¡Que vienen los rusos!
Tras un auténtico folletín diplomático-artístico, la Royal Academy de Londres logra montar su polémica exposición sobre las joyas de los grandes museos de Moscú y San Petersburgo
Tras un auténtico folletín diplomático-artístico, la Royal Academy de Londres logra montar su polémica exposición sobre las joyas de los grandes museos de Moscú y San Petersburgo
Paseo marítimo, de Marc Chagall. 1917-18. Óleo sobre tela.
Dríade, de Pablo Picasso. 1908. Óleo sobre tela.
Tras la lluvia, Plyos, de Isak Levitan. 1889. Óleo sobre tela.
Composición VII, de Vasili Kandinsky. Óleo sobre tela.
Recuadro negro, de Kasimir Malevich. Hacia 1923. Óleo sobre tela.
Retrato de Serguei Diaghilev con su aya, de Léon Bakst. 1906. Óleo sobre tela.
Los gélidos vientos que azotan la relación entre Rusia y el Reino Unido han estado a punto de dar al traste con uno de los grandes acontecimientos de la nueva temporada museística en Londres. El público de la Royal Academy podrá finalmente apreciar, a partir del próximo sábado 26, una ambiciosa exposición que reúne las grandes joyas pictóricas de los principales museos rusos, después de que Moscú concediera el plácet in extremis tan sólo dos semanas antes de su inauguración.
Renoir, Van Gogh, Picasso, Kandinsky, Malevich... La muestra Desde Rusia: obras maestras de la pintura rusa y francesa (1870-1925), un recorrido desde el realismo y el impresionismo hasta las vanguardias, fue cacareada el pasado otoño como un bálsamo ante el pulso que mantienen los dos gobiernos por el caso Litvinenko (el ex agente del KGB asesinado en Londres en noviembre de 2006). Las cosas se torcieron en diciembre, cuando el Estado ruso anunciaba su veto a la exhibición alegando falta de garantías para evitar que la colección fuera embargada en caso de reclamaciones o litigios como los que ha encarado en los últimos años. El gesto fue interpretado, sin embargo, en clave política, como fruto de la irritación de Moscú ante la demanda de extradición del presunto asesino del espía, Andréi Lugovoi, un empresario protegido del presidente Putin que acaba de ser elegido diputado de la Duma. Una intervención de urgencia del Parlamento británico, a finales de ese mes, logró desactivar la crisis, al promulgar una ley de inmunidad que protege las obras de arte de demandas judiciales: los cuadros podían ser desembalados.
Superada la querella, la exposición reunirá por primera vez 120 pinturas procedentes de los cuatro grandes museos rusos: el Ermitage y el Museo del Estado Ruso (ambos en San Petersburgo), el Pushkin y la Galería Tretyakov (Moscú). Desde Rusia... es una exploración del intercambio entre los artistas rusos y franceses que muestra las obras de los realistas Ilya Repin, Isaac Levitan o Valentin Serov junto a la de los artistas de la escuela de Barbizon, como Théodore Rousseau o Jean-François Millet. Las corrientes cruzadas, especialmente fértiles a principios del siglo XX, con los primeros pasos de Wasily Kandinsky hacia la abstracción, la adaptación que hizo Marc Chagall del cubismo francés o el arte puramente abstracto del que fue pionero Kasimir Malevich.
Pieza esencial en la muestra son las colecciones atesoradas por los empresarios moscovitas Ivan Morosov y Serguéi Shchukin, quienes rastrearon París en busca de los impresionistas y posimpresionistas, y acumularon obras de Monet, Renoir, Cézanne, Van Gogh, Gauguin y Picasso. Shchukin se erigió en el principal mecenas de Matisse, a quien encargó para la escalinata de su mansión de Moscú el famosísimo cuadro La danza (1910), que integra la exposición. Ese magnífico patrimonio fue confiscado por el Estado nacido de la revolución y los descendientes de Shchukin intentan hoy recuperarlo, una de las razones del recelo ruso a prestar las obras a museos del extranjero. Otro tipo de demandas ya se tradujeron en sobresaltos en el pasado reciente, como ocurrió hace dos años con el embargo en la frontera suiza de decenas de cuadros procedentes del Museo Pushkin (Manet, Renoir, Picasso...) a causa de la querella interpuesta por la firma local Noga, que reclamaba una deuda impagada al Gobierno ruso.
Al margen de su incuestionable valor artístico, la exposición en la Royal Academy se presenta en la capital británica en pleno desencuentro diplomático entre Londres y Moscú. En esta ocasión el arte no ha sido finalmente rehén de la política, aunque ello no significa que se inaugure una etapa de distensión bilateral. Esta misma semana, la tremenda presión del Kremlin ha forzado el cierre de las dos sedes que tiene en Rusia el British Council, organismo que ejerce de departamento cultural de la Embajada británica. Las espadas siguen pues en alto, pero los grandes maestros de la pintura rusa y francesa han conseguido salvarse de la quema.