Un nuevo relato escrito una larga noche de insomnio.
Antes de que alguien me vuelva a decir que esto es demasiado personal decirle que no es mas que un desvarío mental, y que no tiene porqué ser autobiográfico (no lo es).
Repito, al igual que cuando escribo sobre un asesino, yo no lo soy, cuando escribo sobre estas cosas tampoco tienen porqué ser personales. O sí…
pero a lo mejor la musa no es quien imaginas. O sí… o vete tú a saber. Eso es lo bueno de escribirlo. Puede ser quien tú quieras… hasta alguien que solo existe en tu imaginación y que para ti no es real. Lo dejo ya que me lío.
Allí es el único lugar donde la luz se hace en la noche. Y mientras para ellos dura la noche, en el mundo se hace el día Y en medio de ese día una hermosa mujer corta las primeras rosas y los primeros claveles en un jardín que anuncia la siempre ansiada primavera. A su lado retoza su pequeño, alejado de la manta que lo separaba del suelo. Apenas si sabe andar, y está arrancando hierbas que luego intenta llevar a su boca. Mamá, frente a su carita, mueve el dedo hacia un lado y otro. El pequeño lo coge y juega con él… Después, también se lo lleva a la boca. La mujer se hace más hermosa, acompañada de una sonrisa eterna que ilumina el cielo al ver a su esposo entrar en la casa. Siempre sale el sol en ese jardín cuando él vuelve y, por fin, están juntos los tres. El fin de semana se hará corto, como siempre, pero ella lo hará intenso. El beso con el que le recibe deshace el cansancio que arrastraba al salir de la oficina. ¿Qué clase de poder tiene esa mujer tras sus labios? – piensa abrazándola, y deseándola otra vez como cuando eran más jóvenes. El ruido de unas manos deslizándose sobre la valla detiene ese beso apasionado que ansiaba entregar. Por la acera, una joven pareja, pálida de emoción por su primer sueldo, camina abrazada y nerviosa. Por fin van a ver su primer piso, ese que es mucho más hermoso de lo que el mismo plano físico les muestra.
Él lleva una mano perdida en el bolsillo trasero del pantalón de su chica. La otra se va deslizando por la valla metálica de la casa por donde pasan, haciendo un ruido que le relaja y que ha roto – sin ella quererlo – un beso apasionado.
Antes de que alguien me vuelva a decir que esto es demasiado personal decirle que no es mas que un desvarío mental, y que no tiene porqué ser autobiográfico (no lo es).
Repito, al igual que cuando escribo sobre un asesino, yo no lo soy, cuando escribo sobre estas cosas tampoco tienen porqué ser personales. O sí…
pero a lo mejor la musa no es quien imaginas. O sí… o vete tú a saber. Eso es lo bueno de escribirlo. Puede ser quien tú quieras… hasta alguien que solo existe en tu imaginación y que para ti no es real. Lo dejo ya que me lío.
Allí es el único lugar donde la luz se hace en la noche. Y mientras para ellos dura la noche, en el mundo se hace el día Y en medio de ese día una hermosa mujer corta las primeras rosas y los primeros claveles en un jardín que anuncia la siempre ansiada primavera. A su lado retoza su pequeño, alejado de la manta que lo separaba del suelo. Apenas si sabe andar, y está arrancando hierbas que luego intenta llevar a su boca. Mamá, frente a su carita, mueve el dedo hacia un lado y otro. El pequeño lo coge y juega con él… Después, también se lo lleva a la boca. La mujer se hace más hermosa, acompañada de una sonrisa eterna que ilumina el cielo al ver a su esposo entrar en la casa. Siempre sale el sol en ese jardín cuando él vuelve y, por fin, están juntos los tres. El fin de semana se hará corto, como siempre, pero ella lo hará intenso. El beso con el que le recibe deshace el cansancio que arrastraba al salir de la oficina. ¿Qué clase de poder tiene esa mujer tras sus labios? – piensa abrazándola, y deseándola otra vez como cuando eran más jóvenes. El ruido de unas manos deslizándose sobre la valla detiene ese beso apasionado que ansiaba entregar. Por la acera, una joven pareja, pálida de emoción por su primer sueldo, camina abrazada y nerviosa. Por fin van a ver su primer piso, ese que es mucho más hermoso de lo que el mismo plano físico les muestra.
Él lleva una mano perdida en el bolsillo trasero del pantalón de su chica. La otra se va deslizando por la valla metálica de la casa por donde pasan, haciendo un ruido que le relaja y que ha roto – sin ella quererlo – un beso apasionado.