Introducción
Estado de bienestar y Estado keynesiano no deben ser confundidos. El 1° nació por causas político-sociales y el 2° por causas económicas; el Estado de Bienestar ya había desarrollado sus instituciones antes de la aparición del keynesianismo; los instrumentos del keynesianismo son flexibles para poder ser utilizados anticíclicamente, mientras que las instituciones del Estado benefactor son rígidas, ya que crean derechos garantizados jurídicamente e incorporados como derechos adquiridos en la conciencia de la población; el Estado keynesiano opera en el campo de la inversión y la producción, mientras que el Estado benefactor lo hace en el terreno de una redistribución que pretende permitir el acceso de amplios sectores de la población al consumo de bienes y servicios y, por último, la crisis que adquiere visibilidad a mediados de la década de 1970 es la crisis del Estado keynesiano, siguiendo en pie instituciones del Estado benefactor.
Estado de bienestar
Consiste en un conjunto de instituciones públicas supuestamente destinadas a elevar la calidad de vida de la población y reducir las diferencias sociales causadas por el mercado. Estas instituciones operan mediante transferencias directas (pensiones, prestaciones por desempleo o asignaciones familiares) o indirectas (subsidios a productos de consumo básico), provisión de bienes (programas de complementación alimentaria) y prestación de servicios (educación o salud). Otro instrumento del Estado benefactor es el establecimiento de regulación protectora de las condiciones de trabajo (higiene), del medio ambiente o de la calidad de bienes y servicios.
Las acciones estatales de protección social ya existían en la época medieval; pero se limitaban a dar respuestas puntuales a desastres naturales, plagas, hambrunas, etc. La asistencia a los miserables estaba, casi con exclusividad, a cargo de la Iglesia. Pero con el capitalismo se dieron cambios sociales y se tomaron medidas para evitar procesos de disrupción social (las “Leyes de Pobres” en Inglaterra son un ejemplo).
La maduración de los procesos de industrialización y urbanización, y el surgimiento de los asalariados como clase social , fueron las condiciones para el nacimiento del seguro social , institución inicializadora del Estado benefactor. Por iniciativa del canciller alemán Otto von Bismarck, el seguro social surgió a fines del siglo 19, significando una ruptura con las instituciones de la beneficencia. Hay quienes dicen que el seguro social surgió para fortalecer la unidad nacional, en una Alemania recientemente unificada, o para contrarrestar el avance del socialismo. Las “Leyes de Pobres” eran discrecionales y estigmatizantes. El seguro social , en cambio, se basaba en reglas no discriminatorias, relativamente automáticas en su aplicación ante el daño ocasionado. Además, estaba dirigido al asalariado, antes que al pobre o al miserable, y, finalmente, compelía a los beneficiarios potenciales a contribuir a su financiamiento, con lo que fortalecía el derecho a reclamar el beneficio.
Las instituciones típicas del seguro social adquirieron una estructura definida antes de la 2° guerra mundial. Un estudio sobre 12 países europeos (Flora y Alber, 1982) muestra que las primeras iniciativas en relación a seguro contra accidentes de trabajo, enfermedad, vejez y desempleo surgieron entre finales del siglo 19 y principios del siglo 20. El aumento de la cobertura fue sostenido desde comienzos del siglo 20.
La lógica de desarrollo del Estado de bienestar obedeció fundamentalmente al movimiento obrero como actor social y político, y al conflicto real o potencial que implicó en las sociedades capitalistas, por un lado, y a las necesidades de legitimación política y apoyo político, por el otro, en virtud de la extensión del sufragio y de la competencia política. Cabe destacar que la edificación del Estado de bienestar no estuvo asociada a una fuerza política específica.
Estado keynesiano
En su origen está la necesidad de evitar la fluctuación abrupta de los ciclos económicos. La política fiscal, monetaria o crediticia son instrumentos que, manejados anticíclicamente, intentan regularizar los ciclos económicos, tanto en sus fases de alta como de baja.
Una institución central del Estado keynesiano es el pleno empleo. Responde fundamentalmente a una lógica de producción y rentabilidad económica y, en consecuencia, es incorrecto considerarlo como parte del Estado de bienestar. Está concebido como un mecanismo para asegurar un óptimo de producción y de ganancia más que un instrumento de redistribución progresiva del ingreso, por más que ciertas formas de empleo público tendieran a ese fin. No obstante, el pleno empleo y salarios crecientes que eleven la demanda efectiva y, a través de ella, la utilidad empresaria, son elementos que complementan la redistribución del ingreso propia del Estado de bienestar.
Sin duda alguna, el crecimiento del Estado de bienestar fue potenciado por el Estado keynesiano.
Estado de bienestar y Estado keynesiano no deben ser confundidos. El 1° nació por causas político-sociales y el 2° por causas económicas; el Estado de Bienestar ya había desarrollado sus instituciones antes de la aparición del keynesianismo; los instrumentos del keynesianismo son flexibles para poder ser utilizados anticíclicamente, mientras que las instituciones del Estado benefactor son rígidas, ya que crean derechos garantizados jurídicamente e incorporados como derechos adquiridos en la conciencia de la población; el Estado keynesiano opera en el campo de la inversión y la producción, mientras que el Estado benefactor lo hace en el terreno de una redistribución que pretende permitir el acceso de amplios sectores de la población al consumo de bienes y servicios y, por último, la crisis que adquiere visibilidad a mediados de la década de 1970 es la crisis del Estado keynesiano, siguiendo en pie instituciones del Estado benefactor.
Estado de bienestar
Consiste en un conjunto de instituciones públicas supuestamente destinadas a elevar la calidad de vida de la población y reducir las diferencias sociales causadas por el mercado. Estas instituciones operan mediante transferencias directas (pensiones, prestaciones por desempleo o asignaciones familiares) o indirectas (subsidios a productos de consumo básico), provisión de bienes (programas de complementación alimentaria) y prestación de servicios (educación o salud). Otro instrumento del Estado benefactor es el establecimiento de regulación protectora de las condiciones de trabajo (higiene), del medio ambiente o de la calidad de bienes y servicios.
Las acciones estatales de protección social ya existían en la época medieval; pero se limitaban a dar respuestas puntuales a desastres naturales, plagas, hambrunas, etc. La asistencia a los miserables estaba, casi con exclusividad, a cargo de la Iglesia. Pero con el capitalismo se dieron cambios sociales y se tomaron medidas para evitar procesos de disrupción social (las “Leyes de Pobres” en Inglaterra son un ejemplo).
La maduración de los procesos de industrialización y urbanización, y el surgimiento de los asalariados como clase social , fueron las condiciones para el nacimiento del seguro social , institución inicializadora del Estado benefactor. Por iniciativa del canciller alemán Otto von Bismarck, el seguro social surgió a fines del siglo 19, significando una ruptura con las instituciones de la beneficencia. Hay quienes dicen que el seguro social surgió para fortalecer la unidad nacional, en una Alemania recientemente unificada, o para contrarrestar el avance del socialismo. Las “Leyes de Pobres” eran discrecionales y estigmatizantes. El seguro social , en cambio, se basaba en reglas no discriminatorias, relativamente automáticas en su aplicación ante el daño ocasionado. Además, estaba dirigido al asalariado, antes que al pobre o al miserable, y, finalmente, compelía a los beneficiarios potenciales a contribuir a su financiamiento, con lo que fortalecía el derecho a reclamar el beneficio.
Las instituciones típicas del seguro social adquirieron una estructura definida antes de la 2° guerra mundial. Un estudio sobre 12 países europeos (Flora y Alber, 1982) muestra que las primeras iniciativas en relación a seguro contra accidentes de trabajo, enfermedad, vejez y desempleo surgieron entre finales del siglo 19 y principios del siglo 20. El aumento de la cobertura fue sostenido desde comienzos del siglo 20.
La lógica de desarrollo del Estado de bienestar obedeció fundamentalmente al movimiento obrero como actor social y político, y al conflicto real o potencial que implicó en las sociedades capitalistas, por un lado, y a las necesidades de legitimación política y apoyo político, por el otro, en virtud de la extensión del sufragio y de la competencia política. Cabe destacar que la edificación del Estado de bienestar no estuvo asociada a una fuerza política específica.
Estado keynesiano
En su origen está la necesidad de evitar la fluctuación abrupta de los ciclos económicos. La política fiscal, monetaria o crediticia son instrumentos que, manejados anticíclicamente, intentan regularizar los ciclos económicos, tanto en sus fases de alta como de baja.
Una institución central del Estado keynesiano es el pleno empleo. Responde fundamentalmente a una lógica de producción y rentabilidad económica y, en consecuencia, es incorrecto considerarlo como parte del Estado de bienestar. Está concebido como un mecanismo para asegurar un óptimo de producción y de ganancia más que un instrumento de redistribución progresiva del ingreso, por más que ciertas formas de empleo público tendieran a ese fin. No obstante, el pleno empleo y salarios crecientes que eleven la demanda efectiva y, a través de ella, la utilidad empresaria, son elementos que complementan la redistribución del ingreso propia del Estado de bienestar.
Sin duda alguna, el crecimiento del Estado de bienestar fue potenciado por el Estado keynesiano.