Nota de AmorFati: lo siguiente es una traducción del ensayo de M. Goldman publicado en 2004 en la revista Foreign Affairs, que pertenece al CFR, un famoso think tank pro-globalización de tendencia neo-con. Así que es algo viejo pero no por eso irrelevante.
Por Marshall I. Goldman.
En el medio de septiembre, el presidente ruso Vladimir Putin anunció planes para una radical revisión del sistema político de su país, con la meta de centralizar el poder en el Kremlin. Actuando en la emergencia de una crisis de rehenes en Beslan, durante la cual los separatistas chechenos asesinaron cientos de niños, Putin afirmó que su toma de poder era necesaria para ayudar a Rusia a ganar su propia guerra contra el terrorismo. Cualquiera sean sus motivaciones, la movida representa un gran paso atrás para la democracia rusa.
Las acciones recientes pueden ser las más drásticas desde su posición por lejos, pero fueron difícilmente las primeras señales de su disposición a desplegar el poder del Estado Ruso para sus propios propósitos. Un año antes, el tuvo a Mikhail Khodorkovsky, la cabeza del grupo petrolero Yukos y uno de los hombres más ricos del mundo, arrestado y encarcelado bajo cargos de fraude y evasión impositiva -una jugada ampliamente interpretada como una declaración de guerra contra los llamados oligarcas, quienes amasaron una fortuna y un poder fenomenales desde el colapso de la Unión Soviética en 1991. Una cuestión clave ahora es si el arresto de Khodorkovsky es la antesala de lo que le pasará a muchos de sus colegas de negocios.
El affair Khodorkovsky ha sido un shock para aquellos quienes han llegado a creer en la "nueva Rusia". Durante la docena previa de años, los rusos han rechazado al Partido Comunista y la economía planificada de la URSS. Para el aplauso de la mayor parte del mundo exterior, Rusia y sus asesores económicos extranjeros elaboraron un programa para la privatización de la industria, vivienda y tierras. EN un intento de "capitalismo popular", virtualmente cada ruso fue dotado con un bono por acciones en una empresa privada próxima a ser tal. Los mercados financieros brotaron casi por doquier, mientras los ministerios industriales dieron paso a las corporaciones multinacionales basadas en propiedad privada rusa.
La más grandes de esas corporaciones fueron de productores de petróleo, gas natural o metal, que previamente habían sido controladas por el ministerio industrial soviético. Sus ejecutivos se volvieron deslumbrantemente ricos casi de la noche a la mañana. En mayo de 2004, la edición rusa de Forbes identificó a 36 de esos oligarcas como propietarios de patrimonios mil millonarios. Khodorkovsky encabezó la lista con un estimado neto de 15 mil millones de dólares.
Estos eventos parecieron señalar el triunfo del mercado y la industria privada. Para estar seguro, hubo inquietantes reportes de tratos oscuros durante los relevos, pero muchos observadores los explicaron como efectos colaterales inevitables de tal transformación de largo alcance. Después de todo, ¿no tuvo los EE.UU. una vez sus propios barones del robo, quienes, pese a sus tempranas tácticas de reyerta, se volvieron los líderes de algunas de la corporaciones más importantes del país y los benefactores de sus más respetadas fundaciones y caridades? Además, muchos arguyeron, era solo cuestión de tiempo antes de que el gobierno ruso corrija los más flagrantes desmanes, tanto como Theodore Roosvelt lo hizo con el paso del Acta Sherman Antitrust y otras reformas progresivas durante los primeros años del siglo XX.
La diferencia en Rusia es que las reformas básicas y privatización de los 90' fueron tan fallidas e injustas que crearon un clima de negocios inestable. Un radical reestablecimiento de los arreglos de propiedad existentes no eran así y todo, sino inevitable. Y dadas las tendencias autoritarias de Putin, es difícilmente sorprendente que cuando el cambio viniera fuera igualmente fallido e injusto, y tal vez igualmente desestabilizante. Lo que ocurrió con Khodorkovsky y nueve de sus ahora encerrados o exiliados socios mayores en, en breve, más que la saga dramática de la caída de un hombre rico de la gracia, o un capricho despótico de venganza: es una ventana a los quiebres de la economía política post soviética.
MAREAS DE PETRÓLEO VS. CUERPOS DEL GOBIERNO
Las reformas de los 90' fueron principalmente el trabajo de asesores traídos bajo el mandato de Boris Yeltsin. Temiendo que la población pueda pronto tener un cambio de corazón y dar la espalda a la reforma, Yegor Gaidar y Anatoly Chubais, los arquitectos jefes del proceso, decidieron acelerarlo, vendiendo las empresas y recursos del estado por poco o nada a cambio. No avanzado mucho, la propiedad de algunos de los recursos más valuados de Rusia fue subastada por bancos en propiedad de oligarcas bajo el esquema llamado "Préstamos por Acciones". Aunque supuestamente actuaban a favor del estado, los bancos subastantes amañaron el proceso y en casi todos los casos terminaron como los exitosos licitadores. Así fue como Khodorkovsky obtuvo el 78% de la propiedad en Yukos, valiendo cerca de $5 mil millones, por unos meros $310 millones, y como Boris Berezovsky obtuvo Sibneft, otro gigante del petróleo, de $3 mil millones, por cerca de $100 millones.
Cuando vino a pactar con los oligarcas, el gobierno no estaba generalmente autorizado a ejercer demasiado control. En tanto el estado era muy débil, esos "nuevos rusos" pagaron pocos o ningún impuesto sobre sus adquisiciones. Y si la mayoría de los barones del robo norteamericanos al menos creo algo de la nada, los oligarcas rusos no añadieron nada a lo que ya era algo. Virtualmente todas sus fortunas vinieron de la apropiación de los activos materiales en bruto de Rusia, los que hasta 1992 habían estado bajo propiedad y manejo del estado. Un éxito de oligarca, en otras palabras, casi siempre dependía de sus conexiones con oficiales del gobierno a cargo de privatizar las riquezas energéticas y minerales del país, como también de su habilidad para superar tácticamente e intimidar a sus rivales. (Dos ejecutivos mayores de Yukos han sido acusados de homicidio e intento de homicidio, y el mayor de Nefteyugansk, donde la más grande unidad productiva de Yukos es dirigida, fue asesinado después de criticar el fallo de la empresa para pagar impuestos.)
Para el tiempo en que Putin sobrepasó a Yeltsin en los 2000, había mucho que corregir. Uno de los primeros pasos fue declarar un cambio en las reglas de juego. Como lo hizo en un encuentro con los oligarcas en febrero de 2000, "Se pregunta, ¿qué debe ser la relación con los llamados oligarcas?, lo mismo que con cualquier otra persona, al igual que con el dueño de una pequeña panadería o un taller de reparación de calzado". Que Putin dijo esto en un encuentro especial con los oligarcas y no con un grupo de panaderos o zapateros, está fuera del punto; la declaración fue tomada como una señal de que los magnates no estarían más autorizados para saltearse las regulaciones y contar con acceso especial al Kremlin. En julio de ese año, Putin le dijo a los oligarcas que no interferiría con sus negocios o nacionalizaría recursos del estado en tanto ellos se mantuvieran fuera de las políticas -esto es, en tanto no desafiaran o criticaran al presidente. Aunque la promesa trajo algo de tranquilidad, también mostró un concepto deformado de cómo los mercados, las empresas y el Estado deben funcionar en una democracia.
Limitar la participación política de los oligarcas resultó difícil. A medida que más gente se enriquecía, algunos estaban inevitablemente tentados de expandir sus actividades más allá de los negocios. Varios, entre ellos Vladimir Gusinsky y Berezovsky, crearon imperios mediáticos de emisoras de televisión, periódicos y revistas y utilizaron estos medios para atacar no sólo unos a otros, sino también a Putin, en particular por sus políticas en Chechenia y su inepta respuesta al hundimiento en el 2000 del submarino de propulsión nuclear en el Mar de Barents.
Cuando Putin comenzó a sentirse traicionado por los oligarcas políticamente, otros se encontraron victimizados económicamente. Los inversores en los proyectos de Khodorkovsky encontraron regularmente que habían adquirido papeles sin valor. El inversor estadounidense Kenneth Dart tuvo que cancelar un estimado de $ 1 mil millones. La compañía petrolera entonces conocida como Amoco (y más tarde como BP Amoco) tuvo una experiencia similar. Ambos habían puesto dinero en una filial productora de petróleo que KHodorkovsky obtuvo y despojó de sus activos. Del mismo modo, cuando la compañía rusa Tyumen Oil despojó los activos de una filial de Sidanko Oil, BP Amoco tuvo que cancelar, al menos temporalmente, $ 200 millones de su inversión de $ 500 millones en Sidanko Oil.
Después de que el gobierno ruso declarara una moratoria sobre el pago de su deuda el 17 de agosto de 1998, la mayoría de los bancos rusos, incluida la Menatep de Khodorkovsky, simplemente cerraron sus puertas, privando a cientos de miles de rusos ordinarios de sus ahorros. En lugar de tratar de ayudar a los depositantes u otros prestamistas, Khodorkovsky tomó cualquier activo sano que pudiera salvar y los desvió a una subsidiaria en San Petesburgo, fuera del alcance de los acreedores. Después de la intervención larga y con frecuencia poco entusiasta del gobierno, Menatep finalmente accedió a proporcionar una compensación simbólica; Al igual que Yukos, a los que habían tomado sus acciones como garantía de los préstamos a la empresa. Pero para cuando Khodorkovsky fue a través de la emisión de nuevas acciones y la dilución del viejo stock, pocos de los bancos de los depositantes o prestamistas tenían mucho que mostrar por sus esfuerzos.
Aun así, era menos una trampa financiera de Khodorkovsky que su interferencia en asuntos políticos la que molestó a Putin. Se informó que Khodorkovsky había ofrecido a los dos partidos liberales de Rusia, Yabloko y SPS (el Partido de las Fuerzas de Derecha), $ 100 millones para unirse y hacer campaña juntos en oposición a Putin y su Partido de Rusia Unida. Y él ampliamente dio a entender que se presentaría a la presidencia en 2008, cuando el mandato de Putin venciera.
Khodorkovsky también promovió activamente la legislación que beneficiaría a Yukos. Se dijo que, para asegurar ese apoyo, compró el control de hasta 100 escaños en la Duma (la cámara baja del parlamento ruso), incluyendo varios en poder de miembros del Partido Comunista. Si los rumores eran verdaderos o no, fue capaz de evitar los intentos de la Duma de aumentar los impuestos sobre los productores de petróleo en 2001 y 2002.
Este tipo de lobby pesado no se conoce en el Congreso de los Estados Unidos, especialmente en materia energética, pero para Putin representó una violación del acuerdo que había ofrecido a los oligarcas. Los siloviki, los tipos de ley y orden de la KGB, la policía y el ejército que Putin había estado introduciendo en el gobierno, sentían lo mismo. Los métodos de Khodorkovsky eran un desafío fundamental para su control del país -o, como se dijo, "un peligro y una amenaza para el Estado ruso".
ESQUILANDO AL OSO
Irónicamente, sólo unos pocos años antes, Jodorkovski había decidido comenzar una nueva hoja, al menos en materia financiera, y él comenzó a cambiar la forma en que corrió su negocio. En 1999, defendió la importancia de la transparencia para él y sus colegas oligarcas. Contrató firmas de contabilidad occidentales, y Yukos se convirtió en una de las pocas compañías rusas en reconocer quiénes eran sus principales accionistas. Comenzó a pagar los salarios a sus empleados y publicar un estado más completo de sus obligaciones tributarias. Khodorkovsky reorganizó la junta de directores de Yukos, reuniendo a varios respetados inversionistas, abogados y empresarios occidentales. También estableció la Open Russia Foundation, una organización benéfica que apoya proyectos educativos y culturales, y reclutó a Henry Kissinger, Lord Rothschild y Arthur Hartman, el ex embajador de los Estados Unidos en la Unión Soviética. Una vez que había hecho sus miles de millones, él, al igual que los barones del robo estadounidenses, decidió que era hora de ser caritativo y jugar por las reglas.
Como muchos en Occidente aplaudieron estos cambios, Khodorkovsky se volvió cada vez más seguro de sí mismo e incluso descarado. Deseoso de exportar más petróleo, pidió la construcción de nuevos oleoductos: uno al puerto ártico de Murmansk (una base para las exportaciones a los Estados Unidos) y otro a través de Siberia (hacia los mercados asiáticos). Para este último, él favoreció un gasoducto a China, a pesar de la preferencia del gobierno por una ruta al Pacífico, que serviría Japón. Aunque ambas propuestas ya eran un desafío directo a Transneft, el monopolio estatal que poseía y operaba todos los oleoductos de Rusia, Khodorkovsky anunció que estaba preparado para construir sus propios ductos si fuera necesario.
Por si fuera poco, en una reunión de febrero de 2003 en el Kremlin, Jodorkovsky se quejó a Putin de que los ejecutivos de una empresa petrolera estatal, Rosneft, habían pagado de más por una empresa más pequeña en un acuerdo ventajoso. (Se enfadó porque Yukos también se había interesado en la compañía, pero se había negado a comprarla por lo que consideraba un precio exagerado). La denuncia de Rosneft por Khodorkovsky fue un desafío abierto a Putin porque el jefe de Rosneft, Sergei Bogdanchikov, era muy cercano a los siloviki. Más y más, parecía que, con su inmensa riqueza, el control sobre lo que estaba a punto de convertirse en la cuarta compañía petrolera del mundo y una considerable influencia en la Duma, Khodorkovsky se vio a sí mismo fuera del control del Kremlin. Ningún hombre de negocios había llegado a ese punto antes, ni bajo el zar ni bajo Yeltsin, y Putin estaba decidido a no dejar tampoco que sucediera en su vigilancia.
Las travesuras financieras de Khodorkovsky no eran excepcionales. Las autoridades podrían haber presentado cargos similares de pago insuficiente, evasión fiscal, soborno, asesinato o intento de asesinato contra muchos de los oligarcas. Fue la audacia que Khodorkovsky y sus subordinados de Yukos mostraron al interferir directamente en la política la que los convirtió en un objetivo especial. Al igual que Gusinsky (que fue encarcelado por un tiempo) y Berezovsky (que fue exiliado) ante él, Khodorkovsky provocó a Putin criticándolo y apoyando a partidos de oposición y candidatos.
Para aquellos que creen en la supremacía del Estado -como la mayoría de los rusos- el comportamiento agresivo de Khodorkovsky era sospechoso en cualquier número de cargos. Una cuestión aún más básica, sin embargo, era si tenía derecho a reclamar por sí mismo gran parte de la riqueza que hasta hace poco tiempo pertenecía al Estado o, supuestamente, al pueblo en general. Esta cuestión se hizo cada vez más grande para el Kremlin y los siloviki. Desde su perspectiva, los oligarcas no habían hecho nada para merecer tal buena fortuna. Los recursos del país habían sido robados a través de la manipulación de un proceso de privatización mal concebido, gracias a ofertas fraudulentas, sobornos, violencia e interpretaciones dudosas de la ley. Hasta finales de 1999, además, casi ninguno de los oligarcas había hecho mucho para reestructurar o mejorar los activos que habían adquirido del Estado.
Cuando unos pocos particulares se apoderaron de la propiedad estatal, un tercio de la población de Rusia fue empujada por debajo de la línea de pobreza, exacerbando el resentimiento público por una redistribución tan radical de la riqueza. Según una encuesta reciente, el 77 por ciento de los rusos cree que la privatización debería ser total o parcialmente revisada. Sólo el 18 por ciento se opone a la renacionalización. Muchos de los entrevistados también estaban descontentos con el sistema de mercado en general y trataron de desacreditar todo el proceso de privatización.
Los siloviki, mientras tanto, se habían preocupado de que el acceso y la propiedad de más y más de los depósitos minerales de Rusia se estaban vendiendo a las corporaciones multinacionales extranjeras, incluyendo algunas propiedad predominantemente de los estadounidenses. En el momento del arresto de Khodorkovsky en octubre de 2003, Tyumen Oil había formado una sociedad con BP, y varias otras compañías (como ConocoPhillips) estaban en secreto involucradas en negociaciones similares. Cuando Khodorkovsky, después de anunciar una fusión pendiente entre Yukos y Sibneft, comenzó a negociar con ExxonMobil y Chevron-Texaco, los línea dura del gobierno crecieron verdaderamente alarmados. Temían que Putin despertara una mañana y descubriera que las empresas de energía más estratégicas y valiosas de Rusia habían sido tomadas por corporaciones occidentales. Una cosa era que las compañías extranjeras fueran inversionistas minoritarios, pero otra muy distinta para ellos era comprar control operacional, especialmente cuando algunos de sus pagos a los oligarcas estaban siendo desviados al exterior. La compra de Roman Abramovich del equipo de fútbol de Chelsea por 400 millones de dólares podría haber complacido a los londinenses, pero enfureció al alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, que quería saber por qué el dinero no iba a mejorar a un equipo de Moscú.
Que muchos de los oligarcas eran judíos también ayudó a revivir algunos viejos y feos prejuicios. Era sólo cuestión de tiempo antes que un nacionalista ruso como Alexander Tsipko sacara la imagen del "capital judío" de los días del zar, alegando (incorrectamente) que Khodorkovsky había dispuesto la transferencia de su "participación en Yukos a la tutela del Señor Rothschild del Instituto Judío de Investigación Política en Gran Bretaña " si algo le pasara.
En resumen, los oligarcas eran un objetivo fácil. Después de la detención de Khodorkovsky, las calificaciones de la encuesta de Putin subieron de un ya alto 70 por ciento a un impresionante 80 por ciento. Rodina, un partido político nacionalista de apenas unos meses de antigüedad, pudo ganar nueve por ciento de los votos en las elecciones de la Duma dos meses después. La mayoría de los rusos piensa, con razón, que si las reformas económicas del país en general y la privatización en particular se hubieran llevado a cabo con más honestidad y equidad, los resultados económicos habrían sido mejores, las disparidades de ingresos del país menos pronunciadas y el control de sus recursos más ampliamente dispersos.
LA MANO DURA DE PUTIN
Si es difícil defender a Khodorkovsky y la mayoría de los otros oligarcas, es igualmente difícil justificar los métodos que Putin usó contra ellos. Las maquinaciones de los siloviki han sido particularmente agresivas. Según la socióloga Olga Kryshtanovskaya, los siloviki constituyen ahora del 50 al 70 por ciento del personal del Kremlin. Aunque la mayoría no son partidarios del comunismo, sí buscan restablecer el poder en el Estado y asegurar que las fuerzas de seguridad recuperen un papel central, si no de mando, en la política rusa. Bogdanchikov, un aliado clave de los siloviki, se jactó de que "tres días en la prisión de Butyrke y (Khodorkovsky y su ayudante Roman Lebedev) entenderán quién es el amo del bosque".
Para impedir la transferencia de la propiedad de Yukos a las compañías occidentales, las autoridades estatales ordenaron la incautación de 40 por ciento de las acciones de Yukos, junto con la detención de Khodorkovsky. También intentaron forzar a Khodorkovsky y sus ayudantes a transferir el control de la compañía al estado o, al menos, a un propietario más simpático de Rusia. Las amenazas contra Gusinsky habían traído buenos resultados: después de unos días de prisión en una celda con criminales comunes, algunos de los cuales se pensaba que estaban infectados con el VIH, había cedido sus acciones en Media Most a Gazprom, el monopolio de gas controlado por Rusia.
Pero los ejecutivos de Yukos fueron más resueltos. A pesar de que se les denegó la libertad bajo fianza y se les dio prisión cada vez mayores sentencias, se negaron a entregar sus acciones. Se mantuvieron ante las advertencias del fiscal de que sus sentencias podrían extenderse de días, semanas y meses en décadas. Quejándose del hecho de que "tristemente, es imposible dar Khodorkovsky un plazo más largo" de diez años, el Fiscal Adjunto Vladimir Kolesnikov sugirió que la ley se enmiende para extender el plazo máximo. Y para disuadir a cualquiera que pudiera estar tentado a venir a la defensa de Khodorkovsky, Kolesnikov advirtió: "Que aquellos que aún no están en la cárcel piensen mucho sobre lo que están haciendo".
Detener a empresarios ricos, incluso a multimillonarios, ya no es una novedad en Rusia o en otros lugares. Pero en Rusia son arrestados por hombres enmascarados armados con ametralladoras, y se les niega la fianza. Los que no son encarcelados son cada vez más presionados a aceptar a los siloviki como socios o devolver la propiedad al estado, por miedo a que sus corporaciones sean despojadas de su valor. El Ministerio de Recursos Naturales ya ha revocado la licencia de Yukos para perforar en algunas partes de Siberia. En julio, el Ministerio de Justicia amenazó con apoderarse de la mayor filial de la compañía, Yuganskneftegaz, que vale entre 17 y 24 mil millones de dólares. Contemplando, irónicamente, una táctica favorita de Khodorkovsky, por un tiempo el gobierno consideró subestimar el activo y venderlo por sólo $ 1,75 mil millones, como pago parcial de la factura de impuestos de la compañía por $ 3,4 mil millones para el año 2000. A esa tasa, Yukos no sería capaz de pagar su factura por los 2000, o por cualquier año desde entonces.
Hay quienes están en el Kremlin que verían tal venta como una oportunidad de oro para que el estado y los siloviki recuperen el control de personas que ellos consideran ser vendedores indignos. Como un signo de lo que puede venir, Igor Sechin, asesor de Kremlin para Putin, acaba de ser nombrado presidente de Rosneft, la petrolera estatal. (Su hija acaba de casarse con el hijo de Vladimir Ustinov, fiscal general de Rusia a cargo del caso Yukos). Pocas semanas después, Putin anunció que Rosneft se fusionaría con Gazprom. Como la empresa más grande de Rusia, la nueva entidad controlada por el Estado se convertiría en el candidato más probable para recoger Yuganskneftegaz si Yukos se viera obligada a venderlo para pagar impuestos.
REFORMANDO LAS REFORMAS
Cualquier examen de cómo Rusia ha llegado a encontrarse en tal situación debe comenzar con una mirada al proceso original de privatización. Los arquitectos de las reformas pueden afirmar con razón que su proyecto alcanzó su principal objetivo: los comunistas no han recuperado el control del gobierno. Pero al moverse tan rápidamente para privatizar los recursos estatales y al mismo tiempo no fomentar la puesta en marcha de nuevos negocios, los reformadores inadvertidamente allanaron el camino para el ascenso de los oligarcas y para el contraataque del Estado. Y como lo demostraron los resultados de las elecciones de 2003, la toma oligárquica de los recursos de Rusia generó apoyo a los neonacionalistas, cuya agenda no es tan diferente de la de los comunistas, al menos cuando se trata de recuperar el control de los recursos minerales.
En respuesta a estas tendencias políticas, en abril, la Cámara de Auditoría del Estado de Rusia -el equivalente a la Oficina de Responsabilidad del Gobierno de los Estados Unidos- convocó un retiro de un día con tres estadounidenses y cuatro europeos para considerar lo que se podría hacer para remediar los abusos del proceso de privatización. Su informe final está previsto para finales de este año, pero funcionarios rusos han dicho en un informe provisional que las inspecciones de 140 empresas privatizadas han revelado 56 violaciones de las regulaciones estatales. Igor Shuvalov, uno de los asesores económicos de Putin, advirtió más tarde que Yukos no sería la última empresa en encontrarse bajo ataque.
El regreso de los estatistas y su impulso para la reparación están destinados a desestabilizar a los inversionistas privados existentes y potenciales, rusos y extranjeros. Ciertamente, BP debería preocuparse por los $ 7 mil millones que ya ha invertido en una sociedad con Tyumen Oil, una compañía que ha sido acusada de mala conducta similar a Yukos, incluyendo el abuso del sistema legal, el pago injusto de los recursos estatales y la morosidad fiscal . La propia asociación también ha sido acusada de violar la ley oficial de secretos de estado al revelar la extensión de las reservas de petróleo del país, a pesar de que es información que los altos ejecutivos de la asociación necesitaban saber. Los fiscales estatales y las autoridades fiscales también han atacado las oficinas de Sibir Airlines, el productor de metales RusAl y la petrolera Sibneft (que pagó impuestos sobre sólo el 7 por ciento de sus ganancias, menos de un tercio de la tasa legal y la mitad de lo que Yukos pagó ).
Los inversionistas extranjeros tampoco han sido salvados. Una licitación de 1993 para el desarrollo en la isla de Sakhalin por un consorcio dirigido por ExxonMobil fue repentinamente revocada en febrero después de que el consorcio fuera acusado de no invertir tanto como había prometido. Dado que casi todos los esfuerzos de privatización han implicado el pago insuficiente, la reducción de impuestos, la evasión fiscal, la intimidación o la fuerza física absoluta, cada nuevo propietario tiene que temer que, si puede ser identificado, algún día un organismo gubernamental también lo excluirá por hostigamiento. Como resultado, la represión puede haber retrasado involuntariamente esfuerzos para hacer que los negocios rusos sean más transparentes.
Reconociendo la ansiedad que estas medidas han provocado, Putin ha tratado de tranquilizar a la comunidad empresarial. Él hizo un punto de encuentro con James Mulva, presidente ejecutivo de ConocoPhillips, para animarle a que haga una oferta por las acciones que el Estado sigue disponiendo de Lukoil. En una reunión de diciembre de 2003 con la Cámara de Comercio de Rusia, además, Putin señaló: "Si cinco, siete o diez personas infringen la ley, eso no significa que los demás hicieron lo mismo. El resto no pudo haber ganado tanto dinero , Pero hoy duermen profundamente ".
Esto no es reconfortante. ¿Quién sabe a qué cinco, siete o diez de los 5.500 negocios privatizados se refería Putin? Y si el pasado es un precedente, sería inusual, como lo sugiere el informe de la Cámara de Auditoría del Estado, que tan pocas empresas sean objeto de escrutinio al final. Así, a pesar de las garantías de Putin, la mayoría de los que se beneficiaron de la privatización verán el encarcelamiento de Khodorkovsky como una advertencia de lo que les podría pasar si se ponen demasiado ambiciosos o desafían al Kremlin.
Rusia, sin duda, sobrevivirá al viciado proceso de privatización, al igual que ha sobrevivido a crisis más graves. Pero la dirección que está tomando Putin es decepcionante. Al fusionar la empresa estatal Gazprom con la estatal Rosneft, ha señalado una vez más que el Estado se convertirá en una voz fuerte, si no dominante, en la política energética y la planificación económica. Por otra parte, la nueva entidad se ha convertido en el demandante más probable para Yuganskneftegaz una vez que, como parece probable, Yukos se ve obligada a venderlo. Si se produce la compra, Gazprom-Rosneft representará entonces el 25 por ciento de la producción energética del país. Combinado con la represión de Putin contra los medios de comunicación y su orden de septiembre de terminar la elección directa de gobernadores y miembros de la Duma, su creciente participación en asuntos económicos es preocupante. Significa que, bajo Putin, Rusia está invirtiendo algunas de las reformas económicas y políticas más importantes que adoptó después de liberarse del yugo del comunismo.
Por Marshall I. Goldman.
En el medio de septiembre, el presidente ruso Vladimir Putin anunció planes para una radical revisión del sistema político de su país, con la meta de centralizar el poder en el Kremlin. Actuando en la emergencia de una crisis de rehenes en Beslan, durante la cual los separatistas chechenos asesinaron cientos de niños, Putin afirmó que su toma de poder era necesaria para ayudar a Rusia a ganar su propia guerra contra el terrorismo. Cualquiera sean sus motivaciones, la movida representa un gran paso atrás para la democracia rusa.
Las acciones recientes pueden ser las más drásticas desde su posición por lejos, pero fueron difícilmente las primeras señales de su disposición a desplegar el poder del Estado Ruso para sus propios propósitos. Un año antes, el tuvo a Mikhail Khodorkovsky, la cabeza del grupo petrolero Yukos y uno de los hombres más ricos del mundo, arrestado y encarcelado bajo cargos de fraude y evasión impositiva -una jugada ampliamente interpretada como una declaración de guerra contra los llamados oligarcas, quienes amasaron una fortuna y un poder fenomenales desde el colapso de la Unión Soviética en 1991. Una cuestión clave ahora es si el arresto de Khodorkovsky es la antesala de lo que le pasará a muchos de sus colegas de negocios.
El affair Khodorkovsky ha sido un shock para aquellos quienes han llegado a creer en la "nueva Rusia". Durante la docena previa de años, los rusos han rechazado al Partido Comunista y la economía planificada de la URSS. Para el aplauso de la mayor parte del mundo exterior, Rusia y sus asesores económicos extranjeros elaboraron un programa para la privatización de la industria, vivienda y tierras. EN un intento de "capitalismo popular", virtualmente cada ruso fue dotado con un bono por acciones en una empresa privada próxima a ser tal. Los mercados financieros brotaron casi por doquier, mientras los ministerios industriales dieron paso a las corporaciones multinacionales basadas en propiedad privada rusa.
La más grandes de esas corporaciones fueron de productores de petróleo, gas natural o metal, que previamente habían sido controladas por el ministerio industrial soviético. Sus ejecutivos se volvieron deslumbrantemente ricos casi de la noche a la mañana. En mayo de 2004, la edición rusa de Forbes identificó a 36 de esos oligarcas como propietarios de patrimonios mil millonarios. Khodorkovsky encabezó la lista con un estimado neto de 15 mil millones de dólares.
Estos eventos parecieron señalar el triunfo del mercado y la industria privada. Para estar seguro, hubo inquietantes reportes de tratos oscuros durante los relevos, pero muchos observadores los explicaron como efectos colaterales inevitables de tal transformación de largo alcance. Después de todo, ¿no tuvo los EE.UU. una vez sus propios barones del robo, quienes, pese a sus tempranas tácticas de reyerta, se volvieron los líderes de algunas de la corporaciones más importantes del país y los benefactores de sus más respetadas fundaciones y caridades? Además, muchos arguyeron, era solo cuestión de tiempo antes de que el gobierno ruso corrija los más flagrantes desmanes, tanto como Theodore Roosvelt lo hizo con el paso del Acta Sherman Antitrust y otras reformas progresivas durante los primeros años del siglo XX.
La diferencia en Rusia es que las reformas básicas y privatización de los 90' fueron tan fallidas e injustas que crearon un clima de negocios inestable. Un radical reestablecimiento de los arreglos de propiedad existentes no eran así y todo, sino inevitable. Y dadas las tendencias autoritarias de Putin, es difícilmente sorprendente que cuando el cambio viniera fuera igualmente fallido e injusto, y tal vez igualmente desestabilizante. Lo que ocurrió con Khodorkovsky y nueve de sus ahora encerrados o exiliados socios mayores en, en breve, más que la saga dramática de la caída de un hombre rico de la gracia, o un capricho despótico de venganza: es una ventana a los quiebres de la economía política post soviética.
MAREAS DE PETRÓLEO VS. CUERPOS DEL GOBIERNO
Las reformas de los 90' fueron principalmente el trabajo de asesores traídos bajo el mandato de Boris Yeltsin. Temiendo que la población pueda pronto tener un cambio de corazón y dar la espalda a la reforma, Yegor Gaidar y Anatoly Chubais, los arquitectos jefes del proceso, decidieron acelerarlo, vendiendo las empresas y recursos del estado por poco o nada a cambio. No avanzado mucho, la propiedad de algunos de los recursos más valuados de Rusia fue subastada por bancos en propiedad de oligarcas bajo el esquema llamado "Préstamos por Acciones". Aunque supuestamente actuaban a favor del estado, los bancos subastantes amañaron el proceso y en casi todos los casos terminaron como los exitosos licitadores. Así fue como Khodorkovsky obtuvo el 78% de la propiedad en Yukos, valiendo cerca de $5 mil millones, por unos meros $310 millones, y como Boris Berezovsky obtuvo Sibneft, otro gigante del petróleo, de $3 mil millones, por cerca de $100 millones.
Cuando vino a pactar con los oligarcas, el gobierno no estaba generalmente autorizado a ejercer demasiado control. En tanto el estado era muy débil, esos "nuevos rusos" pagaron pocos o ningún impuesto sobre sus adquisiciones. Y si la mayoría de los barones del robo norteamericanos al menos creo algo de la nada, los oligarcas rusos no añadieron nada a lo que ya era algo. Virtualmente todas sus fortunas vinieron de la apropiación de los activos materiales en bruto de Rusia, los que hasta 1992 habían estado bajo propiedad y manejo del estado. Un éxito de oligarca, en otras palabras, casi siempre dependía de sus conexiones con oficiales del gobierno a cargo de privatizar las riquezas energéticas y minerales del país, como también de su habilidad para superar tácticamente e intimidar a sus rivales. (Dos ejecutivos mayores de Yukos han sido acusados de homicidio e intento de homicidio, y el mayor de Nefteyugansk, donde la más grande unidad productiva de Yukos es dirigida, fue asesinado después de criticar el fallo de la empresa para pagar impuestos.)
Para el tiempo en que Putin sobrepasó a Yeltsin en los 2000, había mucho que corregir. Uno de los primeros pasos fue declarar un cambio en las reglas de juego. Como lo hizo en un encuentro con los oligarcas en febrero de 2000, "Se pregunta, ¿qué debe ser la relación con los llamados oligarcas?, lo mismo que con cualquier otra persona, al igual que con el dueño de una pequeña panadería o un taller de reparación de calzado". Que Putin dijo esto en un encuentro especial con los oligarcas y no con un grupo de panaderos o zapateros, está fuera del punto; la declaración fue tomada como una señal de que los magnates no estarían más autorizados para saltearse las regulaciones y contar con acceso especial al Kremlin. En julio de ese año, Putin le dijo a los oligarcas que no interferiría con sus negocios o nacionalizaría recursos del estado en tanto ellos se mantuvieran fuera de las políticas -esto es, en tanto no desafiaran o criticaran al presidente. Aunque la promesa trajo algo de tranquilidad, también mostró un concepto deformado de cómo los mercados, las empresas y el Estado deben funcionar en una democracia.
Limitar la participación política de los oligarcas resultó difícil. A medida que más gente se enriquecía, algunos estaban inevitablemente tentados de expandir sus actividades más allá de los negocios. Varios, entre ellos Vladimir Gusinsky y Berezovsky, crearon imperios mediáticos de emisoras de televisión, periódicos y revistas y utilizaron estos medios para atacar no sólo unos a otros, sino también a Putin, en particular por sus políticas en Chechenia y su inepta respuesta al hundimiento en el 2000 del submarino de propulsión nuclear en el Mar de Barents.
Cuando Putin comenzó a sentirse traicionado por los oligarcas políticamente, otros se encontraron victimizados económicamente. Los inversores en los proyectos de Khodorkovsky encontraron regularmente que habían adquirido papeles sin valor. El inversor estadounidense Kenneth Dart tuvo que cancelar un estimado de $ 1 mil millones. La compañía petrolera entonces conocida como Amoco (y más tarde como BP Amoco) tuvo una experiencia similar. Ambos habían puesto dinero en una filial productora de petróleo que KHodorkovsky obtuvo y despojó de sus activos. Del mismo modo, cuando la compañía rusa Tyumen Oil despojó los activos de una filial de Sidanko Oil, BP Amoco tuvo que cancelar, al menos temporalmente, $ 200 millones de su inversión de $ 500 millones en Sidanko Oil.
Después de que el gobierno ruso declarara una moratoria sobre el pago de su deuda el 17 de agosto de 1998, la mayoría de los bancos rusos, incluida la Menatep de Khodorkovsky, simplemente cerraron sus puertas, privando a cientos de miles de rusos ordinarios de sus ahorros. En lugar de tratar de ayudar a los depositantes u otros prestamistas, Khodorkovsky tomó cualquier activo sano que pudiera salvar y los desvió a una subsidiaria en San Petesburgo, fuera del alcance de los acreedores. Después de la intervención larga y con frecuencia poco entusiasta del gobierno, Menatep finalmente accedió a proporcionar una compensación simbólica; Al igual que Yukos, a los que habían tomado sus acciones como garantía de los préstamos a la empresa. Pero para cuando Khodorkovsky fue a través de la emisión de nuevas acciones y la dilución del viejo stock, pocos de los bancos de los depositantes o prestamistas tenían mucho que mostrar por sus esfuerzos.
Aun así, era menos una trampa financiera de Khodorkovsky que su interferencia en asuntos políticos la que molestó a Putin. Se informó que Khodorkovsky había ofrecido a los dos partidos liberales de Rusia, Yabloko y SPS (el Partido de las Fuerzas de Derecha), $ 100 millones para unirse y hacer campaña juntos en oposición a Putin y su Partido de Rusia Unida. Y él ampliamente dio a entender que se presentaría a la presidencia en 2008, cuando el mandato de Putin venciera.
Khodorkovsky también promovió activamente la legislación que beneficiaría a Yukos. Se dijo que, para asegurar ese apoyo, compró el control de hasta 100 escaños en la Duma (la cámara baja del parlamento ruso), incluyendo varios en poder de miembros del Partido Comunista. Si los rumores eran verdaderos o no, fue capaz de evitar los intentos de la Duma de aumentar los impuestos sobre los productores de petróleo en 2001 y 2002.
Este tipo de lobby pesado no se conoce en el Congreso de los Estados Unidos, especialmente en materia energética, pero para Putin representó una violación del acuerdo que había ofrecido a los oligarcas. Los siloviki, los tipos de ley y orden de la KGB, la policía y el ejército que Putin había estado introduciendo en el gobierno, sentían lo mismo. Los métodos de Khodorkovsky eran un desafío fundamental para su control del país -o, como se dijo, "un peligro y una amenaza para el Estado ruso".
ESQUILANDO AL OSO
Irónicamente, sólo unos pocos años antes, Jodorkovski había decidido comenzar una nueva hoja, al menos en materia financiera, y él comenzó a cambiar la forma en que corrió su negocio. En 1999, defendió la importancia de la transparencia para él y sus colegas oligarcas. Contrató firmas de contabilidad occidentales, y Yukos se convirtió en una de las pocas compañías rusas en reconocer quiénes eran sus principales accionistas. Comenzó a pagar los salarios a sus empleados y publicar un estado más completo de sus obligaciones tributarias. Khodorkovsky reorganizó la junta de directores de Yukos, reuniendo a varios respetados inversionistas, abogados y empresarios occidentales. También estableció la Open Russia Foundation, una organización benéfica que apoya proyectos educativos y culturales, y reclutó a Henry Kissinger, Lord Rothschild y Arthur Hartman, el ex embajador de los Estados Unidos en la Unión Soviética. Una vez que había hecho sus miles de millones, él, al igual que los barones del robo estadounidenses, decidió que era hora de ser caritativo y jugar por las reglas.
Como muchos en Occidente aplaudieron estos cambios, Khodorkovsky se volvió cada vez más seguro de sí mismo e incluso descarado. Deseoso de exportar más petróleo, pidió la construcción de nuevos oleoductos: uno al puerto ártico de Murmansk (una base para las exportaciones a los Estados Unidos) y otro a través de Siberia (hacia los mercados asiáticos). Para este último, él favoreció un gasoducto a China, a pesar de la preferencia del gobierno por una ruta al Pacífico, que serviría Japón. Aunque ambas propuestas ya eran un desafío directo a Transneft, el monopolio estatal que poseía y operaba todos los oleoductos de Rusia, Khodorkovsky anunció que estaba preparado para construir sus propios ductos si fuera necesario.
Por si fuera poco, en una reunión de febrero de 2003 en el Kremlin, Jodorkovsky se quejó a Putin de que los ejecutivos de una empresa petrolera estatal, Rosneft, habían pagado de más por una empresa más pequeña en un acuerdo ventajoso. (Se enfadó porque Yukos también se había interesado en la compañía, pero se había negado a comprarla por lo que consideraba un precio exagerado). La denuncia de Rosneft por Khodorkovsky fue un desafío abierto a Putin porque el jefe de Rosneft, Sergei Bogdanchikov, era muy cercano a los siloviki. Más y más, parecía que, con su inmensa riqueza, el control sobre lo que estaba a punto de convertirse en la cuarta compañía petrolera del mundo y una considerable influencia en la Duma, Khodorkovsky se vio a sí mismo fuera del control del Kremlin. Ningún hombre de negocios había llegado a ese punto antes, ni bajo el zar ni bajo Yeltsin, y Putin estaba decidido a no dejar tampoco que sucediera en su vigilancia.
Las travesuras financieras de Khodorkovsky no eran excepcionales. Las autoridades podrían haber presentado cargos similares de pago insuficiente, evasión fiscal, soborno, asesinato o intento de asesinato contra muchos de los oligarcas. Fue la audacia que Khodorkovsky y sus subordinados de Yukos mostraron al interferir directamente en la política la que los convirtió en un objetivo especial. Al igual que Gusinsky (que fue encarcelado por un tiempo) y Berezovsky (que fue exiliado) ante él, Khodorkovsky provocó a Putin criticándolo y apoyando a partidos de oposición y candidatos.
Para aquellos que creen en la supremacía del Estado -como la mayoría de los rusos- el comportamiento agresivo de Khodorkovsky era sospechoso en cualquier número de cargos. Una cuestión aún más básica, sin embargo, era si tenía derecho a reclamar por sí mismo gran parte de la riqueza que hasta hace poco tiempo pertenecía al Estado o, supuestamente, al pueblo en general. Esta cuestión se hizo cada vez más grande para el Kremlin y los siloviki. Desde su perspectiva, los oligarcas no habían hecho nada para merecer tal buena fortuna. Los recursos del país habían sido robados a través de la manipulación de un proceso de privatización mal concebido, gracias a ofertas fraudulentas, sobornos, violencia e interpretaciones dudosas de la ley. Hasta finales de 1999, además, casi ninguno de los oligarcas había hecho mucho para reestructurar o mejorar los activos que habían adquirido del Estado.
Cuando unos pocos particulares se apoderaron de la propiedad estatal, un tercio de la población de Rusia fue empujada por debajo de la línea de pobreza, exacerbando el resentimiento público por una redistribución tan radical de la riqueza. Según una encuesta reciente, el 77 por ciento de los rusos cree que la privatización debería ser total o parcialmente revisada. Sólo el 18 por ciento se opone a la renacionalización. Muchos de los entrevistados también estaban descontentos con el sistema de mercado en general y trataron de desacreditar todo el proceso de privatización.
Los siloviki, mientras tanto, se habían preocupado de que el acceso y la propiedad de más y más de los depósitos minerales de Rusia se estaban vendiendo a las corporaciones multinacionales extranjeras, incluyendo algunas propiedad predominantemente de los estadounidenses. En el momento del arresto de Khodorkovsky en octubre de 2003, Tyumen Oil había formado una sociedad con BP, y varias otras compañías (como ConocoPhillips) estaban en secreto involucradas en negociaciones similares. Cuando Khodorkovsky, después de anunciar una fusión pendiente entre Yukos y Sibneft, comenzó a negociar con ExxonMobil y Chevron-Texaco, los línea dura del gobierno crecieron verdaderamente alarmados. Temían que Putin despertara una mañana y descubriera que las empresas de energía más estratégicas y valiosas de Rusia habían sido tomadas por corporaciones occidentales. Una cosa era que las compañías extranjeras fueran inversionistas minoritarios, pero otra muy distinta para ellos era comprar control operacional, especialmente cuando algunos de sus pagos a los oligarcas estaban siendo desviados al exterior. La compra de Roman Abramovich del equipo de fútbol de Chelsea por 400 millones de dólares podría haber complacido a los londinenses, pero enfureció al alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, que quería saber por qué el dinero no iba a mejorar a un equipo de Moscú.
Que muchos de los oligarcas eran judíos también ayudó a revivir algunos viejos y feos prejuicios. Era sólo cuestión de tiempo antes que un nacionalista ruso como Alexander Tsipko sacara la imagen del "capital judío" de los días del zar, alegando (incorrectamente) que Khodorkovsky había dispuesto la transferencia de su "participación en Yukos a la tutela del Señor Rothschild del Instituto Judío de Investigación Política en Gran Bretaña " si algo le pasara.
En resumen, los oligarcas eran un objetivo fácil. Después de la detención de Khodorkovsky, las calificaciones de la encuesta de Putin subieron de un ya alto 70 por ciento a un impresionante 80 por ciento. Rodina, un partido político nacionalista de apenas unos meses de antigüedad, pudo ganar nueve por ciento de los votos en las elecciones de la Duma dos meses después. La mayoría de los rusos piensa, con razón, que si las reformas económicas del país en general y la privatización en particular se hubieran llevado a cabo con más honestidad y equidad, los resultados económicos habrían sido mejores, las disparidades de ingresos del país menos pronunciadas y el control de sus recursos más ampliamente dispersos.
LA MANO DURA DE PUTIN
Si es difícil defender a Khodorkovsky y la mayoría de los otros oligarcas, es igualmente difícil justificar los métodos que Putin usó contra ellos. Las maquinaciones de los siloviki han sido particularmente agresivas. Según la socióloga Olga Kryshtanovskaya, los siloviki constituyen ahora del 50 al 70 por ciento del personal del Kremlin. Aunque la mayoría no son partidarios del comunismo, sí buscan restablecer el poder en el Estado y asegurar que las fuerzas de seguridad recuperen un papel central, si no de mando, en la política rusa. Bogdanchikov, un aliado clave de los siloviki, se jactó de que "tres días en la prisión de Butyrke y (Khodorkovsky y su ayudante Roman Lebedev) entenderán quién es el amo del bosque".
Para impedir la transferencia de la propiedad de Yukos a las compañías occidentales, las autoridades estatales ordenaron la incautación de 40 por ciento de las acciones de Yukos, junto con la detención de Khodorkovsky. También intentaron forzar a Khodorkovsky y sus ayudantes a transferir el control de la compañía al estado o, al menos, a un propietario más simpático de Rusia. Las amenazas contra Gusinsky habían traído buenos resultados: después de unos días de prisión en una celda con criminales comunes, algunos de los cuales se pensaba que estaban infectados con el VIH, había cedido sus acciones en Media Most a Gazprom, el monopolio de gas controlado por Rusia.
Pero los ejecutivos de Yukos fueron más resueltos. A pesar de que se les denegó la libertad bajo fianza y se les dio prisión cada vez mayores sentencias, se negaron a entregar sus acciones. Se mantuvieron ante las advertencias del fiscal de que sus sentencias podrían extenderse de días, semanas y meses en décadas. Quejándose del hecho de que "tristemente, es imposible dar Khodorkovsky un plazo más largo" de diez años, el Fiscal Adjunto Vladimir Kolesnikov sugirió que la ley se enmiende para extender el plazo máximo. Y para disuadir a cualquiera que pudiera estar tentado a venir a la defensa de Khodorkovsky, Kolesnikov advirtió: "Que aquellos que aún no están en la cárcel piensen mucho sobre lo que están haciendo".
Detener a empresarios ricos, incluso a multimillonarios, ya no es una novedad en Rusia o en otros lugares. Pero en Rusia son arrestados por hombres enmascarados armados con ametralladoras, y se les niega la fianza. Los que no son encarcelados son cada vez más presionados a aceptar a los siloviki como socios o devolver la propiedad al estado, por miedo a que sus corporaciones sean despojadas de su valor. El Ministerio de Recursos Naturales ya ha revocado la licencia de Yukos para perforar en algunas partes de Siberia. En julio, el Ministerio de Justicia amenazó con apoderarse de la mayor filial de la compañía, Yuganskneftegaz, que vale entre 17 y 24 mil millones de dólares. Contemplando, irónicamente, una táctica favorita de Khodorkovsky, por un tiempo el gobierno consideró subestimar el activo y venderlo por sólo $ 1,75 mil millones, como pago parcial de la factura de impuestos de la compañía por $ 3,4 mil millones para el año 2000. A esa tasa, Yukos no sería capaz de pagar su factura por los 2000, o por cualquier año desde entonces.
Hay quienes están en el Kremlin que verían tal venta como una oportunidad de oro para que el estado y los siloviki recuperen el control de personas que ellos consideran ser vendedores indignos. Como un signo de lo que puede venir, Igor Sechin, asesor de Kremlin para Putin, acaba de ser nombrado presidente de Rosneft, la petrolera estatal. (Su hija acaba de casarse con el hijo de Vladimir Ustinov, fiscal general de Rusia a cargo del caso Yukos). Pocas semanas después, Putin anunció que Rosneft se fusionaría con Gazprom. Como la empresa más grande de Rusia, la nueva entidad controlada por el Estado se convertiría en el candidato más probable para recoger Yuganskneftegaz si Yukos se viera obligada a venderlo para pagar impuestos.
REFORMANDO LAS REFORMAS
Cualquier examen de cómo Rusia ha llegado a encontrarse en tal situación debe comenzar con una mirada al proceso original de privatización. Los arquitectos de las reformas pueden afirmar con razón que su proyecto alcanzó su principal objetivo: los comunistas no han recuperado el control del gobierno. Pero al moverse tan rápidamente para privatizar los recursos estatales y al mismo tiempo no fomentar la puesta en marcha de nuevos negocios, los reformadores inadvertidamente allanaron el camino para el ascenso de los oligarcas y para el contraataque del Estado. Y como lo demostraron los resultados de las elecciones de 2003, la toma oligárquica de los recursos de Rusia generó apoyo a los neonacionalistas, cuya agenda no es tan diferente de la de los comunistas, al menos cuando se trata de recuperar el control de los recursos minerales.
En respuesta a estas tendencias políticas, en abril, la Cámara de Auditoría del Estado de Rusia -el equivalente a la Oficina de Responsabilidad del Gobierno de los Estados Unidos- convocó un retiro de un día con tres estadounidenses y cuatro europeos para considerar lo que se podría hacer para remediar los abusos del proceso de privatización. Su informe final está previsto para finales de este año, pero funcionarios rusos han dicho en un informe provisional que las inspecciones de 140 empresas privatizadas han revelado 56 violaciones de las regulaciones estatales. Igor Shuvalov, uno de los asesores económicos de Putin, advirtió más tarde que Yukos no sería la última empresa en encontrarse bajo ataque.
El regreso de los estatistas y su impulso para la reparación están destinados a desestabilizar a los inversionistas privados existentes y potenciales, rusos y extranjeros. Ciertamente, BP debería preocuparse por los $ 7 mil millones que ya ha invertido en una sociedad con Tyumen Oil, una compañía que ha sido acusada de mala conducta similar a Yukos, incluyendo el abuso del sistema legal, el pago injusto de los recursos estatales y la morosidad fiscal . La propia asociación también ha sido acusada de violar la ley oficial de secretos de estado al revelar la extensión de las reservas de petróleo del país, a pesar de que es información que los altos ejecutivos de la asociación necesitaban saber. Los fiscales estatales y las autoridades fiscales también han atacado las oficinas de Sibir Airlines, el productor de metales RusAl y la petrolera Sibneft (que pagó impuestos sobre sólo el 7 por ciento de sus ganancias, menos de un tercio de la tasa legal y la mitad de lo que Yukos pagó ).
Los inversionistas extranjeros tampoco han sido salvados. Una licitación de 1993 para el desarrollo en la isla de Sakhalin por un consorcio dirigido por ExxonMobil fue repentinamente revocada en febrero después de que el consorcio fuera acusado de no invertir tanto como había prometido. Dado que casi todos los esfuerzos de privatización han implicado el pago insuficiente, la reducción de impuestos, la evasión fiscal, la intimidación o la fuerza física absoluta, cada nuevo propietario tiene que temer que, si puede ser identificado, algún día un organismo gubernamental también lo excluirá por hostigamiento. Como resultado, la represión puede haber retrasado involuntariamente esfuerzos para hacer que los negocios rusos sean más transparentes.
Reconociendo la ansiedad que estas medidas han provocado, Putin ha tratado de tranquilizar a la comunidad empresarial. Él hizo un punto de encuentro con James Mulva, presidente ejecutivo de ConocoPhillips, para animarle a que haga una oferta por las acciones que el Estado sigue disponiendo de Lukoil. En una reunión de diciembre de 2003 con la Cámara de Comercio de Rusia, además, Putin señaló: "Si cinco, siete o diez personas infringen la ley, eso no significa que los demás hicieron lo mismo. El resto no pudo haber ganado tanto dinero , Pero hoy duermen profundamente ".
Esto no es reconfortante. ¿Quién sabe a qué cinco, siete o diez de los 5.500 negocios privatizados se refería Putin? Y si el pasado es un precedente, sería inusual, como lo sugiere el informe de la Cámara de Auditoría del Estado, que tan pocas empresas sean objeto de escrutinio al final. Así, a pesar de las garantías de Putin, la mayoría de los que se beneficiaron de la privatización verán el encarcelamiento de Khodorkovsky como una advertencia de lo que les podría pasar si se ponen demasiado ambiciosos o desafían al Kremlin.
Rusia, sin duda, sobrevivirá al viciado proceso de privatización, al igual que ha sobrevivido a crisis más graves. Pero la dirección que está tomando Putin es decepcionante. Al fusionar la empresa estatal Gazprom con la estatal Rosneft, ha señalado una vez más que el Estado se convertirá en una voz fuerte, si no dominante, en la política energética y la planificación económica. Por otra parte, la nueva entidad se ha convertido en el demandante más probable para Yuganskneftegaz una vez que, como parece probable, Yukos se ve obligada a venderlo. Si se produce la compra, Gazprom-Rosneft representará entonces el 25 por ciento de la producción energética del país. Combinado con la represión de Putin contra los medios de comunicación y su orden de septiembre de terminar la elección directa de gobernadores y miembros de la Duma, su creciente participación en asuntos económicos es preocupante. Significa que, bajo Putin, Rusia está invirtiendo algunas de las reformas económicas y políticas más importantes que adoptó después de liberarse del yugo del comunismo.