Emil Mihai Cioran (Émile Michel Cioran en francés; Răşinari, Imperio austrohúngaro, 8 de abril de 1911 - París, 20 de junio de 1995) fue un escritor y filósofo rumano. La mayor parte de sus obras se publicó en lengua francesa.
Selección de: "Del inconveniente de haber nacido" de E. M. Cioran
Se puede soportar cualquier verdad, por muy destructiva que sea, a condición de que sea total, que lleve en sí tanta vitalidad como la esperanza a la que ha sustituido.
***
La imposibilidad de encontrar un solo pueblo, una sola tribu donde el nacimiento provoque duelo y lamentación, prueba hasta qué punto la Humanidad se encuentra en estado de regresión.
***
Cuando se rechaza el lirismo, emborronar una página se convierte en un infortunio: ¿qué sentido tiene escribir para decir exactamente lo que se tenía que decir?
***
Es imposible aceptar ser juzgado por alguien que ha sufrido menos que nosotros. Y como cada cual se cree un Job desconocido...
***
No me gustaría que fuesen justos conmigo: podría prescindir de todo, salvo del tónico de la injusticia.
***
«Meditad solamente una hora en la inexistencia del "yo", y os sentiréis otro hombre», decía a un visitante occidental un bonzo japonés de la secta Kousha.
Sin haber frecuentado los conventos budistas, ¿cuántas veces no me he detenido en la irrealidad del mundo y, por lo tanto, en la del yo? No me he convertido en otro hombre, pero me quedó, es cierto, el sentimiento de que mi yo no es real de ninguna forma y de que, perdiéndolo, no pierdo nada, salvo algo, salvo todo.
***
Si el hastío del mundo confiriera por sí solo la santidad, no veo cómo yo podría evitar la canonización.
***
«...Pero Elhoin sabe que el día en que comiereis de ello vuestros ojos se abrirán.»
Apenas abiertos, el drama dio comienzo. Mirar sin comprender: eso es el paraíso. El infierno será, pues, el lugar donde se comprende, donde se comprende demasiado...
***
Vale más ser animal que hombre, insecto que animal, planta que insecto, y así sucesivamente.
¿La salvación? Es todo lo que disminuye el reino de la conciencia y compromete su supremacía.
***
Le repugnaban las verdades objetivas, el trabajo de la argumentación, los razonamientos sostenidos. No le gustaba demostrar, no le importaba convencer a nadie El Otro es una invención de dialecto.
***
-¿Qué hace usted todo el día?
Me soporto.
***
Ser objetivo es tratar al prójimo como se trata a un objeto, a un muerto, es comportarse con él como un sepulturero.
***
Una obra está terminada cuando ya no podemos mejorarla, aunque se la sepa insuficiente e incompleta. Cuando se está tan harto que no se tiene ya la fuerza de agregar una sola coma, aunque sea indispensable. Lo que decide el grado de perfección de una obra no es de ninguna manera una exigencia de arte o de verdad, es el cansancio, y, más aún, el hartazgo.
***
Aquel que teme al ridículo no irá nunca muy lejos ni para bien ni para mal; permanecerá más acá de sus talentos, y, aunque tenga genio, estará condenado a la mediocridad.
***
Están filmando: la misma escena se vuelve a empezar varias veces. Un transeúnte, seguramente provinciano, no sale de su asombro: «Después de esto, nunca más iré al cine.»
Se podría reaccionar de la misma manera frente a cualquier cosa cuyo secreto se haya penetrado. Sin embargo, por una obnubilación prodigiosa, los ginecólogos se encaprichan con sus clientes, los sepultureros engendran niños, los incurables hacen abundantes proyectos, los escépticos escriben...
***
Mejor que nadie, soy capaz de perdonar inmediatamente. El deseo de vengarme me viene tarde, demasiado tarde, en el momento en que el recuerdo de la ofensa está a punto de borrarse, y en el que, casi anulada la incitación al acto, no me queda sino deplorar mis «buenos sentimientos»,
***
Hay momentos en los que, por muy alejados que estemos de la fe, sólo concebimos como interlocutor a Dios. Dirigirnos a alguien más nos parecería una imposibilidad o una locura. La soledad, en su estado extremo, exige una forma de conversación también extrema.
***
Cualquiera puede tener de vez en cuando el sentimiento de no ocupar más que un punto y un instante; conocer ese sentimiento día y noche, durante todas las horas, es menos común, y a partir de esa experiencia, de ese dato, uno se torna hacia el nirvana o hacia el sarcasmo, o hacia los dos a la vez.
***
Cada vez que me siento arrebatado por un acceso de furor, primero me aflijo y me desprecio, luego me digo: ¡que suerte, qué ganga! Todavía estoy vivo, todavía formo parte de esos fantasmas de carne y hueso...
***
Sacudir a las gentes, sacarlas de su sueño a sabiendas de que con ello se cómete un crimen, y de que valdría mil veces más dejarlas donde están, puesto que al despertarlas no tenemos nada que proponerles...
***
No hay posición más falsa que la de haber comprendido y permanecer vivo.
***
«No juzgues a nadie sin antes haberte puesto en su lugar.»
Este viejo proverbio invalida cualquier juicio, pues sólo juzgamos a alguien porque, justamente, no podemos ponernos en su lugar.
***
El problema de la responsabilidad sólo tendría sentido si nos hubiesen consultado antes de nuestro nacimiento y hubiésemos aceptado ser precisamente ese que somos.
***
Existir sería una empresa absolutamente impracticable si dejáramos de darle importancia a lo que no la tiene.
***
Habría que repetirse cada día: soy uno de esos que, por millones, se arrastran sobre la superficie de la tierra. Uno más solamente. Esa banalidad justifica cualquier conclusión, cualquier conducta o acto: libertinaje, castidad, suicidio, trabajo, crimen, pereza o rebeldía.
...De lo que se concluye que cada cual tiene razón en hacer lo que hace.
***
Uno debe ponerse del lado de los oprimidos en cualquier circunstancia, incluso cuando están equivocados, sin perder de vista, no obstante, que están hechos del mismo barro que sus opresores.
***
¿Para qué insistir en lo que excluye los comentarios? Un texto explicado no es ya un texto. Se vive con una idea, no se la desarticula; se lucha con ella, no se describen sus etapas. La historia de la filosofía es la negación de la filosofía.
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Selección de: "Del inconveniente de haber nacido" de E. M. Cioran
Se puede soportar cualquier verdad, por muy destructiva que sea, a condición de que sea total, que lleve en sí tanta vitalidad como la esperanza a la que ha sustituido.
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La imposibilidad de encontrar un solo pueblo, una sola tribu donde el nacimiento provoque duelo y lamentación, prueba hasta qué punto la Humanidad se encuentra en estado de regresión.
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Cuando se rechaza el lirismo, emborronar una página se convierte en un infortunio: ¿qué sentido tiene escribir para decir exactamente lo que se tenía que decir?
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Es imposible aceptar ser juzgado por alguien que ha sufrido menos que nosotros. Y como cada cual se cree un Job desconocido...
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No me gustaría que fuesen justos conmigo: podría prescindir de todo, salvo del tónico de la injusticia.
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«Meditad solamente una hora en la inexistencia del "yo", y os sentiréis otro hombre», decía a un visitante occidental un bonzo japonés de la secta Kousha.
Sin haber frecuentado los conventos budistas, ¿cuántas veces no me he detenido en la irrealidad del mundo y, por lo tanto, en la del yo? No me he convertido en otro hombre, pero me quedó, es cierto, el sentimiento de que mi yo no es real de ninguna forma y de que, perdiéndolo, no pierdo nada, salvo algo, salvo todo.
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Si el hastío del mundo confiriera por sí solo la santidad, no veo cómo yo podría evitar la canonización.
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«...Pero Elhoin sabe que el día en que comiereis de ello vuestros ojos se abrirán.»
Apenas abiertos, el drama dio comienzo. Mirar sin comprender: eso es el paraíso. El infierno será, pues, el lugar donde se comprende, donde se comprende demasiado...
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Vale más ser animal que hombre, insecto que animal, planta que insecto, y así sucesivamente.
¿La salvación? Es todo lo que disminuye el reino de la conciencia y compromete su supremacía.
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Le repugnaban las verdades objetivas, el trabajo de la argumentación, los razonamientos sostenidos. No le gustaba demostrar, no le importaba convencer a nadie El Otro es una invención de dialecto.
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-¿Qué hace usted todo el día?
Me soporto.
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Ser objetivo es tratar al prójimo como se trata a un objeto, a un muerto, es comportarse con él como un sepulturero.
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Una obra está terminada cuando ya no podemos mejorarla, aunque se la sepa insuficiente e incompleta. Cuando se está tan harto que no se tiene ya la fuerza de agregar una sola coma, aunque sea indispensable. Lo que decide el grado de perfección de una obra no es de ninguna manera una exigencia de arte o de verdad, es el cansancio, y, más aún, el hartazgo.
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Aquel que teme al ridículo no irá nunca muy lejos ni para bien ni para mal; permanecerá más acá de sus talentos, y, aunque tenga genio, estará condenado a la mediocridad.
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Están filmando: la misma escena se vuelve a empezar varias veces. Un transeúnte, seguramente provinciano, no sale de su asombro: «Después de esto, nunca más iré al cine.»
Se podría reaccionar de la misma manera frente a cualquier cosa cuyo secreto se haya penetrado. Sin embargo, por una obnubilación prodigiosa, los ginecólogos se encaprichan con sus clientes, los sepultureros engendran niños, los incurables hacen abundantes proyectos, los escépticos escriben...
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Mejor que nadie, soy capaz de perdonar inmediatamente. El deseo de vengarme me viene tarde, demasiado tarde, en el momento en que el recuerdo de la ofensa está a punto de borrarse, y en el que, casi anulada la incitación al acto, no me queda sino deplorar mis «buenos sentimientos»,
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Hay momentos en los que, por muy alejados que estemos de la fe, sólo concebimos como interlocutor a Dios. Dirigirnos a alguien más nos parecería una imposibilidad o una locura. La soledad, en su estado extremo, exige una forma de conversación también extrema.
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Cualquiera puede tener de vez en cuando el sentimiento de no ocupar más que un punto y un instante; conocer ese sentimiento día y noche, durante todas las horas, es menos común, y a partir de esa experiencia, de ese dato, uno se torna hacia el nirvana o hacia el sarcasmo, o hacia los dos a la vez.
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Cada vez que me siento arrebatado por un acceso de furor, primero me aflijo y me desprecio, luego me digo: ¡que suerte, qué ganga! Todavía estoy vivo, todavía formo parte de esos fantasmas de carne y hueso...
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Sacudir a las gentes, sacarlas de su sueño a sabiendas de que con ello se cómete un crimen, y de que valdría mil veces más dejarlas donde están, puesto que al despertarlas no tenemos nada que proponerles...
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No hay posición más falsa que la de haber comprendido y permanecer vivo.
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«No juzgues a nadie sin antes haberte puesto en su lugar.»
Este viejo proverbio invalida cualquier juicio, pues sólo juzgamos a alguien porque, justamente, no podemos ponernos en su lugar.
***
El problema de la responsabilidad sólo tendría sentido si nos hubiesen consultado antes de nuestro nacimiento y hubiésemos aceptado ser precisamente ese que somos.
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Existir sería una empresa absolutamente impracticable si dejáramos de darle importancia a lo que no la tiene.
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Habría que repetirse cada día: soy uno de esos que, por millones, se arrastran sobre la superficie de la tierra. Uno más solamente. Esa banalidad justifica cualquier conclusión, cualquier conducta o acto: libertinaje, castidad, suicidio, trabajo, crimen, pereza o rebeldía.
...De lo que se concluye que cada cual tiene razón en hacer lo que hace.
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Uno debe ponerse del lado de los oprimidos en cualquier circunstancia, incluso cuando están equivocados, sin perder de vista, no obstante, que están hechos del mismo barro que sus opresores.
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¿Para qué insistir en lo que excluye los comentarios? Un texto explicado no es ya un texto. Se vive con una idea, no se la desarticula; se lucha con ella, no se describen sus etapas. La historia de la filosofía es la negación de la filosofía.
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