Este día particularmente recordé algo que siempre había escuchado, pero que nunca me había tomado el trabajo de analizar seriamente.
"Debes mejorar tu actitud, y así cosas nuevas y mejores vendrán. Las emociones se contagian"
No es más que otro cliché mal habido, de esos que se comparten en redes sociales; de esos con los cuales todos se sienten identificados, porque no es más que la pura manifestación de lo ordinario del pensamiento humano, una exaltación a lo obvio, una celebración a quedarse corto de ideas y repetir como loros los dichos de nuestros ascendientes más lejanos.
La actitud no se cambia de la noche a la mañana, no existen soluciones y consejos obvios para mejorarlo a largo plazo.
A ese dicho tan común le ha faltado algo, y eso es el concepto de interiorización de las ideas.
El problema de esta generación es que no hemos dedicado a repetir sin interiorizar. Anhelamos un trato mejor hacia los pobres, y somos los primeros en voltear la cara cuando un mendigo se para frente a nosotros pidiendo una moneda, tal vez su único alimento del día. Exigimos respeto hacia las mujeres, y somos los primeros en mirarles el culo cuando pasan, e imaginarlas en la posición sexual más sórdida que nuestra perversión humana alcanza a pensar.
Esa es la naturaleza del hombre, la hipocresía. Esa hipocresía que se exige, esa que te obliga a que sientas que debes cambiar de actitud, a la que no le importa si este mundo es una mierda y al fin te has dado cuenta, a la que solo le importa que muestres tu mejor cara, o la mejor máscara.
Lo único sincero de este mundo es que a nadie sinceramente le importa lo que te pase. Así que ¿porqué hacer lo que los demás esperan que hagas y mejor no pasas convertirte en lo que se te de la real gana?
Sal al mundo, sonríe y finge como si nada pasara o aprende a ser fuerte y combátelo como si no te importara.
"Debes mejorar tu actitud, y así cosas nuevas y mejores vendrán. Las emociones se contagian"
No es más que otro cliché mal habido, de esos que se comparten en redes sociales; de esos con los cuales todos se sienten identificados, porque no es más que la pura manifestación de lo ordinario del pensamiento humano, una exaltación a lo obvio, una celebración a quedarse corto de ideas y repetir como loros los dichos de nuestros ascendientes más lejanos.
La actitud no se cambia de la noche a la mañana, no existen soluciones y consejos obvios para mejorarlo a largo plazo.
A ese dicho tan común le ha faltado algo, y eso es el concepto de interiorización de las ideas.
El problema de esta generación es que no hemos dedicado a repetir sin interiorizar. Anhelamos un trato mejor hacia los pobres, y somos los primeros en voltear la cara cuando un mendigo se para frente a nosotros pidiendo una moneda, tal vez su único alimento del día. Exigimos respeto hacia las mujeres, y somos los primeros en mirarles el culo cuando pasan, e imaginarlas en la posición sexual más sórdida que nuestra perversión humana alcanza a pensar.
Esa es la naturaleza del hombre, la hipocresía. Esa hipocresía que se exige, esa que te obliga a que sientas que debes cambiar de actitud, a la que no le importa si este mundo es una mierda y al fin te has dado cuenta, a la que solo le importa que muestres tu mejor cara, o la mejor máscara.
Lo único sincero de este mundo es que a nadie sinceramente le importa lo que te pase. Así que ¿porqué hacer lo que los demás esperan que hagas y mejor no pasas convertirte en lo que se te de la real gana?
Sal al mundo, sonríe y finge como si nada pasara o aprende a ser fuerte y combátelo como si no te importara.