Se trata de jóvenes de la llamada Generación Ni-ni: jóvenes que ni estudian, ni trabajan, ni buscan empleo. Dos de cada diez jóvenes no tiene ganas de nada, no tienen proyectos ni ilusiones. Es una generación que surge de un proceso de descomposición social, de una historia de degradación de la economía y de la sociedad de un largo período, que supone la precarización del mercado de trabajo, la desprotección social y, por último, el abandono de niños y jóvenes.
En Argentina más del 10% de los jóvenes, de 14 a 29 años de edad, no se encuentran empleados ni estudiando. Este hecho constituye una problemática no sólo a nivel nacional sino a nivel mundial, ya que en Centro América, Europa Central y Occidental también se cuenta con una cifra preocupante de esta población sin trabajo y estudio.
No sólo se trata de una masa de la población que ha prolongado su juventud. También se está frente a una situación de precariedad en el trabajo, de alargamiento del periodo de formación y en una situación donde estos jóvenes no encuentran manera de salir de dicha condición, observándose una fuerte exclusión de los jóvenes del sistema educativo y del mercado de trabajo. Esto produce importantes daños individuales y familiares, generando procesos de retroalimentación de la exclusión, ya que quienes se encuentran en esta situación les resulta cada vez más difícil salir de ella y se generan en estas personas, desempleadas y sin estudios, comportamientos prejudiciales para ellas mismas y sus pares. Ello provoca un alargamiento del período de dependencia de éstos jóvenes en todos los sentidos, además del económico, respecto de su familia.
“Existe un sentimiento creciente de devaluación de la dignidad del trabajo”, expresó el director General de la OIT, Juan Somavia, frente a esta situación alarmante.

Lo preocupante es que frente a un contexto que podría calificarse como de recuperación y crecimiento del sector laboral, según el INDEC, la población de jóvenes de 14 a 29 años que se encuentra desempleada, en el caso de los varones ha llegado al 9.9% y en mujeres alcanza el 14.6%, en donde quienes resultan más perjudicados son aquellos que corresponden a los sectores de menores ingresos.
Frente a esto se hace imprescindible la aplicación de políticas de empleo y desarrollo social a fin de reducir la pobreza y lograr la inserción en el mercado laboral y en el sistema educativo a los jóvenes excluidos en dichos sectores.
Frente a discursos oficiales muy alentadores, la situación en el mercado laboral parece ser otra. Nos encontramos frente a un fenómeno globalizado, que se da tanto en el mundo desarrollado como en el emergente y el no desarrollado. Siendo un porcentaje importante el del empleo informal, la precarización, la desprotección social, y el nivel de jóvenes inactivos (que no estudian ni trabajan), lo cual consecuentemente genera impactos no sólo económicos sino también sociales, ya que estos jóvenes quedan fuera del sistema laboral y educativo, excluidos frente a graves crisis de participación, no creen en instituciones como la escuela o los sindicatos, no se interesan por nada.
[b]Es necesaria la generación de incentivos para que las empresas se sumen a la tarea de desarrollar una oferta educativa con modalidades vocacionales, medidas para mejorar la calidad de la docencia, incentivos que mejoren el desempeño en las aulas y haga que lo que se enseña resulte atractivo y útil para los jóvenes. De manera complementaria, la implementación de un sistema de becas para la población más vulnerable permitiría reforzar los incentivos para la retención de los alumnos y la conclusión de los estudios secundarios. Entre otras medidas.
Lo que si queda claro aquí, más allá de los discursos e imagen que necesita mostrar el gobierno especialmente en épocas electorales, es la necesidad urgente de aplicar distintas políticas para solucionar esta crisis de cohesión social, y de la necesidad de profundización en las políticas de intervención en este sector, ya que el impacto del desempleo juvenil sobre la inseguridad pública es importante, incrementándose la participación de los jóvenes en el delito y retrasando su adolescencia y responsabilidades, generando importantes consecuencias ya que esta gran masa de [b]jóvenes “ni-ni” son el futuro del país[/b], por lo que las pérdidas serán importantes e incluso irreversibles.[/b]