Para fundamentar mi reclamo, expongo detalladamente los siguientes HECHOS:
Durante tres años seis meses me desempeñé como velador (vigilante nocturno) en las comunidades de Maltrata, Rancho Viejo, Taza de Agua, El Encinar, Río Blanco, Mendoza, Nogales, Dos Ríos, El Guayabal, Potrerillo y Ojo Zarco, cumpliendo con mi comisión de recorrer los diversos sectores, de once de la noche a 5 de la mañana, sin compañía, sin armas, sin unidad motorizada. Cumpliendo las instrucciones dadas por mis superiores atendí las solicitudes de auxilio de la población ante los eventos que así lo requirieron.
En diversas ocasiones mis compañeros veladores refirieron, con base en su bien fundada credibilidad, las esmeradas atenciones que Ud., el Señor Diablo, la Señora Tentación, el Señor Nahual , don Chupacabras y los Chaneques les brindaron, dándole adecuada compañía para sacarlos de su aburrimiento. Especialmente Ud. vistiendo su uniforme blanco sin pies, con su pelo suelto y el rostro maquillado como en la imagen adjunta, se presentaba diligentemente ante mis amigos dándoles con mucho entusiasmo un gran susto al tiempo que exclamaba “Aaaaaayyyyyy mis hiiijoooooossss, aaaaayyyyyy mis hiiijooooooooooooss”, con lo cual su corazón incrementaba saludablemente el ritmo de sus latidos, la piel de la espalda y los vasos sanguíneos de la zona sufrían una contracción con lo que mejoraba notablemente la circulación, el cabello se erizaba y terminaban por mejorar su apariencia con una palidez facial que hacía olvidar que alguna vez fueron morenos. Por añadidura al instante mejoraban sus capacidades atléticas, ya que corrían sin cansancio los tres kilómetros que distaban a la caseta de vigilancia.
Sin embargo, a pesar de que su servidor se presentaba puntualmente a las doce de la noche en un cruce de caminos, Ud. nunca se dignó acudir a la cita, llegando a tal nivel su discriminación a mi persona que, estando yo acompañado por un auxiliar, sólo a él se le apareció y asustó, descartando toda interacción conmigo.
Con esmero revisé noche tras noche las riberas de los ríos, pero los jóvenes Chaneques ni por enterados se dieron, negándose a cumplir con su obligación de arrojarme piedras o hacerme perder el camino. Por lo demás ni siquiera el Señor Nahual se preocupó por atenderme en su forma de perro con garrote en mano, como sí lo hacía a otros veladores.
Nunca porté ajos ni látigo, instrumentos que usan otras personas para alejar al Diablo, pero este señor prefirió ignorarme, salvo por una ocasión en que me lanzó dos agudos gritos de soprano, sin llegar a hacerse visible. En cambio, a mis acompañantes, cuando los llevé les arrojaba piedrotas y los asustaba importándole poco mi presencia.
Mil noches, señora Llorona, fueron mil noches que laboré como velador, y nunca tuve la dicha de recibir de su parte o de sus asociados ni un mezquino susto, una corretiza, un beso de la Cara de Mula o una invitación de Ud. a visitar su morada, donde es fama que los hombres que van no vuelven ya a sus hogares. Sólo una vez me dijo Ud. al oído, pero con mucho desgano un par de “Aaaah”.
Sobra decir que los Fantasmas nunca cumplieron sus funciones, ni las Sombras Negras, limitándose a aterrorizar a mis amigos y a la ciudadanía sin tomarme en cuenta en sus actividades.
Todo esto, Señora Llorona, es evidencia de DISCRIMINACIÓN en mi contra. Discriminación que atenta contra mis derechos humanos, discriminación que viola nuestra Constitución Política y que estoy dispuesto a denunciar ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Amnistía Internacional e incluso apelaré a la Convención de Ginebra.
2a PARTE, 22 de dic. de 2012:
Me dice Ud. en su misiva de respuesta que mi queja no prosperará, porque no hay un contrato escrito entre su empresa y mi persona. Yo digo que tampoco lo hay entre su Compañía y los demás servidores públicos a los que da servicio. Cierto, no hay tal contrato escrito pero en sustitución de él sí existen los siguientes recursos que me amparan:
-El Derecho Consuetudinario, que surge de su trabajo con el resto de la ciudadanía y se hace extensivo a mi persona.
-Los (ab)Usos y Costumbres de Nuestras Comunidades indígenas.
El Derecho Consuetudinario está a mi favor, ya que es costumbre de Ud. asustar a todo ciudadano que amerite un poco de emoción en su monótona y aburrida vida, sin distinción de sexo, edad, estado civil o clase social, requiriéndose únicamente ser ciudadano mexicano por nacimiento. Incluso estoy enterado de que da Ud. servicio a domicilio a personas elegidas al azar, a las cuales les grita desde su ventana y les espanta tanto que toda su vida recuerdan el incidente, cantando sí con una anécdota interesante que contar a sus nietos.
Los Usos y Costumbres de las comunidades indígenas, en forma incontrastable indican que es una tradición milenaria que todo mexicano que tenga sangre indígena tiene derecho a que por lo menos una vez en la vida lo secuestre la Llorona, lo bese la Cara de Mula, lo posean los Fantasmas una temporada, lo descalabren los Chaneques, lo golpee el Nahual y se le suba el Muerto, y si tiene sangre española, tiene derecho a que se lo lleve el Diablo.
Me permito recordarle que tengo las dos ascendencias, indígena y europea, como el noventa por ciento de los mexicanos. Predominando lo indígena como lo indica mi piel morena, mi baja estatura y mi dificultad para pronunciar la letra “b”.
Exijo por lo tanto una respuesta satisfactoria a mi queja a la mayor brevedad, ya que de no ser así turnaré mi caso a un Bufete Jurídico.

Estimado Señor don Diablo:
Acuso recibo de la réplica de la Señora Llorona, y estoy al tanto de que ella no atiende más mi asunto, debido a que está detenida luego del operativo militar realizado a fines de 2012 en el estado de Veracruz.
En su réplica la Señora Llorona alude falazmente a una serie de hechos baladíes, tratando así de archivar mi queja y burlar una vez más nuestra Constitución y nuestras tradiciones mexicanas.
Dice en forma calumniosa que mi genética y por ende mi ascendencia es mayoritariamente europea, gallega para más datos. Para defender tan infundada conclusión la señora esgrime los siguientes débiles argumentos.
1-Que al saludarme en la calle la gente me dice “¡Qué pasó güero!” o “¡Quióbole güerito!”, quedando así claro que mi piel es blanca, no morena.
Mi réplica: Güeros los rusos, los noruegos y los alemanes, don Diablo, yo soy MORENO CLARO, además, mi constante exposición a la luz solar me hace lucir morenazo, como un alvaradeño. La razón de que a veces me digan “güero” es que mis paisanos los jarochos a menudo son mucho muy morenos, debido al cálido clima y también a la ascendencia de raza negra que tiene mucha gente, mezclada con indígena y europea, pero de güero tengo lo que un sueco tiene de bosquimano.
2-Que mi avanzada calvicie es señal de una marcada ascendencia española, pues entre los frailes españoles, es común ser pelones, igual entre los adultos europeos mediterráneos, mientras que nunca en la vida se ha visto un indígena calvo.
Mi réplica: Es cierto que el pelo se me cae, pero eso es debido a los corajes que hago por no ser tomado en cuenta por Ud., don Diablo, ni por la Llorona y asociados para darme un terrorífico susto como a mis vecinos. Por lo demás, es imposible que yo descienda de sacerdotes, frailes ni religiosos de nacionalidad española porque como es bien sabido por todos, estas personas han hecho un voto de castidad que nunca quebrantan.
3- La barba. Dice la susodicha señora que ninguna persona de raza legítimamente indígena tiene barba cerrada, que todos los indígenas legítimos, sin mezcla racial, tienen los cachetes lampiños como nalgas de bebés, mientras que los míos, con sólo no rasurarlos dos días seguidos se asemejan a las axilas de King Kong.
Mi respuesta: Mire señora Llorona, ya basta de injurias, burlas y difamaciones, haga a un lado sus pretextos y cumpla con su deber, hay mucha gente barbona que Ud. se ha cargado.
4- Mis hábitos de estudio y lectura. Pretexta doña Llorona, para eludir cumplir sus obligaciones, que el servicio no se da a personas sobrias, que no consuman drogas, mucho menos si han sido universitarios o practican el abominable hábito de la lectura, o peor aún el de pensar por sí mismos. Dice, en el colmo de su actitud discriminatoria, que sus sustos y los ataques de sus asociados sólo se otorgan a las personas que lo merecen, como son personas incultas, preferentemente analfabetas; fanáticos religiosos –que cumplan sólo el rito, sin entender el fondo de la religión-; borrachos mujeriegos que deambulen en despoblado a la media noche o en la madrugada; personas con un IQ más bajo que el de Forest Gump, o en su defecto extremadamente crédulas y sugestionables; o que en ausencia de las anteriores características, sean por lo menos unos reverendos imbéciles.
Mi respuesta: Basta de evasivas, querida señora, conozco gente que ha estudiado tanto y ha abusado tanto del intelecto, que han enloquecido y sí pueden disfrutar de la compañía de seres para-anormales.
5: Mi actitud pacífica ante la vida; mi habitual carencia de miedo ante el peligro; mi modo de hablar, con muy pocas, o ninguna, palabrotas tan características de los mexicanos, especialmente los nacidos en el estado de Veracruz.
Mi respuesta: Mire, vieja loca, no se mande, ya estuvo suave, mi cobardía aflora a veces; mi agresividad y mi uso de palabrotas salen a flote ante personas tan brutas como Ud., jija de la Malinche. Ya me tiene Ud. hasta el copete (bueno, hasta la coronilla, porque copete no tengo).
Terminemos con este desmadre, si no quiere atender mis reclamos, voy a traer gente que sí trabaje: el Greench, las Wicas, el Yeti, Pie Grande y los Gremlins Ltd.
Con todo respeto, Ud. y toda su mugre Compañía VAYAN Y MÉTANLE SU MEJOR… SUSTO A SU FANTASMAGÓRICA MADRE!!!