Bajé de un taxi sobre Avenida Morelos. Ebrio y hambriento, diciéndole al taxista que era un canalla.
-120 pesos ni que fuera una limusina!
El Oxxo eterno y parpadeante, el joven asiático con su puesto de hot dogs. Todo es familiar ahora. Esta nube de alcohol devela mi pasado y posiblemente mi futuro.
Hace años que no veía la cuidad como la veo y siento ahora.
No estoy perdido, estoy apreciando como los demás cumplen mis sueños. He desertado tantas veces de lo que creía hacerme feliz que es liberador saber que no necesito lo que creía necesitar, estoy tan seguro que lo perdería todo de nuevo para volver a comenzar una vez más.
El amor me resulta triste y predominantemente necio como un reflejo de mismo. Es tan perfecto como miserable, es único, ella es mía.
Nunca entendí de que se hablaba en los bares, nunca entendí de que hablaban los snobs, nunca conocí a una leyenda y siempre estuve mirando al vacío en presencia de la multitud.
Otro saxofonista al cual ignorar, otra guitarra la cual no apreciar, otra canción que no cantar. No me estoy perdiendo de nada.
Gente, gente, gente. Mírenme, mírenme. Soy especial, aprécienme. La escuela dice que es arte lo que me enseñaron.
Caminemos, tropecemos, caigamos, lloremos, perdamos la coherencia, durmamos hasta que la cabeza nos reclame una vaso de agua.
Inmundo y frágil, vulnerable y vivo.
Sin miedo.
Si me pateas sangro pero no muero.
La servilleta con salsa kétchup entra al bote de basura solo de un tiro, alzo el pulgar en dirección al joven asiático del puesto de los hot dogs que me devuelve la seña despidiéndose.
Obscura Avenida Morelos, dentro de sus entrañas al sur parpadean los faros de mi próximo Taxi.
-¿Cuánto es a Avenida Universidad?
-115 pesos
-Ok, puedo pagar eso.
-120 pesos ni que fuera una limusina!
El Oxxo eterno y parpadeante, el joven asiático con su puesto de hot dogs. Todo es familiar ahora. Esta nube de alcohol devela mi pasado y posiblemente mi futuro.
Hace años que no veía la cuidad como la veo y siento ahora.
No estoy perdido, estoy apreciando como los demás cumplen mis sueños. He desertado tantas veces de lo que creía hacerme feliz que es liberador saber que no necesito lo que creía necesitar, estoy tan seguro que lo perdería todo de nuevo para volver a comenzar una vez más.
El amor me resulta triste y predominantemente necio como un reflejo de mismo. Es tan perfecto como miserable, es único, ella es mía.
Nunca entendí de que se hablaba en los bares, nunca entendí de que hablaban los snobs, nunca conocí a una leyenda y siempre estuve mirando al vacío en presencia de la multitud.
Otro saxofonista al cual ignorar, otra guitarra la cual no apreciar, otra canción que no cantar. No me estoy perdiendo de nada.
Gente, gente, gente. Mírenme, mírenme. Soy especial, aprécienme. La escuela dice que es arte lo que me enseñaron.
Caminemos, tropecemos, caigamos, lloremos, perdamos la coherencia, durmamos hasta que la cabeza nos reclame una vaso de agua.
Inmundo y frágil, vulnerable y vivo.
Sin miedo.
Si me pateas sangro pero no muero.
La servilleta con salsa kétchup entra al bote de basura solo de un tiro, alzo el pulgar en dirección al joven asiático del puesto de los hot dogs que me devuelve la seña despidiéndose.
Obscura Avenida Morelos, dentro de sus entrañas al sur parpadean los faros de mi próximo Taxi.
-¿Cuánto es a Avenida Universidad?
-115 pesos
-Ok, puedo pagar eso.