InicioApuntes Y MonografiasResumen Benveniste y Voloshinov
Buenas Linces. les traigo un Resumen para la facu sobre Benveniste y Voloshinov para la facu. espero que les sirva. Benveniste El lenguaje y la experiencia humana Para Benveniste todas las lenguas tienen en común categorías de expresión, que son: - elementales - independientes de toda determinación cultural - donde se ve la experiencia subjetiva de los sujetos que se plantean y se sitúan por el y en el lenguaje. Estas son dos categorías fundamentales del discurso: - persona - tiempo Benveniste dice que todo hombre se plantea en su individualidad como un YO en relación con un TÚ y un Él. El que habla se refiere siempre a sí mismo por el indicador YO. Este acto discursivo que enuncia yo, aparecerá, siempre que se reproduzca, como: - El mismo acto para el que lo oiga. - Un acto nuevo para el que lo enuncia, porque en cada ocasión opera la inserción del locutor en: 1. un momento nuevo del tiempo. 2. y en una textura diferente de circunstancias y contextos. Esto quiere decir que en toda lengua y en todo momento, el que habla se apropia del YO, que inserta en él la presencia de la persona, sin la cual no hay lenguaje posible. Ahora, el pronombre YO, dentro de un enunciado, aparece evocando al pronombre TÚ, para oponerse en conjunto al pronombre Él. La lengua suministra a los hablantes un sistema de referencias personales, que cada uno se apropia por el acto del lenguaje, y que en cada ocasión de su empleo se torna en algo único y sin igual para su enunciador. Pero fuera del discurso, los pronombres no son más que formas vacías, que no pueden adherirse ni a un concepto ni a un objeto. Es decir, reciben su realidad y su sustancia del discurso. Los pronombres personales no son la única forma de ésta naturaleza. Hay algunos indicadores que comparten la misma situación, como los deícticos que organizan las relaciones espaciales y temporales a partir de un punto de referencia que es EGO, es decir, que quien organiza se designa a sí mismo como centro y punto de referencia. Los deícticos se clasifican en: - Índices de tiempo: “ayer, hoy, mañana”. Benveniste dice que hay tantos “hoy”como tantos “yo”. - Índices de lugar: “aquí, allá”. - Índices demostrativos: “éste, aquel, ese”. Son elementos cargados de subjetividad y utilizados a partir de la instancia de YO. No tienen referencia propia sino que quien se las da es la instancia del discurso. Benveniste dice que de las formas lingüísticas que revelan la experiencia subjetiva, ninguna es tan rica como las que expresan el tiempo. La lengua conceptualiza el tiempo de un modo distinto que la reflexión. Existe un tiempo específico de la lengua, pero antes hay que conocer dos concepciones distintas de tiempo que son: - Tiempo físico: del mundo es continuo, uniforme, infinito, lineal, segmentable a voluntad. Cada individuo la mide a partir de sus emociones y del ritmo de su vida interior. Es el que transcurre, tiene que ver con la sensación subjetiva de la manera que transcurre el tiempo. - Tiempo crónico: es el tiempo de los acontecimientos, que engloba nuestra vida ya que es un suceder de aconteceres. El observador (nosotros) puede recorrer en dos sentidos los acontecimientos: pasado – presente; presente – pasado. Dentro del tiempo crónico lo que se llama tiempo es la disposición continua en serie de los acontecimientos. Los acontecimientos no son el tiempo, sino que están en el tiempo. Tanto el tiempo físico como el crónico tienen una doble versión: objetiva – subjetiva. En todas las culturas y en toda época se aprecia un esfuerzo por objetivar el tiempo crónico, condición necesaria para la vida en sociedad. El tiempo socializado en el del calendario. Todas las sociedades han constituido un cómputo o división del tiempo. Proceden a partir de un momento axial que sirve de puno cero de éste cómputo (por ejemplo: el nacimiento de Cristo). Esta en la condición estativa. De ésta se desprende la condición directiva: consiste en enunciar mediante los términos opuestos (antes – después) con respecto al eje de referencia. La tercera condición en la mensurativa: consiste en fijar un repertorio de unidades de medida que sirven para nombrar los intervalos constantes entre las recurrencias de los fenómenos cósmicos (ejemplo: el intervalo entre la aparición y desaparición del sol será el día). Pueden agregarse a voluntad otras unidades: - Agrupamiento (semana/siglo) - División (hora/minuto/segundo) La organización social del tiempo crónico no participa de la naturaleza del tiempo y están vacías por sí mismas de toda temporalidad. Son intemporales. El calendario es exterior al tiempo. Como un día es idéntico a otro día nada dice de tal día del calendario tomado en sí mismo, si es presente, pasado o futuro, no puede ser colocado en uno de estas 3 categorías más que por aquel que vive el tiempo. Por lo tanto, el tiempo crónico fijado en un calendario es ajeno al tiempo vivido y no puede coincidir con él. Benveniste también dice que una cosa es situar un acontecimiento en el tiempo crónico y otra cosa es insertarlo en el tiempo de la lengua. Lo que tiene en particular el tiempo lingüístico es que está orgánicamente ligado al ejercicio de la palabra, y se define y ordena como función del discurso. Este tiempo tiene su centro generador y axial en el presente de la instancia de la palabra. Cada vez que un hombre emplea la forma gramatical del presente; sitúa al acontecimiento como contemporáneo a la instancia del discurso que lo enuncia. Este presente, en tanto que función del discurso, no puede ser localizado en ninguna división temporal del tiempo crónico, sino que es reinventado cada vez que el locutor habla, porque es un momento nuevo, no vivido aún. El presente lingüístico es el fundamento de las oposiciones temporales en la lengua, ya que constituye la línea divisoria entre dos momentos que engendra y que son igualmente inherentes al ejercicio de la palabra: - el momento en que un acontecimiento a dejado de ser contemporáneo del discurso, ha salido del presente y debe ser evocado por la memoria. - El momento en que el acontecimiento no está todavía presente, pero va a estarlo y surge en prospección. El lenguaje dispone de una sola expresión temporal que es el presente y éste, señalado por la coincidencia del acontecimiento y del discurso, es por naturaleza implícito. Los tiempos no presentes (pasado y porvenir), que son explícitos en la lengua, no están en el mismo nivel que el tiempo presente, sino que son vistos adelante o detrás a partir del presente. La lengua debe necesariamente ordenar el tiempo a partir de un eje, y éste es siempre la instancia del discurso. El acto de palabra es individual; en consecuencia, la temporalidad lingüística debería realizarse en el universo intrapersonal del locutor como una experiencia subjetiva e imposible de transmitir. Si cuento lo que me pasó; el pasado al que describo se define a partir del presente de mi acto de palabra. Mi temporalidad, cuando ordena mi discurso pasa a ser la temporalidad de mi locutor. Mi hoy se convierte en su hoy, aunque no lo haya instaurado en su discurso. En cualquier lengua se aprecia cierta organización lingüística de la noción del tiempo. No hay otro criterio ni otra expresión para indicar el “tiempo que se está” que tomarlo como el tiempo “en que se habla”. Es este el tiempo eternamente presente. El tiempo lingüístico es sui-referencial. * Discurso: serie de palabras y frases empleadas para manifestar lo que se siente. De la subjetividad en el lenguaje Benveniste está en contra de la noción de lenguaje como instrumento de comunicación, porque esto opone hombre y naturaleza. Dice que de ninguna manera se puede separar hombre y lenguaje, ya que el lenguaje esta en la naturaleza misma del hombre. El hombre es “en” y “por” el lenguaje y tomaría conciencia de su YO por el lenguaje. El hombre se apropia del lenguaje y plasma su propia subjetividad. Subjetividad: es la capacidad del locutor de plantearse como sujeto. Ahora, la conciencia de sí no es posible más que si se experimenta por contraste. No empleo un YO, sino dirigiéndome a alguien, o sea un TU. Esta es la condición del diálogo que constituye a la persona, pues implica en reciprocidad que me torne en TU en la alocución de aquel que se designa por YO (reversibilidad). La polaridad de las personas no significa ni igualdad ni simetría, ya que EGO tiene siempre una posición de trascendencia con respecto a TU, pero ninguno de los dos términos es concebicle sin el otro, son complementarios. Aparece la tercera persona que para Benveniste no existe, es decir que está ausente y afuera de la situación. El YO y el TU están dentro de la enunciación (son los dos polos). El EL no forma parte de la enunciación sino del enunciado, es decir, de aquello de lo que hablan el YO y el TU. Es la no-persona. El YO y el TU tienen categorías de personas, el YO es de persona subjetiva ya que se asume como locutor y el TU tiene categoría de persona no-subjetiva. Benveniste plantea que en el discurso no existe pluralidad, sino que aparece un yo dilatado, hay una yunción del yo, lo cual formaría el nosotros. Hay dos maneras de constitución de nosotros: - Inclusiva: yo + ustedes (tú dilatado), lo cual implica una interrelación de subjetividad. Aquí la otra forma parte del discurso. - Exclusiva: yo + él; lo cual implica una correlación de personas. Es la lengua en tanto que asumida por el hombre que habla, y en la condición de intersubjetividad, la única que hace posible la comunicación lingüística. El aparato formal de la enunciación La lengua nos brinda una variedad de formas lingüísticas, de las cuales nosotros nos apropiamos de algunas, donde interviene la subjetividad. Esto es un conjunto de reglas que fijan las condiciones sintácticas en las que las formas deben aparecer normalmente. Las condiciones de empleo de las formas no son idénticas a las condiciones de empleo de la lengua, ya que ésta última es cosa de un mecanismo total y constante que afecta a la lengua entera. Este gran fenómeno que se confunde con la lengua misma es la enunciación. Enunciación: es poner a funcionar a la lengua por un acto individual de utilización. El discurso es producido cada vez que se habla. La enunciación es el acto mismo de producir y no el texto del enunciado lo que es nuestro objeto. Este gran proceso puede ser estudiado de diversos modos. Realización vocal del la lengua: los sonidos emitidos y percibidos proceden de actos individuales. En el mismo sujeto, los mismos sonidos no son reproducidos exactamente, y la noción de identidad solo es aproximada. Estas diferencias se deben a la diversidad de las situaciones en que es producida la enunciación. La enunciación supone la conversión individual de la lengua en discurso. Es la semantización de la lengua la que ocupa el centro de este aspecto de la enunciación. En la enunciación se considera sucesivamente el acto mismo, las situaciones donde se realiza. • Semántico: perteneciente a la significación de las palabras. Antes de la enunciación, la lengua no es más que la posibilidad de la lengua. Después de la enunciación, la lengua se transforma en una instancia del discurso, que emana un emisor y espera un receptor. El YO se apropia de la lengua, la convierte en discurso, y cuyo resultado en la enunciación. La enunciación puede definirse, en relación con la lengua, como un proceso de apropiación. Este acto individual de apropiación, introduce al que habla en su habla. La presencia del locutor en su enunciación hace que cada instancia de discurso constituya un centro de referencia interna. Esta situación es poner al locutor en relación constante y necesaria con su enunciación. Los tiempos verbales cuya forma axial, el presente, coincide con el momento de la enunciación. De la enunciación procede la categoría del presente, nace la categoría del tiempo. Como forma de discurso, la enunciación plantea dos “figuras” igualmente necesarias, fuente y meta de la comunicación. Es la estructura del diálogo. Monólogo: es un diálogo interiorizado, formulado en “lenguaje interior”, entre un yo locutor y un yo que escucha. A veces, el yo locutor es el único que habla, y el yo que escucha sigue presente. Comunicación animal y lenguaje humano Benveniste plantea que no se ha podido establecer que los animales dispongan de un modo de expresión que tenga las características y las funciones del lenguaje humano. Las condiciones fundamentales de una comunicación propiamente lingüística parece faltar en los animales. En las abejas todo da a creer que poseen un modo de comunicarse entre ellas. Las investigaciones sobre las abejas, realizadas por Karl Von Frisch, dieron a conocer el proceso de comunicación entre las abejas. Estas ejecutan danzas (tipos). Pero esto no autoriza hablar de un verdadero lenguaje. A partir de las observaciones de las abejas, Benveniste va a definir el lenguaje humano por semejanza y por contraste. Semejanzas Las abejas son capaces de producir y comprender un mensaje, que encierra varios datos. Manifiestan aptitud para simbolizar, ya que hay correspondencia convencional entre su comportamiento y el dato que traduce. Simbolizar: capacidad que tiene el ser humano de entender la realidad por medio de los signos y comprender a estos como representantes de esa realidad. Encontramos, por lo tanto, en las abejas las condiciones mismas sin las que ningún lenguaje es posible: - La capacidad de formular e interpretar un signo que remite a una realidad. - La memoria de la experiencia. - La capacidad para descomponerla. Diferencias abejas Ser humano El mensaje de las abejas consiste en la danza, sin intervención de un aparato vocal. No hay lenguaje sin vos. Diferencia de orden físico: como la comunicación de las abejas no es verbal sino de gestos, se realizan en condiciones que permitan una percepción visual(día) El lenguaje humano no posee esa limitación. Diferencia en la situación que se realiza esa comunicación: el mensaje de las abejas no atrae ninguna respuesta, sino que determina una conducta que no es una respuesta. No conocen el diálogo. El diálogo es una condición del lenguaje humano. La comunicación se refiere a un dato objetivo. El mensaje de una abeja no puede ser reproducido por otra que no hubiera visto por sí misma las cosas que la primera anuncia. Por lo tanto, el mensaje de las abejas consiste en un calco de la situación objetiva, sin variación y trasposición posible. El hombre arma mensajes sin tener la vivencia, tiene abstracción. Abstracción: modalidad físico matemática, por el cual el hombre arma esquemas mentales y pueden desprenderse de la realidad. El mensaje de las abejas no se deja analizar. Solo podemos ver en él un contenido global. Es imposible descomponerlo en sus elementos formadores. El lenguaje es segmentable en palabras. Estas palabras se descomponen en morfemas (parte constitutiva menores a la palabra). Los morfemas se descomponen en fonemas (mínima unidad de la lengua, que no tiene significación, pero diferencia significados. • El modo de comunicación de las abejas, no es un lenguaje, sino que es un código de señales. Características del lenguaje humano: 1. Tiene carácter vocálico, carácter de oralidad. 2. Comunica datos no objetivos (sueños, ideas, recuerdos o cualquier tipo de mensaje no concreto) 3. Simbolización del lenguaje: a través de muy poquitos signos creamos infinitos mensajes, aunque no lo hayamos escuchado nunca. Hay creatividad en el lenguaje. Problema de la lingüística general Saussure enseñó que la naturaleza del signo es arbitraria. Llamó signo al total resultante de la asociación de un significante y un significado. El nexo que une el significante al significado es arbitrario; arbitrario con respecto al significado, con el cual no tiene ningún nexo natural en la realidad. El razonamiento está falseado por el recurso inconsciente de un tercer término; éste es la cosa misma, la realidad. Puede decir Saussure que la idea de “perro” no está ligada al significante “p.e.r.r.o”, pero no por eso se deja de pensar en la realidad de la noción. En relación con una misma realidad, todas las denominaciones tienen igual valor. El concepto “perro” es por fuerza idéntico en mi conciencia al conjunto fónico (significante) “p.e.r.r.o”. Los dos juntos son impresos en mi espíritu, juntos se evocan en toda circunstancia. El significante y el significado son en realidad las dos caras de una misma noción: • El significante es la traducción fónica de un concepto. • El significado es el correlato mental del significante. Esta consustancialidad de significante y significado asegura la unidad estructural del signo lingüístico. Lo que es arbitrario es que tal signo, y no tal otro, sea aplicado a tal elemento de la realidad, y no a tal otro. Según Benveniste, para el sujeto parlante, hay entre la lengua y la realidad una adecuación completa: el signo cubre y rige la realidad. Según Saussure se puede hablar a la vez de mutabilidad e inmutabilidad del signo. Inmutabilidad porque, siendo arbitrario, no puede ser puesto en tela de juicio; mutabilidad porque, siendo arbitrario, siempre es susceptible de alterarse. Benveniste dice que no es entre el significante y el significado donde la relación al mismo tiempo se modifica y permanece inmutable, sino entre el signo y el objeto; es la motivación objetiva de la designación; sometida a la acción de diversos factores históricos. Lo que Saussure demuestra sigue siendo cierto, pero acerca de la significación, no del signo. Con respecto al valor, Saussure dice que la elección que recurre a tal segmento acústico para tal idea es arbitraria. Si no fuera así la noción de valor perdería algo de su carácter, ya que contendría un elemento impuesto desde fuera. Los valores permanecen enteramente relativos. Según Benveniste, la elección que recurre a tal segmento acústico para tal idea no es arbitraria; este segmento no existiría sin la idea de correspondiente y viceversa. Saussure siempre piensa en la representación del objeto real y en el carácter no necesario del nexo que une el signo al la cosa significada. Si no fuera así la noción de valor perdería algo de su carácter, ya que contendría un elemento impuesto desde fuera. Es un elemento impuesto desde fuera, es decir la realidad objetiva, lo que este razonamiento toma como eje de referencia. Pero si se considera al signo en sí mismo y portador de un valor, la arbitrariedad queda eliminada. Es cierto que los valores permanecen enteramente “relativos”, pero se trata de saber cómo y en relación con qué. El valor es un elemento del signo, por lo tanto se considera el valor como un atributo de la forma, no de la sustancia. Decir lo que valores son relativos significa que son relativos los unos con respecto a los otros. Ya no se trata del signo aislado, sino de la lengua como sistema de signos. Voloshinov El signo ideológico y la filosofía del lenguaje Voloshinov comienza con un análisis crítico al objetivismo abstracto, ya que éste último no atribuye realidad material concreta al sistema de la lengua. Si bien el sistema se expresa en objetos materiales (signos), en cuanto es sistema de formas normativamente idénticas tiene realidad sólo en su carácter de norma social. El objetivismo siempre pone de relieve que el sistema de la lengua es un hecho objetivo exterior e independiente de cualquier conciencia individual. En realidad, dice Voloshinov, representado como sistema de normas inmutables, idénticas a sí mismas, sólo puede ser percibido así por la conciencia individual. Para Voloshinov si se observa a la lengua de un modo objetivo, no descubrimos ningún sistema inerte de normas idénticas a sí mismas, sino que nos encontramos presenciando la generación incesante de normas lingüísticas. La lengua aparece como una corriente incesante de transformación. No permite descubrir en ningún momento en que se pudiera construir un sistema sincrónico, ya que éste no corresponde a ningún momento real en el proceso histórico de transformación. Un sistema sincrónico no es una entidad real. Un sistema sincrónico existe solo desde el punto de vista de la conciencia individual que pertenece a un grupo lingüístico particular en un momento histórico particular. Si se afirma que la lengua, con respecto a la conciencia individual, es un sistema de normas inmutables, que ese es el modo de existencia de la lengua para cada miembro de cualquier comunidad lingüística, con esto se expresa una relación totalmente objetiva (entre conciencia subjetiva – sistema de normas objetivas). La conciencia subjetiva del hablante no opera de ningún modo con la lengua como un sistema de formas normativamente idénticas. El sistema de la lengua es un producto de reflexión sobre la lengua, un tipo de reflexión que no realiza la conciencia del hablante nativo y que no se produce con el propósito inmediato de hablar. El hablante no valora aquel aspecto de la forma que es invariablemente en todas las circunstancias en que se usa; sino el aspecto de la forma lingüística que le permite convertirse en un signo adecuado a las condiciones de la situación concreta y determinada. Lo que al hablante le interesa de la forma lingüística no es su carácter de signo estable – autoequivalente, sino su carácter de signo adaptable – siempre cambiante. ¿Pero el hablante no tiene que tomar en cuenta el punto de vista del receptor? La tarea de la comprensión no consiste en reconocer la forma usada, sino en comprenderla en un contexto concreto particular, en entender su significado en un enunciado particular, es decir, consiste en comprender su novedad y en reconocer su identidad. El proceso de comprensión no se debe confundir con el proceso de reconocimiento. Solamente puede comprenderse un signo; se reconoce una señal; esta es un medio técnico para indicar un objeto fijo y definido. A la conciencia lingüística del hablante y del oyente que comprende, en la práctica viva del hablante, le interesa a la lengua como un conjunto de posibles contextos de uso para una forma lingüística particular. Las palabras siempre están llenas de contenidos y de significado tomadas de la conducta o de la ideología. La lengua es inseparable de su contenido ideológico o conductal. Si deificamos la forma lingüística divorciada de su contenido ideológico como hacen los representantes del objetivismo abstracto, terminamos tratando con una señal y no con un signo lingüístico. El divorcio de la lengua de su contenido ideológico es uno de los errores más serios del objetivismo abstracto. El significado de una palabra es totalmente determinado por su contexto. Hay tantos significados para una palabra como contextos para su uso. El objetivismo abstracto, al tomar al sistema de la lengua y considerarlo como lo esencial de los fenómenos lingüísticos, desechó al acto del habla como algo individual. Para el subjetivismo individualista lo esencial es el acto del habla, el enunciado. Critica a Saussure: • No se puede pensar a la lengua separada del habla. • Lengua: - entidad subjetiva - entidad real e histórica Relación entre lenguaje y realidad Saussure – Jakobson Voloshinov – Benveniste - Oriechioni La relación entre el lenguaje y la realidad es natural (reflejo fiel de la realidad). Significación: cada persona tiene un significado que es directo. Existe la verdad. Objetividad. La relación entre el lenguaje y la realidad es cultural. Simbolizar: las palabras no son un reflejo de la realidad, sino que son una creación cultural. No existe la verdad de las palabras. Las palabras son verosímiles de la realidad. Relación entre significados.
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