En este post les traigo una selección de sueños que escribí a lo largo del año pasado y éste. Algunos son muy simples, otros intrincados. Hay pesadillas también. No busquen sentido, son sueños. Los nombres fueron censurados, porque sí. No soy buena escritora, aunque traté de redactarlos con la mayor cantidad de detalles posible para facilitar su comprensión. Están copiados tal cual los escribí en el cuaderno. Espero que encuentren alguno interesante. Saludos!
21/07/2015
Estoy en un hospital psiquiátrico, sola. Tonos crema y verdoso. Dos internas psiquiátricas quieren hacer un trío conmigo. Me encierran en una habitación vacía, me atan y me clavan una jeringa en el muslo izquierdo. Vacían su contenido. Me clavan otra pero no la vacían. Aparece enfermero. Pelo hasta los hombros, oscuro. Interviene sin muchas ganas. Se nota que es amigo de las locas.
Temperatura: normal
Hora: Indeterminada
Tiempo/espacio: presente.
21/09/2015
I-Estoy en casa con X. Era esta misma casa pero más grande, con las habitaciones más espaciosas y atiborradas de ropa y cosas. X no aparece en todo el sueño, creo que está trabajando. Sé que hay muchas personas escondidas en toda la casa: en los roperos, bajo la cama, entre la ropa. Todos quieren hacerme daño y están esperando la oportunidad en que me distraiga para poder salir de sus escondites y herirme. Puedo oír sus murmullos, puedo ver leves movimientos en la ropa donde se ocultan. No sé por qué no salen, si estoy sola con X. Cuando aparecen, lo hacen de a uno. Vienen directo a mí con bisturís, tijeras, elementos cortantes. Yo blando un gran cuchillo de cocina, con el que voy hiriéndolos y matando cuando vienen por mí. La sensación de mi afilada herramienta perforando profundamente la carne ajena, me produce una sensación completamente nauseabunda. La tarea se vuelve infinitamente más difícil al tener a X en upa todo el tiempo. X es recién nacida en el sueño, tiene pocos meses de vida, quizá solo tres. En una ocasión, salen dos hombres de sus escondites e intentan llevársela, por lo que yo me abalanzo sobre ellos y se las quito de los brazos. Consigo, no se de dónde, un estuche con flechas largas y finas y un arco. Dichas flechas seguían y mataban a las personas por sí solas. Todo lo que tenía que hacer yo, era lanzarlas. Cuando quedaba sólo un intruso en mi hogar, me pide que lo mate con un flechazo en el corazón, pero que le clave la flecha con mis manos. Lo hago, y la sensación de penetrar carne cruda, vuelve a sentirse en mi cuerpo.
II-Estoy en la casa de mis padres. Ellos se acaban de casar y estamos festejando. Están todos nuestros familiares, incluso los que al día de la fecha, fallecieron. X, por ejemplo. Voy al cuarto paterno y veo que mi madre tiene una gran cantidad de vestidos guardados en su ropero. Le comento que los vi y ella comienza a ordenarlos. Nos da uno a cada mujer que había en aquella celebración. La mayoría eran muy bonitos.
26/10/15
Es la actualidad, estoy en una fiesta familiar con padres, padrinos, tíos, primos. Había más familiares de los que en la realidad tengo. Estoy charlando amenamente con todos, contándoles de mi vida, de los progresos de X. En un momento, mi madrina X interrumpe mi conversación para decirme: “vos no te acordás, pero cuando eras chiquita tuviste otro bebé”. Yo me reí, creyendo que me estaba haciendo un chiste de lo más bobo. Pero no, ella continuó: “Te lo sacaron por cesárea porque eras muy joven”. Me miro la panza para corroborar la historia y no tenía ninguna cicatriz. Resolví pensar que la había atacado alguna confusión temporal y me voy de la habitación. Ella me alcanza en un pasillo y me dice: “vení, te voy a mostrar unas fotos”. Evidentemente estaba movilizada por una especie de indignación ante el ocultamiento de mi propia vida por parte de mi familia. Me lleva al cuarto de mis padres, busca unas carpetas ubicadas en lo alto de un mueble. Revisa los papeles que contiene, hasta que llega a un puñado de fotos 10x10. Me muestra una, y lo que veo en ella me resulta sencillamente increíble. En la imagen estoy yo, con una panza de embarazo de aproximadamente 20 semanas, el pelo larguísimo y cara de preadolescente, abrazada en actitud jocosa, a una de mis amigas de primaria. Me quedo estupefacta ante la foto y la reviso varias veces. ¿Soy yo? ¿realmente soy yo? ¿cómo puede ser? No recuerdo nada, tiene que ser un error. Mi madrina me da otra foto: yo, con el mismo pelo larguísimo, la misma cara de preadolescente, pero esta vez, con un embarazo de al menos 30 semanas, en compañía de mis padres. En la siguiente, estoy ataviada con una bata hospitalaria, en una camilla, aguardando la operación. En la siguiente, mi panza había bajado considerablemente, estoy dormida en una cama de hospital y algunos familiares vinieron a visitarme. No hay ni una foto del bebé en cuestión. Una cortina de lágrimas cubre mis ojos. Tengo en mente más preguntas de las que jamás tuve, y no sé por dónde empezar a formularlas. Voy corriendo a buscar a mi padre y le pido explicaciones, le muestro las fotos, estoy a los gritos. Él me ignora y se enoja. Se va a otro lado. Toda mi familia empieza a emanar un aura de traición, locura, terror. Ya no se en quién confiar y sólo busco respuestas. Me muevo por la casa con miedo, buscando un poco de afecto, donde ahora sólo hay indiferencia. El lugar parece haberse convertido en un laberinto de infinitas habitaciones. Consigo encontrar en una de ellas a un tío, que en la realidad no existe. Está preparando unas máquinas de depilación láser (?) y luego de tranquilizarme un poco con chistes y sonrisas, me ofrece hacerme un tratamiento. Me asegura que no duele, así que accedo. Mientras me quema los vellos de las piernas con el láser, lo interrogo acerca de mi precoz embarazo. ¿quién es el padre? ¿dónde está mi hijo? ¿por qué no recuerdo nada y todos se encargaron de ocultármelo sistemáticamente? Con cada pregunta que formulo, el tío se enoja cada vez más y más. Me aterrorizo y huyo del cuarto, buscando a mi madrina para que continúe explicándome. Escucho que, de lejos, mi tío me grita que mi hijo se lo habían dado a una chica de pelo azul. Encuentro a mi madrina, la angustia me supera. Le ruego que me explique el resto de la historia. Ella prosigue: “Cuando vos tenías doce años, tus padres fueron tentados con la oferta de un grupo de médicos. Ellos les ofrecieron una cantidad enorme de dinero a cambio de que les permitan utilizar tu vientre para implantar un embrión modificado genéticamente para que, una vez que nazca, sea utilizado únicamente para ser objeto de numerosos experimentos, ya que había sido desarrollado para ofrecer curas a muchas enfermedades complejas y raras. Tus padres te dijeron que si vos aceptabas, utilizarían ese dinero únicamente para darte una buena vida. Así que accediste. Implantaron el embrión y desarrollaste un embarazo normal. Estabas contenta de llevar un niño en tu vientre. Llegado el día de la cesárea, ellos tenían otros planes. Te sedaron por completo e hicieron el procedimiento normal. Pero inmediatamente después, entregaron el niño a otra mujer para su cuidado y te administraron progresivamente durante meses, una mezcla de fármacos muy fuertes para dañar la parte de tu cerebro que almacenaba esos recuerdos y poder quedarse ellos con el dinero. Obviamente compraron el silencio de toda la familia por sumas miserables. Mientras esas palabras salían serenamente de su boca, mis ojos no podían parar de llorar. Jamás me había sentido tan mal en mi vida. Salgo del cuarto corriendo porque sabía que la chica de pelo azul estaba en la casa (?) La encuentro sentada en una mesa en el comedor. Tenía un ojo celeste y el otro color miel. Mi hijo estaba sentado detrás de ella. Tenía un ojo celeste y otro color miel.
2/1/2016
Son aproximadamente las 5, 6pm de un día invernal (aunque siento calor). Se que es invierno por lo gélido de los colores celestes y la escasez de plantas, aunque sea una ciudad. Estoy en la terraza de la casa de mis viejos. Comienzo a desplazarme por las paredes reptando en intervalos irregulares. Más bien, me arrastraba por aquellos muros una fuerza invisible, constante, pero vaga, lenta, pesada. Dejaba que mi cuerpo cediera ante esa tracción que me hacía subir por los muros y deambular por terrazas lindantes. Algún que otro habitante me miraba estupefacto desde su vivienda. Me siento un Shinigami, siento varios raspones en mis brazos, torso. En una de las terrazas, consigo un pequeño rectángulo de cemento y le doy una chupada, como si fuera un palito de agua. En ese momento comienzo a recordar otros sueños, viejos sueños de hace años, cuando ni pensaba en escribirlos. Sobreviene a mí una sensación sumamente particular, indescriptible, pero que al igual que hoy, la experimenté en aquellos sueños recordados. Vienen a mí reuniones de adolescentes vestidos de negro, algún evento pedorro para reafirmar personalidades. Vienen a mí hospedajes con forma de faro, hechos totalmente de color blanco.
31/1/16
Estoy en un aula de la UBA, presenciando una clase de (creo que) literatura, atiborrada de alumnos. La gran mayoría escuchamos atentamente al/la profesor/a, aunque muchos están charlando por su cuenta. Mis pensamientos se pierden recorriendo vagamente con la mirada a la masa estudiantil, sin prestarle atención a las palabras del docente, que retumban sórdamente en mi cabeza para luego escapar. De pronto, noto algo que hace que mis ojos se detengan y comience a prestar atención: dos estudiantes, hombre y mujer, con un bebé en brazos. El hombre me estaba mirando también, luego sonríe. “Qué osados al venir con el chiquito a clases”, pienso. La mujer está absorta en sus apuntes. Al mirar detenidamente unos segundos más, algo me empieza a sonar familiar y me doy cuenta: ¡son mis padres!, ¡son ellos de jóvenes!, ¡el bebé que tienen en brazos soy yo! Pienso automáticamente, mientras la escena escapa a todo razonamiento que pueda lograr. Se termina la clase. Los alumnos se levantan en manada y salen, atiborrándose en la puerta. Yo no logro despegarme de mi silla, estando todavía atónita, mientras la pareja y la bebé se pierden en la multitud.
8/03/2016
Nos tocaba mudarnos de lo de mis viejos, habíamos conseguido unos cuartos en una iglesia antiquísima. Nos llevábamos todas las cosas a cuestas por la ciudad plagada de gente, parecíamos mochileros. Pasamos por un bar de Rivadavia y vimos a X, muy serio y quieto, sentado solo en una mesa, rodeado de grupos de gente ruidosa en otras mesas. Nos acercamos a él y le contamos: “¡Hola, X!, sabés que nos estamos mudando, vamos a vivir en una iglesia”. Él no responde ni se mueve, se lo ve extremadamente preocupado. Esperamos un ratito, y al ver que no va a moverse ni a hablarnos, nos vamos. Seguimos caminando y llegamos a nuestra nueva casa: la iglesia. Era hermosa, gigante, llena de gente recibiendo una misa. Le avisamos a un clérigo que éramos los “nuevos inquilinos” y nos disponemos a encontrar nuestras habitaciones. No teníamos las llaves, fuimos informados de que teníamos que resolver una serie de acertijos para acceder a las llaves. En un papel antiguo, un poema en rima, rezaba que debíamos “hacernos amigos del lugar”, antes de poder acceder a él. X pensó que debíamos saludar a todos los fieles de la iglesia. Yo pensé que eso iba a tardar muchísimo tiempo, y que no sería realmente “hacernos amigos del lugar”. En medio de la iglesia, había una gran fuente de agua con un gigantesco y feroz león de piedra como figura principal. Su boca estaba abierta y tenía expresión enojada. Supuse que el acertijo tenía que ver con aquella imponente figura de roca. Para probar, tomé unas piedritas sueltas del fondo de la fuente y las coloqué en su boca. Al instante, la estatua cobra vida, sus articulaciones hacen ruido seco al moverse, y engulle aquellas piedras, cambiando luego su expresión feroz por una alegre. Se mueve una última vez para abrir su boca y regalarme la llave de nuestros cuartos. La tomo con temor aunque ya supe que era su amiga. El cuarto con nuestras habitaciones se ubicaba en el área superior de la iglesia, en uno de los balcones del primer piso. (no recuerdo imágenes de los cuartos). Pasaron unos días, nos acomodamos, sentimos el lugar como propio. Salgo a recorrerlo un día donde no hay gente porque está cerrado. Tonos neutros, grisáceos, ocres, tierras. En el fondo de la iglesia hay un jardín con enredaderas en sus paredes. Tonos verdes apagados, grisáceos. Sensación de calidez, seguridad, tranquilidad. Ese lugar de varios siglos guarda el aura de miles de historias.
24/03/16
Varios sueños muy cortos.
I-Pasillo de mi primaria llena de gente de mi secundaria. Gente forra, ambiente amenazante, penumbras, multitud.
II-Veo a X.
III-Me doy vuelta en el pasillo y era todo un horizonte de agua. Ahora estoy parada sobre un puerto, en un día muy luminoso. Aparece una sirena de cola larguísima, escamosa y brillante a la luz del sol, color turquesa. Me subo a sus hombros y me lleva por el mar. Llegamos a un tótem de piedra perdido en la inmensidad oceánica, color tierra claro, con otra sirena tallada en la piedra, de la cabeza hasta el torso. La sirena, de cola plateada, dice que no puede pasar de ese punto, ya que a partir de ahí, el agua dulce se convertía en salada y no podía nadar en ella. La sirena tallada en piedra cobra vida, develando una cola dividida en dos con una aleta en cada extremo. Comienza a atacar a la sirena de cola turquesa.
3/05/2016
Estoy con todos los preparativos de la mudanzade la casa de Avellaneda a la de mis padres. Mi madre me había dicho: “en esacasa hay una presencia hostil, agresiva”. Yo la sentía pero por el momento, notan fuertemente, atareada con los preparativos de la mudanza. Los últimos días,sin embargo, se había hecho notar más que en todo el tiempo que estuvimos en lacasa. Uno de los últimos días, ya con todo preparado para mudarnos, entreviajes de ida y vuelta para llevar algunas bolsas y cajas, en Avellaneda, a lanoche, decido darme un último baño de inmersión en aquel baño de azulejosazules. Preparando la ropa limpia, toallas, llenando la bañera de agua, sientoaquella presencia hostil, vigilándome, haciéndome sentir que tenía los peoressentimientos hacia mí. Penetraba mi nuca una mirada invisible que me provocabauna gran tensión y contractura. Una vezllena la bañera hasta la mitad con agua caliente, me saco la ropa y me metodentro. Sin darme cuenta hasta que ya resulta ineludible, me envuelve un soporconfuso, que no me deja advertir que el celeste de los azulejos se destiñe, seoxida, dejando ese color claro convertido en tonos de amarillo sucio, manchado,oxidado, muerto. Sigo bañándome, sumidaen un automatismo total, mientras la atmósfera se vuelve espesa, pero no por elvapor, sino por una niebla negra y densa que cubre toda la pequeña habitación. De las paredes se abren agujeros del mismoóxido, y de los agujeros brota pelo muerto hasta el piso. El lugar (y yo)estaba poseído por aquel ente indescriptible y descomunal. Sigo inmersa en misopor, por lo que al notar todos estos cambios, no me sorprendo. Ya no soy yo,soy el miedo en que me han convertido. El agua despide sangre de ella misma, tornandoel líquido que me cubre en una sopa color ocre. El color de la descomposición. Enun ademán, agarro un espejito que había dejado a mi lado, para verme el rostro.Sin haber nada (aparentemente) entre él y el espejo, la imagen que devuelve esuna mata del mismo pelo que brotaba de las paredes, y entre toda esa cortina depelo confusa, apenas parte de mi rostro se reflejaba en el cristal.
Tengolombrices y una cucaracha gigante dentro de la mejilla izquierda. Dentro de lacarne, entre la boca y el exterior. Pululan locamente, moviendo sus patas conel frenesí de no tener espacio ni escapatoria de aquel lugar. En un intentodesesperado por terminar aquella tortura, aplasto los bichos contra mis encíaspara matarlos, no sin sentir el crujido de sus cuerpos dentro de mi carne,donde se encontraban ahora muerto Luego me pregunto, ¿cómo haré para sacarlos de ahí?
29/08/2016
Estaba caminando por el barrio de Once, en unade sus calles habitualmente atestadas de gente. Decido entrara un local de juegos electrónicos(también atestado) y jugara uno de mis preferidos: uno tipo casino, no se elnombre, esos que tienen varios rodillos que giran. Como necesitaba fichas paraaccionar el juego y no tenía dinero, robo algunos tickets de otras máquinaspara cambiarlos por fichas. Así lo hago y puedo jugar. El mecanismo seaccionaba con un dispositivo con un par de botones que colgaba del techo. Peroestaba roto y pegado con cinta. Sin embargo, el juego funcionaba igual, sin queyo lo maneje. En vez del juego al que estaba habituada, en la pantalla sereproduce una secuencia en video que se me dificulta describir. Eran comodocumentales de religión, bastante mal o precariamente editados. Las imágenesestaban alteradas en sus colores, los comportamientos de las personas queaparecían hablando o dando algún testimonio se comportaban de manera errática. El video se pausaba, se volvía a reproducir. Enciertos momentos, figuraba en la pantalla la leyenda que solía aparecer cuandoganabas, pero en lugar de que la máquina expidiera tickets, entregaba pilas defotos antiguas de distintos momentos de la vida de personas que yo desconocía. Deesas fotos sepia o blanco y negro que eran luego coloreadas a mano. Alinstante, la máquina entregaba otras fotos de esas personas, pero ya muertas,yaciendo en las camillas forenses luego de sus autopsias. Y a parte de llamarla atención la serie de incisiones que presentaban profundamente en sus carnespálidas, presentaban cerca de sus cuerpos una serie de estructuras en bloque,como las que usan los niños para jugar, pero hechos (todos armados y cosidos)de sus propias carnes. Todos presentaban la mismas construcciones de bloques,pero dispuestos de diferentes maneras, cerca de los cadáveres fotografiados. La máquina expidió muchas fotos de variaspersonas distintas. Mujeres, hombres mayores. Tenía la sensación de que esaspersonas habían tenido que ver de alguna manera con ese juego, pero no sabía exactamente qué.
Gracias por pasar