Acumulación y ascenso de las FAR
En un entorno de escasez de bienes y recursos, el control del Estado y de la economía estatizada brinda oportunidades para el enriquecimiento rápido. Se produce entonces una “acumulación primitiva”, un concepto con el que quiero destacar el rol de los mecanismos de violencia político- estatal (corrupción, robo, fraude) para la concentración de riqueza en algunas manos. Esta riqueza, llegado el momento, se volcará a la acumulación libre de capital. Cito de nuevo al militante del PC cubano Esteban Morales Domínguez: “Cuando observamos detenidamente la situación interna de Cuba hoy, no podemos tener duda de que la contrarrevolución, poco a poco, va tomando posiciones en ciertos niveles del Estado y del Gobierno. Sin duda, se va haciendo evidente de que hay gentes en posiciones de gobierno y estatal, que se están apalancando financieramente, para cuando la Revolución se caiga, y otros, que pueden tener casi todo preparado para producir el traspaso de los bienes estatales a manos privadas, como tuvo lugar en la antigua URSS” (véase http://estebanmoralesdominguez.blogspot.com.ar/2010/07/corrupcion-la-verdadera.html, énfasis añadidos).
Según toda la evidencia disponible, los mandos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) son los que más han avanzado por este camino, gracias a su ascendiente influencia en el Estado y los comandos de la economía. Ya a fines de la década de 1980 muchos militares comenzaron a experimentar con los “principios de perfeccionamiento empresarial” (articulados sobre la “rentabilidad y eficacia”) en la Empresa Militar Industrial Ernesto Che Guevara. A su vez, en 1989, los servicios de seguridad, policía e inteligencia del Ministerio del Interior quedaron bajo el control de las FAR. En 1995 el V Congreso del PC estableció que esas formas de gestión debían extenderse a toda la economía. Por fin, en los 2000 el ascenso militar se consolidó con la presidencia de Raúl Castro. Así, de los 15 miembros del Politburó del PC cubano elegidos en el VI Congreso, 10 fueron militares (hoy son 9 sobre 14). También se encuentran en elevado número en el Consejo de Ministros y en el Consejo de Estado; y Marino Murillo, presidente de la Comisión de Política Económica, y al frente de las reformas económicas, es un ex coronel de las FAR. Por otra parte, la Asamblea Nacional del Pueblo no tiene jurisdicción sobre el aparato militar y sus negocios, ni sobre los mandos militares y sus salarios.
Está fuera de duda, además, que los mandos militares acompañan, y se benefician, de las reformas en curso: han estado bien predispuestos a asociarse con el capital extranjero en las empresas bajo su control, y a aplicar criterios de eficiencia, en el marco de la creciente diferenciación social. Y en el plano político, las fuerzas armadas jugarían un rol estratégico si, producto de estas evoluciones, se producen estallidos sociales, o a un enfrentamiento de clases.
Los principales grupos empresarios bajo mando militar
El ejemplo más notable del control económico por parte de los militares es el holding GAESA (Grupo de Administración Empresarial S. A.), que está en la órbita del Ministerio de las Fuerzas Armadas, y es presidido por el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro. Dentro del grupo está Gaviota SA, que cuenta con más 50 hoteles, más de 21.000 habitaciones y 150 restaurantes. Gaviota, a su vez, maneja agencias de viaje, restaurantes, la empresa Aerogaviota (aviones) y flotas de taxis. El grupo hotelero Cubanacan también está controlado por GAESA. Bajo la órbita de GAESA asimismo está TRD-Caribe, una red de 312 tiendas (dato de 2013) que recauda divisas. También controla Tecnoimport, que comercializa la logística de las Fuerzas Armadas; ANTEX, que intermedia en la contratación de personal extranjero; SERMAR, que se ocupa de reparaciones navales y TECNOTEX, que introduce tecnología de punta. GAESA, además, está a cargo del desarrollo de puerto Mariel.
Por otro lado está la corporación CIMEX, cuyo presidente es el coronel Héctor Oroza Busutin, y está bajo control de GAESA desde 2011. CIMEX maneja 73 empresas subsidiarias y 21 asociadas. A pesar de que es difícil conseguir datos actualizados (el sitio web de CIMEX está cerrado), se puede afirmar que pertenecen, o han pertenecido al conglomerado: unas 250 tiendas minoristas, servicentros y restaurantes de comidas rápidas; la naviera Melfi Marine (itinerarios a Canadá, Sudamérica y el Caribe); la zona franca Zelcom, que incluye un parque industrial; Havanatour, grupo de agencias de viajes y operadores turísticos; Havanautos, de alquiler de automóviles; Ecuse, dedicada a la reparación de automóviles; la inmobiliaria CIMEX, con edificios propios para alquiler; la financiera CIMEX; el Banco Financiero Internacional; la empresa Cubapacks, de mensajería; la empresa Cubana de Petróleo (CUPET); la cadena de joyerías Coral Negro (relojes y joyas de alta calidad); CONTEX, dedicada al diseño y producción de ropa y colecciones de moda; el estudio de grabaciones Abdala SA; el sello discográfico Unicornio; y la editora de Musical Atril.
Por otra parte, las FAR administran la Unión de la Industria Militar, dedicada a la fabricación de armas, equipos militares o municiones; ETECSA, la compañía telefónica cubana; y la Unión Agropecuaria Militar, destinada a abastecer a las tropas. En 2010 la UAM estaba compuesta por 12 empresas, disponía de 200.000 hectáreas dedicadas a la producción agrícola y otras 130.000 a la ganadería, y empleaba unos 25.000 trabajadores (Granma, 16/04/10). Además, altos jefes militares participan de la dirección de Grupo de la Electrónica, del Ministerio del Azúcar, y de empresas estatales de minería y farmacia, y Habanos SA (asociada con la española Altadis, que vende los cigarros en el exterior).
Los trabajadores de GAESA, y necesariamente de CIMEX y de otras empresas controladas por los militares, están incorporados al Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de las Fuerzas Armadas (SNTCFAR). Esto sucede en un país en el que no se admite la existencia de sindicatos independientes de la CTC, ni está reconocido el derecho de huelga. La CTC colabora estrechamente con las FAR.
Manejos secretos y privilegios
El manejo de los complejos GAESA y CIMEX está oculto a los ojos de la población común, sus resultados financieros no están disponibles para la consulta del público ni, por supuesto, de sus trabajadores. También son secretas las cifras del presupuesto del Minfar y Minint; y la ley no obliga a que los funcionarios revelen sus activos. En síntesis, los trabajadores no tienen participación alguna en la administración efectiva de estas empresas y conglomerados (véase más abajo sobre enajenación con respecto a las empresas y el Estado).
Paralelamente, y como reflejo del creciente poder de las FAR, aumentan los privilegios y los ingresos diferenciados de los militares. Un caso significativo son las “ciudades militares”, que son complejos habitacionales destinados al personal militar de medio rango, o a civiles que trabajan para las FAR, o para el Minint. En los próximos años se proyecta construir unos 30, de los cuales varios ya están terminados. Típicamente los departamentos de estos complejos constan de dos o tres ambientes, disponen de jardines, paneles solares, red telefónica, y estacionamientos para automóviles. Para la construcción de estas ciudades a menudo son utilizados jóvenes que están cumpliendo el servicio militar. Por otra parte, los militares tienen derecho a productos subsidiados tales como automóviles, electrodomésticos, muebles y computadoras. Además, lo producido por la UAM no solo va a unidades militares, sino también a empresas, hospitales, hoteles y casas de descanso para militares. Muchos jóvenes que cumplen el servicio militar obligatorio trabajan en la UAM (véase la nota de Patricia Cáceres, “Verde que te quiero verde”, Juventud Rebelde 17/02/14).
Dada la penuria habitacional existente en Cuba, la construcción de las ciudades militares ha dado lugar a protestas y resentimiento entre la población. “¿Por qué los militares tienen este privilegio?” es una queja que circula en blogs cubanos. Más en general, y quejándose de las desigualdades y privilegios de los militares, Isbel Díaz Torres escribe: “Como hijo de militar que soy, he visitado los espacios de ocio que ellos han diseñado para sí mismos, y confieso que es indignante ver cómo las lógicas de consumo desenfrenado, insolidarias, elitistas y egoístas, se han entronizado en estos predios. Mientras más altos los grados, mayores los privilegios. Llegan a vivir como verdaderos empresarios capitalistas (muchos de ellos lo son)…”. Y luego pregunta “¿Seguimos hablando de un proyecto socialista o en algún momento ‘cambiaron de canal’?” (Isbel Díaz Torres, “Privilegios para militares ‘revolucionarios’ en Cuba”, http://www.havanatimes.org/sp/?p=58429). En el intercambio que sigue a la nota, los que defienden la política del gobierno cubano no niegan la existencia de los privilegios; los justifican con el argumento de “los militares están en primera línea de la batalla”.
Extrañamiento frente al trabajo y el Estado
Hemos visto que la baja productividad estuvo en el centro de las preocupaciones del VI Congreso del PC de Cuba. En otra parte de la nota tratamos esta cuestión desde el punto de vista de la tecnología. Existe, sin embargo, otra faceta que tiene que ver con la actitud de la clase trabajadora hacia la dirigencia y las empresas. Es que el mismo gobierno reconoce que hay desatención en el trabajo, falta de compromiso, excesivo “reunionismo” e indisciplina. En consonancia la dirección sindical también habla de trabajadores “con malos hábitos”.
Pero tal vez la descripción más completa de la actitud de los trabajadores hacia las empresas y el trabajo la da Lázaro González Rodríguez, profesor titular de la Universidad de la Habana, en un documento que lleva por título “La Revolución exige cambios en la política laboral. Actualidad de la política laboral de Cuba” (Cuba Siglo XXI, Número XCII, diciembre 2008, https://www.nodo50.org/cubasigloXXI/economia/lgonzalez_301108.pdf). González Rodríguez señala que entre las características más generales y significativas de la vida laboral están:
a) la baja eficiencia, que comprende pobres niveles de productividad, despilfarro, deficiencia en la calidad de los productos;
b) la pérdida de valores ético-morales, que se manifiesta en indisciplinas, robo, corrupción, metalización y tendencias consumista;
c) la insuficiente realización del trabajador, que comprende poca motivación, considerarse como una mercancía y no con sentido de propietario, ser poco reconocido y sentir que hay insuficiente participación real; esto es, se ve a la empresa como un ente ajeno.
Más adelante el documento dice que “… en el último decenio y en la actualidad el comportamiento de la política laboral ha mantenido una tendencia recesiva, tanto teórica como práctica”. Señala también que las políticas laborales no se diseñaron proyectando objetivos sobre bases técnicas y consensuadas; que todavía había que lograr que el trabajador se sienta satisfecho en y con la labor que realiza, y dueño de la propiedad social, y que la disciplina laboral es deficiente. También observa que “la centralización, el burocratismo y la no participación luchan ferozmente por establecer récords Guinnes”. Luego de señalar que cada día eran más las regulaciones centrales y menos la participación de las bases, puntualiza: “Participar no es solo ser informado, no es solo opinar –opiniones que muchas veces caen en el vacío- participar es, sobre todo, tomar parte de las decisiones que se adopten”. Y más abajo: “La estimulación moral, el desarrollo de la conciencia y de valores ha estado ausente”. La emulación y las asambleas de méritos y deméritos estaban fallecidas y solo quedaban sanciones por problemas que los trabajadores no podían resolver.
Esta sensación de enajenación, de extrañamiento del productor con respecto a los medios de producción, a lo que produce y a su propio trabajo, también parece reflejarse en la apatía y el descreimiento de muchos sectores de la población en la política y el régimen (sobre lo que volvemos luego); o se traduce en indignación y hasta protesta –que comienza a expresarse por diversos canales, incluidas publicaciones oficiales- ante los privilegios y la corrupción de sectores de la dirigencia, así como la imposibilidad de manifestar libremente lo que se piensa.
El sentimiento de extrañamiento explica, por otra parte, por qué las apelaciones a la ética socialista tienen cada vez menos eco. Recordemos que durante los primeros años de la Revolución, y en especial bajo la influencia del Che, se intentó superar el atraso tecnológico con la movilización “revolucionaria y socialista” de las masas, apelando al esfuerzo y el sacrificio (en términos marxistas, a la intensidad humana del trabajo). Este discurso tuvo efecto en la medida en que se combinó con los llamados a defender a Cuba de la agresión imperialista, y se sustentó en los planes sociales, que dieron gratis salud y educación de primer nivel, eliminaron la malnutrición infantil y el analfabetismo, y disminuyeron el racismo, el sexismo, la criminalidad y otros males típicos de los países subdesarrollados.
Sin embargo, la preocupación por la reproducción de la vida material, así como la distancia entre las bases y la dirigencia, han deteriorado el compromiso e identificación con las empresas y el Estado “de todos”. Dos investigadoras señalan: “… de acuerdo a la mayoría de los estudios sociales y las más recientes investigaciones políticas, el primer problema que enfrenta la Revolución Cubana son las necesidades básicas insatisfechas. En el contexto de la crisis económica que duró más de una década, las nuevas generaciones cubanas han adoptado nuevas formas de vida y de pensamiento social. Ellos están viviendo en un país y en una revolución en la cual la preocupación por la reproducción de la vida material en una forma inmediata-individual-utilitarista parece prevalecer por sobre la racionalidad ética que reinó durante las primeras décadas de la revolución” (Rosa Muñoz y Mariana Ortega Breña, “The Cuban Revolution: A Promised Land”, Latin American Perspectives, pp. 72-83, Nº 1, vol. 36, 2009).
En el mismo sentido, el escritor, profesor universitario y cineasta cubano Eduardo Del Llano Rodríguez, escribe: “Anestesiada, la mayoría de los cubanos no espera un día mejor, se conforma con un nuevo día. No somos una verdadera sociedad: cada uno sobrevive en su madriguera, y escasean los proyectos y las asociaciones espontáneas” (“El inmovilismo”, https://eduardodelllano.wordpress.com/page/5/, publicado el 15/07/14). En otro post: “Cada vez son menos los que aceptan acrítica e incondicionalmente el discurso oficial, que sigue empleando los tiempos verbales incorrectos: mucho pasado, mucho futuro y turbias gotas de presente; mirados de cerca, estos creyentes resultan ser gente rara, masoquista, robótica… u octogenaria. Se puede y debe defender la izquierda, pero ya es prácticamente imposible romper una lanza por Esto.” (“Lo que la gente dice en la calle”, ídem, publicado el 11/03/14). “Esto” no se puede atribuir al bloqueo, ni se puede dejar de lado con el cómodo recurso de “es propaganda de la derecha contrarrevolucionaria”.
En un entorno de escasez de bienes y recursos, el control del Estado y de la economía estatizada brinda oportunidades para el enriquecimiento rápido. Se produce entonces una “acumulación primitiva”, un concepto con el que quiero destacar el rol de los mecanismos de violencia político- estatal (corrupción, robo, fraude) para la concentración de riqueza en algunas manos. Esta riqueza, llegado el momento, se volcará a la acumulación libre de capital. Cito de nuevo al militante del PC cubano Esteban Morales Domínguez: “Cuando observamos detenidamente la situación interna de Cuba hoy, no podemos tener duda de que la contrarrevolución, poco a poco, va tomando posiciones en ciertos niveles del Estado y del Gobierno. Sin duda, se va haciendo evidente de que hay gentes en posiciones de gobierno y estatal, que se están apalancando financieramente, para cuando la Revolución se caiga, y otros, que pueden tener casi todo preparado para producir el traspaso de los bienes estatales a manos privadas, como tuvo lugar en la antigua URSS” (véase http://estebanmoralesdominguez.blogspot.com.ar/2010/07/corrupcion-la-verdadera.html, énfasis añadidos).

Según toda la evidencia disponible, los mandos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) son los que más han avanzado por este camino, gracias a su ascendiente influencia en el Estado y los comandos de la economía. Ya a fines de la década de 1980 muchos militares comenzaron a experimentar con los “principios de perfeccionamiento empresarial” (articulados sobre la “rentabilidad y eficacia”) en la Empresa Militar Industrial Ernesto Che Guevara. A su vez, en 1989, los servicios de seguridad, policía e inteligencia del Ministerio del Interior quedaron bajo el control de las FAR. En 1995 el V Congreso del PC estableció que esas formas de gestión debían extenderse a toda la economía. Por fin, en los 2000 el ascenso militar se consolidó con la presidencia de Raúl Castro. Así, de los 15 miembros del Politburó del PC cubano elegidos en el VI Congreso, 10 fueron militares (hoy son 9 sobre 14). También se encuentran en elevado número en el Consejo de Ministros y en el Consejo de Estado; y Marino Murillo, presidente de la Comisión de Política Económica, y al frente de las reformas económicas, es un ex coronel de las FAR. Por otra parte, la Asamblea Nacional del Pueblo no tiene jurisdicción sobre el aparato militar y sus negocios, ni sobre los mandos militares y sus salarios.
Está fuera de duda, además, que los mandos militares acompañan, y se benefician, de las reformas en curso: han estado bien predispuestos a asociarse con el capital extranjero en las empresas bajo su control, y a aplicar criterios de eficiencia, en el marco de la creciente diferenciación social. Y en el plano político, las fuerzas armadas jugarían un rol estratégico si, producto de estas evoluciones, se producen estallidos sociales, o a un enfrentamiento de clases.
Los principales grupos empresarios bajo mando militar
El ejemplo más notable del control económico por parte de los militares es el holding GAESA (Grupo de Administración Empresarial S. A.), que está en la órbita del Ministerio de las Fuerzas Armadas, y es presidido por el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro. Dentro del grupo está Gaviota SA, que cuenta con más 50 hoteles, más de 21.000 habitaciones y 150 restaurantes. Gaviota, a su vez, maneja agencias de viaje, restaurantes, la empresa Aerogaviota (aviones) y flotas de taxis. El grupo hotelero Cubanacan también está controlado por GAESA. Bajo la órbita de GAESA asimismo está TRD-Caribe, una red de 312 tiendas (dato de 2013) que recauda divisas. También controla Tecnoimport, que comercializa la logística de las Fuerzas Armadas; ANTEX, que intermedia en la contratación de personal extranjero; SERMAR, que se ocupa de reparaciones navales y TECNOTEX, que introduce tecnología de punta. GAESA, además, está a cargo del desarrollo de puerto Mariel.
Por otro lado está la corporación CIMEX, cuyo presidente es el coronel Héctor Oroza Busutin, y está bajo control de GAESA desde 2011. CIMEX maneja 73 empresas subsidiarias y 21 asociadas. A pesar de que es difícil conseguir datos actualizados (el sitio web de CIMEX está cerrado), se puede afirmar que pertenecen, o han pertenecido al conglomerado: unas 250 tiendas minoristas, servicentros y restaurantes de comidas rápidas; la naviera Melfi Marine (itinerarios a Canadá, Sudamérica y el Caribe); la zona franca Zelcom, que incluye un parque industrial; Havanatour, grupo de agencias de viajes y operadores turísticos; Havanautos, de alquiler de automóviles; Ecuse, dedicada a la reparación de automóviles; la inmobiliaria CIMEX, con edificios propios para alquiler; la financiera CIMEX; el Banco Financiero Internacional; la empresa Cubapacks, de mensajería; la empresa Cubana de Petróleo (CUPET); la cadena de joyerías Coral Negro (relojes y joyas de alta calidad); CONTEX, dedicada al diseño y producción de ropa y colecciones de moda; el estudio de grabaciones Abdala SA; el sello discográfico Unicornio; y la editora de Musical Atril.
Por otra parte, las FAR administran la Unión de la Industria Militar, dedicada a la fabricación de armas, equipos militares o municiones; ETECSA, la compañía telefónica cubana; y la Unión Agropecuaria Militar, destinada a abastecer a las tropas. En 2010 la UAM estaba compuesta por 12 empresas, disponía de 200.000 hectáreas dedicadas a la producción agrícola y otras 130.000 a la ganadería, y empleaba unos 25.000 trabajadores (Granma, 16/04/10). Además, altos jefes militares participan de la dirección de Grupo de la Electrónica, del Ministerio del Azúcar, y de empresas estatales de minería y farmacia, y Habanos SA (asociada con la española Altadis, que vende los cigarros en el exterior).
Los trabajadores de GAESA, y necesariamente de CIMEX y de otras empresas controladas por los militares, están incorporados al Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de las Fuerzas Armadas (SNTCFAR). Esto sucede en un país en el que no se admite la existencia de sindicatos independientes de la CTC, ni está reconocido el derecho de huelga. La CTC colabora estrechamente con las FAR.
Manejos secretos y privilegios
El manejo de los complejos GAESA y CIMEX está oculto a los ojos de la población común, sus resultados financieros no están disponibles para la consulta del público ni, por supuesto, de sus trabajadores. También son secretas las cifras del presupuesto del Minfar y Minint; y la ley no obliga a que los funcionarios revelen sus activos. En síntesis, los trabajadores no tienen participación alguna en la administración efectiva de estas empresas y conglomerados (véase más abajo sobre enajenación con respecto a las empresas y el Estado).
Paralelamente, y como reflejo del creciente poder de las FAR, aumentan los privilegios y los ingresos diferenciados de los militares. Un caso significativo son las “ciudades militares”, que son complejos habitacionales destinados al personal militar de medio rango, o a civiles que trabajan para las FAR, o para el Minint. En los próximos años se proyecta construir unos 30, de los cuales varios ya están terminados. Típicamente los departamentos de estos complejos constan de dos o tres ambientes, disponen de jardines, paneles solares, red telefónica, y estacionamientos para automóviles. Para la construcción de estas ciudades a menudo son utilizados jóvenes que están cumpliendo el servicio militar. Por otra parte, los militares tienen derecho a productos subsidiados tales como automóviles, electrodomésticos, muebles y computadoras. Además, lo producido por la UAM no solo va a unidades militares, sino también a empresas, hospitales, hoteles y casas de descanso para militares. Muchos jóvenes que cumplen el servicio militar obligatorio trabajan en la UAM (véase la nota de Patricia Cáceres, “Verde que te quiero verde”, Juventud Rebelde 17/02/14).
Dada la penuria habitacional existente en Cuba, la construcción de las ciudades militares ha dado lugar a protestas y resentimiento entre la población. “¿Por qué los militares tienen este privilegio?” es una queja que circula en blogs cubanos. Más en general, y quejándose de las desigualdades y privilegios de los militares, Isbel Díaz Torres escribe: “Como hijo de militar que soy, he visitado los espacios de ocio que ellos han diseñado para sí mismos, y confieso que es indignante ver cómo las lógicas de consumo desenfrenado, insolidarias, elitistas y egoístas, se han entronizado en estos predios. Mientras más altos los grados, mayores los privilegios. Llegan a vivir como verdaderos empresarios capitalistas (muchos de ellos lo son)…”. Y luego pregunta “¿Seguimos hablando de un proyecto socialista o en algún momento ‘cambiaron de canal’?” (Isbel Díaz Torres, “Privilegios para militares ‘revolucionarios’ en Cuba”, http://www.havanatimes.org/sp/?p=58429). En el intercambio que sigue a la nota, los que defienden la política del gobierno cubano no niegan la existencia de los privilegios; los justifican con el argumento de “los militares están en primera línea de la batalla”.
Extrañamiento frente al trabajo y el Estado
Hemos visto que la baja productividad estuvo en el centro de las preocupaciones del VI Congreso del PC de Cuba. En otra parte de la nota tratamos esta cuestión desde el punto de vista de la tecnología. Existe, sin embargo, otra faceta que tiene que ver con la actitud de la clase trabajadora hacia la dirigencia y las empresas. Es que el mismo gobierno reconoce que hay desatención en el trabajo, falta de compromiso, excesivo “reunionismo” e indisciplina. En consonancia la dirección sindical también habla de trabajadores “con malos hábitos”.
Pero tal vez la descripción más completa de la actitud de los trabajadores hacia las empresas y el trabajo la da Lázaro González Rodríguez, profesor titular de la Universidad de la Habana, en un documento que lleva por título “La Revolución exige cambios en la política laboral. Actualidad de la política laboral de Cuba” (Cuba Siglo XXI, Número XCII, diciembre 2008, https://www.nodo50.org/cubasigloXXI/economia/lgonzalez_301108.pdf). González Rodríguez señala que entre las características más generales y significativas de la vida laboral están:
a) la baja eficiencia, que comprende pobres niveles de productividad, despilfarro, deficiencia en la calidad de los productos;
b) la pérdida de valores ético-morales, que se manifiesta en indisciplinas, robo, corrupción, metalización y tendencias consumista;
c) la insuficiente realización del trabajador, que comprende poca motivación, considerarse como una mercancía y no con sentido de propietario, ser poco reconocido y sentir que hay insuficiente participación real; esto es, se ve a la empresa como un ente ajeno.
Más adelante el documento dice que “… en el último decenio y en la actualidad el comportamiento de la política laboral ha mantenido una tendencia recesiva, tanto teórica como práctica”. Señala también que las políticas laborales no se diseñaron proyectando objetivos sobre bases técnicas y consensuadas; que todavía había que lograr que el trabajador se sienta satisfecho en y con la labor que realiza, y dueño de la propiedad social, y que la disciplina laboral es deficiente. También observa que “la centralización, el burocratismo y la no participación luchan ferozmente por establecer récords Guinnes”. Luego de señalar que cada día eran más las regulaciones centrales y menos la participación de las bases, puntualiza: “Participar no es solo ser informado, no es solo opinar –opiniones que muchas veces caen en el vacío- participar es, sobre todo, tomar parte de las decisiones que se adopten”. Y más abajo: “La estimulación moral, el desarrollo de la conciencia y de valores ha estado ausente”. La emulación y las asambleas de méritos y deméritos estaban fallecidas y solo quedaban sanciones por problemas que los trabajadores no podían resolver.
Esta sensación de enajenación, de extrañamiento del productor con respecto a los medios de producción, a lo que produce y a su propio trabajo, también parece reflejarse en la apatía y el descreimiento de muchos sectores de la población en la política y el régimen (sobre lo que volvemos luego); o se traduce en indignación y hasta protesta –que comienza a expresarse por diversos canales, incluidas publicaciones oficiales- ante los privilegios y la corrupción de sectores de la dirigencia, así como la imposibilidad de manifestar libremente lo que se piensa.

El sentimiento de extrañamiento explica, por otra parte, por qué las apelaciones a la ética socialista tienen cada vez menos eco. Recordemos que durante los primeros años de la Revolución, y en especial bajo la influencia del Che, se intentó superar el atraso tecnológico con la movilización “revolucionaria y socialista” de las masas, apelando al esfuerzo y el sacrificio (en términos marxistas, a la intensidad humana del trabajo). Este discurso tuvo efecto en la medida en que se combinó con los llamados a defender a Cuba de la agresión imperialista, y se sustentó en los planes sociales, que dieron gratis salud y educación de primer nivel, eliminaron la malnutrición infantil y el analfabetismo, y disminuyeron el racismo, el sexismo, la criminalidad y otros males típicos de los países subdesarrollados.
Sin embargo, la preocupación por la reproducción de la vida material, así como la distancia entre las bases y la dirigencia, han deteriorado el compromiso e identificación con las empresas y el Estado “de todos”. Dos investigadoras señalan: “… de acuerdo a la mayoría de los estudios sociales y las más recientes investigaciones políticas, el primer problema que enfrenta la Revolución Cubana son las necesidades básicas insatisfechas. En el contexto de la crisis económica que duró más de una década, las nuevas generaciones cubanas han adoptado nuevas formas de vida y de pensamiento social. Ellos están viviendo en un país y en una revolución en la cual la preocupación por la reproducción de la vida material en una forma inmediata-individual-utilitarista parece prevalecer por sobre la racionalidad ética que reinó durante las primeras décadas de la revolución” (Rosa Muñoz y Mariana Ortega Breña, “The Cuban Revolution: A Promised Land”, Latin American Perspectives, pp. 72-83, Nº 1, vol. 36, 2009).
En el mismo sentido, el escritor, profesor universitario y cineasta cubano Eduardo Del Llano Rodríguez, escribe: “Anestesiada, la mayoría de los cubanos no espera un día mejor, se conforma con un nuevo día. No somos una verdadera sociedad: cada uno sobrevive en su madriguera, y escasean los proyectos y las asociaciones espontáneas” (“El inmovilismo”, https://eduardodelllano.wordpress.com/page/5/, publicado el 15/07/14). En otro post: “Cada vez son menos los que aceptan acrítica e incondicionalmente el discurso oficial, que sigue empleando los tiempos verbales incorrectos: mucho pasado, mucho futuro y turbias gotas de presente; mirados de cerca, estos creyentes resultan ser gente rara, masoquista, robótica… u octogenaria. Se puede y debe defender la izquierda, pero ya es prácticamente imposible romper una lanza por Esto.” (“Lo que la gente dice en la calle”, ídem, publicado el 11/03/14). “Esto” no se puede atribuir al bloqueo, ni se puede dejar de lado con el cómodo recurso de “es propaganda de la derecha contrarrevolucionaria”.