
En 1951, el General mandó construir un refugio antinuclear. La Libertadora lo mostró como signo de ostentación peronista. En 1999 quedó sepultado por la playa de estacionamiento de la multinacional Microsoft .
Agosto del ’99. Una excavación saca a la luz cierto patrimonio de valor histórico, preludiando la disputa entre la preservación y la conveniencia de ocultarlo. El escenario: Bouchard y Viamonte
Los obreros rompen la pared, lo encuentran y empieza todo el mundo a moverse pero ya estaba en proceso de demolición, ya que el nuevo proyecto preveía en ese lugar el estacionamiento subterráneo de Microsoft ”
Junio del ’51. Perón transitaba las postrimerías de su primer gobierno, y comienzan a construirse dos edificios gemelos: el ATLAS –sigla de Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas que allí funcionaba–, y actual Alas, desde que pasó a manos de la Aeronáutica, ubicado en la esquina de la avenida Leandro N. Alem y Viamonte.
Y el ALEA, mucho más pequeño, con su estructura de hormigón a la vista, en Bouchard y Viamonte, y cuyas siglas responden a características administrativo-políticas de la época. Concretamente, en el ALEA se concentraba todo el inmenso organismo de difusión del gobierno peronista, comandado por el mayor Carlos Aloé, quien en el segundo mandato de Perón fue gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Edificio ALEA
Edificio de
Microsoft
, en el lugar que ocupaba el ALEA. A su lado, el Edificio ATLAS
Era un verdadero emporio de la información con trascendencia ilimitada en términos de divulgación, a través del control y manejo de 13 instituciones –entre ellos, los diarios Atlántico de Mar del Plata, Democracia (órgano de difusión política fundamental del justicialismo) y El Día de La Plata–, una edificadora estatal –precisamente de nombre ALEA S.A.– y el mismísimo edificio ATLAS, cuya agrupación de corte sindicalista con alcances políticos pretendía incorporar a la OIT una variante con influencia del gobierno argentino.
Todo en manos de Aloé.
Carlos Aloé
El mismo al que –durante la construcción del ALEA– se le ocurrió hacer un búnker subterráneo a prueba de ataques atómicos para que Perón pudiera refugiarse, controlar los medios de comunicación y manejar todo desde ahí abajo”, refiere Schávelzon fundador del Centro de Arqueología Urbana de la UBA.

Por cierto, era un verdadero departamento bajo tierra, que paradójicamente Perón nunca habitó. Pero sí fue ocupado “laboralmente” por Aloé, para guardar desde acciones que operaban en bolsa hasta todos los documentos secretos de la entidad que dirigía, y que no se daban a difusión pública. El ocaso, claro, llegó en el ’55, de la mano de la Revolución Libertadora que transforma al búnker en un símbolo del antiperonismo. Inmediatamente pasa a ser ‘el extraño lugar que tenía Perón quién sabe para qué cosas raras. Y empiezan a llevar chicos de colegio de visita; claro, para hablarles mal de aquel de quien no se podía ni pronunciar el nombre.