Que tiempos gloriosos aquellas de las descargas directas, donde de manera rápida, practica y sencilla podías descargar cualquier tipo de archivo ya sea por medio de modalidad gratuita o bien en base a las bondades que entregaba una cuenta premium. Una película de estreno, el titulo de un juego, la discografía completa de nuestra banda favorita o lo que fuese, todo podía encontrarse almacenado en los diferentes cyberlockers entregando una amplia oferta para un mercado cada vez mas demandante.
Pero todo eso es historia, o por lo menos por ahora. Desde la caída de Megaupload, acontecimiento por lo demás que dio la vuelta al mundo y que la mayoría de los medios de comunicación aclamaban como el principio del fin de la piratería y el intercambio de contenidos con derechos de autor.
Que estúpidos aquellos, pero mas estúpidos aun los actores de la industria cinematográfica, y cuando digo actores no me refiero aquellos personajes que caracterizan cada una de las superproducciones de Hollywood. Me refiero a actores en el sentido de todas las compañías ligadas a esta industria y que son parte de un modelo de negocios agonizante que mas temprano que tarde exhalara su ultimo respiro.
Productoras, estudios, compañías de distribución y toda la mierda que hoy en día rodea a este mercado que no sabe otra cosa que entablar demandas y sendos juicios sin siquiera proponer soluciones acordes a los tiempos que corren para generar y distribuir todos estos contenidos de manera accesible para los usuarios a nivel global.