Uno de los misterios más extraños es el de los hanasmussen, seres que no ha querido definirse entre la luz y las tinieblas. De ellos se dice que tienen un doble centro de gravedad, están polarizados con las altas energías sutiles de planos metafísicos, y a la vez tienen afinidad con el mundo sumergido.
Samael Aun Weor distingue entre varias clases de hanasmussen. El más ordinario es aquella persona vulgar sin un gran desarrollo metafísico, y cuando muere sigue el destino del común de la gente.
Otra clase es la de aquel que tiene ya algún dominio sobre sus facultades internas, sin embargo sólo posee cuerpos lunares, por lo que su poder es escaso, sería el caso de algunos brujos y hechiceros.
Más poderoso, y por lo tanto más peligroso es el hanasmussen que ha comenzado a crear sus vehículos solares. Eso le pasa al esoterista que practica el arcano AZF sin destruir primero sus agregados psicológicos.
El caso más fuerte es el de aquellos seres que alcanzan niveles de arcángeles, tronos, potestades, querubines, etc., y no se han decidido a seguir definitivamente a su real ser o a su ego.
El ocultista que invoca a estos entes, creyéndolos de luz, se expone a recibir una gran sorpresa, podría ser que quien se presente sea el aspecto tenebroso de aquel a quien creyó un ángel.
Samael Aun Weor distingue entre varias clases de hanasmussen. El más ordinario es aquella persona vulgar sin un gran desarrollo metafísico, y cuando muere sigue el destino del común de la gente.
Otra clase es la de aquel que tiene ya algún dominio sobre sus facultades internas, sin embargo sólo posee cuerpos lunares, por lo que su poder es escaso, sería el caso de algunos brujos y hechiceros.
Más poderoso, y por lo tanto más peligroso es el hanasmussen que ha comenzado a crear sus vehículos solares. Eso le pasa al esoterista que practica el arcano AZF sin destruir primero sus agregados psicológicos.
El caso más fuerte es el de aquellos seres que alcanzan niveles de arcángeles, tronos, potestades, querubines, etc., y no se han decidido a seguir definitivamente a su real ser o a su ego.
El ocultista que invoca a estos entes, creyéndolos de luz, se expone a recibir una gran sorpresa, podría ser que quien se presente sea el aspecto tenebroso de aquel a quien creyó un ángel.