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La democracia de Williams Wallace

En la escena final de Corazón Valiente escuchamos el grito de Wallace “freedom” mientras era torturado por un inglés.



En ajedrez se habla del sonido de un sacrificio, cuando se trata, por ejemplo, de un gambito. El objetivo de entregar material consiste en obtener a cambio de alguna ventaja, mejor posición, ganar tiempo o dar jaque mate. Se habla de “sonido” en el sacrificio de pieza, pues muchas veces no es posible calcular ni prever la infinidad de variantes que surgen a posteriori, lo cual dicho sea de paso constituye uno de los grandes atractivos del juego ciencia.



En el caso de la película, no hay muchas posibilidades, o pedía clemencia o no la pedía. Creo que el escritor o libretista era demasiado inglés, ya que si el héroe hubiera gritado ESCLAVITUD, habríamos entendido perfectamente la idea, a saber: su espíritu guerrero aun en el final poseía la fuerza suficiente para revelarse contra tal aberración y aun románticamente seguir luchando en la agonía. Pero no, gritó libertad y, por supuesto, el inglés le cortó la cabeza. Así queda revelado también cómo entienden los ingleses la libertad, aunque más no sea para los otros. Los ingleses van instalando la libertad por el mundo, y no han logrado sino llevar conflicto y dividir los países. Son especialistas en la división social.

El grito de Wallace carece de sonido, reclama la conquista de un medio que no se sabe para qué será usado, consecuencias que no pueden calcularse. Parce justificar la religión hueca inglesa de la libertad. Lo que no cierra del grito, lo sospechoso del asunto reside en aclamar por una libertad sin definición, una libertad abstracta, para nada y para todo, la libertad como fin en sí misma.
Es evidente para el sentido común que la libertad no se entiende fuera del bien. Todavía se cree falsamente que un hombre libre es aquel que puede elegir entre el bien o el mal. A la libertad no le gusta la dialéctica, no elige algo que le viene planteado como esto o aquello, simplemente la libertad elige elegir, elige elegir entre una u otra cosa. Pero si elige elegir, no puede sino elegir el bien.
Es necesario una pequeña ampliación del argumento:

A la esencia de la libertad no pertenece el que se encuentre indeterminadamente para el bien y para el mal; porque el mal es aprehendido como bien, ya que no hay voluntad o elección sino del bien o de lo que aparece como bien; y, por ende, donde la libertad es perfectísima, allí no puede tender al mal…
En antropología se aprende el objeto propio de cada potencia. El objeto propio de la voluntad es el bien. El mal es un defecto que elegimos sólo aprendido como bien aparente. Ese bien o bien aparencial se llama bien educido: captado por el cerebro - por eso puede equivocarse-, opuesto a bienes del instinto o naturaleza, al que ya tendemos. Resumiendo, no puede ser de otra manera: la voluntad siempre elige el bien (o bien aparente cuando se equivoca o no se quiere) ya que el mal carece de entidad en sí misma, es carencia de bien, y todo lo malo lo entendemos por comparación al bien.


La idea de la libertad para todo y nada, abstracta y transversal a todo discurso periodístico, significa que cualquiera puede hacer cualquier cosa, sobre todo en lo que se refiere a los medios para obtener dinero. Por ejemplo, el caso de los cinco jóvenes muertos. Es indignante escuchar a políticos y periodistas discursear de las obligaciones de los organizadores de fiestas electrónicas de proveer agua gratis, pero está ideológicamente justificado, puesto que no se deben impedir tales fiestas, ni que un dealer gane dinero o un joven se drogue. La prueba de ello reside en cómo los medios presentan el tema: una tragedia, repito UNA TRAGEDIA, o sea, lavada de manos político-estatal-democrática. Lo malo se protege disimuladamente.



Supongamos una situación donde la municipalidad clausura un puesto de comida ambulante por vender pescado podrido. Llegan las cámaras de televisión y el dueño comienza a hablar de estado represivo, de democracia, queremos democracia etc., y está ideológicamente justificado, mientras la policía se lo lleva preso. ¿No se trataba de ganar guita como pueda? Luego aparecen los políticos hablando de establecer reglas de juego claras, siendo ideológicamente contradictorio, y son ellos los vendedores de pescado podrido. Mientras, el tipo común va preso y los políticos hacen carrera. En realidad, el mercado legal parece más negro que el mercado negro. El mercado “blanco” posee el plus de operar de manera legal, aunque no legitima, como abrir sociedades offshore para evadir impuestos es legal, pero no legítimo.

El control del dólar, de los precios, el control de la inflación, de los sueldos, son contradicciones ideológicas. En los 90 supuestamente el estado no intervenía en economía, pero controlaba el dólar 1 a 1, lo cual para los zurdos era ser Nazi. Después vinieron los no-nazis a establecer los precios cuidados y la devaluación controlada. Ojo, no hago más que deducir las consecuencias claras del sistema: los precios cuidados es una práctica Nazi, opuesta al principio democrático de la libertad económica. ¿Por qué la democracia se aplica a los pobres y no a los ricos? Simple: LA DEMOCRACIA NO EXISTE sino para los ricos y poderosos.



Finalmente, ¿Cómo entienden los poderosos la actividad económica del país? La entiende de la misma manera que un laburante de la calle, la diferencia es cuestión de poder. El gobierno mañana ubica el dólar a 28 y te afanan limpio y sin mover un dedo el 50% del sueldo. Eso es poder Nazi… De democracia, nada de nada.

Y atención, atención… Aprendamos a sacar bien las conclusiones, o terminaremos justificando que robar está bien, pues solo los ricos tendrían la posibilidad de hacer política dignamente. Atención, atención, por eso bien Pascal dijo: pensar bien es el principio de la ética. Concluir incorrectamente, justifica a los corruptos de siempre. Después no nos quejemos. Dicen: ¡Hay que aprender a votar! Pues no, expresión vacía. Si te cagaron 10 veces, no es que no sabes votar, es que te están cagando. Cuidado a ver si concluimos mal y nos damos cuenta que el instrumento defendido –a ultranza- es al mismo tiempo habilitador de todos los males. Sólo en el mito de Moises la serpiente se convirtió en cetro de gobierno y abrió el mar Rojo, pues allí hasta el diablo servía a los planes de Dios. Pero nosotros no somos el pueblo Judío, y por cómo estamos, tampoco Dios parece darnos mucha bola.
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