciertos intelectuales? -En los ámbitos de intelectuales suele haber perversiones, tantas o más que en los políticos. Si no perjudicaran a inocentes, no importaría que tales se entregasen a sus fantasías. En mi trama está explícita la descomposición de nuestra sociedad en general: esa en la cual la gente honorable no tiene la relevancia del rufián. -Con frecuencia se dice que los novelistas son detectores de la descomposición de los países donde viven […] ¿Por qué –precisamente- ustedes? -Porque somos grandes observadores, estudiosos y detractores de todo cuanto acaece. Me incluyo en el reducidísimo y disperso grupo de hacedores que mantiene una actitud dura y combativa frente a los corrompidos que representan al Estado. Lo hago porque temo ver algún día abolida una democracia todavía salvable […] «[…] una nación se descompone filosóficamente cuando su destino depende de los corruptos, encubridores, soberbios, de los propulsores del dispendio, sectarismo e ignorancia: es decir, de los imbéciles con poder […]» -¿Por qué en tu novela no hay soluciones? -No fue concebida cual «antídoto» ante una enfermedad obviamente infecciosa. -¿Recomendarías a un hijo tuyo la lectura de un libro tan terrible como Aberraciones? -Mi literatura no es para niños. Para adolescentes o adultos con cierta madurez intelectual. Tengo un hijo de once años que ha leído casi todos mis libros. En su colegio, allá en Barquisimeto, él escribió un cuento cruel probablemente influido por mis historias. Una de sus profesoras se preocupó. Le habían dado la tarea de elaborar una noticia y narró un extraño crimen. Aun cuando leyó mis libros contra mi voluntad, no creo que mis textos lo hayan atrofiado. Es un chico inteligente y reflexivo. -No podemos leer tu libro sin sentir cierto asco. ¿Cómo te las arreglas para vivir con dignidad en un ambiente tan corrompido como el actual y que tú, de muchas formas, delatas? -Evito convertirme en militante de un partido político y también a los ociosos que a ellos semejan. No puedo ser amigo de alguien que no realice alguna actividad civil. Detesto a los flojos, intrigantes e inútiles: a los viciosos y rufianes «con o sin frac» -¿No te parece el juego intelectual un juego de «habilidades intrascendentes»? -No debes generalizar. Los «poetastros», «literatotastros» o «literatofastros» sólo dominan algunas parcelas de la Burocracia Cultural. No todo el «medio-ambiente intelectual» es presa de los habilidosos. -¿Estás de acuerdo con quienes sostienen que la mayoría de nuestros escritores, sin dudas por falta de talento, acaban volviéndose serviles de agrupaciones políticas de moda? -Con quienes adhieren a la tesis según la cual nuestros intelectuales tienden a volverse serviles de la «izquierda», fundamentalmente porque ha estado «de moda» en el curso de los últimos treinta años. Una «izquierda» que goza de cierta ascendencia en la Burocracia Cultural Nacional, entre los «socialdemócratas» y «socialcristianos» cuando están en el poder del mando. Bogo por la libertad intelectual de todos los habitantes del planeta. --¿Te han ayudado la Filosofía y el Psicoanálisis en la confección de tus narraciones? -Mis libros exhiben esas influencias. Eso lo han dicho varios críticos «serios». Tanto que «los otros», los «irresponsables», se han ensañado contra mí porque no entienden o rechazan que la literatura pueda no ser la descripción «mecánica» de ambientes «fatuos» y «bucólicos». Lo «conjetural» fija las diferencias entre la formulación periodística y literaria. -¿Te satisfizo moralmente la culminación de una novela como Aberraciones? -Con ella desahogué todo cuanto opino del Hombre. Admito que hubo momentos en los cuales me sentía mal escribiéndola, pero, ulteriormente, me convencí que no es tan despreciable o absurda como la realidad. -¿Es el Ser Pensante una persona acorralada en Venezuela? -Los «seres pensantes» somos calificados como «peligrosos» para la estabilidad de una burocracia oficiosa e ineficaz. Ciertos individuos temen a lo que escribo cuando deberían estudiarme. -Pero, también te han perseguido […] -Apoyándose en sus investiduras, me han preterido los cobardes. Como en las naciones democráticas el poder es efímero, un ejercicio temporal o episódico, pronto quien sitia u hostiga a otro por motivos ideológicos o morales termina en un hospicio. -Por enfrentar a comunistas, muchos te señalan como subvencionado de la Central de Inteligencia Americana (CIA). Sin embargo, quienes te conocemos sabemos que vives muy modestamente. ¿De cuál profunda convicción nace su rechazo al Comunismo) -No nace –precisamente- del hecho de formar parte de la CIA. La «izquierda» venezolana y latinoamericana toda es tan idiota que acusa de funcionario de ese organismo a todos sus opositores. Respeto y justifico la existencia de la Central de Inteligencia Americana. «[…] Me parece una organización importante y necesaria para la estabilidad de Democracia en el Mundo. Así como existe para la seguridad y defensa de los intereses de EEUU, igual la KGB para proteger y diseminar las ideas comunistas […] «[…] El Comunismo que surge posterior al Mutualismo Proudhoniano: es un sistema político-económico infantil, fantasioso, irresponsable. Un sueño custodiado por milicianos ávidos de cometer asesinatos. No soy anticomunista porque defienda millones de próceres impresos que no poseo, sino por pertenecer a la Clase Social de los Hombres Libres […]» (En el diario El Universal, Caracas, el 15-11-1987) José SANT ROZ (José RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ) Nació en Guárico, Venezuela, 1944. Profesor universitario, investigador, impulsor y colaborador de diversos medios alternativos, analista político y testigo crítico del acontecer histórico nacional. Ha publicado: Los verdaderos golpistas (1998), Obispos o demonios (2000), Capos de toga y birrete (2001), El Jackson granadino (2001), Argenis Rodríguez, calificación desesperada (2002), Las putas de los medios (2002), Bolívar y Chávez (2003), Gustavo Cisneros, una falacia global (2004), Entre el levante y el poniente (2006); y Bolívar y Santander. Con la obra El Procónsul Rómulo Betancourt se hizo merecedor, en 2008, del Premio al Pensamiento Bolívar y Martí. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (Venezuela), con un doctorado en Teoría Combinatoria. Es autor de más de veinte libros que abordan el tema de los conflictos políticos en Venezuela y Colombia desde el siglo XVIII, entre ellos: Conjura Constitucional, ediciones Ministerio de Educación, Caracas, 1986; Colombia en un Soplo, Consejo de Publicaciones de la ULA, 1987; Toque de Queja. Episodios de la vida del General Francisco de Paula Santander, (novela), Ediciones Centauro, de José Agustín Catalá (aporrea.org)

«Sin previa consulta, nos engendran: empero, nacemos para ser irrestrictamente libres y debemos vivir o morir conforme a ese precepto» Por Alberto JIMÉNEZ URE EXPOSICIÓN DE MOTIVOS Perceptibles las múltiples e inagotables abominaciones urdidas, ejecutadas e internacionalizadas por los forajidos del Mundo. Hechos que, en «concierto y alevosamente», configuran crímenes lesivos contra quienes, desprovistos de armas, somos ciudadanos. […] Visto que los malvivientes no cesan en sus propósitos de mantener una ilícita preponderancia mediante «Internacionales y Delictivos Actos Gobierno», en perjuicio de la Institucionalidad de la Moral Inmutable y Universal que nos sostiene a los descendientes y testigos […] […] Visto que, con «fútiles pretextos religiosos» o «ideológicos», tras blandir sin blindar los «Mandamientos dictados a Moisés» por Entidad Oculta y en la «Torá» explícitos; y en el «Corán», que procedió a la recitación («Mishná») del profeta Mahoma para finalmente dar forma al «Islamismo»; y en la provecta «Theravada» de Siddhartha Gautama o Buda, que edificó al «Hinduismo»; y, también sin menoscabo, igual cito al venerable Confuccio (autor intelectual del «Confucionismo», fundamentado en los Cuatro Libros: «I Ching o «Yijing», «Shih Ching» o «de la Poesía», «Li Chi o Liji» y «Ch’un Ch’iu» o «Chunqiu»). E, inclusive, al «Auténtico que la Lux Porta», que ilumina en Las Tinieblas y cuyo más difundido y apócrifo nombre no puede ser mencionado en las leyes de las y los mortales […] […] Visto que los «nada hombres ni corajudos» han elegido, con la ventaja que les confieren instrumentos letales (de libre adquisición en la Mercadería del Crimen Organizado y la Diplomafia Transterritorial), cometer violaciones que a la Humanidad socavan […] Yo, mayor de edad, hábil y domiciliado en el Planeta Tierra; en ejercicio de mis atribuciones como «Individuo Civil y sin Fronteras», elevo (éste) mi «Proyecto de Carta Magna para el Mundo» (PCMPM): ARTÍCULO PRIMERO.- No se admitirá la defensa de ninguna lucubración que propenda a persuadir que el Mundo tiene írritos «aventajados» que se irguen en sus propietarios, por ridícula «ascendencia», «casta» o por virtud de sus acciones violentas. ARTÍCULO SEGUNDO.- Quedan proscriptas las «ideologías» o «doctrinas de cualquier origen» que inciten a la discordia, por motivos innobles como «raza» o «creencias religiosas», «adhesiones políticas» o «situación económica-social» entre los habitantes del Mundo. ARTÍCULO TERCERO.- Porque a todos los seres al nacer se nos confiere tácitamente la «Dignidad de Humanos», edad no exenta, bogaremos en todos los confines del Universo por la abolición de cualesquiera objeto capaz de producir muerte a los que no somos «faltos de piedad» frente a Entidad Oculta: Yahvé, Alá […] ARTÍCULO CUARTO.- Porque nunca algo será De La Nada Infalible Tesis para la Intencionalidad Oculta, ninguna criatura del Mundo será: «Sometida al Hambre y la Sed», «Confinada en Hospicio», «Vejada por su Condición Social», «Excluida de Sabidurías y Repartición de Riquezas», «Adoctrinada para Delinquir», «Obligada a rendir Culto a la Personalidad o Divinidad previa Intimidación», «Exterminada Individual ni Masivamente», «Timada por ser Ignorante». En resumen: ninguna persona podrá ser «Despojada de sus Inalienables, Inmutables y Humanos Derechos Fundamentales» ARTÍCULO QUINTO.- Unidos por «Intereses Materiales o Espirituales», «De Supervivencia Pacífica», por «Costumbres, Creencias Individuales o Colectivas a la Humanidad Inofensivas», los descendientes y testigos podrán fundar repúblicas dándose leyes que no configuren violaciones a los «Inalienables, Inmutables y Humanos Derechos Fundamentales» de cada habitante del Mundo: «Alimentación», «Hábitat Confortable e Higiénico», «Libertad», «Movilidad», «Trabajo», «Salud», «Cultura», «Educación», «Seguridad Social, Pública y Jurídica», «Propiedad», «Respeto» y «Afecto» ARTÍCULO SEXTO.- Será calificado como hostil, insociable y desquiciado cualquier sujeto o grupo de individuos que se apertrechen con armas de guerra y arroguen la «Propiedad del Mundo» o «atribuciones para gobernar». Quien ejerza funciones, lo hará por virtud de los «no impíos» que sean «mandantes»: civiles que, a un eventual «Administrador de Provincia» o «Estado», le dicte un «mandato» prorrogable o rescindible. No será «mandatario» o «dignatario», sino «servidor público» cuya honorabilidad la sopesarán los «mandantes» que vigilarán sus actos administrativos. ARTÍCULO SÉPTIMO.- Previo examen de persuasíquicos, se infiere que: quienes sean «desadaptados», «dementes», «pervertidos» o aquellos «con inclinaciones licenciosas» y «asesinas» tendrán lugares para la consagración de su «Paroxismo de Fase Terminal». Consecuentemente, en las territoriales se crearán: «La Zona para el Hedonismo», «La Zona para la Mutua y Fortuita Aniquilación» y «La Zona para la Espontánea Redención». ARTÍCULO OCTAVO.- Los seres alcanzaremos el máximo estadio del «Humanismo» tras cumplir, y hacer que los demás igual lo hagan, las disposiciones universales que se enumeran: 1.- No matar. 2.- No torturar. 3.- No confeccionar armas letales. 4.- No crear ejércitos. 5.- No someter la voluntad de ninguno para perjudicarlo. 6.- No timar. 7.- No segregar o excluir. 8.- No denigrar. 9.- No difamar o injuriar. 10.- No deshonrar (a sí mismo, familiares o Humanidad) 11.- No practicar, por ninguna causa, la «Omisión de Auxilio» 12.- No abandonar a la pareja o vástago sin mutuo consentimiento. 13.- No utilizar «bienes e inmuebles nacionales o privados», «tesoros públicos», la «superioridad intelectual o física», «armas de guerra» o las «investiduras oficiales» para extorsionar o provocar daños. 14.- No renunciar a la «Libertad Física o de Conciencia», al «Libre Albedrío no Lesivo», al «Librepensamiento» ni quitarle/suspenderle las mencionadas atribuciones individuales a nadie. 15.- No cometer perjurio. 16.- No urdir el desacato a la «Tácita Jurisdicción de la Humanidad sobre Territorios y Asuntos», la cual está por encima de entelequias como «El Gobierno», «El Estado» o «La Patria» ARTÍCULO NOVENO.- Los conceptos de: «El Bien», «El Mal», «La Justicia», «La Reparación», «La Redención» y «La Humanidad» son inmutables y no se torcerán acomodaticiamente sus significados. ARTÍCULO DÉCIMO.- Esta «Carta Magna para el Mundo» (CMPM) no podrá ser abolida, enmendada, reinterpretada por apógrafos ni suspendida. Todos los seres del Mundo, de obvia «aptitud intelectual» y «habilidad psíquica», velarán por: su defensa», «aplicación» o «restitución» si, hipotéticamente, fuere, a causa de «conspiraciones criminales», desaplicada.

http://urescritoriconoclasta.bligoo.es/la-muerte-subita-de-la-constitucion-nacional-de-venezuela-del-ano-1999 LA «MUERTE SÚBITA» DE LA CONSTITUCIÓN NACIONAL DE VENEZUELA DEL AÑO 1999 «Si las instituciones de la república han perdido legitimidad recordemos que quienes les daremos término a sus desmanes jamás» Por Alberto JIMÉNEZ URE (@jurescritor/[email protected]) Soy un testigo y nadie me ha llamado a declarar sobre la «muerte súbita» de la Constitución Nacional de Venezuela del Año 1999. El Tribunal Supremo de Justicia no lo hace porque todavía sus homicidas la muestran fugaz o furtivamente, en «ruedas de hablistanes y palangreros», con ridículo disimulo e innecesaria conveniencia: ello por cuanto hasta el cobarde lo sabe. La exhiben frente a eso que llaman «militantes del partido de gobierno» y «la ciudadanía en general». Hubo delito, pero su cuerpo está confiscado. Sin embargo, es difícil de ocultar la fetidez de un cadáver: aun cuando esté inmerso en una piscina de anfiteatro -llena de formaldehido- alerta a las fosas nasales. He platicado sobre el asunto con numerosas personas, conocidas o no -en el lugar donde resido, calles, claustros académicos y transporte público- sin hallar quien lo refute. Nuestra última «Carta Magna» nació, fue violada y ahogada. No tendrá un funeral ni Acta de Difunta hasta cuando los asesinos sean conminados a entregar el poder del mando político. No fue impredecible el «ultraje» porque los verdugos de la infanta fueron sus hacedores: mujeres y hombres degenerados que se aparearon «orgiásticamente» para procrearla. Necesitaban ser vistos como padres capaces de conducir los destinos de una república. Empero, ¿qué consagraba esa criatura nacida para no vivir? Ella advirtió, primero, que irrumpía «[…] para establecer una sociedad democrática, multiétnica y pluricultural, en un Estado de Justicia, federal y descentralizado, que consolidase los valores de la libertad, independencia, paz, solidaridad, el bien común, la ética y el pluralismo político […]», «[…] la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna, la garantía universal e indivisible de los Derechos Humanos […]» Muy peligrosa lucía la niña. Mostraba principios universalmente tenidos por irrenunciables e inalienables. Sus exterminadores no eran chinos, rusos, cubanos o fundamentalistas islámicos, pero les fascinaba la idea de convertirse en «dueños de feudos»: equivalentes a «califas», «primeros ministros de partidos únicos», «tiranos caribeños», «emperadores y emperatrices», «princesas y príncipes herederas-herederos del Trono o Tesoro Venezolano» Pese a lo cual, tengo buenas noticias para los venezolanos y latinoamericanos: un mega-monstruo aguarda a los infanticidas que hoy arrogan infalibilidad. En uno de mis libros, intitulado Luxfero, escrito en trance de clariaudiente, registré lo que siempre ha de venir: «[…] Frente a quienes ante ti como temibles bestias se ufanaren mostrarás tu oculto demonio que la luz lleva […]»

https://plus.google.com/+AlbertoJIM%C3%89NEZUREscritor/posts/Tm4YdtArQCV CONSIDERANDO QUE UN AUTÉNTICO PATRIOTA GRANDE NO DEBE VIVIR BIEN […] «Cuando padezcas sufrimientos no ofendas a los señores administradores de haberes públicos y parques de armas, vasallo, porque sus desperdicios recibirás por alimento antes de ser pasado por las fauces de bestias en las plazas mayores-provinciales de intendencia» Por Alberto JIMÉNEZ URE (@jurescritor/[email protected]) Los hechos indican que la República de Venezuela necesitaba una Élite-Política-Financiera-Revolucionaria que la distinguiese de sus disfuncionales y miserables habitantes. Por ello, resignados, millones de felices vasallos han de aceptar que su destino sea devaluarse: hasta el día cuando (por precariedad alimentaria, desabastecimiento, represión, inseguridad social, indigencia o enfermedades de pobres) acudan a sus citas con la Muerte persuadidos que era pecaminoso e indigno de un patriota grande vivir bien. Recuérdenlo: sin experimentar esa infinita dicha, también los detractores de los pretensiosos y apertrechados jerarcas del Hombrenuevismo Universal somos empujados hacia los abismos de la vorágine. CONSIDERANDO […] que un auténtico patriota grande no debe vivir bien, sea adherente u opositor de la «Supremacía Adventicia», asumiremos que ellos nos aventajan aun siendo intelectualmente inferiores o criaturas de dudosa reputación. Somos la indigna contraparte que temprano advirtió, por pudicia o estupidez, que los buenos comportamientos sociales están sujetos a interdicciones. Además, que conductas deplorables no existen sino en la «imaginación difusa» de resentidos y envidiosos. Los asuntos generales de las naciones propietarias de los estados nada semejan a las rencillas de alcoba por sexo, bienes inmuebles o billetardos, ni al abandono de responsabilidades paternas-maternas. Más allá de los aposentos domésticos, «redes multi-mediáticas» y rabietas de ciudadanos estafados-extorsionados-vejados por la «Secta Los Hijos del Supremo», en las postrimerías, una gran parte del goce y disfrute de los canallas está relacionada con las penurias que nos infligen sin distinciones de raza, posición social, credo o talentos. Borregos y ácratas, contad la siguiente bienaventuranza. En nombre de todos los sectores de la «Patria Grande Latinoamericana» y […] CONSIDERANDO A) Que nuestro linaje desciende de Don Simón BOLÍVAR Y PONTE: ese equivocado general con charreteras, espadachín-fusilero y pensador que abominó al arquetipo de sujeto que puja por perpetuarse en el poder para saquear los tesoros de las naciones con sus compinches […] B) Que nos condenamos cada vez que permitimos a mujeres u hombres sabios nos instiguen a exigir mejores condiciones de existencia […] C) Que la dignidad no debe asociarse a petitorios de igualdad antes las leyes, protestas por devaluaciones, remuneraciones ajustadas a las realidades del mercado, ni presiones para recibir atención médica, ser abastecido o protegido por el Estado. D) Que la «Patria Grande» necesita estar representada por los indiscutibles y legítimos miembros de la «Secta Los Hijos del Supremo» […] DECLARO A) Que sea considerada traidora de la «Unión de Repúblicas Latinoamericanas y del Caribe» a toda persona que intentare «alzarse en armas» contra los aventajados o solicitarles renuncien a sus cargos de gobierno por ser corruptos, criminales o incumplirle a los mandantes de cada región. B) Que previo sumarísimo juicio, los hallados culpables sean castigados con la «Pena de Comer Excrementos y Beber Orines de la «Casta Adinerada y Apertrechada» durante un lapso no menor a noventa días, luego de los cuales serán devorados vivos por animales salvajes (sin excluir a ningún inicuo hambriento) en las plazas mayores de cada capital provincial de república. En Mérida, Venezuela, a los veintisiete (27) días del mes de Mayo (04) del Año 2015.

pic.twitter.com/HxAk3k1Dje CONCILIÁBULOS DE «EXTERMINADORES» DE LAS DEMOCRACIAS EN LAS AMÉRICAS «Nadie dirá que fui convidado a la Suprema Congregación de Estados Americanos para inferir estupideces: por ello advierto que no soy un paria sino la patria amenazada por jerarcas de una codiciosa potencia mundial, aun cuando ellos finjan no hacerlo pagándome el combustible de mi país con su prócer impreso imperial para que yo disfrute de aduladores y lujos» Por Alberto JIMÉNEZ URE (@jurescritor/[email protected]) Llamo «diplomafia» (de la raíz indoeuropea «plex» e italiano «mia cosa» o «di tutti capi nostro») al perverso y tangible recurso de negociadores del Funcionariado del Crimen Político Latinoamericano, mujeres y hombres que propician el exterminio conceptual de la Doctrina Democrática. La integran representantes jurídicos de estados que interactúan con prácticas que para ellos dejaron de ser delictivas: la «extorsión», el «encubrimiento», «conspiración para cometer», «enriquecimiento súbito e inexplicable» y «aprovechamiento de dineros provenientes de la malversación de tesoros nacionales o privados». La partida de nacimiento de la «diplomafia» fue certificada y apostillada cuando patriarcas de aborrecibles conductas -que durante décadas estuvieron rezagados en Las Américas- sin esfuerzos sedujeron a militares y civiles con prontuarios criminales («infaustamente sobreseídos») pero que fueron elegidos para administrar una de las mayores reservas de combustible fósil en el Mundo: y, con mercenarias o sicarios, tiranizar a los idiotas que les confirieron un inconcebible mandato. No son concilios de personas santas sino conciliábulos de rufianes los convocados por esos patéticos personajes de Las Américas, hace tiempo con sus llagas abiertas. Emperatrices y faraones de ridícula propaganda a las y los cuales sólo motivan lucros o privilegios conforme a cualquier «capo di tutti capi de nación»: ese para el cual la «Omerta Fundacional» sustituye (bota miliciana mediante) a regímenes respetuosos de los principios fundamentales de la Democracia. Sus convites son para platicar estupideces, nunca para anunciar que dimitirán porque no han podido desarrollar a los territorios que gobiernan. Unos a otros, se calificarán ultra patriotas y corajudos frente a un invasor presunto. A la Patria Grande Latinoamericana no arrodillará ninguna potencia mundial, salvo Rusia y China. A los capitalistas de roja procedencia nadie mirará con sorna: sus intenciones no son indecorosas. No conceden préstamos con propósitos de obtener ganancias, la «plus valía» y «desigualdad entre sus ciudadanos» fue socialistamente abolida. Los comunistas originarios ya no les hablan de esos bodrios académicos a los sudacas, sino de pertrechos bélicos que están dispuestos a venderles con sobreprecios para que fomenten la paz. Ningún Hombre Nuevo «fellare» de rodillas a imperialistas. Siempre lo está, pero en campo rojizo con un Fusil A-Caca 47 veces: cuchillo o pistola. Los exhibe cual rata lo haría, con orgullo de asesina. Nunca se entendieron ni perdonaron naciones enemigas que se pelearon en una guerra mundial porque las consecuencias persisten, todas son todavía muy peligrosas y muestran sus fauces. Pero: están comercial e inevitablemente relacionadas por cuanto sobre promontorios de cadáveres se pueden hacer negocios. El exterminio de las democracias en Las Américas fortalecerá el siguiente axioma de la «diplomafia»: si alguien inventó el poder fue para disfrutarlo en cofradías, que no para ejercerlo al modo que lo haría el filántropo interruptus de las utopías.

https://plus.google.com/+AlbertoJIM%C3%89NEZUREscritor/posts/Ka8REtFmdUz SOBRE EL «DIGNATARIO», DEL LIBRO PERVERSOS «El detalle, por ejemplo, de que los ministros se sienten en «lujosas y lustradas sillas», mientras el pueblo come defecaciones es una expresión simbólica de una dura realidad nacional, en la cual, mientras los políticos y, en general los poderosos del país lo tienen todo, existe también un porcentaje importante de la población que vive en la pobreza, millones en miseria crítica, es decir, que mueren de hambre» Por María Conchita MAURO C. El cortísimo cuento de Alberto JIMÉNEZ URE, El Dignatario (inserto en el libro intitulado Perversos, Alfadil Ediciones, Caracas, 2004) es un reflejo claro y conciso de la realidad de un país por muchos años golpeado por las olas del descontento social y la pobre administración política del Estado. En el caso específico del Dignatario, éste se refiere con bastante claridad a la administración actual del país. Podemos saber esto por varias señales que nos envía el texto: en primer lugar, fue publicado en el 2004, ya bien entrado el periodo de Hugo CHÁVEZ. Por otra parte, la prosa misma nos da destellos a este respecto, como por ejemplo, que el protagonista del cuento se encuentra rodeado de fuerza militar y estos se refieren a él como «mi comandante», en un gobierno «revolucionario». En la realidad sociopolítica actual del país existe una coyuntura expresada en términos de dos grandes bandos encontrados: el oficialismo, es decir quienes apoyan al presidente y la oposición. En este caso no es pertinente realizar conjeturas sobre quien tiene la razón sobre qué, o qué parte de la población es el mejor o menos. El hecho, para efectos de JIMÉNEZ URE, es que la crítica social que se expresa en las líneas del Dignatario es, a decir poco, mordaz y ácida. Un presidente, quien guía a su país desde el retrete del Palacio de Miramontaña, da de comer excrementos a sus ministros, así como a su pueblo que lo aclama desde la calle. El sentido de estos gestos repulsivos, inmersos en un cuento bastante escatológico, evidencian, quizás, el sentir del autor con respecto a las condiciones que vive la Venezuela de hoy. El detalle, por ejemplo, de que los ministros se sienten en «lujosas y lustradas sillas», mientras el pueblo come defecaciones es una expresión simbólica de una dura realidad nacional, en la cual, mientras los políticos y, en general los poderosos del país lo tienen todo, existe también un porcentaje importante de la población que vive en la pobreza, millones en miseria crítica, es decir, que mueren de hambre. El presidente del cuento, además, se atiborra de una abominable cantidad de comida al desayuno: de nuevo la referencia a la población carente de alimentos para la subsistencia. Otro hecho elocuente es el diario que lee el presidente: «Sin Censura» se llama y allí se le trata de «megalomaníaco y despótico militar», tal y como los sectores más radicales de la oposición se refieren a CHÁVEZ. El Dignatario entonces, procede a enviar un convoy de la Fuerza Armada Nacional para que cierren el periódico y cercenen las lenguas de los redactores: ¿acaso una crítica a la reciente Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, un instrumento legal que muchos catalogan como represivo y que los opositores del Presidente así como algunos medios de comunicación han llamado Ley Mordaza? JIMÉNEZ URE se cuida de mencionar nombres reales y deja bastante espacio a la libre interpretación del lector, por lo cual la respuesta a esta interrogante se encuentra en las manos de cada persona que lea el cuento. Un personaje poco vistoso, pero bastante importante está encarnado por la edecana, descrita por JIMÉNEZ URE como «una coronela muy hermosa y eficiente». Esta mujer, cuya entera existencia está cargada de simbolismo, puede, en un cierto momento representar la justicia, por el solo hecho se ser una figura femenina. También puede ser la representación de la Cuarta República, pues obedece al Dignatario sin chistar y es la encargada de entregarle los documentos mediante los cuales podrá poner en práctica sus ideas y en marcha su plan. Es decir, es quien entrega el país en manos de este presidente diarreico. Además, por el hecho de ser de la milicia y la preferida del presidente, refleja en la pluma de URE a las Fuerzas Militares Venezolanas, pues es por medio del control de estas que muchos gobernantes han logrado sus propósitos y es bien sabido, en la Venezuela de hoy, el cariño profesado por el Presidente Chávez hacia los cuerpos de defensa militar del país. EL «DIGNATARIO» Este cuento aparece en mi libro intitulado Perversos, publicado en Caracas por la Editorial Alfadil (2004). Cuando estuvo inédito, lo envié a quien era Director del diario Frontera de Mérida (del cual fui uno de sus columnistas fundadores, hace 35 años). Apareció en una página casi completa porque le colocaron por ilustración la caricatura de un despótico militar ya difunto que, sin dudas, semejaba al personaje de mi ficción. Por presiones del Funcionariado Censor de la Barbarie Doctrinal al mando en Venezuela desde hace más de una década, el Director fue removido de su cargo (aun cuando, en una editorial de primera página, se exculpaba por haber confiado en mí. Según él, no leyó mi texto antes de publicarlo). Una magnífica caricatura de Jorge CRUZ me recordó mi breve relato. Por Alberto JIMÉNEZ URE Muy temprano (a las 7:30 am., aproximadamente), esa mañana el Presidente de la República leía el diario Sin Censura sentado en la retrete de su despacho del Palacio de Miramontaña. Cuatro severas arrugas estigmatizaban su rostro. Había convocado a sus ministros para discutir con ellos en cuáles áreas debía invertirse un excedente que, de próceres impresos norteamericanos, obtuvo el Fisco Nacional gracias al súbito aumento de las exportaciones de los barriles de petróleo que producía el país. Su edecana favorita era una Coronela muy hermosa y eficiente. Cuando los ministros llegaron en tropel, se acomodaron en sus lujosas y enumeradas sillas: rigurosamente lustradas y colocadas en semicírculo, frente a la pieza sanitaria donde El «Dignatario» expelía -ruidosamente- sus excrementos. -En nombre de todos, «Señor Comandante», le deseo que tenga un magnífico día -temeroso e inclinando su cerviz, infirió el Ministro de la «Defensa Estatal». El mandatario lo escrutó fijamente durante varios segundos y luego giró su cabeza para mirar a su «edecana», que portaba una livianísima y moderna ametralladora marca El Chacal. Se observaron sin gesticular ni intercambiar palabras. De pronto, la fascinante mujer ejecutó un paso en dirección al Norte. Llevó su mano derecha a la altura de su cabeza antes de proferir, en alta voz, la frase que registro: -¡Permiso para retirarme, Comandante! El «Comandante en Jefe» no le (dio parque) correspondió abiertamente e hizo un casi imperceptible movimiento con su índice izquierdo. La oficiala zapateó, giró cincuenta grados su cuerpo a la izquierda y marchó hacia la salida. -Hoy desayuné -antes del alba- un trozo de marrano, huevos fritos, caraotas, arroz, pan tostado con mantequilla y me bebí un vaso de jugo de mango -le confesó a su equipo ejecutivo de gobierno-. Estoy molesto porque en este periódico me describen como a un megalomaníaco, acomplejado, corrompido y despótico militar. Los integrantes del Poder Ejecutivo olfateaban un fortísimo hedor, pero no podían moverse del lugar: ni formular reclamos, o ausentarte, por cuanto se trataba de una reunión de «Consejo de Ministros» con el máximo jerarca de la Administración Pública. «-Joseph, escúchame» -continuó su parlamento el Presidente y señaló al Ministro de la Secretaría de Gobierno e Información-: -En un autobús de la Fuerza Armada Nacional(FAN), irás con no menos de diez funcionarios de la Dirección de Inteligencia Militar(DIM) a la sede de Sin Censura, arrestas a todos los trabajadores (especialmente al Director del diario) y los trasladas al Hospicio de Contrarrevolucionarios». Después, El «Dignatario» se levantó de la pocilga y estrechó la mano del Ministro de la «Sanidad Estatal» para ordenarle: «-Darío, mi fiel amigo: tienes la misión de segarle los testículos y las lenguas a todos los empleados de Sin Censura. Comenzarás por capar al Director. A las mujeres se las ofreces, desnudas, a los reos del Hospicio para Delincuentes Comunes. Ninguno se quedará sin admitir que mi gestión gubernamental respeta la «Libertad de Opinión», consagrada en la Constitución «Humanística» de la República Soberana y Revolucionaria» El Ministro de la «Justicia Estatal» extrajo un pañuelo de su saco azul de lana y, antes de que el Presidente retornase su trasero al excusado, rápidamente limpió las partículas de excrementos diseminadas por la superficie del retrete y la cerámica del piso. Transcurría el primer mes de Gobierno «Revolucionario» y el pueblo esperaba, ansioso, los decretos presidenciales mediante los cuales se transformaría, pacíficamente, el país. Por ello, El «Dignatario» de Petrópolis esperaba la transcripción de los edictos que le traería la edecana. Era necesario apresurar los cambios. La chica de las charreteras y condecoraciones «revolucionarias» regresó al despacho con una carpeta bajo su brazo izquierdo. Repitió el ritual de saludar al «Comandante Jefe» -quien permanecía encima del evacuatorio- y pedirle permiso, en esa ocasión para entregarle los folios. El Presidente se pasó varias veces los dedos pulgar, índice y medio derechos por el ano y estampó sus huellas digitales en cada uno de los decretos. Se levantó del retrete y la edecana le practicó la ablución con la ducha vaginal anexa al sanitario. Lo secó con una toalla blanca marca Soberanía. Inmediatamente, el «Primer Mandatario» examinó el paño para comprobar que su adjunta militar lo aseó bien. Ulterior a lo cual ordenó que viniera la cocinera del Palacio con una cuchara sopera. Rápido, Rubia, quien era experta en la preparación de salcochos, fue traída en brazos por dos soldados. -Estás demasiado obesa -le dijo el Presidente-. Sin embargo, no te sustituiré nunca... El «Comandante Jefe» se aproximó a ella y le besó la boca. Luego le acarició los cabellos y le apretó, lujurioso, los senos. -Gracias por sus palabras, mi venerado amo y señor de la República «Revolucionaria» -emocionada y con lágrimas en los ojos, habló la cocinera-. ¿Por qué ordenó que me trajeran aquí? Los reclutas bajaron a la gorda y la colocaron al lado del excretor que expelía los humores del estiércol del «animal racional» elegido por la mayoría de los votantes del país. -Con la cuchara sopera, servirás mis excrementos a los ministros en sus manos. De ese modo, los que conforman el Poder Ejecutivo demostrarán su lealtad a mi proyecto revolucionario. Fuera del Palacio, el pueblo exigía al «Primer Magistrado» que saliera al Balcón Presidencial para ovacionarlo. Afortunadamente, el «Comandante Jefe» tenía diarrea. Multiplicó sus evacuaciones antes de complacer al vulgo, porque quería que Rubia también le sirviera del caldo presidencial. Fue inenarrable la felicidad experimentada por el pueblo cuando ingirió el caldo de las entrañas del poder. El «Dignatario» de la República «Revolucionaria» gobernó durante toda su vida y, similar al Mesías, siempre multiplicó su materia fecal para mantener bien alimentado a sus seguidores.

EL PROGRESIVO MIEDO, TERROR Y PÁNICO DE QUIENES NO «GOBIERNAN» SINO QUE «COMETEN» «La Ética no es una atribución reservada a ciertos individuos, sino una cualidad de exiguos al mando y millones de víctimas que pacientemente soportan al Corpus de Cúpula Perversa de una sociedad» Por Alberto JIMÉNEZ URE (@jurescritor/[email protected]) ¿Quién es tan arrogante o presuntuoso capaz de afirmar que no ha experimentado esa trilogía de «sentimientos de orfandad» que atribulan a racionales e irracionales? El Ser Humano no irrumpe hacia la realidad, lo «eyecta» una «mater» que lo ha engendrado en sus entrañas con la previa complicidad de un «pater». Cuando un recién nacido llora lo hace por «susto ante lo novedoso desconocido» donde tendrá que lidiar. Se mostrará ansioso-temeroso. Si logra vivir más de quince años, sabrá qué significan: el «miedo», «terror» y «pánico». No son sensaciones fumosas o imaginarias: conforman nuestra siquis y conducta en sociedad e intimidad, nos estigmatizan más o menos cobardes, valientes e hipócritas y emergen cuando tenemos que encarar problemas o enfilarnos contra cualquier amenaza potencial. Tengo dos clasificaciones del «susto»: A) El «originario», que procede de los instintos de supervivencia y B) El «infundido», que suelen emplear: los políticos, militares, policías, catedráticos, sacerdotes, villanos comunes y abusadores en sus relaciones interpersonales de afecto o chantaje. El primero no perturba demasiado a los individuos, pero, el segundo sí lo hace: porque genera mucha discordia y falsos concilios de avatar. En los quehaceres cotidianos, el «Susto Infundido» socaba sicológica y peligrosamente a las personas. Quien lo emplea se propone que sean asuntos ineludibles en nuestras vidas el «miedo» (grado inferior del «susto»), «terror» (summun considerable) o «pánico» (tremens fase, a veces letal por precipitarnos al suicidio) Los catedráticos saben que pueden extorsionar a sus alumnos mediante decisiones de índole académica. A causa de nuestra presunta desobediencia e inmorales comportamientos, los sacerdotes-pastores de sectas religiosas propagan que «[…] seremos castigados enviándonos a otro e infernal mundo […]» (lo cual es ridículo por cuanto Dios tendría al Demonio por aliado y encargado de los castigos) Las parejas e hijos, entre sí, utilizan ese recurso para la consecución de distintos fines de naturaleza familiar-emocional. Empero, a los políticos y militares con mando sobre naciones gusta infundir «pánico» para intentar blindarse y permanecer incuestionables frente a ciudadanos que les han conferido responsabilidades de gobierno y a los cuales traicionan. Por ello, la «Institucionalidad Política-Castrense» se ha constituido en lo peor e innecesario que padecemos los ciudadanos en distintas repúblicas. Los políticos y militares son proclives a desviarse del camino señalado: a pervertirse y mercadear con los sufrimientos que urden, transformándose en enemigos gratuitos de quienes les otorgan mandatos. Consecuentemente, no ignoran que podrían despertar al mitológico y dormido –Vulgo-Monstruo que nos consolará emprendiéndoles cacería. La sangre humana con alevosía por vampiros succionada no huele a concordia: brota de las heridas que infligen y deja trazas. Por ello, cada día se rodean de más ultra-pertrechados custodios-mercenarios. El pueblo comienza a inspirarles «miedo», «terror» y «pánico». Porque ciertas deudas sociales no pueden declararse impagables. El fortuito y fértil odio que fomentan germinará en mujeres y hombres que igual los calificarán como «enemigos» y «objetivos de guerra». Cuando la venganza que ha hibernado despierta, nunca sobreseer a culpables es una medida sustitutiva de pena. Entonces, en presencia de todas las auténticas personas del planeta, propugno distinguir con el Doctorado «Honoris Imbécil Causa» a cada excreta al mando de una república que presuma infalibilidad. No mata, pero cualifica y drena.
https://plus.google.com/+AlbertoJIM%C3%89NEZUREscritor/posts/Dv15hxECwr8 LA HOMO DISCORDIATOXIS «La codicia es una plaga parasitaria que se fortalece mediante el empleo de la violencia» Por Alberto JIMÉNEZ URE (@jurescritor/[email protected]) La «Homo Discordiatoxis» es una enfermedad incurable, transmitida por la codicia y ataca exclusivamente al sistema psico-inmunológico de las personas. A temprana edad no sospeché sobre su «infalibilidad e inmanencia». Por ello, cuando por primera vez tuve la experiencia de mirar a través del microscopio, investigué si era o no posible que se tratase de una especie de parásito habituado alojarse en fluidos y excretas. -«[…] Hallaré una diminuta criatura pertrechada con un cuchillo y pistola […]» -me decía, con temor e infante curiosidad. Sólo vi espirilos, nada que me sirviera para dilucidar y discernir sobre lo que causaba la «Homo Discordiatoxis». No descansaría hasta descubrir algo revelador. Los seres humanos nos odiamos y exterminamos con suma irracionalidad, premeditada y alevosamente. Somos convictos adherentes de la violencia. En cualquier etapa de nuestras vidas, experimentamos esa rabia que deja cicatrices en nuestros rostros. Facciones y miradas conforman su más primitivo modo de manifestación. La sintomatología de esa pandemia también se presenta con frases lapidarias: «[…] Esa rata inmunda anda furiosa conmigo […]» -infiere alguien, ofuscado-. «[…] Los malparidos e hijos de meretrices nos fornican y luego abandonan embarazadas […]» -replican ellas-. «[…] Una de las balas de la cacerina de mi arma lleva tu nombre, ¡maldito! […]» -amenaza un sujeto a otro-. -«[…] ¡Hay que matar a todos esos tipejos que roban la nación! […]» -proponen tanto las y los ebrios, drogados o sobrios en discusiones políticas de hogar o calle-. «[…] Me pagas lo que me debes o mañana te verán con un mosquero en tu boca […]» -intimidan a un deudor-. «[…] A quien por la causa patriótica muera honraremos […]»-. «[…] Aquél cuyas intenciones de acabar conmigo en vientre esté morirá en el parto […]»-.«[…] Cuando alguien te advierta que por sus manos fallecerás adelántatele […]»-. «[…] Serás mi enemigo si no adhieres a mis propósitos […]»-. «[…] Veo en quienes se rebelan contra mi gobierno los rostros enlutados de sus parientes […]» En los contaminados de «Homo Discordiatoxis» destacan los fomentadores de la Violencia-Homicida. Que pueden exhibirse en ámbitos domésticos, escolares, de presidios, durante las protestas políticas y la praxis delictiva común urbana o vecinal. Sin menoscabar su origen, de cualquier forma que se instaure o imponga, la violencia siempre será abominable: empero, la doctrinal de gendarmería o miliciana destaca. La Humanidad, cuando se supo en peligro o fue consciente de ello, se organizó en sociedad para impedirla. Institucionalizó la urgencia de preservarse con las principistas categorías filosóficas de la igualdad, fraternidad, prosperidad y seguridad. Conferiría responsabilidades a unos a favor del mantenimiento de la paz que regocijarían a todos, y que hoy se entienden como poderes públicos. Pese a lo cual y buenas intenciones, la «Homo Discordiatoxis» persiste y se propaga indetenible porque la codicia es un sentimiento resistente y se siente cómodo parasitando en el sistema psico-inmunológico de las personas. Unos quieren aventajar a otros, tomar los tesoros colectivos que por ello igual ajenos, lucir letales y temibles frente a los demás. De súbito irrumpen, enquistan y obstruyen las funciones cognitivas del Ser Humano al modo que lo hacen los virus maliciosos en los software de sistemas computarizados paralizándolos.
https://plus.google.com/+AlbertoJIM%C3%89NEZUREscritor/posts/LA5Cwm8is5q LA LIBERTAD JAMÁS SERÁ «INHUMADA» «Parece cierto que somos libres, pero, con más emotividad que reflexión sufragamos y elegimos a las víboras que no demoran su propósito de sitiarnos para impedir que prosigamos siéndolo» Por Alberto JIMÉNEZ URE (@jurescritor/[email protected]) Declaro mi resistencia frente a la difundida presunción según la cual el Vulgo, aparte de permitir que se le conduzca como «rebaño» a «sufragar», conceda el «sepelio» de su Libertad previa paga de mendrugos o para complacer a un «Neo Señor de Vasallos»: versión masculina de la deidad maléfica «Discordia», que urde en la obscuridad. Frecuentemente intimida, pero igual muchas veces persuade a sus víctimas para que le consientan cualquier cosa por inconcebible que luzca. El «Ser Humano» nace obviamente libre: y esa condición, «de facto y Derecho», ha de regir su existencia. Pudiera ser «pobre» e «ignorante», que ambas tragedias suelen padecerse inseparables, pero tendrá el irrenunciable impulso de pensar y obrar de acuerdo con sus deseos. No querrá ser escrutado cuando camine en busca de satisfacción, no admitirá se le explore la psique. El «humano» lo es por racional y porque la Libertad le es inmanente, primero, y por emplear el don de la inteligencia para emancipar sus actos ante los maestros de la manipulación que lo sitian e imprecan. La Libertad jamás será «sepulta»: e, irrestrictamente, configura el limen en la «exposición de motivos» de la Carta Fundamental de los Inalienables y Humanos Derechos. Y lo es para el pensamiento, la acción y la devota necesidad espiritual de cada quien: no irrumpió para ofrendarla, transigir o capitular. Análogo a la vida, es irrenunciable. No se confiere y de ella no se discute jurídicamente, no admite discernimientos opuestos respecto a su esencialismo. No se puede platicar en su rededor «conforme a» lo «establecido» en (…) la Constitución y (…) las cualesquiera otras cosas (…) La Libertad es primacía, nunca parto de asambleístas o comisarios de regímenes. No fue, no es ni será enmienda de opereta en parlamentos que pretenden consagrarla mediante ceremonias. La Libertad no es la presea que los «feudatarios» veintiún cacas, ya en fase de pandemia ultimomundana, pueden otorgar a su antojo. No en postrimerías, habría que invertir los padecimientos: que esos a los cuales extendimos «contratos de prestación servicios» sean los que nos pidan permiso a los ciudadanos y nos consulten mediante referendos. Los pintorescos «actos de caciques» presuntamente legitimados, que intentan socavar nuestra dignidad, hallarán la resistencia de nuestra primacía. Mucho más cuando estén flanqueados por tropas de bien remunerados matones, o «marxenarios» por estipendios, de los veintiún cacas aventados: con el gas metano de la flátula política, con su fétida opulencia de nuevorrico «pacífico» (pero, ¿que «está armado» y por ello «no debemos equivocarnos»?). La Libertad no es la conquista de corajudos «que lucharon por su consecución», una impagable deuda que tenemos al pendiente con próceres independentistas, con «investidos de autoridad» para dictar indultos o con organizaciones internacionales para la defensa de los Derechos Humanos. La Libertad es, «in puris naturalibus», el pensamiento y su ulterior acto de ejecución: el sumo pontífice de cada uno de los seres racionales. Entre el más apetitoso de los banquetes y un plato para escatófagos, el Vulgo suele insólita e insosteniblemente escoger aquello que lo infectará y aniquilará. Expando mi confesión: es una realidad que a mí hiere y ante mi olfato hiede porque el suicidio no lo redimirá frente a los soberbios a los cuales «ciego reelige»: o, falaz, «invidente exculpa».

https://plus.google.com/+AlbertoJIM%C3%89NEZUREscritor/posts ALVARADO TENORIO SOBRE JUAN LISCANO (DESDE COLOMBIA) ALVARADO TENORIO SOBRE JUAN «Como ensayista, periodista y crítico literario Liscano discutió sobre todo aquello que le atraía o causaba repulsión: las vanguardias, dictaduras, los grupos armados y los literarios, el terrorismo, la poesía, los mitos, las religiones, el rock y la muerte de la cultura occidental y sin desfallecer, el modelo consumista y de banalidad de la industria cultural del entretenimiento tan de moda hoy» Por Harold ALVARADO TENORIO ([email protected]) Hijo de notables familias patricias de Venezuela, entre sus antepasados hubo un caudillo agrario, su abuelo Carlos Liscano, que como Aureliano Buendía fue derrotado por liberales y conservadores en los enfrentamientos que sostuvo en defensa de la honradez administrativa y el nacionalismo; y el general José Antonio Velutini, que un día llegó a Caracas con una revolución triunfante y luego sería varias veces ministro de estado, Juan Liscano (Caracas, 1915-2001) luego de estudiar en Francia y Suiza, al regresar a Venezuela en el mismo momento en que fallecía el «cesarismo democrático» de Juan Vicente Gómez, resolvió hacerse poeta en una nación que desaparecía o no había existido. Un país que con un millón de habitantes y enormes riquezas petroleras, soportaba seis lustros de tiranía paternalista sin contemplaciones, tenía miles de hombres y mujeres en las cárceles y el exilio, y no había conocido los beneficios de la llamada civilización del siglo veinte. Quizás por estas razones en sus 8 poemas de 1939, Liscano hizo una terrible caricatura de las megalópolis, maldiciendo las ciudades por ser lugares de podredumbre y enalteciendo, en cambio, la vida campirana. En esos poemas primeros está casi toda la substancia que dilataría como programa de su vida y obra. A medida que ingresaba en la vida ilusoria y social de aquel siglo de honor, Liscano se fue transformando, acicateado por Waldo Frank y Juan Larrea, en un furibundo latinoamericano que, incluso, necesitó palpar la tierra misma y buscar sus orígenes. Viajó por el continente y se sumergió en el folklore, alma de los pueblos. Como resultado de esta ingente labor quedan numerosas grabaciones de música popular venezolana -que reposan en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, el Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, la Revista Venezolana de Folklore, y en su libro Folklore y cultura, elogiado en su momento por Alejo Carpentier. Después vendrían años de infierno y catarsis, décadas en las cuales el poeta y el hombre buscaron con afán, sin descanso y dolor, una imagen de sí como parte del ente colectivo. Fueron esos los años de la lucha contra Pérez Jiménez, cuando se solidarizó con Leonardo Ruiz Pineda en la resistencia clandestina contra el tirano, del exilio parisino, la defensa de Rómulo Betancourt en los años sesenta, cuando mantuvo una acerba discusión con la insurgencia armada cuyas doctrinas han dado al traste con la democracia venezolana en los primeros decenios de este siglo, y la publicación de Nuevo Mundo Orinoco (1959), un alucinante canto sobre el ayer de su país con los ojos y la voz de un presente atormentado cuyo paradigma fue sin duda Alturas de Machu Picchu de Pablo Neruda y Piedra de Sol de Octavio Paz. «Ha sido mi conciencia de occidental hispanoamericano -dijo entonces-, saturada de maquinismo, racionalismo, automatismo, erotismo, materialismo, egotismo, la que en una suerte de repulsión psíquica, tras de obligarme a vomitar, me impulsó a buscar nuevos mundos espirituales […] La figuración de una nueva América me tentó entonces. A un Nuevo Continente busqué un nuevo contenido: la total ruptura con Occidente. Entonces me incliné por la abstracción americanista de Juan Larrea. Se trataba de una superación histórica, a través de los sueños colectivos. América sería el Continente del Espíritu. Pronto advertí que Europa tenía mayores posibilidades espirituales que América. Y por los caminos de la indagación intelectual, me interesé por las posibilidades reales del espíritu. Ello me condujo a valorar como otro término de conocimiento, la india con sus prodigiosas escuelas místicas […] En el extremo opuesto de la experiencia occidental como estado de violencia histórica, fulgía la no-violencia gandhiana, preñada también de visión mundial. Y llegué a creer que más cerca de los hindúes podían estar estos pueblos que de los pueblos españoles […]» Así, bien entrado el medio siglo, Liscano, rompiendo con su pasado humano y literario, publica uno de sus más bellos libros de poemas: Cármenes (1966). Allí «Unos y Otros» son metáforas del Cosmos y analogías del Mundo, y la vida, un ir y venir de los cuerpos entre el Cielo y la Tierra. Whitman, Eliot y Paz son las voces del fondo de este pozo de pasiones donde el poeta abdica su libertad ante el plato de lentejas que es el cuerpo y la herida que no cesa de la mujer. Tanta es su alienación por la carne y la juntura de los cuerpos, que como renovado místico, hace que las uniones desaforadas sean otra vez mito, borrón y cuenta nueva del tiempo presente, es decir, un tiempo abolido, vacío, hueco de la vida. Todo flota, en Cármenes, por los espacios siderales. Otro de sus memorables libros de versos es Vencimientos (1986). Si en Cármenes se asciende a las esferas celestes, aquí se hunde en sí mismo, navegando en el magma de la conciencia a la búsqueda de un asidero, un apoyo donde descansar del largo viaje de la vida. Desnudo de afuera, va desnudo por dentro, guiado por la melodía del poema: «Cuando mueren/por un instante/las palabras/que tanta muerte dan siempre a la vida/cuando descubrimos el acto que somos/y lo exponemos/despojado de sus trajes crepusculares/cuando nos despierta el sueño de soñar/o arrancados del sueño/despertamos atónitos como extraño celeste caído/cuando se quiebran los espejos/al soplo de una necesidad desconocida/cuando vaciadas quedan las odres/y se aquieta la fiera de la sed/cuando se acepta el desierto por jardín/brota del resplandeciente vacío/una repentina cresta/y el Levante impera en el/filo puro neto/neutro/que se abate/y nos degüella» (Cresta). Como ensayista, periodista y crítico literario Liscano discutió sobre todo aquello que le atraía o causaba repulsión: las vanguardias, dictaduras, los grupos armados y los literarios, el terrorismo, la poesía, los mitos, las religiones, el rock y la muerte de la cultura occidental y sin desfallecer, el modelo consumista y de banalidad de la industria cultural del entretenimiento tan de moda hoy. Nada parecía escapar al pensamiento de este 'intelectual de tiempo completo' que siempre tuvo algo que decir para defender la libertad, ese momento del crecimiento del hombre y las sociedades que entendió como el lugar donde al desatar las formas y voces que quisieron erigir un ayer escindido y contrapuesto, una cultura comienza a ser. Juan Liscano fundó la revista Zona Franca (1964-1984), una de las pocas latinoamericanas comparables con Sur y Mito. Director de El Papel Literario de El Nacional (1943-1950/1958-1959), de Monte Ávila Editores (1979-1984) y miembro de las Academias Argentina y Venezolana de la Lengua, su poesía ha sido recogida en Obra poética completa, con un prólogo de Rafael Arráiz Lucca, Caracas, 2007 y Fundaciones, vencimientos y contiendas con prólogo de Oscar Rodríguez, Caracas, 1991. Entre sus numerosos libros de ensayo y crítica figuran Panorama de la literatura venezolana actual, Caracas, 1984; Espiritualidad y literatura: una relación tormentosa, Barcelona, 1976, Caracas, 2015, con un prólogo de Santos López y Los mitos de la sexualidad en Oriente y Occidente, Barcelona, 1988.