Podía ser una disputa territorial que llevaba décadas, sino siglos. Una de las tantas de ese continente. Afectaba de manera directa a los pobladores del área; tanto a los aborígenes que reclamaban como a los hombres blancos que se sentían ajenos. Pero también afectaba a los pobladores del país, y socialmente al mundo entero, incluso aunque el mundo no se haya enterado siquiera.
A veces cuesta entender el reclamo pero para explicarlo de manera sintética, imagínense que un magnate europeo llega con sus millones de dólares, euros, y colores unidos y quiere comprar una porción de tierra. Consigue su nuevo capricho, y decide echar a todos los que están “ocupando” su nuevo patio de juegos, porque claro, él pagó por un terreno sin personas.
Lo que el millonario ignora, sea por desconocimiento o por desinterés, es que esos “ocupas” viven ahí hace generaciones, desde mucho antes de que él o incluso cualquier otro europeo sepa de esas tierras. Y a veces parece que el estado que entregó los terrenos también lo ignora.
Por suerte hay quienes no lo ignoran, sino por el contrario se plantan con raíces profundas y dan pelea.
Pero cuando la plata manda, por más que los quieran prender fuego cual bosque santiagueño, el estado pone su aparato represivo del lado del aeropuerto, de la soja y de los abrigos importados y a pesar de eso siguen plantados, porque hay cosas que no se tocan.
A veces cuesta entender el reclamo pero para explicarlo de manera sintética, imagínense que un magnate europeo llega con sus millones de dólares, euros, y colores unidos y quiere comprar una porción de tierra. Consigue su nuevo capricho, y decide echar a todos los que están “ocupando” su nuevo patio de juegos, porque claro, él pagó por un terreno sin personas.
Lo que el millonario ignora, sea por desconocimiento o por desinterés, es que esos “ocupas” viven ahí hace generaciones, desde mucho antes de que él o incluso cualquier otro europeo sepa de esas tierras. Y a veces parece que el estado que entregó los terrenos también lo ignora.
Por suerte hay quienes no lo ignoran, sino por el contrario se plantan con raíces profundas y dan pelea.
Pero cuando la plata manda, por más que los quieran prender fuego cual bosque santiagueño, el estado pone su aparato represivo del lado del aeropuerto, de la soja y de los abrigos importados y a pesar de eso siguen plantados, porque hay cosas que no se tocan.