InicioApuntes Y MonografiasAlgunos mitos de las cruzadas
Una operación extremadamente destructiva y enemiga de la verdad, (también histórica), es juzgar los hechos del pasado con el consejos a cosas hechas. Para comprender el pasado y sus acontecimientos no es suficiente conocer la sucesión de los sencillos hechos que esto sería una operación bastante honesta, aunque necesariamente restrictiva de la multiplicidad de los fenómenos, sino hace falta comprender antes de todo la mentalidad que ha inspirado ciertas elecciones, con la conciencia que nos podemos sólo acercarnos, si tenemos suerte, a la verdad; dado que el corazón del hombre, que es lo que decide, casi nunca se deja conocer explícitamente.

Así se acaba con “juzgar” unos eventos históricos en base a la sensibilidad del tiempo en que son examinados y, muchas veces, en modo instrumental. Eso sucedió con las Cruzadas. También ellas, como todo lo que se refiere al Medioevo, han sido “leídas” y en gran parte falseadas a la luz de los prejuicios anticatólicos que caracterizaron en particular modo el Iluminismo. Para comprenderlas hace falta, por eso, antes de nada restablecer la verdad por lo que concierne la “mentalidad” del tiempo en que fueron actuadas.

Algunos mitos de las cruzadas

Esto solo es una verdad a media, sin mayor fundamento, aquellas opiniones mediatizadas por los prejuicios sostienen que los cruzados fueron europeos codiciosos de poder y de riquezas, y que invadieron territorios pertenecientes a una cultura avanzada y sofisticada, la islámica. Esta idea fue impuesta, en primer lugar, por el historiador del siglo XVIII, Edward Gibbon.

Las cruzadas fueron una respuesta al expansionismo musulmán. El islam se inició con la predicación de Mahoma en el año 622 en La Meca (en la actual Arabia Saudita). Bajo el liderazgo de Mahoma y sus sucesores, el islam se extendió rápidamente. Existe discrepancia entre los musulmanes y no musulmanes si se extendió por imposición religiosa o militar, o por conversión de los pueblos al islam.

religion

Durante sus primeras décadas, el islam se extendió rápidamente hacia el noreste hasta Iraq, Irán, la alta Mesopotamia ; y al oeste hasta Asiria, Palestina y Egipto (las provincias más ricas del Imperio Bizantino).

El Islam penetró en el mundo cristiano y greco-romano poco después de la muerte de Mahoma . Durante el reinado de los Omeyas, la expansión continúa, las conquistas se hacen por vía terrestre hasta el Magreb a fines del siglo VII, y llegan a costas españolas comenzando el siglo VIII. En 712 superan el estrecho de Gibraltar y logran llegar a España. Los Moros son detenidos en Poitiers en 732, batalla que libraron los francos contra los musulmanes para impedir su avance hacia el resto de europa, obstaculizando a su vez, la incorporación del Islam a las vidas de los europeos.

Carlos Martel, padre de Pipino el Breve y abuelo del mismísimo Carlomagno fue el encargado de liderar a los francos frente a Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki, gobernador de Al-Andalus.

Según varios historiadores, lo que probablemente motivó a los musulmanes a cruzar los pirineos fueron las riquezas de la Abadía de San Martín en Tours, la más prestigiosa y sagrada de aquel tiempo en el oeste de Europa. Al enterarse de esta incursión, el Mayordomo de Palacio de Austrasia, Carlos Martel, reunió a su ejército, de unos 15.000 a 75.000 veteranos, y marchó hacia al sur. Los francos no tenían caballería, pero gozaban de la mejor infantería del continente, armados hasta los dientes. Para resistir las embestidas de la caballería musulmana, dicen que formaron en plan falange, algo parecido a un cuadrado, en el que todos los hombres son importantes, porque no se puede romper la unidad y además uno está obligado a defender al otro.

islam

Algunos mitos de las cruzadas

Las cruzadas eran guerras de agresión no provocadas contra un mundo musulmán pacífico.

Esta afirmación es completamente errónea. Desde los tiempos de Mahoma , los musulmanes habían intentado conquistar el mundo cristiano. E incluso habían obtenido éxitos notables. Tras varios siglos de continuas conquistas, los ejércitos musulmanes dominaban todo el norte de África, Oriente Medio, Asia Menor y gran parte de España.

En otras palabras, a finales del siglo XI, las fuerzas islámicas habían conquistado dos terceras partes del mundo cristiano. Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, donde nace el cristianismo monástico; Asia Menor, donde san Pablo había plantado las semillas de las primeras comunidades cristianas. Estos lugares no estaban en la periferia de la cristiandad sino que eran su verdadero centro.

Y los imperios musulmanes no acababan allí. Siguieron expandiéndose hacia Occidente, hacia Constantinopla y más allá llegando hasta los mismos confines de Europa. Las agresiones provenían por tanto de la parte musulmana. Llegados a un cierto punto, la parte que quedaba del mundo cristiano no tenía más remedio que defenderse, si no quería sucumbir bajo la conquista islámica.

cristianismo

Los cruzados llevaban crucifijos pero lo único que les interesaba era conquistar riquezas y tierras. Sus intenciones piadosas eran sólo una cobertura bajo la que se escondía una avidez rapaz.

Hace tiempo, los historiadores afirmaban que en Europa se había producido un aumento demográfico que llevó a un número excesivo de nobles segundones, adiestrados en las artes de la guerra caballeresca pero privados de la herencia de tierras feudales. Las cruzadas por tanto eran vistas como una válvula de escape que impulsaba a estos hombres guerreros a salir de Europa, hacia tierras por conquistar a expensas de otros.

La historiografía moderna, con la ayuda de la llegada de las bases de datos computerizadas, ha destruido este mito. Hoy sabemos que eran más bien los primogénitos de Europa los que respondieron al llamamiento del Papa en 1095 y a la consiguiente Cruzada.

Ir a una cruzada era una operación muy costosa. Los señores se veían obligados a vender o hipotecar las propias tierras para conseguir los fondos necesarios. Muchos de ellos, además, no tenían interés en constituir un reino de ultramar. Más o menos como los soldados de hoy, los cruzados medievales se sentían orgullosos de cumplir con su deber, pero al mismo tiempo deseaban volver a casa.

Tras los éxitos espectaculares de la primera cruzada, con la conquista de Jerusalén y de gran parte de Palestina, prácticamente todos los cruzados volvieron a casa. Sólo una mínima parte se quedó para consolidar y gobernar los nuevos territorios.

Asimismo el botín era escaso. Aunque los cruzados hubieran soñado con grandes riquezas en las opulentas ciudades orientales, prácticamente casi ninguno logró ni siquiera recuperar los gastos. Sin embargo, el dinero y la tierra no eran el motivo para lanzarse a la aventura de una cruzada. Iban a expiar los pecados y ganarse la salvación mediante las buenas obras en una tierra lejana.

cruzadas

Cuando los cruzados conquistaron Jerusalén, en 1099, masacraron a todos los hombres, mujeres y niños de la ciudad , hasta inundar las calles de sangre.

Esta es una de las historias preferidas por quien quiere demostrar la naturaleza malvada de las cruzadas. Ciertamente es verdad que muchas personas en Jerusalén encontraron la muerte después que los cruzados conquistaron la ciudad . Pero este aspecto se debe considerar en el contexto histórico.

El principio moral aceptado en todas las civilizaciones europeas o asiáticas premodernas era que una ciudad que se había resistido a la captura y había sido tomada por la fuerza, pertenecía a los vencedores. Y esto no incluía sólo los edificios y los bienes, sino los habitantes. Por esta razón, cada ciudad o fortaleza tenía que sopesar cuidadosamente si podía permitirse resistir a los sitiadores. Si no, era más sabio negociar los términos de la rendición.

En el caso de Jerusalén, se intentó la defensa hasta el último momento. Se calculaba que las formidables murallas de la ciudad habrían detenido a los cruzados hasta la llegada de una fuerza proveniente de Egipto. Pero estaban en un error. Y cuando la ciudad cayó, fue saqueada. Se dio muerte a muchos habitantes pero otros muchos fueron rescatados o liberados.

Según el criterio moderno, esto puede parecer brutal. Pero un caballero medieval podría hacer notar que un número mucho mayor de hombres, mujeres y niños inocentes mueren cada día mediante las modernas técnicas de guerra, comparados con el número de personas que podían caer bajo la espada durante uno o dos días. Hay que observar que en las ciudades musulmanas que se rindieron a los cruzados, la gente no fue atacada.


Las cruzadas eran una forma de colonialismo medieval revestido de una fachada religiosa.

Es importante recordar que, en la Edad Media, Occidente no era una cultura poderosa y dominante que se aventuraban en una región primitiva y atrasada. En realidad quien era potente, acomodado y opulento era el Oriente musulmán.

Los Estados Cruzados, fundados tras la primera cruzada, no eran nuevos asentamientos de católicos en un mundo musulmán, semejantes a las colonizaciones británicas en América. La presencia católica en los estados cruzados era siempre muy reducida, en general inferior al 10% de la población. Eran gobernantes y magistrados, comerciantes italianos y miembros de las órdenes militares. La gran mayoría de la población de los estados cruzados era musulmana.

No eran por tanto colonias en el sentido de plantaciones o fábricas, como en el caso de la India. Eran puestos de avanzadilla. La finalidad última de los estados cruzados era defender los santos lugares en Palestina, especialmente Jerusalén, y proporcionar un ambiente seguro para los peregrinos cristianos que visitaban aquellos lugares.

No había un país de referencia de los Estados cruzados con el que pudieran mantener relaciones económicas, ni los europeos obtenían beneficios económicos de estos estados. Por el contrario, los gastos de las cruzadas para mantener el Oriente latino gravaban fuertemente sobre los recursos europeos. Como posiciones de vanguardia, los Estados cruzados tenían un carácter militar.

Mientras los musulmanes combatían entre ellos, los estados cruzados estaban a salvo pero, cuando los musulmanes se unieron, fueron capaces de derribar las fortificaciones, tomar las ciudades, y en 1291 expulsar completamente a los cristianos.

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En la imagen el crac de los caballeros templarios, fortaleza militar que fue construido para proteger la ruta de la ciudad siria de Homs con Trípoli (Líbano) ahora tristemente destruido en la guerra civil siria.
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Las cruzadas se hicieron también contra los judíos.

Ningún Papa ha lanzado jamás una cruzada contra los judíos. Durante la primera cruzada, una numerosa banda de malhechores, no pertenecientes al ejército principal, invadieron las ciudades de Renania y decidieron depredar y asesinar a los judíos que allí residían. Esto se produjo en parte por pura avidez y en parte por una errónea concepción por la que los judíos, en cuanto responsables de la crucifixión de Cristo, eran objetivos legítimos de la guerra.

El Papa Urbano II y los Papas sucesivos condenaron enérgicamente estos ataques contra los judíos. Los obispos locales y los otros eclesiásticos y laicos trataron de defender a los judíos aunque con poco éxito. De modo parecido, durante la fase inicial de la segunda cruzada, un grupo de renegados asesinó a muchos judíos en Alemania, antes de que San Bernardo lograra alcanzarlos y detenerlos.

Estas desviaciones del movimiento eran un indeseado subproducto del entusiasmo de las cruzadas pero no eran el objetivo de las cruzadas. Para usar una analogía moderna, durante la segunda guerra mundial algunos soldados estadounidenses cometieron crímenes mientras se encontraban en ultramar. Fueron arrestados y castigados por tales crímenes pero el motivo por el que habían entrado en guerra no era el de cometer crímenes.
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Durante sus expediciones al Levante los Cruzados enfrentaron a opositores que eran culturalmente superiores

Se hacen coincidir las primeras Cruzadas con una etapa de particular oscurantismo cultural en Europa, una “Edad Oscura” para la civilización. Nada más inexacto. La trayectoria de numerosos científicos y eruditos medievales parece situarse en las antípodas de la postergación civilizadora que una historia repetitiva y escasamente crítica ha impuesto en nuestro saber cotidiano.

Esta visión surgió a partir de una imagen romántica, cultivada por cierta literatura legendaria pero escasamente respetuosa de la historia. Entre los autores que impulsaron dicha visión estaba Walter Scott, quien escribió sus novelas en la primera parte del siglo XIX. En la imaginería del escritor inglés, los cruzados fueron aventureros de escasa educación, infantiles en sus acciones y particularmente destructivos. Sus incursiones estaban destinadas a agredir a una civilización más avanzada que la suya, el Islam.

La realidad histórica es distinta. El sociólogo Rodney Stark manifestaba que la cultura árabe-islámica se edificó en una importante medida sobre la base de los conocimientos adquiridos durante las conquistas de pueblos ilustrados como los griegos cristianos, los persas y los hindúes. “La sofisticada civilización generalmente atribuida a los musulmanes -nombrada frecuentemente como ‘cultura árabe’- adoptó, en numerosas de sus facetas, los conocimientos acumulados por los pueblos conquistados, como la civilización judeo-cristiana-bizantina, el bagaje adquirido de la astronomía persa y los conocimientos matemáticos de los hindúes”. Incluso, tras las invasiones, la cultura islámica continuó recibiendo el influjo de los sabios vasallos “no-islámicos”, los denominados “dhimmi”.

Los lustros del primer milenio coinciden con una época de particular desarrollo cultural y científico europeo. Estos avances se concretan, entre otros logros, con la fundación de las universidades y con el notable desarrollo tecnológico, especialmente en áreas como la agricultura, la arquitectura y la hidráulica. La estructuración del comercio y las finanzas aportaron medios para sufragar investigaciones científicas.

Universidades como Bolonia, Padua, París, Oxford y Praga se transformaron en lugares emblemáticos para la cultura. Aquellos centros académicos impartían cátedras de matemáticas, geometría, astronomía y teoría de la música, conjuntamente con la lógica, la retórica, la gramática, la filosofía y la teología. En el plano humanístico la historia cultural europea incluye el estudio de antiguos sabios como Aristóteles, Euclides y Ptolomeo.

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