InicioApuntes Y MonografiasSobre El Fiord, de Osvaldo Lamborghini. Un analisis.
Aca les dejo un texto sobre el Fiord de Osvaldo Lamborghini.

Autor: Alejandro Swieczewski
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“Bajo la herencia la inmortalidad, cultura y poder son esta porno bajón”
Luís Alberto Spinetta, “La Bengala Perdida”, 1988.

Nuestra primera lectura de El Fiord, acontecida en un momento cercano a los preparativos de amarre en puerto, regresando de un viaje lisérgico, generó una andanada de sensaciones físicas y anímicas. Me quedé confundida, me sentí algo perturbado, sexualmente, se nos estrujó el estomago y nos lo tuvimos que acariciar maternalmente. En principio, estamos tratando de clasificar sensaciones muy difíciles de encasillar, mas aun si se tiene en cuenta que las lecturas “sobrias” que hicimos luego mantenían el mismo nivel de estimulante complejidad. Partiendo de estas señales psi-corporales el objetivo del trabajo será tratar de hallar algunas líneas o razones que podrían justificar esas sensaciones en la búsqueda de extender dicho estado físico-mental al tratarlas. Acordamos en realizar este abordaje, convencidos de lo inútil que sería encarar una masa como El Fiord con un objetivo como la crítica o el análisis, que a tientas pretenda explicar lo que no busca ser esclarecido. Siendo fieles a nuestra carrera, a continuación vamos a citar algunos autores autorizados por los institutos consagrados para justificar esta idea: Ya Germán García en su texto “Los Nombres De La Negación” (que acompaño la primera edición de El Fiord en 1969) nos cuenta que su visión no intenta ser mas que una lectura entre otras posibles y dice: “Si yo hubiera intentado entrar en la totalidad del texto, habría terminado por borrarlo. Habría inventado un discurso sobre el texto que lo volviese prescindible: es decir, habría llegado al absoluto rechazo bajo la mascara de la absoluta comprensión” . Extendiendo esta idea, Néstor Perlongher hace referencia a la misma imposibilidad/indeseabilidad de la crítica “Para decirlo en términos de Deleuze, la crítica, en su afán de rigor, en su tentación glacial, pasaría a funcionar como una ´máquina abstracta de sobrecodificación´, cuando de lo que se trata es que la molecuralidad intensa del deseo que pone en movimiento las fumarolas y manivelas de El Fiord, enchufe en una maquina de mutación que, al dar vuelta el orden de la escritura, revierta los sofocantes autoritarismos de la vida.” Ambos autores se dan cuenta que, aunque imposible, una explicación total del texto haría al mismo inútil, obligando a que se lo guarde en algún archivo mohoso, tal vez prestigioso. El Fiord, con sus irregularidades, no se deja calcar y nos obliga (y a mi también) a encararlo desde otro ángulo visual o quizás desde ninguno… Si uno lo encara de frente queda hecho añicos por la potencia desgarradora e indócil del texto; si uno quiere tomarlo asépticamente, desde afuera, simplemente sigue de largo desconcentrado/desconcertado por tratar de traducir una lengua que es un pestaneo. Tal vez de lo que se trate sea de quererlo nomás. Así, nuestro intento será rastrear algunas razones de las perturbaciones que el texto produce en nosotros, buscando con ello prolongarlas… por alguna razón se parece a la caricia de mil medusas o a la vibración de la pava vieja anunciando el hervor inminente, quizás nos hagamos gas, tal vez algo de nosotros se evapore.


ARCANO XIII: (LA MUERT E).

“Este arcano simboliza TRANSFORMACION; SIMBOLIZA EL MOVIMIENTO, EL PASO DE UN PLANO DE VIDA A OTRO PLANO DE VIDA. Es, en lo invisible, la oposición de su imagen en nuestro mundo, representando en efecto, la inmovilidad en la vida física y la marcha en el mas allá”

En El Fiord hay una convocatoria a figuras y situaciones simbólicas constitutivas tales como la madre, el padre, el niño, el parto, la muerte, el incesto, la violencia, la amistad, el sexo que son tratadas de un modo sugerente, repugnante e insultante pero que sin duda es una parte tal vez callada aunque fácilmente reconocible en nosotros, “El Fiord, que es una historia doble, es también un doble acto de ocultamiento y revelación. Este acto contiene una inversión: se oculta lo que la sociedad muestra como código; se revela lo latente” . Todas estas figuras aparecen de un modo fantasmal. Fantasmal por sus procedimientos y fantasmal por su indiferencia al dolor y/o por su tolerancia a la violencia y la vejación. Hay una convocatoria a los fantasmas a una gran muerte colectiva (atmósfera de muerte en todo el texto) que permita dar a luz (atmósfera de parto en todo el texto). No obstante, esta muerte y este nacimiento parecen no producirse jamás. A pesar de las mutilaciones múltiples, de la tortura física y mental a la que parecen expuestos, de las bolas de fuego que los golpean, del ambiente antihigiénico en el que se desarrolla la acción, los personajes y las situaciones no terminan de morir. De hecho el único personaje que muere al final del texto, el Loco, se continúa en los demás, que devoran su falo para absorber su poder. De este modo su herencia logra transmitirse pero hay otra que lo reemplaza, Alcira Fafó toma el mando, “Pero no se acabó lo que se daba. Continuó bajo otras formas, encadenándose eslabón por eslabón. No perdonando ningún vacío, convirtiendo cada eventual vacío en el punto nodal de todas las fuerzas contrarias en tensión”. Algo similar sucede con el nacimiento de Atilio Tancredo Vacan, que se retrasa a pesar de los esfuerzos, de los golpes pero nace, y al nacer los personajes quedan “modificados por la presencia del inmodificante Atilio Tancredo Vacan”. Una vez mas el cambio que desvía. Sin duda en el texto hay movimiento, avances y retrocesos. Sin embargo, los momentos que parecen ser de ruptura decepcionan, las transformaciones corren por un carril diferente. En esta característica del texto se puede ver un ataque a la idea de progreso (compartida a grandes rasgos tanto por el peronismo, la izquierda y la derecha de la época y por toda una forma de ver el mundo aun presente) ya que en el mismo el orden es perturbado, sin embargo, dicha crisis se resuelve en un cambio muy diferente al esperado, los personajes no se liberan, no logran deshacerse de lo que El Loco representa, esa administración de violencia y placer, violencia placentera, represión/satisfacción. Sin duda que su muerte y el trabajo que los otros personajes deben hacer para matarlo tienen una importancia de primer orden, pero el símbolo de poder de El Loco, eso (eso eso) que no “era mentira, cosa prefabricada, representación dolosa en la estructura de Rodríguez” es engullido y rápida-mente reutilizado por otro personaje, “La habilidad de Arafó nos marginaba”, etc. Las transformaciones se producen luego del caos pero no pueden ser justificadas por ninguna progreso, no hay alivio en el texto, ninguna esperanza se realiza o se vislumbra.
Estos fantasmas convocados, de los que hablamos mas arriba, son los del narrador pero también los del lector, y son a su vez individuales y sociales. El texto ataca al lector en varios niveles distintos: en lo personal o individual perturbándolo, confundiéndolo con una multiplicidad de referencias vagas y obligándolo a cuestionarse a sí mismo por ese malabarismo maldiciente que hace con los símbolos mas sagrados de la “humanidad” (o humanidad), que le revelan algo de sí pero automáticamente lo convierten en cómplice de sus propios fantasmas; en sus relaciones familiares, ya que situaciones a las que todos estamos o estuvimos expuestos (nacer, ser hija/o y/o padre o madre, etc.) son planteadas en términos disruptivos, provocativos, sugerentes, generando cuestionamientos internos y no internos a la vez. Tal vez el autor esté exorcizando un pasado familiar (García) pero dicha operación ataca al lector al mismo tiempo ya que hace referencia a posiciones en las que todos nos encontramos, y el extremismo en que se plantean las situaciones sacude; político, todo el texto queda envuelto en referencias a la historia política del país en esos años (las contradicciones del peronismo a partir del exilio de Perón, la trayectoria militante de una generación, formas de ejercicio y de organización del poder político, los modos de ejercer la autoridad, etc.); y cultural porque hay reminiscencias a una cantidad compleja de voces mezcladas aunque de algún modo reconocibles, en las que tal vez puedan surgir apellidos/autores para identificarlas pero cuyo concepto asociado tal y como uno lo siente al experimentar la lectura no permitiría adjudicarlo a dicho autor sin cierta duda. Frases hechas, lugares comunes, estereotipos, juegos de palabras, citas “erróneas”, consignas políticas, referencias, etc. Un ejemplo de esto último es el uso del lenguaje gauchesco que hace referencia a las hazañas y destrezas de las tareas de campo pero para describir un sexo violento y vejatorio aunque no carente de habilidad y una relación del mismo con lo escatológico , como símbolo de las relaciones de poder en todos los ámbitos. El lenguaje que Ascasubi o Echeverría tomaban para describir el “salvajismo” federal es utilizado ahora para relatar ciertas características del ejercicio del poder con sus componentes de satisfacción del deseo así como de negación y represión del mismo, “el temible-hermoso látigo”. Quizás esto se relacione con lo que Germán García escribe en el texto ya citado “Se trata, simplemente, del acto de borrar un limite, de negarse a la astucia de la sustitución, de dejar sentado que es imposible nombrar el mundo por primera vez; que en realidad se está buscando hacer un mundo imaginario desde los restos (los lugares comunes) de una realidad vivida en la experiencia de la cultura.”
Probablemente en el embrollo y variedad de referencias resida una de las razones de la complejidad de sensaciones que el texto genera. Las analogías entre los personajes del libro y los de la vida política nacional han sido tratadas por varios autores. El Loco Rodríguez es asociado con Perón, la Carla Greta Terón se identifica fácilmente con la C.G.T. aunque también se la relaciona con Evita, Sebastián representaría a las Bases del movimiento, el niño Atilio Tancredo Vacan a Augusto Timoteo Vandor, etc. Menos claras son las figuras de Alcira Fafó, la mujer y la hija del narrador. En este punto tal vez sea innegable que Lamborghini pretenda retratar o representar las contradicciones internas y el desarrollo del movimiento peronista a partir del exilio de Perón. Movimiento con alas extremas y componentes diversos y antagónicos en algunos casos. Sin embargo, también hay un cierto juego en el texto que confunde al lector planteándole parodias que parecen de fácil resolución (Ej. Carla Greta Teron=C.G.T.), pero que al avanzar en la lectura se tornan más complejas, y esas asociaciones, como las planteadas mas arriba, empiezan a ser difusas, menos legibles. En ese momento lo que creía poder explicarse se nubla y las alegorías propuestas se mezclan con las que uno como lector evoca en paralelo, lo cual genera una multiplicidad de voces gritando al mismo tiempo. El corolario es una cierta confusión, familiar, casi asible, pero que no deja de ser confusión.




ARCANO XV: EL DIABLO


“EL DIABLO REPRESENTA UN PRINCIPIO DE ACTIVIDAD ESPIRITUAL QUE TRATA DE PENETRAR LA MATERIA Y CUBRIRSE CON ELLA PARA MATERIALIZARSE. Simboliza una gran evolución, porque s i bien es el símbolo del mal, es también el del triunfo. Son los hombres quienes le han conferido el símbolo maléfico, pero es profundo en sí mismo, de esencia divina y tan necesario a la humanidad como el bien, constituyendo un puente entre el bien y el mal; la divinidad, tal como el hombre la concibe, pudiendo ser contemplada, según su interpretación como e l Bien o el Mal.”



Atmósfera de muerte, atmósfera de parto, de nacimiento, una búsqueda en El Fiord, tal vez a ciegas, acompañada de fantasmas o de espejos múltiples emplazados en ángulos indefinibles que en un cruce de reflejos confunden, destiñen el ¿objetivo?, el ¿afán?, el ¿destino? del narrador, “Rasgué, sin embargo, todos los tapices a mi alcance. A traición, claro que a traición. Mutilé las bordadas escenas del bien y del mal, deformé su sentido, mordí algunas con mis dientes mellados”. La confusión, una “Literatura como simulacro realizativo de la contradicción permanente, tensión de los opuestos” que recorre todo el texto. Los valores son encarnados y sufridos como vejaciones únicamente por el lector. En el texto la ley se define a palos dentro del aquelarre que se produce en ese cuarto de arquitectura inquietante y solo ese contexto permite e impide a la vez entender lo que sucede. El bien y el mal ya no existen como línea demarcatoria de nada. Allí son palabras huecas, mas que nunca, solo hay “La acción –romper-(que) debe continuar. Y solo engendrará acción.” El tranquilizante, famoso y nunca bien ponderado “Sentido” desparece en el texto, o aparece sumamente desteñido. Las palabras dejan de hacer referencia a su imagen familiar y así su definición se convierte en una infinidad de rayos en fuga. El lenguaje, sin respetar orden formal alguno, hace estallar todas las contradicciones que lo formal acalla. Así queda expuesta la incoherencia que se aprieta con los corsets que las formas instituidas le imponen a la realidad. Sin embargo, se le responde con un lenguaje cuya coherencia parece echa de mercurio volcado. La escritura de Lamborghini en este sentido acciona, rompe y busca generar nueva acción a partir de este rodeo aleccionador y desafiante a la vez. La coherencia deja de ser respetada, la autoridad se derrite y la anarquía/monarquía del escritor (pero también de cada lector) comienza a reg(l)arlo todo, produciendo vacíos. El vacío de sentido que genera miedo, espanto, pero dentro del aquelarre en el que, una vez más, ningún vacío es perdonado “convirtiendo cada eventual vacío en el punto nodal de todas las fuerzas en tensión”. Este parece ser uno de los puntos centrales de El Fiord, el Sentido no existe, los hechos que se narran no parecen tener ninguna explicación racional. La identificación que, sin embargo, dos sienten como lectores es innegable pero sumamente turbadora, lo único que parece real es el texto cerrado en sí mismo y aun así estamos dentro de esa fiesta de brujos y brujas y, ciertamente, no (aunque un poquito si) en el rol de machos cabrios, “En El Fiord las palabras dejan de ser promesas, dejan de representar un mundo que está fuera de ellas: son el mundo que representan y representan el mundo que convocan en el acto imaginario” . Imaginario como nivel superior, incluyendo a la realidad pero superándola como potencia como infinidad creadora, también como proyecto. Mundo imaginario donde las leyes son abolidas, las determinaciones destruidas, las definiciones evaporadas, “los tapices del bien y del mal” desgarrados por la búsqueda. La búsqueda de ser padre de sí, como propone García en una alusión a Artaud , o una búsqueda por buscar, hablo de cambiar por cambiar nomás.
Todos los personajes, aunque no el todo de los personajes, aparecen como reflejos taimados del narrador/lector, las fuerzas contrarias surgen de un vórtice que relata y sufre y disfruta y provoca y lee pero ante todo es, y no solo es, los personajes a su alrededor, con los que baila. Desde este punto de vista se puede entender ese amor inmediatamente castrado que la entrada de su mujer y su hija apareciendo y despareciendo, lumínica y mutilada generan en Rondibaras, Asangui, Mihirlys, “Tampoco era casual que mis manos rompieran el invisible aire de su contorno y, algo lastimadas, se extendieran hacia la figura de mi mujer, aunque luego se detuvieran a mitad de camino, crispadas, convertidas en dos puños increpantes, incapaces incluso de la salutación. Ella me mostró sus tobillos: dos muñones sangrantes.”
En el mismo sentido podría entenderse la relación entre el narrador y El Loco Rodríguez, que a pesar de su “brillo de fraude y neón” descubierto al comienzo del relato, es portador del “hermoso-temible látigo”. La rebelión que se relata en el texto, la violencia engendrada en las relaciones, toda relación y todo símbolo son llevados a lo concreto de los cuerpos y a una parte de lo mas incontenible, al sexo. Los cuerpos son negados por la autoridad que los veja, los reprime, los violenta y sin embargo les da un cierto placer. En tanto la autoridad soberana su majestad El Loco se mantiene firme en su posición los cuerpos subordinados reciben sus descargas violentas y sexuales ya sea coito o sodomía o uso de artefactos, ya sean golpes y latigazos, los cuerpos subordinados reciben. En tanto los cuerpos se rebelan deponen, defecan ante/en la autoridad. El primer atisbo de rebelión es el de Carla Greta Terón y su niño que pareciera que se resisten a finiquitar el parto a pesar de los desesperados golpes y violaciones de El Loco, “Hizo restallar el látigo, El Loco en varias ocasiones; empero, los gritos de Carla Greta Terón no cesaban; peor aun: tornábanse desafiantes, cobraban un no sé que provocador. La pastosa sangre continuábale manándole de la boca y de la raya vaginal; defecaba, además, sin cesar todo el tiempo”. La segunda y definitiva rebelión es la del narrador el cual luego de tener sexo con la mujer de El Loco defecaba sucesivamente frente a este, dando comienzo al fin de Rodríguez. Ya sea el poder sobre los demás o la resistencia, ambos se inscriben en los cuerpos. La ruptura de este circulo se da en el mismo sentido, el cuerpo de la autoridad es destruido y su símbolo de poder es injerido por los demás que buscan hacerse de la herencia de ese poder derroca(ga)do.
Dentro del Aquelarre desatado que se nos relata, el enemigo no existe, no hay una amenaza que golpee la puerta, la monstruosidad, el mal y la violencia está en todos (incluso en Sebastián que colabora acercando armas) los personajes encerrados, “En El Fiord el peligro no está en el afuera sino en el mismo interior de la comunidad; los lazos sociales han sido absolutamente dinamitados” . El peligro es interior en un doble sentido: por un lado, en cada personaje que se refleja en El Loco y que violenta a los demás y que sin embargo busca placer en los demás, haciendo que cada uno sea un pequeño espiral dentro de uno mayor que seria la situación completa del texto. Todos están bajo la soberanía de El Loco y sin embargo todos actúan entre si un poco como si fueran El Loco. De hecho, al matar al Patrón lo primero que hacen es comer su símbolo de poder para recibir su herencia. Por otro lado, el peligro es interno refiriéndose a la comunidad que forman y allí es donde algunos autores ven al texto como “alegoría de la emergencia de la izquierda nacional, es decir de la transformación del peronismo en resistencia entre 1955 y 1966.” . La violencia extendida a todos los niveles de la sociedad embanderada políticamente. Este punto hace también que algunos autores califiquen como visionario a Lamborghini por vislumbrar lo que seria la vida política del país en la década del setenta, atravesada por las internas del movimiento peronista.

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(Finale)

“No sé nada, o mas bien sé, y quizás sea muy peligroso decirlo, que no es el sentido quien crea las palabras, sino éstas a aquel”. Artaud.

Esta frase es sumamente revirada, pero puede servir para explicar el objetivo que se nos planteó luego de leer El Fiord. Hay en el texto un sentido que se pierde y uno que nace, al tiempo que se pierde de nuevo o que no se deja asir, pero que surge en la infinidad de referencias confusas, en la mezcla de códigos que sirven, no para explicar una idea concreta sino, para sacudir al lector. “Ocurre que mediante la mezcla de códigos, mediante el contacto de esos restos, se intentará despertar a las palabras, sacar al otro del adormecimiento de un ritmo, de un orden de las frases, que no es sino el orden dado del mundo” y El Fiord genera ese sacudimiento. Un cierto despertar que produce una erupción de sensaciones físicas y de ideas en los ámbitos más variados ya que son de lo más variadas las referencias y alusiones que se hacen en el texto. Desde este punto de vista las atmósferas que tratamos de describir como presentes en el texto se impregnan en los lectores y los transforman. Transformación producto de que la confusión del texto no impide que ciertas ideas surjan claramente y la mas clara es aquella que planteamos como cita inicial, “Bajo la herencia la inmortalidad, cultura y poder son esta porno bajón” la rebelión y el esfuerzo que termina con los rebeldes reunidos alrededor del símbolo de poder del caído, devorándolo con fruición para hacerse de sus poderes (que tanto los ha castigado). Por la multiplicidad de planos en los que actúa la narración esta idea puede aplicarse a una gran variedad de situaciones de la vida, pero su golpe es contundente. Esto se torna mas inquietante desde el momento en que, luego de haber representado esta orgía perversa de brujas y fantasmas, los sobrevivientes salen en manifestación, salen a la calle, con nosotros tan buenos que éramos y que ahora somos ellos también.


1- Decimos nuestra porque es este un trabajo en conjunto del cual participamos una muchacha y un muchacho, es decir (el)la y yo o el(la) y yo.
2- García, Germán: “Fuego Amigo”, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2003, Pág. 13-14.
3- Perlongher, Nestor: “Ondas en El Fiord. Barroco y corporalidad en Osvaldo Lamborghini”, en Cuadernos de la Comuna, Nro 33, 1991, pp. 3-7.
4- Marteau, Paul: “El Tarot de Marsella”, Editorial Edaf, Madrid, 1991, Pág. 90.
5- García, Germán: “Fuego Amigo”, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2003, Pág. 14
6-Ej.: “El Loco ya la cojía a su manera, corcoveando encima de ella, clavándole las espuelas…” o “El Loco quiso fornicarme al vuelo…” o “cuando Sebastián planeó, ensartóle El Loco el mango del látigo en el raquítico culo” o “Le pegó también latigazos en los ojos como se estila con los caballos malleros”
7- Ej.:“…´Si no es nada, si ya se me va a pasar paisano´, contesté, poniendo mi mejor cara de boludo. E ipso facto me cagué con alma y vida”
8- García, Germán: “Fuego Amigo”, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2003, Pág. 21
9- Marteau, Paul: “El Tarot de Marsella”, Editorial Edaf, Madrid, 1991, Pág. 100
10- Guaragno, Liliana: “Acerca de El Fiord, de Osvaldo Lamborghini”, www.secrel.com.br
11- García, Germán: “Fuego Amigo”, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2003, Pág. 24
12-“Yo Antonin Artaud, soy mi hijo, mi padre, mi madre, y yo; nivelador del periplo imbécil donde cae preso el engendramiento papá-mamá y el niño, hollín del culo de la abuelita mucho mas que del padre-madre…” en “Aquí Yace” incluido en “Para Terminar Con El Juicio de Dios”, Ediciones Caldén, Buenos Aires, 1975.
13- Rosano, Susana: “El Arte como Crueldad”, en “Y Todo El Resto Es literatura. Ensayos Sobre Osvaldo Lamborghini”, IZ Editorial, Buenos Aires, 2008, Pág. 206.
14- Rosano, Susana: “El Arte como Crueldad”, en “Y Todo El Resto Es literatura. Ensayos Sobre Osvaldo Lamborghini”, IZ Editorial, Buenos Aires, 2008, Pág. 206.
21- García, Germán: “Fuego Amigo”, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2003, Pág. 26
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