Por eso me llenó de extrañeza, hace ya algunos años, una noticia publicada en un medio tan ¿serio? como El Mundo de Orizaba, en el cual se daba cuenta del extraño caso de un hato de ovejas que fue hallado muerto por los lugareños. Los borreguitos conservaban intactas sus carnes, sólo mostraban un par de profundos orificios en sus cuellos, como si hubieran sido mordidos por grandes murciélagos. Los testigos aseguraban que los animalitos no tenían ni gota de sangre, pero su lana no había sido cortada.
-Ah, bueno, entonces no fue por dinero que los atacaron,- concluyó prestamente tía Margarita cuando le comenté la noticia- si dices que no les quitaron su lana…
Más recientemente causó sensación la noticia, difundida incluso por la televisión estatal, de otros terribles ataques sucedidos en Córdoba. Un corral fue diezmado con extrema ferocidad por criaturas desconocidas, las aves –incluso las pollas y los pollitos- estaban todas muertas, también grandes especies fueron agredidas. La gente no se explicaba qué clase de ser podría ser el responsable. ¡Tenía que ser el Chupacabras!
Las autoridades organizaron una batida en los montes cercanos, encontraron unos extraños cánidos, toda una camada. Eran criaturas extrañas, más bien unos perros salvajes, que tristemente no sobrevivieron al cautiverio. Lástima porque quizá se trataba de una especie amenazada. Más tarde fue hallada muerta una gran hembra, seguramente la madre.
La celebridad del Chupacabras en la región central veracruzana data ya de unos tres o cuatro lustros. Aparecidas en Puerto Rico las primeras noticias de cabras y ovejas muertas en extrañas circunstancias, pronto se reportaron ataques en Centroamérica, México e incluso el sur de Estados Unidos.
Nadie se ponía de acuerdo con las características del ente, debido seguramente a lo subrepticio de sus actividades, la imaginación de la gente le atribuía toda clase de características, a cual de más bizarra. Incluso la TV recogió la leyenda en Los Expedientes Secretos X, una de las series más bobas, en donde siempre se trata de dejar contentos a escépticos y creyentes en los fenómenos extra-normales.
Pero la sabiduría popular de los orizabeños hace ya mucho que resolvió el misterio del origen y las actividades del mítico ser:
-¿Ya sabes de dónde viene el Chupacabras?- pregunta Néstor al Teto.
-Sí, de Shu-papá y Shu-mamá…-
¡Misterio resuelto!
-¿Y sabes que le hicieron al Chupacabras ‘ora que se cumplió un año de que apareció?- Inquiere a su vez el Teto al Néstor.
-¡Claro! ¡Le hicieron shu-pachanga!
… Es todo cuanto necesitamos saber del Chupacabras, no hay más secretos.
Creo tener elementos para no creer en el Chupacabras como explicación para tales o cuales sucesos raros. Durante mi servicio como vigilante nocturno en los pueblos de la región central de Veracruz jamás me topé con semejante criatura, nunca se registró ataque alguno a los animales domésticos que pudiera atribuírsele. Nadie me comentó una agresión ni pidió mi auxilio para alejar a algún depredador que se le pareciera. Y mi servicio duró tres años y medio. Hay muchos chupa-chelas (cervezas), pero ningún chupacabras.
En una ocasión me topé, eso sí, con el Chupapollas. Estaba el pobre hombre ebrio hasta el gorro, sentado en su jardín, allá en una congregación de Nogales.
-Oye, pasa, te doy cien varos- me dijo- ¡Quiero mamarte la… (y dijo aquí una palabra digna de marineros que no divulgo para no lastimar nuestros castos ojos)- .
La circunstancia afortunada de que había un buen enrejado entre el bizarro humanoide y mi persona, y la avanzada intoxicación etílica del mismo hicieron que pudiera salir bien librado de ese lance. ¡Vaya Chupapollas del que me libre, tío!
Tomemos un mayate (escarabajo mexicano) en nuestras manos, escudriñemos con la vista su estructura, sus alas frágiles y prodigiosas que le permiten volar y volar a pesar de su pesado y rechoncho cuerpo. Admiremos la disposición de sus antenas, sintamos el áspero movimiento de sus seis patas. Admiremos su terquedad en participar en nutridos batallones buscando la hembra ideal para reproducirse. Alabemos llenos de asombro a la inteligencia y a la fuerza creatrices que le han dado origen, y dejémoslo seguir su camino. Un simple insecto es realmente un prodigio grandísimo, no necesitamos inventar chupasandeces. Así que miremos nuestro alrededor con atención y mandemos al Chupacabras a chupar faros