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Dar (el) Tiempo - Ensayo sobre el Don - Derridá

Apuntes Y MonografiasFecha desconocida
Buenas gente, hoy les traigo un parcial domiciliario en forma de ensayo sobre el texto Dar (el) Tiempo de Derridá. Un texto, que aborda la cuestión del don, interpretado de una forma bastante peculiar y original. Y, en la última parte, una conexión del texto mencionado con el aforismo inédito de Nietzsche: "He olvidado mi paragüas"

Sin más preámbulos:

Antes de referirnos a la idea de don, debemos comentar la conexión profunda que posee con la economía. Derridá menciona que es imposible tratar del don sin tratar ese nexo que parece inherente al mismo, en especial su relación con la economía monetaria. El don, si lo hay, es aquello que, al no dar lugar al intercambio, al no retornar de ninguna forma a quien lo da, suprime la lógica circular del intercambio económico y, más importante aún, no se agota en esa simetría previamente mencionada. Desde una visión marxista, en una sociedad regida por las pautas del intercambio económico, se presenta como algo que desafía el cálculo, la simetría, que se presenta extraño a las leyes de la economía, y es en esa relación de extrañez con la figura del círculo dónde se advierte el primer sentido del don como lo imposible. Y es que el autor mismo, presentandolo como "la imágen de lo imposible", nos propone este punto de partida. antes de continuar con nuestro tema central, debemos dilucidar qué entendemos por "lo imposible". Desde el mismo lenguaje, desde la misma precomprensión que tenemos del don se nos presenta como imposible, y a través de ella extrae el primer axioma: "para que haya acontecimiento de don, es preciso que alguna persona de alguna cosa a otro alguien, de no ser así dar no querrá decir nada". De dicho axioma extraerá, la quizás precipitada pero audaz conclusión, de que las mismas condiciones de posibilidad del don, son las que producen el aniquilamiento o la destrucción del mismo. Y es que está misma frase, que parece meramente tautológica, abre el camino al siguiente axioma o presupuesto: "cuando el don se reconoce como tal, cuando se identifica como tal, se destruye, el don no debería aparecer como tal ni para el donatario, ni para el donador, ya que si no se inscribe en la lógica del intercambio. Y entendemos, con esto, la frase "kantiana" podríamos decir que observabamos antes, las condiciones de posibilidad que permiten que el don se pueda "fenomenalizar", que permiten que se presente como tal, son las mismas que condenan a la destrucción del mismo al instaurarse dentro del marco de la circularidad y el retorno económico de forma inevitable al fenomenalizarse.


El eje argumentativo con el que comienza el segundo texto (y a la vez se reconecta con el primero) nos presenta a la locura, como el deseo de buscar lo imposible. ¿Cómo pretender hallar lo que por definición no se puede encontrar allí dónde se lo busca? ¿Cómo querer determinar al don si a la vez lo estaríamos destruyendo? ¿Cómo hablar con sensatez de un don que no podía ser lo que era más que a condición de ser lo que no era? Desear pensar lo imposible, es la locura. Ese discurso que pretende pensar aquello imposible, se vuelve loco a su vez y se plasma en él el "deseo de pensar lo imposible". Se vuelve loco, alogos por un lado porque hablar del don, requiere un tipo de contabilidad inaudita que no debe encerrarse en el cálculo, que no debe completarse en un logos (significando aquí razón, discurso, relación y contabilidad) y se vuelve loco por otro lado, atopos, como ejemplo de lo insolito, lo extraño, lo absurdo, lo loco. Intenta rendir cuentas, de aquello que es imposible contabilizar.

El problema de Mauss en su teoría del potlatch es no notar una incompatibilidad entre el don y su intercambio, si no que audazmente afirma que sólo lo hay (don) en el intercambio. Con esto Derridá no quiere decir que no hay don intercambiado (o fenomenalizado, podríamos decir), pero critica a Mauss por no hacer ver la contradicción inherente a esos términos conjuntados bajo esa relación. El problema del don maussiano, reside en su naturaleza de antemano excesiva, un don moderado no sería un don y su rasgo escencial será el plazo. Ese intervalo, que separa la recepción de la restitución le impide (en palabras de Derridá) no ver la contradicción entre el don y el intercambio que conduce a la locura, tanto en el caso en el que el don ha de permanecer ajeno al intercambio circular como en el caso en que es arrastrado a dicho intercambio. Ese plazo como rasgo escencial del don, conduce a preguntarse cuál es la regla que lleva a la restitución de ese don. La afirmación de que para el don le es necesario un tiempo, que la cosa no sea restituida inmediatamente, es precisa la espera, sin olvido. Ese olvido, que Derridá nos hizo notar necesario para evitar la destrucción del don, ese mismo olvido, condición afirmativa del don, es invertido en el texto criticado. Esta noción de tiempo o plazo le permite a Mauss desarrollar una serie de operaciones (operaciones que le gustaría lograr) y luego el texto se arrebatará e invitará a la locura. Al hablar aquí Derridá de la locura insinuada en el texto de Mauss como un exceso del don, nos hace notar que previamente se había mostrado muy escrupuloso en llamar al don, eso que es, un don, en la necesidad de determinarlo y, en un pasaje particular, esa determinación lleva a su lenguaje a volverse loco. El proceso del intercambio del don, el potlatch, que parecía estar ligado a un intercambio circular, se transforma ya no en un "dar y devolver" sino en un "destruir a fin de no querer siquiera que parezca que desean que se les devuelve nada". Esta locura es doble, puesto que amenaza tanto el círculo cerrado de la racionalidad intercambista como al gasto desenfrenado, sin retorno, de un don que se olvida. Dados los estragos que produce la locura, termina por corroer incluso el lenguaje mismo, arruina la semántica del lenguaje, abraza el sentido del don y disemina sus términos. A esta determinada locura quiere conducirnos Derridá, a la locura de la diseminación del sentido del don. Buscar la unidad de dicho sentido, sería buscar la moneda falsa, el ensayo de Mauss ya no es sobre el don, sino sobre si se puede hablar de él, un ensayo de la palabra don. Esta diseminación del sentido, nos presenta cuatro cuestiones a considerar sobre el término.

1) En la Filosofía analítica o en el análisis del lenguaje ordinario cabría preguntarse cuáles son las condciiones para que funcionen determinadas expresiones del acto intencional del dar. ¿Bajo que condiciones tiene lugar dicho acto y qué es una conciencia donadora?

2)Cabría preguntarse si esta multiplicidad de sentidos del don posee un equivalente general, o un significado trascendental, orientando a dicha multiplicidad en torno de un círculo semántico homogéneo.

3)¿Cómo explicar ciertas expresiones en las cuales se presenta la palabra "dar" sin que allí haya un don. Ejemplo: "esa ventana da a la calle". ¿Será posible poner de manifiesto un concepto de la escencia de don que trascienda la barrera idiomática?

4) Por último, la cuestión sobre lo trascendental. Aquel dar, que sin dar nada determinado es la condición de todo dar, ese dar el tiempo, dar a la luz e incluso dar la muerte. Esa condición de algo dado presente en general, parece inconcebible.

Entre los fragmentos inéditos de Nietzsche, se encontró el siguiente aforismo: "He olvidado mi paragüas". Derrída nos hace notar que no podemos tener la certidumbre del sentido el cual quiso plasmar en esa frase el autor. Y contra los que quieren adjudicarle uno, quieren cerrar el círculo racional entre una frase y su significado, es a quienes dirigirá su crítica. Lo que es seguro, es que de ese aforismo no podemos extraer nada en concreto, en su restancia, lo que veíamos como un fragmento a analizar, es un no fragmento, no tiene la intención de comunicar nada, se resiste a ser sistematizado en un sentido ultimo. La frase es legible, cualquiera comprende lo que quiere decir "he olvidado mi paragüas" pero, Derridá se enfrentará a los hermenéuticos que suponen un código secreto, un código que los ayudará a descrifrar el "verdadero significado" del aforismo nietzschiano. No hay un sentido último de la frase, ni mucho menos un código secreto que nos ayude a encontrarlo, el lenguaje, no comunica nada (no hay hechos, sólo interpretaciones). Otra operación interpretativa criticada por el autor, es la psicoanalítica, la cual busca un signo en la imágen de paragüas, hay un sentido oculto en la frase que hay que psicoanalizar, un concepto metapsicológico, y lo encuentran en la noción de falo. Más aún, el olvido del paragüas, sabiendo lo ducho que es el psicoanálisis en temas del olvido y la represión del consciente, está seguro de lograr el dominio del sentido del aforismo. Tanto uno, como el otro (el hermeneuta o el psicoanalista), creen que debe querer decir algo, debe significar algo, olvidando que se trata de un texto en la restancia, un texto olvidado. La restancia, es ajena al trayecto circular del inicio-fin, es ajena al querer decir algo, siempre puede no querer decir nada, jugar paradójicamente con el sentido. La restancia infinita (restancia inaccesible tanto desde el proceso hermenéutico como el psicoanalítico), plasmada en este aforismo, es similar en el caso del don. La frase por un lado, el sentido último o significado del don por otro, se resisten a ser determinados, y sin embargo, no podemos evitar ese proceso. Como especifica Derridá, no por el planteamiento que hace debemos suponer que hay que abandonar el intentar saber que quiere decir (la frase) y el don. No podemos renunciar a tratar conducir un razonamiento filosófico de la restancia en ambos temas, sabemos que hay don aunque no exista o no se presente, y también que Nietzsche escribió ese fragmento, que no quiere decir nada, aunque diga algo. La resirestancia se presenta al no poder determinar o superar dicha imposibilidad presente en ambos textos, atraviesa el aforismo (o el no-aforismo) y el significado del don, ni el uno ni el otro, se nos pueden presentar de forma completa y accesible a nuestro entendimiento.

The End
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