Adiós a las guerras.
Durante el transcurso de la historia, sucedieron catástrofes intolerables gracias a la labor del hombre. Porque el ser humano supo destruir todo lo que tuvo enfrente. Y ustedes recordarán cómo Europa quedó destruida durante la Segunda Guerra Mundial a través del cinismo del hombre. De ese modo, las ciudades europeas quedaron arrasadas. Destruidas. De modo que las personas que residían allí tuvieron que re-construir su vida desde menos cero.
Ustedes podrán reflexionar a través de los mass-media o el internet que las guerras son más nefastas que útiles. Porque sólo sirven para destruir. No solo la vida y las viviendas de las personas. Sino que elimina las esperanzas, los sueños y las razones de vivir. ¿De qué sirve que los seres humanos se enfrenten unos a otros hasta la muerte? La respuesta reside en que las situaciones bélicas sacan lo peor de nosotros. Demuestran lo incivilizados que somos. Lo egoísta que podemos llegar a ser.
A veces pienso si se terminará esta problemática algún día. Pero parecería que no. Debido a que podemos conjeturar que la historia de la humanidad se basa en confrontaciones bélicas. Basta con ingresar a una clase de Historia en alguna Escuela Secundaria para ver que esto es cierto. Donde sus clases apuntan a desarrollar la guerra de Malvinas o las batallas de las Pirámides. De ese modo, si la historia se basa fundamentalmente en sucesos bélicos, ¿cómo podemos cambiar la concepción del hombre en torno a las guerras?
Por otro lado, existe una ideología de la mano de los poderosos que impide la prolongación de la Paz Mundial sobre la faz de la tierra. En ese sentido, les presento el ideal capitalista estadounidense que tiene como propósito conquistar ciudades ajenas a cualquier costo. ¿Cuántas veces vieron ustedes en los medios masivos de comunicación la invasión de Estados Unidos sobre territorios como Irán durante la presidencia de George Bush?
Por otra parte, vemos que mientras los señores capitalistas se llenan los bolsillos a causas de las situaciones bélicas-porque ese es el fin de las guerras, un negocio que beneficia a unos pocos- miles de personas que viven en la zona de confrontación sufren desdichas. Por ejemplo, las bombas lanzadas sobre las islas japonesas de Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial no perjudicaron físicamente a los responsables de la situación bélica. Más bien, las víctimas fatales fueron personas de bien que poco o nada tuvieron que ver con ese enfrentamiento histórico. ¿Ustedes se imaginan cuántos niños se quedaron sin hogar ese día? Cuántas familias quedaron desintegradas debido a los caprichos de hombres siniestros poderosos como Adolf Hitler o el mismísimo Stalin. Responsables de la destrucción masiva de seres humanos, de Europa y de ultrajes a miles de mujeres. De ese modo, vemos que los generales pertenecientes al ejército no son hombres honorables. Más bien son seres miserables. Despreciables. Ratas inmundas. Cobardes.
En ese sentido, vemos que las guerras solo oscurecen la vida humana. Porque el hombre disfruta el observar los bellos cielos que nos rodean. Le resulta agradable escuchar día a día el cantar de los hermosos pájaros. O ir a conocer algún lugar público sin temor a algún ataque bélico. Donde lamentablemente esto no ocurre en la región musulmana. Por ende, vemos que si uno dialogara sin indiferencia con personas de distintos ideales políticos/religiosos podrían cambiar tantas cosas.
A continuación, afirmamos que el novelista norteamericano Ernest Hemingway –ganador del Premio Pulitzer en 1.953 y del Premio Nobel de Literatura en el año 1.954- manejó ambulancias de forma voluntaria durante la Segunda Guerra Mundial. En ese sentido, el Nobel norteamericano publicó su Adiós a las armas donde narra sus vivencias durante esa época de su vida. De ese modo, conjeturamos que uno de los tantos problemas mentales que lo acompañaron durante toda su vida fue por esquivar bombas mientras él manejaba el vehículo de sanidad. Que lo llevaron junto con otros problemas psíquicos a quitarse la vida en el año 1.961.
Por esa razón, ¿hasta cuándo los seres humanos seguiremos soportando esta clase de barbaridades? La solución incide en decirles a las guerras basta. Basta de ciudades arrasadas por culpa de ellas. Basta de confrontaciones políticas y religiosas. En ese sentido, el hombre debe dejar de ser el lobo del hombre. Para lograr la Paz Mundial.
En conclusión, vimos que las guerras solo destruyen nuestras ciudades. Dejan a muchos seres humanos desamparados. Sin hogar. O peor aún, sin vida. Además, las confrontaciones bélicas in-humanizan al ser humano. Lo in-civilizan. Porque las guerras sacan lo peor de nosotros. Favorecen a unos pocos. Mientras que el pueblo queda seriamente perjudicado. Dejando secuelas permanentes a mentes creativas impidiéndoles gozar el derecho más importante de la vida. Ser feliz.
Durante el transcurso de la historia, sucedieron catástrofes intolerables gracias a la labor del hombre. Porque el ser humano supo destruir todo lo que tuvo enfrente. Y ustedes recordarán cómo Europa quedó destruida durante la Segunda Guerra Mundial a través del cinismo del hombre. De ese modo, las ciudades europeas quedaron arrasadas. Destruidas. De modo que las personas que residían allí tuvieron que re-construir su vida desde menos cero.
Ustedes podrán reflexionar a través de los mass-media o el internet que las guerras son más nefastas que útiles. Porque sólo sirven para destruir. No solo la vida y las viviendas de las personas. Sino que elimina las esperanzas, los sueños y las razones de vivir. ¿De qué sirve que los seres humanos se enfrenten unos a otros hasta la muerte? La respuesta reside en que las situaciones bélicas sacan lo peor de nosotros. Demuestran lo incivilizados que somos. Lo egoísta que podemos llegar a ser.
A veces pienso si se terminará esta problemática algún día. Pero parecería que no. Debido a que podemos conjeturar que la historia de la humanidad se basa en confrontaciones bélicas. Basta con ingresar a una clase de Historia en alguna Escuela Secundaria para ver que esto es cierto. Donde sus clases apuntan a desarrollar la guerra de Malvinas o las batallas de las Pirámides. De ese modo, si la historia se basa fundamentalmente en sucesos bélicos, ¿cómo podemos cambiar la concepción del hombre en torno a las guerras?
Por otro lado, existe una ideología de la mano de los poderosos que impide la prolongación de la Paz Mundial sobre la faz de la tierra. En ese sentido, les presento el ideal capitalista estadounidense que tiene como propósito conquistar ciudades ajenas a cualquier costo. ¿Cuántas veces vieron ustedes en los medios masivos de comunicación la invasión de Estados Unidos sobre territorios como Irán durante la presidencia de George Bush?
Por otra parte, vemos que mientras los señores capitalistas se llenan los bolsillos a causas de las situaciones bélicas-porque ese es el fin de las guerras, un negocio que beneficia a unos pocos- miles de personas que viven en la zona de confrontación sufren desdichas. Por ejemplo, las bombas lanzadas sobre las islas japonesas de Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial no perjudicaron físicamente a los responsables de la situación bélica. Más bien, las víctimas fatales fueron personas de bien que poco o nada tuvieron que ver con ese enfrentamiento histórico. ¿Ustedes se imaginan cuántos niños se quedaron sin hogar ese día? Cuántas familias quedaron desintegradas debido a los caprichos de hombres siniestros poderosos como Adolf Hitler o el mismísimo Stalin. Responsables de la destrucción masiva de seres humanos, de Europa y de ultrajes a miles de mujeres. De ese modo, vemos que los generales pertenecientes al ejército no son hombres honorables. Más bien son seres miserables. Despreciables. Ratas inmundas. Cobardes.
En ese sentido, vemos que las guerras solo oscurecen la vida humana. Porque el hombre disfruta el observar los bellos cielos que nos rodean. Le resulta agradable escuchar día a día el cantar de los hermosos pájaros. O ir a conocer algún lugar público sin temor a algún ataque bélico. Donde lamentablemente esto no ocurre en la región musulmana. Por ende, vemos que si uno dialogara sin indiferencia con personas de distintos ideales políticos/religiosos podrían cambiar tantas cosas.
A continuación, afirmamos que el novelista norteamericano Ernest Hemingway –ganador del Premio Pulitzer en 1.953 y del Premio Nobel de Literatura en el año 1.954- manejó ambulancias de forma voluntaria durante la Segunda Guerra Mundial. En ese sentido, el Nobel norteamericano publicó su Adiós a las armas donde narra sus vivencias durante esa época de su vida. De ese modo, conjeturamos que uno de los tantos problemas mentales que lo acompañaron durante toda su vida fue por esquivar bombas mientras él manejaba el vehículo de sanidad. Que lo llevaron junto con otros problemas psíquicos a quitarse la vida en el año 1.961.
Por esa razón, ¿hasta cuándo los seres humanos seguiremos soportando esta clase de barbaridades? La solución incide en decirles a las guerras basta. Basta de ciudades arrasadas por culpa de ellas. Basta de confrontaciones políticas y religiosas. En ese sentido, el hombre debe dejar de ser el lobo del hombre. Para lograr la Paz Mundial.
En conclusión, vimos que las guerras solo destruyen nuestras ciudades. Dejan a muchos seres humanos desamparados. Sin hogar. O peor aún, sin vida. Además, las confrontaciones bélicas in-humanizan al ser humano. Lo in-civilizan. Porque las guerras sacan lo peor de nosotros. Favorecen a unos pocos. Mientras que el pueblo queda seriamente perjudicado. Dejando secuelas permanentes a mentes creativas impidiéndoles gozar el derecho más importante de la vida. Ser feliz.