Todo el periodismo es una mierda. Me llama la atención que se hable de periodismo basura, o que tal o cual periodista exponga a cierto periodismo basura, y el mismo que expone es periodista.
Los periodistas son equivalentes a los sofistas de la antigüedad, salvo que los antiguos al menos eran originales. Para los que no saben, los sofistas enseñaban a hacer carrera pública en la democracia griega. Los sofistas se jactaban de poder probar una cosa y la contraria, y cobraban por enseñar a dominar, supuestamente, todas las artes.
El arte del sofista consiste en el fondo en ganar dinero, dijo Aristóteles. Así son los periodistas.
A los periodistas lo único que les importa es el rating, pues a más gente mirando, atraen más publicidad, y por tanto ganan más dinero. Es decir, no les importan los problemas sociales como la pobreza, la desocupación, la inseguridad… sólo les interesa en función de lo que miden en cantidad de espectadores. Si esa cantidad baja… entonces tienen un medidor y van cambiando de tema en función de esas mediciones.
Trabajan a sueldo, como todo el mundo. Pero sucede que por esa razón no son capaces nunca de decir la verdad. Es decir, son mercenarios de la palabra. El periodista que dice que a él no le paga nadie, miente. Alguien le paga, o el dueño del canal, o el publicista, o quien le compre determinado espacio. Por lo tanto, siempre son parciales. Y es mentira que no se puede ser imparcial.
El sofista nunca contesta ninguna pregunta. Esto lo hacen los políticos asiduamente. Los periodistas no necesitan hacerlo porque son ellos los que hacen las preguntas. Cuando se enfrentan en un dialogo con alguien más o menos formado, casi siempre pierden el debate, pues ni están bien formados académicamente y el ejercicio del periodismo consiste en volverse cada día más superficial. La influencia del periodismo sobre el pueblo se debe no sólo a la desproporción del medio, esto es, la potencia de poder comunicarse a muchos, sino que incluso cuanto más frívolo es el contenido mayor es su influencia.
Un pensador que tenía dos hijos, un varón y una mujer, comentó que si un día sus hijos salieran a hacer su vida y el varón se volviera periodista y la mujer prostituta, en caso de que pretendan volver a su casa, recibiría a su hija, pero a su hijo no lo recibiría.
El periodismo no puede decir la verdad, porque si lo dice, pierde el trabajo. Por ejemplo, no puede decir que la democracia es una mierda y que hay que cambiarla, porque la democracia le da de comer. Por eso nunca puede decir la verdad, al estar en una relación de dependencia con el sistema. A lo sumo puede decirlo, mas volverse activista de dicha idea, pues eso va contra todo el interés corporativo de la sofistica de los medios. En definitiva, si tu jefe es un sinvergüenza, tú no se lo dirías a menos que estés dispuesto a renunciar. Entonces, decir que el periodismo dice la verdad y verlo al mismo tiempo ultra democrático, entonces es una contradicción en las cosas.
Si se fijan bien, cada vez que se critica el fracaso de la democracia en argentina, se hace un silencio cómplice del resto de panelistas o invitados, y después cambian de tema rápidamente.
El periodismo es oportunismo puro, al sol que más calienta. Un ejemplo es Clarín. Mientras Kirchner les sirvió, silenciaron toda la información de la corrupción, que se sabía perfectamente.
Bueno, se me acabó el rollo por ahora.
Me voy a ver a boquita.
Otro día la sigo.
saludos
Los periodistas son equivalentes a los sofistas de la antigüedad, salvo que los antiguos al menos eran originales. Para los que no saben, los sofistas enseñaban a hacer carrera pública en la democracia griega. Los sofistas se jactaban de poder probar una cosa y la contraria, y cobraban por enseñar a dominar, supuestamente, todas las artes.
El arte del sofista consiste en el fondo en ganar dinero, dijo Aristóteles. Así son los periodistas.
A los periodistas lo único que les importa es el rating, pues a más gente mirando, atraen más publicidad, y por tanto ganan más dinero. Es decir, no les importan los problemas sociales como la pobreza, la desocupación, la inseguridad… sólo les interesa en función de lo que miden en cantidad de espectadores. Si esa cantidad baja… entonces tienen un medidor y van cambiando de tema en función de esas mediciones.
Trabajan a sueldo, como todo el mundo. Pero sucede que por esa razón no son capaces nunca de decir la verdad. Es decir, son mercenarios de la palabra. El periodista que dice que a él no le paga nadie, miente. Alguien le paga, o el dueño del canal, o el publicista, o quien le compre determinado espacio. Por lo tanto, siempre son parciales. Y es mentira que no se puede ser imparcial.
El sofista nunca contesta ninguna pregunta. Esto lo hacen los políticos asiduamente. Los periodistas no necesitan hacerlo porque son ellos los que hacen las preguntas. Cuando se enfrentan en un dialogo con alguien más o menos formado, casi siempre pierden el debate, pues ni están bien formados académicamente y el ejercicio del periodismo consiste en volverse cada día más superficial. La influencia del periodismo sobre el pueblo se debe no sólo a la desproporción del medio, esto es, la potencia de poder comunicarse a muchos, sino que incluso cuanto más frívolo es el contenido mayor es su influencia.
Un pensador que tenía dos hijos, un varón y una mujer, comentó que si un día sus hijos salieran a hacer su vida y el varón se volviera periodista y la mujer prostituta, en caso de que pretendan volver a su casa, recibiría a su hija, pero a su hijo no lo recibiría.
El periodismo no puede decir la verdad, porque si lo dice, pierde el trabajo. Por ejemplo, no puede decir que la democracia es una mierda y que hay que cambiarla, porque la democracia le da de comer. Por eso nunca puede decir la verdad, al estar en una relación de dependencia con el sistema. A lo sumo puede decirlo, mas volverse activista de dicha idea, pues eso va contra todo el interés corporativo de la sofistica de los medios. En definitiva, si tu jefe es un sinvergüenza, tú no se lo dirías a menos que estés dispuesto a renunciar. Entonces, decir que el periodismo dice la verdad y verlo al mismo tiempo ultra democrático, entonces es una contradicción en las cosas.
Si se fijan bien, cada vez que se critica el fracaso de la democracia en argentina, se hace un silencio cómplice del resto de panelistas o invitados, y después cambian de tema rápidamente.
El periodismo es oportunismo puro, al sol que más calienta. Un ejemplo es Clarín. Mientras Kirchner les sirvió, silenciaron toda la información de la corrupción, que se sabía perfectamente.
Bueno, se me acabó el rollo por ahora.
Me voy a ver a boquita.
Otro día la sigo.
saludos