ACERCA DEL PARTIDO
Tres elementos inciden sobre la crisis del partido, la que evidentemente tiene un carácter histórico: en primer lugar la concepción organizativa sobre la que marcha el funcionamiento, la actividad y la vida partidaria, en general: el segundo término la línea política establecida y que se ha significado como un elemento constante en la vida y en la historia del partido.
La organización; ¿En qué sentido se habla de la concepción organizativa impráctica, infuncional y antihistórica para la situación actual del país? Para empezar el parido en su accidentada vida para llamarla en un término noble, ha padecido de un raquitismo histórico; como con una revisada al material del partido de plenos, del congreso, etc., sacamos algunas conclusiones y algunas de ellas ha sido esa debilidad orgánica. Pero paralela a ella una concepción ritual pero grullada para estimular la vida del Partido: hay que crecer (¡!). Podemos incluso realizar el análisis comparativo de las conclusiones de decenas de plenos, conferencias, congresos, etc., y encontraremos lugares comunes: hay que ir a la clase obrera, tener un sentido colectivo pero no sectario para el reclutamiento. El problema, todo parece indicarlo es de fondo es decir de concepción (también se ha pretendido establecer una relación mecánica que docilizar irracionalmente, a la estructura organizativa con la política oportunista, la organización tiene su propia dinámica. Si no, ¿cómo entender el crecimiento notable cuantitativo y operacional, vale decir funcionamiento de las células, los comités, etc. que han tenido algunos partidos comunistas europeos aún y con su política conciliatoria y castrada?).
Anotaremos que, en relación con la concepción organizativa, generalmente se habla de que el esquema de nuestra organización, es decir, el esquema celular, es algo así como un “Verdad Absoluta”<$F A nuestro juicio, la organización partidaria, si quiere ser eficaz, debe corresponder escrupulosamente a la realidad en que se lucha y actúa. En ese terreno no hay verdades absolutas, Lenin comprendió muy bien que el partido revolucionario debía ser uno en la Rusia zarista y otro en la sociedad diversificada y compleja de Alemania por ejemplo. Jamás pretendió que su fórmula fuese aplicable sin ajustes de tiempo y lugar. La acción política, en cuanto actividad creadora no puede coagularse en fórmulas rígidas, pues corre el riesgo de fracasar y anularse así misma. No debe olvidarse que el espíritu del dogma es el exacto contrario del espíritu leninista, ni tampoco que Lenin criticó siempre a los repetidores de fórmulas, a los incapaces de descubrir las peculiaridades del caso específico de aplicar, al margen de fórmulas huecas, la verdad general al caso concreto.>. Por lo que cualquier opinión en su contra es, por lo regular, anatematizada con el socorrido calificativo de reduccionista. Pero el problema es sumamente complejo; y seguramente no se resolverá rechazando a priori los puntos de vista referentes a él y poniendo de manifiesto la ausencia, la incapacidad o la esquivación del análisis histórico de la sociedad mexicana cuyo estudio debe encaminarse al encuentro de las características reales de la organización partidaria.
Todas estas cuestiones se conviertan en problema clave que, en el marco de una concepción organizativa, se señalan como elementos de discusión. Sin embargo, en la esquivación de estos problemas están enmarcadas las tesis que la dirección del partido edito como documento que debiera servir de base para la discusión previa al congreso. Y es que las tesis se refieren exclusivamente al problema del funcionamiento, de la viabilidad y de la administración partidaria, reduciendo toda la problemática, prácticamente, a las cuestiones relacionadas con el control de los recursos del partido y a la eficiencia de su administración.
Sin embargo desde mi punto de vista, es la concepción organizativa el problema del cual debemos de partir; y esa concepción organizativa debe ser definitivamente distinta de la cual. Ya se ha presentado una opinión acerca de que el esquema leninista de organización partidaria. Y esto nos obliga a pensar que no necesariamente se debe de partir del famoso esquema celular y del complejo mecanismo de aditamentos que van junto a el, para definir obligadamente al esquema partidario. Pero entonces ¿en que sentido o para que, fue elaborado el esquema leninista de organización? Desde mi punto de vista realmente correspondió a una necesidad histórica que por Lenin fue delimitada, explicada y desarrollada ante una situación de efervescencia ideológica y política de clase.
Efectivamente, podemos referirnos a ciertos puntos máximos de la acción de la clase obrera europea: en 1825, después de la gran depresión del capitalismo naciente forjo una experiencia de lucha del movimiento obrero, de la clase obrera como tal, de la cual derivaron varias acciones importantes, como lo fueron el movimiento desembrista en Rusia, y las luchas obreras que derrocaron a Felipe DOrleáns. Entre 1840 y 1848 se forjo otro proceso: el de la organización del movimiento obrero. En este periodo se crearon y desarrollaron las organizaciones tradeunistas inglesas, las organizaciones clandestinas del movimiento ruso obrero y las organizaciones gremiales y mutualistas francesas. Finalmente, en 1864 surge la internacional comunista que da integración partidaria a la clase obrera y estimula el desarrollo de las diferentes tendencias que en ella se manifestaron, el proudhonismo, bakuninismo, kropotkismo, marxismo y otras. Estos acontecimientos y estas experiencias de la clase obrera estimularon a su vez las percepciones intelectuales paralelas. Como resultado de este avance de la clase obrera europea resurgió la necesidad de definir con claridad el estilo proletario de organización que indiscutiblemente, correspondía a una situación dad y a un estado especifico de disciplina de clase de aquí, esta muy diluido.
El esquema leninista de organización fue trasladado a nuestro país en 1919, cuando el grueso de la vida política y social se encontraba en el campo, en donde las experiencias de organización eran mínimas (entre las que sobresalía el anarcosindicalismo no ortodoxo, impulsado por el movimiento Flores Magonista). Además, en ese tiempo la experiencia del movimiento obrero mexicano era muy incipiente, y sus luchas representaban un porcentaje muy reducido dentro del movimiento social de México (las principales acciones correspondieron a los movimientos de los mineros, de los tranvieros, y de los obreros textiles, respectivamente). Y no debe olvidarse que el movimiento obrero mexicano carecía de una verdadera experiencia partidaria; la mayor parte de las tendencias organizativas se originaron, dentro del movimiento obrero, a finales del siglo XIX, pero en México tuvo la característica de la corrupción y la desestimación de sus propósitos iniciales de clase y de su posible integración. No obstante, se implanto el esquema, que resulto improcedente, por las razones que se han esbozado. No esta de mas señalar que las experiencias partidarias, ya no digamos las de la clase obrera, sino de la sociedad en su conjunto, eran mínimas, y las instituciones sociales eran casi inexistentes. Así, por ejemplo, el Partido Liberal fue de hecho el núcleo de personajes e intelectuales que se agruparon en torno a Juárez. El Partido Científico, tuvo un papel parecido con respecto a Porfirio Díaz. En estas circunstancias el establecimiento de un idealizado de organización partidaria de la clase obrera en México se opuso de un esquema idealizado de organización partidaria de la clase obrera en México se opuso de hecho al desarrollo real de la conciencia organizada del movimiento obrero en nuestro país. En cambio, en otros lugares se produjo una autentica nativizacion del organismo proletario de clase, cuyo ejemplo mas rico es el Partido Chino y en América Latina, el Partido Socialista de Mariátegui.
UNA LATOSA DEPENDENCIA
Tras la muerte de Lenin se modifico la orientación y la política del partido bolchevique tanto en el frente interno como en el externo. En el frente interno se transformo aquel gran Partido que toleraba e impulsaba la discusión interna y en la cual la voz de Lenin ciertamente era la cantante, pero en constante polémica con sus discrepancias. En las formas de Salín, paralelamente se establece un ingrediente que hasta hoy perdura: la discrepancia es equivalente a traición por lo que estaría condenado como organismo partidario a ser una unidad monolítica en donde solo se escuchara una voz o tres voces como ahora y el resto contemplara con un silencio acritico sumiso y hasta humillante los acontecimientos políticos. Sin embargo, este triste papel de bufones políticos se resistieron fuertemente a jugarlo viejos bolcheviques de la talla de Kirov, Zinoviev Troky, etc., los cuales fueron eliminados por distintos procedimientos, desde las grandes purgas políticas hasta las liquidaciones físicas. Así, del gobierno de los Soviets se pasó al gobierno burocratizado utilizando los aparatos de poder soviético.
En el frente externo se decretó la parálisis del movimiento revolucionario y el sostenimiento incondicional a la política de socialismo en un solo país como respuesta grotesca y traidora a la traición internacionalista que tuvo el Partido Bolchevique. Así, la III Internacional fundada por Lenin dejó de ser un elemento catalítico del movimiento revolucionario para jugar el papel de preventivo en el desarrollo de éste. La organización se apropió no de la política leninista sino de su símbolo: el “Partido de Lenin”, la vanguardia revolucionaria encabezada por la URSS, el mito y veneración religiosa a Lenin quien por cierto si hubiese existido sería el principal opositor a esta idealización antimarxista. Para la política anti-leninista hubo oposición por parte de algunos revolucionarios que veían hipotecar por parte de Stalin y la internacional. En esa disputa fueron claras las opiniones de Mao, Ho Chi Min, Mariategui, Gramsci; las que provocaron rupturas y discrepancias serias con “el grueso del movimiento comunista internacional”. Sin embargo otros partidos no tuvieron la fortaleza necesaria para oponerse al autoritarismo estalinista y del aparato de la internacional. Es ilustrativa la idea del compañero Campa al admitir la “incapacidad teórica nuestra” y el “peso que jugaba la Internacional” para entregar al oportunista Brounder del comité ejecutivo de la I.C.. la instancia de decisión política sobre nuestra actitud hacia Lombardo y la CTM a finales de los treinta.
La dependencia con respecto a formulaciones extraídas de la experiencia internacional ha sido un elemento constante en la vida de nuestra organización. Hay que recordar las resoluciones establecidas en el VI Congreso de la Internacional y sus recomendaciones para crear “bloques obrerocampesinos auténticos”, que se encargarían de definir nítidamente la independencia de clase que tales bloques deberían tener con respecto a los núcleos de poder establecidos en los países capitalistas, con la burguesía y con las instituciones del régimen burgués. Y, de una manera automática, en México se originó la política del bloque obrerocampesino y “la necesidad de la acción organizada independientemente”.
Incluso se llegó a presentar una intentona de “toma del poder” en 1929 que concluyó con la liquidación de importantes núcleos campesinos (entre ellos J. Guadalupe Rodríguez). Y cuando se presentó el problema de la sucesión presidencial, en 1934, lo lógico fue calificar de fascista al Plan Sexenal y al propio Cárdenas. Esta correspondencia con los argumentos, las tendencias y las posiciones acordadas en el VI Congreso de la Internacional fue el principal elemento que desgarró toda la acción de masas en México. Resulta significativo que, dentro de la historia “oficial” del Partido, se mencionó que ésta posición fue liquidada en la Carta del 35; desde mi punto de vista, sin embargo, tal declaración significó la reiteración de los viejos errores de definición internacional, de situaciones nacionales sobre las cuales no necesariamente había correspondencia.
¿De que otra forma interpretaste, entonces, la carta 35, sino como producto de las resoluciones tomadas por el VII Congreso de la Internacional? Y la aplicación de la política unitaria del “frente popular”, tanto en México como en otras partes del mundo, también fue producto de los acuerdos tomados por el VII Congreso, siendo sus principales representativos (del “frente popular” los gobiernos de Francia, España, Italia y Chile junto a sus fracasos correspondientes. En México, la aplicación de tales acuerdos adquirió una representación grotesca, al identificar al frente popular con el PRM, o sea, con los mismos vicios del pasado. Se trataba de presentar, y aún se intenta ahora, una actitud crítica y autocrítica de la vida del Partido, y de su posición procedente, con la Carta del 35. Ya se ha visto antes que tal modificación política se materializó finalmente en la adaptación incondicional de todo el movimiento obrero y campesino a los dispositivos del aparato burgués que obtuvo, con la política de Unidad a toda costa, la integración docilizada de toda una posibilidad histórica de afianzamiento de las organizaciones de clase y de su fortalecimiento para la eventual acción revolucionaria.
En 1940 se trató de llevar a cabo una revisión autocrítica de la política adoptada en el período anterior, pero el maniobraje que a nivel internacional efectuó el aparato latinoamericano de IC, dirigida por Codovilla y que dio lugar a la creación de la famosa Comisión depuradora, impidió ese proceso y, en su lugar dio cabida a la represión en contra de los compañeros miembros de la dirección. Hay que agregar que ésta tonalidad crítica y autocrítica. Laborde realizó una autocrítica a semejanza de los religiosos del ostracismo medieval, es todo un sistema que se encuadra en el fenómeno llamado Estalinismo. Sin embargo, se sigue utilizando en el post estalinismo, lo que hace meditar seriamente aunado a otras ilustraciones, en un neo estalinismo vigoroso. Este método de análisis en la URSS después de la cacareada des estalinización aún en los momentos Kruschovianos, era un rito muy bien logrado: el culpable de la deformación socialista era Stalin, así como antes fue el responsable de todos los éxitos. De hecho se mistificaban los problemas ocurridos pues como señalaba Togliatti: Se eluden los verdaderos problemas que consisten en saber de que manera y porque la sociedad soviética se había alejado de la vía democrática y de la legalidad que se había trazado e inclusive allegado a ciertas formas de degeneración. A nuestro Partido, la influencia bienhechora del XX Congreso llegó más con fórmula vacía que en esencia ya lo era, que lo único que alteró fueron clichés y como veremos más tarde, algunos de tipo programático como la tipificación de la revolución democrática de liberación nacional.
Durante el Congreso Extraordinario de 1940, se liquidó a los personajes Campa y Laborde y se mantuvo el grueso de los planteamiento políticos del pasado; se volvió en definitiva a la línea de Unidad de Frente Nacional antifascista se respaldó la política aplicada por el régimen de Ávila Camacho y en 1946 se apoyó al candidato de la llamada burguesía progresista: Miguel Alemán. Y así en el propio informe de Encinas al Congreso del 40 se trataba de limpiar la afrenta cometida contra Lombardo Toledano “figura preclara de la revolución mexicana que es víctima de los ataques más canallescos y viles”. En suma, se sostiene con la corrupción ideológica del Cardenismo-lombardismo.
En el Pleno del Comité Central celebrado en diciembre de 1956 se procura revisar toda la política del pasado. Veamos: En el camino de corregir las debilidades y defectos del trabajo del Partido examinados por la reunión del CC es necesario concentrar la atención del Partido en las siguientes cuestiones fundamentales:
Poner en primer plano, entre las tareas internas del Partido, la labor ideológica en todas sus formas:
Orientar todo el trabajo del Partido hacia la ligazón con las masas principalmente con la clase obrera.
Desarrollar en todo el Partido la lucha ideológica, impulsando la crítica y la autocrítica y sobre todo la crítica por la base.
Desarrollar una lucha en el seno del Partido por la aplicación de los Estatutos.
Elaborar una justa política de cuadros, corrigiendo los errores que se han cometido en ese sentido.
Dar toda su importancia al trabajo de propaganda y agitación, elevando su calidad.
Desarrollar a lo largo de todo el Partido una profunda vigilancia revolucionaria para impedir el trabajo del enemigo en nuestras filas.
El Pleno del CC llama a todos los miembros del Partido a lucha con toda energía para la elevación del trabajo del Partido, por la corrección de las fallas y debilidades y por ligar estrechamente toda su actividad de las masas, para desarrollar nuestro Partido, por la corrección de las fallas y debilidades y por ligar estrechamente toda su actividad de las masas, para desarrollar nuestro Partido, orgánica y políticamente y hacer de él el gran partido que la clase obrera de México necesita.
Y con esta cantaleta, correspondiente a los nuevos tiempos de la descentralización, se inició nuevamente la campaña de purificación de “los errores cometidos en el período anterior”. Pero en la coyuntura del 56, y en la aligeración de ciertos mecanismos internos que facilitaron la afloración de opiniones, surgieron tendencias de cambio, una de ellas representada por el entonces Comité del DF. cuya mayor parte integra actualmente la Dirección del Partido, otra por la Dirección del Partido, otra por la Dirección anterior encabezada por Dionisio Encinas y una tercera representada por la célula “Carlos Marx” del compañero Revueltas.
En 1957 y 1960 se realizaban las conferencias de los partidos comunistas obreros. En ambas se reiteran las máximas y “verdaderas absolutas” del presente: la necesidad de converger el gran torrente revolucionario por los “tres conductos”, y en donde también se ubica el carácter de la lucha de los países atrasados, que debería encuadrarse en estos planteamientos y ante la necesidad evidente de cambio en la orientación internacional, se modifican algunos planteamientos básicos y se caracteriza a la Revolución Mexicana como Revolución liquidada, y se desprende la necesidad de una nueva revolución, cuyas características serán de un movimiento revolucionario de liberación nacional. Por otro lado, se modifican algunos elementos internos que posibilitaron cierto aligeramiento de la esclorosis en la discusión retenida y reprimida y se crea un medio ambiente favorable hasta para ciertas posiciones y elaboraciones limitadas. Por esta solución de parche no podía durar mucho, al cabo de un lapso relativamente corto, y sobre todo a partir de 1965, se comienzan a manifestar síntomas de debilidad en el organismo partidario y se presentan algunos choques que se explican inicialmente como “diferencias entre nuestra influencia ideológica y política y nuestra capacidad orgánica limitada”.
Así se van originando categorías que van integrando “la posible solución a la crisis del Partido”. Con tal orientación, el XV Congreso del Partido, y, en particular, el informe de C. Encarnación Pérez, representa la aglutinación de esta opinión de modificación administrativa del Partido, desafortunadamente, subsiste ahora esta orientación y por otra parte, las posibilidades de resolver realmente esta crisis son pocas y difíciles.
Hay otro intento de análisis crítico de la situación en donde circulan las voces del “cambio del presente”. Garaudy, Santiago Carrillo y el medil* checoslovaco entusiasman a nivel de imitación.<$F Curiosamente, ya que si bien son respetables estas opiniones, deben ubicarse en el contexto de cada país... pero nuestros agionados* compañeros, trasladando el esquema de Garaudy, hablan ya de un socialismo pluripartidista bello y santón, cuando dicha “importancia” no es otra cos que la esquivación clásica del verdadero análisis de las características nacionales de nuestro “modelo de socialismo”.>
No se trata, desde luego de desconocer las experiencias del movimiento revolucionario mundial. Se trata de aprovechar esas aportaciones, y otras, mediante un estudio de nuestra realidad que debe ser básicamente propio, o instrumentado y desarrollado con características y elementos de análisis nacionales. Tenemos que desarrollar en forma plena las características nacionales de la acción política y dentro de tal contexto, el organismo o esquema partidario y la política que debemos desarrollar en este país, aprovechando, evidentemente, las características del movimiento revolucionario mundial.
ACERCA DE LA LINEA
En el último Congreso del Partido, aparentemente se produjo un cambio significativo. Y con el título de precisión programática se incluyó en el informe central del Congreso una modificación interesante acerca del carácter de la revolución, sobre las fuerzas motrices del movimiento revolucionario y sobre la vía probable de la revolución. Súbitamente se propuso la modificación del carácter de la nueva revolución (que de liberación nacional se cambia por el de democracia, popular y antiimperialista), en un movimiento que ciertamente no nos iba a liberar de una supuesta colonización imaginada, supuesta o sobreentendida durante siete años. En consecuencia el esquema de contradicciones que situó al XIV Congreso se limitó con claridad, y adquirió características prioritarias la contradicción social oligarquía imperialismo pueblo mexicano, la cual una vez resuelta, será capaz de “sacar al país de la vía del capitalismo dependiente”<$F Véase: una perspectiva revolucionaria para México. FCP. México. 1968.>.
LA ESTRUCTURA ECONOMICA ACTUAL EN MÉXICO
Primeramente habrá que observar que el método de análisis económico tiene un conjunto de claras limitaciones de la investigación económica vía categorías marxistas en el sentido clásico del término. Por otro lado y no a nivel de defensa ni justificación, es visible que el “análisis económico” dominante en la vida partidaria han tenido un alto porcentaje de especulación y de subjetivismo y solo en contadísimas ocasiones realmente se intento presentar una opinión coherente y sistematizada, problema evidentemente conectado con el “ajuste” internacional tan estilizado en la vida partidaria. En otros grupos el intento de investigación marxista ha quedado en buenos deseos en virtud de la fetichizacion de las categorías marxistas y suponen que el análisis se ha dominado con solo agrupar cifras utilizando las estadísticas disponibles en cuota de plusvalía, de ganancia, composición orgánica de capital, etc. Tratando de evitar caer en este conjunto de vicios y desplantes de la izquierda mexicana y aun con las limitaciones señaladas, presentamos un intento inicial sujeto, vía discusión seria. A modificaciones y profundizaciones posteriores de dar una aproximación aproximada del “modulo del desarrollo” a largo plazo de nuestro país; de presentar los elementos mas relevantes de política económica desde finales de la revolución hasta la década de los setenta.
En este trabajo se parte de la hipótesis de que el desarrollo económico ha respondido a una mecánica estructural específica. Que se ha basado fundamentalmente en el control monopólico por parte de los estados de los insumos energéticos básicos, en el sostenimiento de una tasa de inversión infraestructural “para el desarrollo” y en una política de control y represión sobre las masas. Que esta estrategia global ha conformado el carácter capitalista de nuestro país. Se pone, por tanto, el mayor énfasis en el periodo clave y mas ilustrador de los destinatarios y usufructuarios de esta política de claro sentido burgués, es decir, en la etapa Cardenista y los treinta años de crecimiento económico posterior. Tratase al final, de caracterizar en sus rasgos mas relevantes dependencia estructural con el imperialismo, la monopolización del capital y de la desigualdad social lógicamente resultante, un tipo de sociedad burgués cuya supervivencia descansa en el ejercicio de l poder político en forma instituidas como son el autoritarismo y la represión.
Es por esto el supuesto frente oligárquico o democrático popular se reduce a los sectores básicamente revolucionarios de la población: la clase obrera, los campesinos pobres y las capas medias. La experiencia y situación política de los “sectores reformistas” de la burguesía hacen dudar, a nivel de certeza política de su eventual participación en el proceso revolucionario. ¿Podemos encontrar como valido el criterio establecido de catalogar a una revolución por el carácter inestable a sus aliados? Aun mas curiosa es la muy difundida idea de que “ante la imprevisión del curso de la acción y conciencia de la clase obrera”, habrá que garantizar su unidad acercando a los sectores rezagados bajo consignas no socialistas “pero haciéndolas llegar”.? ¿Habrá en ella un mínimo de lógica política? (Este malabarismo de ideas refleja nítidamente la desconfianza en las fuerzas propias y, en consecuencia, en la capacidad de absorber un movimiento vigoroso, definido ya como revolucionario).
Lo mas grave, sin embargo, es el carácter conciliador que tratan de introducirle al movimiento revolucionario y la limitación a priori de los objetivos socialistas, los que requieran una etapa procedente de acuerdo con la formulación actual.
Otro hecho que se inserta en la memoria política de la burguesía mexicana es la trayectoria del proceso revolucionario cubano, lo que la hará más repelente a la “unidad” con los sectores revolucionarios en el transcurso de los futuros combates por el poder.
Por todo lo expuesto, debe admitirse que al carácter de la revolución no admite caracterizaciones. Es decir, o es verdaderamente revolucionaria (socialista) simplemente no lo es.
Es claro que el proceso revolucionario no tendrá las características “de laboratorio”, sino que va a producirse en el marco de una situación compleja y difícil que, con la sensibilidad e inteligencia que deberá imprimirle su vanguardia, buscara la presencia del mayor núcleo de fuerzas aliadas, pero sin rebajar el carácter de una revolución que no admite titubeos ni indefiniciones. Sobre el tipo de lucha, seguramente estas se darán en todos los terrenos; no debe mistificarse la acción de las masas y “auto convencerse”, ni distorsionar o frenar el avance político de las masas a escalones de conciencia revolucionaria.
En otros términos, todo esto significa que la acción de las masas en México deberá contar entre los grupos revolucionarios a un conductor y orientador de sus luchas, pero también a un alimentador de su conciencia que le haga concluir la necesidad de la acción revolucionaria.
En la actualidad, se suponen “aperturas democráticas” que, debe entenderse el Estado burgués no esta dispuesto a otorgar, como se ha visto reiteradamente.
Además, en tales circunstancias, sería implacable la democracia sindical, universitaria, política, etc.
Puesto que el autoritarismo es la norma vital, sostén institucionalizado del control social, sobre la cual obligadamente debe marchar la política del régimen.
Ciertamente, la antidemocracia crea un profundo malestar y aumenta el potencial combativo del movimiento de las masas, lo que crea un profundo malestar y aumenta el potencial combativo del movimiento de masas, lo que crea circunstancias favorables para las posiciones revolucionarias pues a nivel nacional y regional, hacen posible captar fuerzas sociales que pueden (y esto depende de la vanguardia básicamente) avanzar hacia planteamientos, concepciones y posiciones claramente revolucionarios. Por esto mismo, ilusionarlas con la esperanza de una democratización significa poner un frente real al desarrollo del movimiento revolucionario.
Las formas de lucha a las cuales se recurre en la actualidad, además de convertirse en ley y rito convencional sobre el que ocurren todas las acciones de masas, se establecen dentro del juego de una legalidad burguesa, de la que somos más respetuosos que el propio Estado Burgués. Naturalmente debemos luchar por cualquier demanda incluso la lucha por las libertades políticas y emplear todas las formas de lucha (inclusive pacífica), pero con el claro objetivo de hacer avanzar la conciencia y organización del movimiento espontáneo de masas. En tal sentido, nuestra divisa debe estar claramente establecida.
Necesidad de la acción de autodefensa, fines y objetivos
El impedimento al cual se enfrenta el movimiento de masas en México es la fuerza represiva que practica a todos los niveles el Estado mexicano, por lo de que de una manera instintiva de conservación se han venido desarrollando formas de autodefensa armada. Sin embargo han aparecido en los momentos de auge de un movimiento y no resisten la represión que siempre ocurre. Por ello se ha desenvuelto una acción espontánea y múltiple de organización de autodefensa, sin embargo estos intentos han sido frustrados por la penetración policial y la frustración en el momento de la preacción.
Pero la necesidad sigue vigente. Para ello hay que formular los objetivos políticos de este tipo de acciones para que tengan perspectiva y sentido. El núcleo de autodefensa aparece insertado en el propio movimiento de masas desarrollando funciones ampliamente conectadas con el, en diversas tareas enmarcadas en un criterio de defensa y avanzadilla armada del movimiento revolucionario.
Un nexo clave del núcleo armado con el movimiento lo será el papel de detonador político para la preparación del movimiento de masas desprotegido o descabezado cuyas fuerzas internas son capaces de “concienciar” al sector social o fuerza que va a combatir o ser agredida quien con los métodos tradicionales clásicas reuniones nacionales de “coordinación”, el cartel o la serie de carteles, los “paros” convocados por vanguardias y en el mejor de los casos seguidos parcial y pasivamente por una masa inconsciente no es motivada para la acción. Este tipo de estímulos políticos es una de las condiciones necesarias para la subsistencia de los núcleos sociales en especial cuando después de un combate son reprimidos y se encuentran ante una natural desconfianza y desencanto hacia los “planteamientos de desorganización y de lucha” que generalmente se les entregan. La acción armada se inserta en este cuadro como un factor estimulante de primer orden aun y cuando esta función no es una condición suficiente para desarrollar el movimiento plenamente ya que se conectan problemas que se tienen que resolver los núcleos directamente ligados y semi-ligados al movimiento.
Otra función política del núcleo armado deberá ser su capacidad para interceder en la protección del movimiento, de sus acciones y de sus organizaciones (de masas y revolucionarias). Esta protección que de hecho desempeña labores paramilitares también se presenta como un parte del todo global del problema organizativo. Es decir, que se obliga el desenvolvimiento de lineamientos de organización clandestina (que no subterránea) con todos los elementos preventivos y de real conexión con el movimiento que esta implica.
En la escalada de represión y agresión de parte del Estado hacia el movimiento de masas y al movimiento revolucionario en general, como respuesta a sus niveles de acción y de peligrosidad política, encontramos que la burguesía ha tenido una amplia capacidad de impunidad, lo que le ha otorgado una visión mítica del ciudadano común que identifica claramente la situación de impotencia con el señalamiento obligado de que “con el gobierno no se puede”. La acción armada en este sentido debe jugar un papel dinámico de respuesta a las agresiones y presiones ejercidas sin que ello signifique un “defensivo” estático como el concepto clásico de la autodefensa sino comprendida en el contexto de la acción armada en su conjunto. En este sentido la avanzadilla armada del movimiento tendrá ciertamente un papel directamente ligado a el. Incluso como condición indispensable para su subsistencia y desarrollo.
Podemos resumir el contenido general de las opiniones anteriores con la siguiente expresión: la izquierda revolucionaria tiene la urgente necesidad de auto examinarse y redefinir. Esto brevemente, consiste en:
Replantar la estructura organizativa, la mecánica de decisión, discusión y elaboración política. En suma, una reconcepción organizativa; aunque ahora podemos adelantar que, en cuanto a la vida anterior, lo que el análisis partidario nos entrega es lo que hay que eliminar. Sin eufemismos, lo anterior significa elaborar y decidir colectivamente. Este es un punto de partida esencial e indispensable para efectuar los cambios auténticos.
Replantear la línea política, la estrategia de acción del modelo de organización del movimiento, las formas de lucha, etc.
El equipamiento de un real instrumento de autodefensa de las acciones las organizaciones revolucionarias y, en general, del movimiento activo.
Se plantea en este momento como un problema inquietante la función que le corresponde jugar a la juventud en este proceso de discusión y de definición política actual. Hoy se ha comentado y cuestionado seriamente la existencia de la juventud comunista como tal y esto parte del contexto mas general, es decir, de la necesidad de dividir por edades las funciones de operatividad política comunista cuando la experiencia del movimiento revolucionario Lenin, Mao, Ho, Fidel, etc. es integrar a los jóvenes en el marco de una sola organización y solo ya tomado el poder se integra un especial organismo juvenil que supuestamente debe jugar un papel educador o incentivador del trabajo socialista. Y aun en estos países es ampliamente dudosa la efectividad política con que han actuado las “vanguardias juveniles”. Algunos compañeros opinan que en un momento también era generalizada pensábamos que crearían un conjunto de mecanismos para convertir atrayentes a la JC. y transformarla en una JC de masas. Bajo en este tipo de planteamientos se presento por principio una ruptura clara con las obligaciones practicas y políticas del movimiento de masas que solo en los ratos de ocio los métodos juveniles hacían su aparición mas bien utilizados como un medio de convivencia social en lugar de un método político de funcionamiento incluso esta convivencia juvenil se daba al margen de cualquier sesuda formulación, sencillamente era la resultante de relación personal misma. Sin embargo es un intento que para nosotros ha sido ley histórica curiosos de “acoplar” la realidad a “nuestra” teoría en este caso, del desarrollo juvenil comunista, intentamos insistir durante años en obligar a la realidad a que no fuera rejega con nuestras concepciones. Lo mas sorprendente y el plan reiterativo es escuchar voces afortunadamente muy pocas, algunas del mas “alto nivel, que insisten en señalar que el fracaso de esta orientación realmente no lo es ya que no se ha aplicado y que al serlo realmente si habrá posibilidades de realizar un balance de esta política. (¡¡).
Algunos compañeros estos si muchos plantean por todo lo anterior la necesidad de integrarse al Partido y disolver a la JC como organismo autónomo. Aquí también se evidencia algunos fenómenos reales que acompañan a esta proposición implícita o explícitamente. En primer termino hoy es observable que en la JC estimulada, sobre todo, por sus cuadros médicos hay una inquietud que se esta aproximando seriamente como todo el desorden e incoordinación que acompaña a toda discusión que surge pronto y exclusivamente al nivel de formulación política en todos los sentidos que surge pronto y exclusivamente al nivel de formulación política en todos los sentidos y por ello hay que llevarla hasta sus ultimas consecuencias. El Partido por una serie de razones ya esbozadas antes, pero ilustradas regionalmente con mayor vigor y para ello la percepción de los militantes es clara, carece de pilaridad* critica cuando menos en el corto plazo, por otro lado tomando como un hecho la situación de desconfianza de la base hacia el equipo de dirección de la JC, hacia el Partido, etc. una dirección inmediata a este provocaría la natural deserción de compañeros, que en las condiciones actuales son valiosas para el desarrollo del cambio de que tanto se habla.
Es por ello que el papel del JC debe orientarse en este periodo a sostener con mayor firmeza, coherencia y fundamento la serie de posiciones que están desenvolviéndose y continuar ampliando la discusión. Paralelamente en discusiones desenvolviéndose y continuar ampliando la discusión. Paralelamente en discusiones con el partido a todos niveles. Cuando esta serie de discusiones con el Partido a todos niveles. Cuando menos esta serie de consideraciones son las que perciben como perspectiva inmediata de actitud de la JC nuestra organización considerada como reserva y auxiliar ha demostrado ser mas que eso, y en la practica política ha obtenido toda la autoridad suficiente como para también discutir la línea política partidaria.
Por otra parte, existe en el país una clara tendencia unificadora de opiniones. Para ello tenemos indicadores suficientes, tales como el Grupo Comunista Internacionalista (t): así como de los católicos que sostienen un (cuadro) revolucionario autentico (camilistas, guevaristas, etc.) y los sectores antisnobistas de los núcleos neoizquierdistas.
Este proceso de afirmación revolucionaria no ha sido sencillo. Todo lo contrario; ha sido el resultado de luchas internas y aproximaciones sucesivas hacia planteamientos comunes, derivados de la necesidad de operar cambios reales en la acción y concepción de la izquierda revolucionaria en México. El efecto caracterizador de este proceso indudablemente lo ha sido la acción de 1968.
Tres elementos inciden sobre la crisis del partido, la que evidentemente tiene un carácter histórico: en primer lugar la concepción organizativa sobre la que marcha el funcionamiento, la actividad y la vida partidaria, en general: el segundo término la línea política establecida y que se ha significado como un elemento constante en la vida y en la historia del partido.
La organización; ¿En qué sentido se habla de la concepción organizativa impráctica, infuncional y antihistórica para la situación actual del país? Para empezar el parido en su accidentada vida para llamarla en un término noble, ha padecido de un raquitismo histórico; como con una revisada al material del partido de plenos, del congreso, etc., sacamos algunas conclusiones y algunas de ellas ha sido esa debilidad orgánica. Pero paralela a ella una concepción ritual pero grullada para estimular la vida del Partido: hay que crecer (¡!). Podemos incluso realizar el análisis comparativo de las conclusiones de decenas de plenos, conferencias, congresos, etc., y encontraremos lugares comunes: hay que ir a la clase obrera, tener un sentido colectivo pero no sectario para el reclutamiento. El problema, todo parece indicarlo es de fondo es decir de concepción (también se ha pretendido establecer una relación mecánica que docilizar irracionalmente, a la estructura organizativa con la política oportunista, la organización tiene su propia dinámica. Si no, ¿cómo entender el crecimiento notable cuantitativo y operacional, vale decir funcionamiento de las células, los comités, etc. que han tenido algunos partidos comunistas europeos aún y con su política conciliatoria y castrada?).
Anotaremos que, en relación con la concepción organizativa, generalmente se habla de que el esquema de nuestra organización, es decir, el esquema celular, es algo así como un “Verdad Absoluta”<$F A nuestro juicio, la organización partidaria, si quiere ser eficaz, debe corresponder escrupulosamente a la realidad en que se lucha y actúa. En ese terreno no hay verdades absolutas, Lenin comprendió muy bien que el partido revolucionario debía ser uno en la Rusia zarista y otro en la sociedad diversificada y compleja de Alemania por ejemplo. Jamás pretendió que su fórmula fuese aplicable sin ajustes de tiempo y lugar. La acción política, en cuanto actividad creadora no puede coagularse en fórmulas rígidas, pues corre el riesgo de fracasar y anularse así misma. No debe olvidarse que el espíritu del dogma es el exacto contrario del espíritu leninista, ni tampoco que Lenin criticó siempre a los repetidores de fórmulas, a los incapaces de descubrir las peculiaridades del caso específico de aplicar, al margen de fórmulas huecas, la verdad general al caso concreto.>. Por lo que cualquier opinión en su contra es, por lo regular, anatematizada con el socorrido calificativo de reduccionista. Pero el problema es sumamente complejo; y seguramente no se resolverá rechazando a priori los puntos de vista referentes a él y poniendo de manifiesto la ausencia, la incapacidad o la esquivación del análisis histórico de la sociedad mexicana cuyo estudio debe encaminarse al encuentro de las características reales de la organización partidaria.
Todas estas cuestiones se conviertan en problema clave que, en el marco de una concepción organizativa, se señalan como elementos de discusión. Sin embargo, en la esquivación de estos problemas están enmarcadas las tesis que la dirección del partido edito como documento que debiera servir de base para la discusión previa al congreso. Y es que las tesis se refieren exclusivamente al problema del funcionamiento, de la viabilidad y de la administración partidaria, reduciendo toda la problemática, prácticamente, a las cuestiones relacionadas con el control de los recursos del partido y a la eficiencia de su administración.
Sin embargo desde mi punto de vista, es la concepción organizativa el problema del cual debemos de partir; y esa concepción organizativa debe ser definitivamente distinta de la cual. Ya se ha presentado una opinión acerca de que el esquema leninista de organización partidaria. Y esto nos obliga a pensar que no necesariamente se debe de partir del famoso esquema celular y del complejo mecanismo de aditamentos que van junto a el, para definir obligadamente al esquema partidario. Pero entonces ¿en que sentido o para que, fue elaborado el esquema leninista de organización? Desde mi punto de vista realmente correspondió a una necesidad histórica que por Lenin fue delimitada, explicada y desarrollada ante una situación de efervescencia ideológica y política de clase.
Efectivamente, podemos referirnos a ciertos puntos máximos de la acción de la clase obrera europea: en 1825, después de la gran depresión del capitalismo naciente forjo una experiencia de lucha del movimiento obrero, de la clase obrera como tal, de la cual derivaron varias acciones importantes, como lo fueron el movimiento desembrista en Rusia, y las luchas obreras que derrocaron a Felipe DOrleáns. Entre 1840 y 1848 se forjo otro proceso: el de la organización del movimiento obrero. En este periodo se crearon y desarrollaron las organizaciones tradeunistas inglesas, las organizaciones clandestinas del movimiento ruso obrero y las organizaciones gremiales y mutualistas francesas. Finalmente, en 1864 surge la internacional comunista que da integración partidaria a la clase obrera y estimula el desarrollo de las diferentes tendencias que en ella se manifestaron, el proudhonismo, bakuninismo, kropotkismo, marxismo y otras. Estos acontecimientos y estas experiencias de la clase obrera estimularon a su vez las percepciones intelectuales paralelas. Como resultado de este avance de la clase obrera europea resurgió la necesidad de definir con claridad el estilo proletario de organización que indiscutiblemente, correspondía a una situación dad y a un estado especifico de disciplina de clase de aquí, esta muy diluido.
El esquema leninista de organización fue trasladado a nuestro país en 1919, cuando el grueso de la vida política y social se encontraba en el campo, en donde las experiencias de organización eran mínimas (entre las que sobresalía el anarcosindicalismo no ortodoxo, impulsado por el movimiento Flores Magonista). Además, en ese tiempo la experiencia del movimiento obrero mexicano era muy incipiente, y sus luchas representaban un porcentaje muy reducido dentro del movimiento social de México (las principales acciones correspondieron a los movimientos de los mineros, de los tranvieros, y de los obreros textiles, respectivamente). Y no debe olvidarse que el movimiento obrero mexicano carecía de una verdadera experiencia partidaria; la mayor parte de las tendencias organizativas se originaron, dentro del movimiento obrero, a finales del siglo XIX, pero en México tuvo la característica de la corrupción y la desestimación de sus propósitos iniciales de clase y de su posible integración. No obstante, se implanto el esquema, que resulto improcedente, por las razones que se han esbozado. No esta de mas señalar que las experiencias partidarias, ya no digamos las de la clase obrera, sino de la sociedad en su conjunto, eran mínimas, y las instituciones sociales eran casi inexistentes. Así, por ejemplo, el Partido Liberal fue de hecho el núcleo de personajes e intelectuales que se agruparon en torno a Juárez. El Partido Científico, tuvo un papel parecido con respecto a Porfirio Díaz. En estas circunstancias el establecimiento de un idealizado de organización partidaria de la clase obrera en México se opuso de un esquema idealizado de organización partidaria de la clase obrera en México se opuso de hecho al desarrollo real de la conciencia organizada del movimiento obrero en nuestro país. En cambio, en otros lugares se produjo una autentica nativizacion del organismo proletario de clase, cuyo ejemplo mas rico es el Partido Chino y en América Latina, el Partido Socialista de Mariátegui.
UNA LATOSA DEPENDENCIA
Tras la muerte de Lenin se modifico la orientación y la política del partido bolchevique tanto en el frente interno como en el externo. En el frente interno se transformo aquel gran Partido que toleraba e impulsaba la discusión interna y en la cual la voz de Lenin ciertamente era la cantante, pero en constante polémica con sus discrepancias. En las formas de Salín, paralelamente se establece un ingrediente que hasta hoy perdura: la discrepancia es equivalente a traición por lo que estaría condenado como organismo partidario a ser una unidad monolítica en donde solo se escuchara una voz o tres voces como ahora y el resto contemplara con un silencio acritico sumiso y hasta humillante los acontecimientos políticos. Sin embargo, este triste papel de bufones políticos se resistieron fuertemente a jugarlo viejos bolcheviques de la talla de Kirov, Zinoviev Troky, etc., los cuales fueron eliminados por distintos procedimientos, desde las grandes purgas políticas hasta las liquidaciones físicas. Así, del gobierno de los Soviets se pasó al gobierno burocratizado utilizando los aparatos de poder soviético.
En el frente externo se decretó la parálisis del movimiento revolucionario y el sostenimiento incondicional a la política de socialismo en un solo país como respuesta grotesca y traidora a la traición internacionalista que tuvo el Partido Bolchevique. Así, la III Internacional fundada por Lenin dejó de ser un elemento catalítico del movimiento revolucionario para jugar el papel de preventivo en el desarrollo de éste. La organización se apropió no de la política leninista sino de su símbolo: el “Partido de Lenin”, la vanguardia revolucionaria encabezada por la URSS, el mito y veneración religiosa a Lenin quien por cierto si hubiese existido sería el principal opositor a esta idealización antimarxista. Para la política anti-leninista hubo oposición por parte de algunos revolucionarios que veían hipotecar por parte de Stalin y la internacional. En esa disputa fueron claras las opiniones de Mao, Ho Chi Min, Mariategui, Gramsci; las que provocaron rupturas y discrepancias serias con “el grueso del movimiento comunista internacional”. Sin embargo otros partidos no tuvieron la fortaleza necesaria para oponerse al autoritarismo estalinista y del aparato de la internacional. Es ilustrativa la idea del compañero Campa al admitir la “incapacidad teórica nuestra” y el “peso que jugaba la Internacional” para entregar al oportunista Brounder del comité ejecutivo de la I.C.. la instancia de decisión política sobre nuestra actitud hacia Lombardo y la CTM a finales de los treinta.
La dependencia con respecto a formulaciones extraídas de la experiencia internacional ha sido un elemento constante en la vida de nuestra organización. Hay que recordar las resoluciones establecidas en el VI Congreso de la Internacional y sus recomendaciones para crear “bloques obrerocampesinos auténticos”, que se encargarían de definir nítidamente la independencia de clase que tales bloques deberían tener con respecto a los núcleos de poder establecidos en los países capitalistas, con la burguesía y con las instituciones del régimen burgués. Y, de una manera automática, en México se originó la política del bloque obrerocampesino y “la necesidad de la acción organizada independientemente”.
Incluso se llegó a presentar una intentona de “toma del poder” en 1929 que concluyó con la liquidación de importantes núcleos campesinos (entre ellos J. Guadalupe Rodríguez). Y cuando se presentó el problema de la sucesión presidencial, en 1934, lo lógico fue calificar de fascista al Plan Sexenal y al propio Cárdenas. Esta correspondencia con los argumentos, las tendencias y las posiciones acordadas en el VI Congreso de la Internacional fue el principal elemento que desgarró toda la acción de masas en México. Resulta significativo que, dentro de la historia “oficial” del Partido, se mencionó que ésta posición fue liquidada en la Carta del 35; desde mi punto de vista, sin embargo, tal declaración significó la reiteración de los viejos errores de definición internacional, de situaciones nacionales sobre las cuales no necesariamente había correspondencia.
¿De que otra forma interpretaste, entonces, la carta 35, sino como producto de las resoluciones tomadas por el VII Congreso de la Internacional? Y la aplicación de la política unitaria del “frente popular”, tanto en México como en otras partes del mundo, también fue producto de los acuerdos tomados por el VII Congreso, siendo sus principales representativos (del “frente popular” los gobiernos de Francia, España, Italia y Chile junto a sus fracasos correspondientes. En México, la aplicación de tales acuerdos adquirió una representación grotesca, al identificar al frente popular con el PRM, o sea, con los mismos vicios del pasado. Se trataba de presentar, y aún se intenta ahora, una actitud crítica y autocrítica de la vida del Partido, y de su posición procedente, con la Carta del 35. Ya se ha visto antes que tal modificación política se materializó finalmente en la adaptación incondicional de todo el movimiento obrero y campesino a los dispositivos del aparato burgués que obtuvo, con la política de Unidad a toda costa, la integración docilizada de toda una posibilidad histórica de afianzamiento de las organizaciones de clase y de su fortalecimiento para la eventual acción revolucionaria.
En 1940 se trató de llevar a cabo una revisión autocrítica de la política adoptada en el período anterior, pero el maniobraje que a nivel internacional efectuó el aparato latinoamericano de IC, dirigida por Codovilla y que dio lugar a la creación de la famosa Comisión depuradora, impidió ese proceso y, en su lugar dio cabida a la represión en contra de los compañeros miembros de la dirección. Hay que agregar que ésta tonalidad crítica y autocrítica. Laborde realizó una autocrítica a semejanza de los religiosos del ostracismo medieval, es todo un sistema que se encuadra en el fenómeno llamado Estalinismo. Sin embargo, se sigue utilizando en el post estalinismo, lo que hace meditar seriamente aunado a otras ilustraciones, en un neo estalinismo vigoroso. Este método de análisis en la URSS después de la cacareada des estalinización aún en los momentos Kruschovianos, era un rito muy bien logrado: el culpable de la deformación socialista era Stalin, así como antes fue el responsable de todos los éxitos. De hecho se mistificaban los problemas ocurridos pues como señalaba Togliatti: Se eluden los verdaderos problemas que consisten en saber de que manera y porque la sociedad soviética se había alejado de la vía democrática y de la legalidad que se había trazado e inclusive allegado a ciertas formas de degeneración. A nuestro Partido, la influencia bienhechora del XX Congreso llegó más con fórmula vacía que en esencia ya lo era, que lo único que alteró fueron clichés y como veremos más tarde, algunos de tipo programático como la tipificación de la revolución democrática de liberación nacional.
Durante el Congreso Extraordinario de 1940, se liquidó a los personajes Campa y Laborde y se mantuvo el grueso de los planteamiento políticos del pasado; se volvió en definitiva a la línea de Unidad de Frente Nacional antifascista se respaldó la política aplicada por el régimen de Ávila Camacho y en 1946 se apoyó al candidato de la llamada burguesía progresista: Miguel Alemán. Y así en el propio informe de Encinas al Congreso del 40 se trataba de limpiar la afrenta cometida contra Lombardo Toledano “figura preclara de la revolución mexicana que es víctima de los ataques más canallescos y viles”. En suma, se sostiene con la corrupción ideológica del Cardenismo-lombardismo.
En el Pleno del Comité Central celebrado en diciembre de 1956 se procura revisar toda la política del pasado. Veamos: En el camino de corregir las debilidades y defectos del trabajo del Partido examinados por la reunión del CC es necesario concentrar la atención del Partido en las siguientes cuestiones fundamentales:
Poner en primer plano, entre las tareas internas del Partido, la labor ideológica en todas sus formas:
Orientar todo el trabajo del Partido hacia la ligazón con las masas principalmente con la clase obrera.
Desarrollar en todo el Partido la lucha ideológica, impulsando la crítica y la autocrítica y sobre todo la crítica por la base.
Desarrollar una lucha en el seno del Partido por la aplicación de los Estatutos.
Elaborar una justa política de cuadros, corrigiendo los errores que se han cometido en ese sentido.
Dar toda su importancia al trabajo de propaganda y agitación, elevando su calidad.
Desarrollar a lo largo de todo el Partido una profunda vigilancia revolucionaria para impedir el trabajo del enemigo en nuestras filas.
El Pleno del CC llama a todos los miembros del Partido a lucha con toda energía para la elevación del trabajo del Partido, por la corrección de las fallas y debilidades y por ligar estrechamente toda su actividad de las masas, para desarrollar nuestro Partido, por la corrección de las fallas y debilidades y por ligar estrechamente toda su actividad de las masas, para desarrollar nuestro Partido, orgánica y políticamente y hacer de él el gran partido que la clase obrera de México necesita.
Y con esta cantaleta, correspondiente a los nuevos tiempos de la descentralización, se inició nuevamente la campaña de purificación de “los errores cometidos en el período anterior”. Pero en la coyuntura del 56, y en la aligeración de ciertos mecanismos internos que facilitaron la afloración de opiniones, surgieron tendencias de cambio, una de ellas representada por el entonces Comité del DF. cuya mayor parte integra actualmente la Dirección del Partido, otra por la Dirección del Partido, otra por la Dirección anterior encabezada por Dionisio Encinas y una tercera representada por la célula “Carlos Marx” del compañero Revueltas.
En 1957 y 1960 se realizaban las conferencias de los partidos comunistas obreros. En ambas se reiteran las máximas y “verdaderas absolutas” del presente: la necesidad de converger el gran torrente revolucionario por los “tres conductos”, y en donde también se ubica el carácter de la lucha de los países atrasados, que debería encuadrarse en estos planteamientos y ante la necesidad evidente de cambio en la orientación internacional, se modifican algunos planteamientos básicos y se caracteriza a la Revolución Mexicana como Revolución liquidada, y se desprende la necesidad de una nueva revolución, cuyas características serán de un movimiento revolucionario de liberación nacional. Por otro lado, se modifican algunos elementos internos que posibilitaron cierto aligeramiento de la esclorosis en la discusión retenida y reprimida y se crea un medio ambiente favorable hasta para ciertas posiciones y elaboraciones limitadas. Por esta solución de parche no podía durar mucho, al cabo de un lapso relativamente corto, y sobre todo a partir de 1965, se comienzan a manifestar síntomas de debilidad en el organismo partidario y se presentan algunos choques que se explican inicialmente como “diferencias entre nuestra influencia ideológica y política y nuestra capacidad orgánica limitada”.
Así se van originando categorías que van integrando “la posible solución a la crisis del Partido”. Con tal orientación, el XV Congreso del Partido, y, en particular, el informe de C. Encarnación Pérez, representa la aglutinación de esta opinión de modificación administrativa del Partido, desafortunadamente, subsiste ahora esta orientación y por otra parte, las posibilidades de resolver realmente esta crisis son pocas y difíciles.
Hay otro intento de análisis crítico de la situación en donde circulan las voces del “cambio del presente”. Garaudy, Santiago Carrillo y el medil* checoslovaco entusiasman a nivel de imitación.<$F Curiosamente, ya que si bien son respetables estas opiniones, deben ubicarse en el contexto de cada país... pero nuestros agionados* compañeros, trasladando el esquema de Garaudy, hablan ya de un socialismo pluripartidista bello y santón, cuando dicha “importancia” no es otra cos que la esquivación clásica del verdadero análisis de las características nacionales de nuestro “modelo de socialismo”.>
No se trata, desde luego de desconocer las experiencias del movimiento revolucionario mundial. Se trata de aprovechar esas aportaciones, y otras, mediante un estudio de nuestra realidad que debe ser básicamente propio, o instrumentado y desarrollado con características y elementos de análisis nacionales. Tenemos que desarrollar en forma plena las características nacionales de la acción política y dentro de tal contexto, el organismo o esquema partidario y la política que debemos desarrollar en este país, aprovechando, evidentemente, las características del movimiento revolucionario mundial.
ACERCA DE LA LINEA
En el último Congreso del Partido, aparentemente se produjo un cambio significativo. Y con el título de precisión programática se incluyó en el informe central del Congreso una modificación interesante acerca del carácter de la revolución, sobre las fuerzas motrices del movimiento revolucionario y sobre la vía probable de la revolución. Súbitamente se propuso la modificación del carácter de la nueva revolución (que de liberación nacional se cambia por el de democracia, popular y antiimperialista), en un movimiento que ciertamente no nos iba a liberar de una supuesta colonización imaginada, supuesta o sobreentendida durante siete años. En consecuencia el esquema de contradicciones que situó al XIV Congreso se limitó con claridad, y adquirió características prioritarias la contradicción social oligarquía imperialismo pueblo mexicano, la cual una vez resuelta, será capaz de “sacar al país de la vía del capitalismo dependiente”<$F Véase: una perspectiva revolucionaria para México. FCP. México. 1968.>.
LA ESTRUCTURA ECONOMICA ACTUAL EN MÉXICO
Primeramente habrá que observar que el método de análisis económico tiene un conjunto de claras limitaciones de la investigación económica vía categorías marxistas en el sentido clásico del término. Por otro lado y no a nivel de defensa ni justificación, es visible que el “análisis económico” dominante en la vida partidaria han tenido un alto porcentaje de especulación y de subjetivismo y solo en contadísimas ocasiones realmente se intento presentar una opinión coherente y sistematizada, problema evidentemente conectado con el “ajuste” internacional tan estilizado en la vida partidaria. En otros grupos el intento de investigación marxista ha quedado en buenos deseos en virtud de la fetichizacion de las categorías marxistas y suponen que el análisis se ha dominado con solo agrupar cifras utilizando las estadísticas disponibles en cuota de plusvalía, de ganancia, composición orgánica de capital, etc. Tratando de evitar caer en este conjunto de vicios y desplantes de la izquierda mexicana y aun con las limitaciones señaladas, presentamos un intento inicial sujeto, vía discusión seria. A modificaciones y profundizaciones posteriores de dar una aproximación aproximada del “modulo del desarrollo” a largo plazo de nuestro país; de presentar los elementos mas relevantes de política económica desde finales de la revolución hasta la década de los setenta.
En este trabajo se parte de la hipótesis de que el desarrollo económico ha respondido a una mecánica estructural específica. Que se ha basado fundamentalmente en el control monopólico por parte de los estados de los insumos energéticos básicos, en el sostenimiento de una tasa de inversión infraestructural “para el desarrollo” y en una política de control y represión sobre las masas. Que esta estrategia global ha conformado el carácter capitalista de nuestro país. Se pone, por tanto, el mayor énfasis en el periodo clave y mas ilustrador de los destinatarios y usufructuarios de esta política de claro sentido burgués, es decir, en la etapa Cardenista y los treinta años de crecimiento económico posterior. Tratase al final, de caracterizar en sus rasgos mas relevantes dependencia estructural con el imperialismo, la monopolización del capital y de la desigualdad social lógicamente resultante, un tipo de sociedad burgués cuya supervivencia descansa en el ejercicio de l poder político en forma instituidas como son el autoritarismo y la represión.
Es por esto el supuesto frente oligárquico o democrático popular se reduce a los sectores básicamente revolucionarios de la población: la clase obrera, los campesinos pobres y las capas medias. La experiencia y situación política de los “sectores reformistas” de la burguesía hacen dudar, a nivel de certeza política de su eventual participación en el proceso revolucionario. ¿Podemos encontrar como valido el criterio establecido de catalogar a una revolución por el carácter inestable a sus aliados? Aun mas curiosa es la muy difundida idea de que “ante la imprevisión del curso de la acción y conciencia de la clase obrera”, habrá que garantizar su unidad acercando a los sectores rezagados bajo consignas no socialistas “pero haciéndolas llegar”.? ¿Habrá en ella un mínimo de lógica política? (Este malabarismo de ideas refleja nítidamente la desconfianza en las fuerzas propias y, en consecuencia, en la capacidad de absorber un movimiento vigoroso, definido ya como revolucionario).
Lo mas grave, sin embargo, es el carácter conciliador que tratan de introducirle al movimiento revolucionario y la limitación a priori de los objetivos socialistas, los que requieran una etapa procedente de acuerdo con la formulación actual.
Otro hecho que se inserta en la memoria política de la burguesía mexicana es la trayectoria del proceso revolucionario cubano, lo que la hará más repelente a la “unidad” con los sectores revolucionarios en el transcurso de los futuros combates por el poder.
Por todo lo expuesto, debe admitirse que al carácter de la revolución no admite caracterizaciones. Es decir, o es verdaderamente revolucionaria (socialista) simplemente no lo es.
Es claro que el proceso revolucionario no tendrá las características “de laboratorio”, sino que va a producirse en el marco de una situación compleja y difícil que, con la sensibilidad e inteligencia que deberá imprimirle su vanguardia, buscara la presencia del mayor núcleo de fuerzas aliadas, pero sin rebajar el carácter de una revolución que no admite titubeos ni indefiniciones. Sobre el tipo de lucha, seguramente estas se darán en todos los terrenos; no debe mistificarse la acción de las masas y “auto convencerse”, ni distorsionar o frenar el avance político de las masas a escalones de conciencia revolucionaria.
En otros términos, todo esto significa que la acción de las masas en México deberá contar entre los grupos revolucionarios a un conductor y orientador de sus luchas, pero también a un alimentador de su conciencia que le haga concluir la necesidad de la acción revolucionaria.
En la actualidad, se suponen “aperturas democráticas” que, debe entenderse el Estado burgués no esta dispuesto a otorgar, como se ha visto reiteradamente.
Además, en tales circunstancias, sería implacable la democracia sindical, universitaria, política, etc.
Puesto que el autoritarismo es la norma vital, sostén institucionalizado del control social, sobre la cual obligadamente debe marchar la política del régimen.
Ciertamente, la antidemocracia crea un profundo malestar y aumenta el potencial combativo del movimiento de las masas, lo que crea un profundo malestar y aumenta el potencial combativo del movimiento de masas, lo que crea circunstancias favorables para las posiciones revolucionarias pues a nivel nacional y regional, hacen posible captar fuerzas sociales que pueden (y esto depende de la vanguardia básicamente) avanzar hacia planteamientos, concepciones y posiciones claramente revolucionarios. Por esto mismo, ilusionarlas con la esperanza de una democratización significa poner un frente real al desarrollo del movimiento revolucionario.
Las formas de lucha a las cuales se recurre en la actualidad, además de convertirse en ley y rito convencional sobre el que ocurren todas las acciones de masas, se establecen dentro del juego de una legalidad burguesa, de la que somos más respetuosos que el propio Estado Burgués. Naturalmente debemos luchar por cualquier demanda incluso la lucha por las libertades políticas y emplear todas las formas de lucha (inclusive pacífica), pero con el claro objetivo de hacer avanzar la conciencia y organización del movimiento espontáneo de masas. En tal sentido, nuestra divisa debe estar claramente establecida.
Necesidad de la acción de autodefensa, fines y objetivos
El impedimento al cual se enfrenta el movimiento de masas en México es la fuerza represiva que practica a todos los niveles el Estado mexicano, por lo de que de una manera instintiva de conservación se han venido desarrollando formas de autodefensa armada. Sin embargo han aparecido en los momentos de auge de un movimiento y no resisten la represión que siempre ocurre. Por ello se ha desenvuelto una acción espontánea y múltiple de organización de autodefensa, sin embargo estos intentos han sido frustrados por la penetración policial y la frustración en el momento de la preacción.
Pero la necesidad sigue vigente. Para ello hay que formular los objetivos políticos de este tipo de acciones para que tengan perspectiva y sentido. El núcleo de autodefensa aparece insertado en el propio movimiento de masas desarrollando funciones ampliamente conectadas con el, en diversas tareas enmarcadas en un criterio de defensa y avanzadilla armada del movimiento revolucionario.
Un nexo clave del núcleo armado con el movimiento lo será el papel de detonador político para la preparación del movimiento de masas desprotegido o descabezado cuyas fuerzas internas son capaces de “concienciar” al sector social o fuerza que va a combatir o ser agredida quien con los métodos tradicionales clásicas reuniones nacionales de “coordinación”, el cartel o la serie de carteles, los “paros” convocados por vanguardias y en el mejor de los casos seguidos parcial y pasivamente por una masa inconsciente no es motivada para la acción. Este tipo de estímulos políticos es una de las condiciones necesarias para la subsistencia de los núcleos sociales en especial cuando después de un combate son reprimidos y se encuentran ante una natural desconfianza y desencanto hacia los “planteamientos de desorganización y de lucha” que generalmente se les entregan. La acción armada se inserta en este cuadro como un factor estimulante de primer orden aun y cuando esta función no es una condición suficiente para desarrollar el movimiento plenamente ya que se conectan problemas que se tienen que resolver los núcleos directamente ligados y semi-ligados al movimiento.
Otra función política del núcleo armado deberá ser su capacidad para interceder en la protección del movimiento, de sus acciones y de sus organizaciones (de masas y revolucionarias). Esta protección que de hecho desempeña labores paramilitares también se presenta como un parte del todo global del problema organizativo. Es decir, que se obliga el desenvolvimiento de lineamientos de organización clandestina (que no subterránea) con todos los elementos preventivos y de real conexión con el movimiento que esta implica.
En la escalada de represión y agresión de parte del Estado hacia el movimiento de masas y al movimiento revolucionario en general, como respuesta a sus niveles de acción y de peligrosidad política, encontramos que la burguesía ha tenido una amplia capacidad de impunidad, lo que le ha otorgado una visión mítica del ciudadano común que identifica claramente la situación de impotencia con el señalamiento obligado de que “con el gobierno no se puede”. La acción armada en este sentido debe jugar un papel dinámico de respuesta a las agresiones y presiones ejercidas sin que ello signifique un “defensivo” estático como el concepto clásico de la autodefensa sino comprendida en el contexto de la acción armada en su conjunto. En este sentido la avanzadilla armada del movimiento tendrá ciertamente un papel directamente ligado a el. Incluso como condición indispensable para su subsistencia y desarrollo.
Podemos resumir el contenido general de las opiniones anteriores con la siguiente expresión: la izquierda revolucionaria tiene la urgente necesidad de auto examinarse y redefinir. Esto brevemente, consiste en:
Replantar la estructura organizativa, la mecánica de decisión, discusión y elaboración política. En suma, una reconcepción organizativa; aunque ahora podemos adelantar que, en cuanto a la vida anterior, lo que el análisis partidario nos entrega es lo que hay que eliminar. Sin eufemismos, lo anterior significa elaborar y decidir colectivamente. Este es un punto de partida esencial e indispensable para efectuar los cambios auténticos.
Replantear la línea política, la estrategia de acción del modelo de organización del movimiento, las formas de lucha, etc.
El equipamiento de un real instrumento de autodefensa de las acciones las organizaciones revolucionarias y, en general, del movimiento activo.
Se plantea en este momento como un problema inquietante la función que le corresponde jugar a la juventud en este proceso de discusión y de definición política actual. Hoy se ha comentado y cuestionado seriamente la existencia de la juventud comunista como tal y esto parte del contexto mas general, es decir, de la necesidad de dividir por edades las funciones de operatividad política comunista cuando la experiencia del movimiento revolucionario Lenin, Mao, Ho, Fidel, etc. es integrar a los jóvenes en el marco de una sola organización y solo ya tomado el poder se integra un especial organismo juvenil que supuestamente debe jugar un papel educador o incentivador del trabajo socialista. Y aun en estos países es ampliamente dudosa la efectividad política con que han actuado las “vanguardias juveniles”. Algunos compañeros opinan que en un momento también era generalizada pensábamos que crearían un conjunto de mecanismos para convertir atrayentes a la JC. y transformarla en una JC de masas. Bajo en este tipo de planteamientos se presento por principio una ruptura clara con las obligaciones practicas y políticas del movimiento de masas que solo en los ratos de ocio los métodos juveniles hacían su aparición mas bien utilizados como un medio de convivencia social en lugar de un método político de funcionamiento incluso esta convivencia juvenil se daba al margen de cualquier sesuda formulación, sencillamente era la resultante de relación personal misma. Sin embargo es un intento que para nosotros ha sido ley histórica curiosos de “acoplar” la realidad a “nuestra” teoría en este caso, del desarrollo juvenil comunista, intentamos insistir durante años en obligar a la realidad a que no fuera rejega con nuestras concepciones. Lo mas sorprendente y el plan reiterativo es escuchar voces afortunadamente muy pocas, algunas del mas “alto nivel, que insisten en señalar que el fracaso de esta orientación realmente no lo es ya que no se ha aplicado y que al serlo realmente si habrá posibilidades de realizar un balance de esta política. (¡¡).
Algunos compañeros estos si muchos plantean por todo lo anterior la necesidad de integrarse al Partido y disolver a la JC como organismo autónomo. Aquí también se evidencia algunos fenómenos reales que acompañan a esta proposición implícita o explícitamente. En primer termino hoy es observable que en la JC estimulada, sobre todo, por sus cuadros médicos hay una inquietud que se esta aproximando seriamente como todo el desorden e incoordinación que acompaña a toda discusión que surge pronto y exclusivamente al nivel de formulación política en todos los sentidos que surge pronto y exclusivamente al nivel de formulación política en todos los sentidos y por ello hay que llevarla hasta sus ultimas consecuencias. El Partido por una serie de razones ya esbozadas antes, pero ilustradas regionalmente con mayor vigor y para ello la percepción de los militantes es clara, carece de pilaridad* critica cuando menos en el corto plazo, por otro lado tomando como un hecho la situación de desconfianza de la base hacia el equipo de dirección de la JC, hacia el Partido, etc. una dirección inmediata a este provocaría la natural deserción de compañeros, que en las condiciones actuales son valiosas para el desarrollo del cambio de que tanto se habla.
Es por ello que el papel del JC debe orientarse en este periodo a sostener con mayor firmeza, coherencia y fundamento la serie de posiciones que están desenvolviéndose y continuar ampliando la discusión. Paralelamente en discusiones desenvolviéndose y continuar ampliando la discusión. Paralelamente en discusiones con el partido a todos niveles. Cuando esta serie de discusiones con el Partido a todos niveles. Cuando menos esta serie de consideraciones son las que perciben como perspectiva inmediata de actitud de la JC nuestra organización considerada como reserva y auxiliar ha demostrado ser mas que eso, y en la practica política ha obtenido toda la autoridad suficiente como para también discutir la línea política partidaria.
Por otra parte, existe en el país una clara tendencia unificadora de opiniones. Para ello tenemos indicadores suficientes, tales como el Grupo Comunista Internacionalista (t): así como de los católicos que sostienen un (cuadro) revolucionario autentico (camilistas, guevaristas, etc.) y los sectores antisnobistas de los núcleos neoizquierdistas.
Este proceso de afirmación revolucionaria no ha sido sencillo. Todo lo contrario; ha sido el resultado de luchas internas y aproximaciones sucesivas hacia planteamientos comunes, derivados de la necesidad de operar cambios reales en la acción y concepción de la izquierda revolucionaria en México. El efecto caracterizador de este proceso indudablemente lo ha sido la acción de 1968.