¿Alguna vez, después de perder tu mirada en el cielo, te has preguntado por qué el firmamento siempre ha despertado religiosidad en la humanidad? ¿Por qué el cielo siempre ha sido asociado con lo divino? ¿Por qué, desde el nacimiento de nuestra especie hemos mirado al cielo para encontrarnos con lo sagrado?
Este post trata de responder, desde una perspectiva histórica-comparativa y antropológica, a estas antiguas cuestionantes. En gran parte la información fue extraída, resumida e interpretada del libro "Tratado de Historia de las Religiones"; del historiador rumano Mircea Eliade, entre otras fuentes y deducciones propias.
Esta primera parte consta de los siguientes apartados:
• LO SAGRADO CELESTE
• DIOSES AUSTRALIANOS DEL CIELO
• DIOSES CELESTES ENTRE LOS ANDAMANES, LOS AFRICANOS Y LOS SELKNAM
• DEUS OTIOUSUS

Robert Fludd, Utriusque Cosmi Historia
Eclipse solar visto en la Isla de Pascua
Lluvia de meteoritos de las Perseidas.
• LO SAGRADO CELESTE
La oración más popular del mundo se dirige al "padre nuestro que estás en los cielos". Es posible que la oración más antigua se haya dirigido a un mismo padre celeste, lo cual explicaría el testimonio africano de la tribu de los ewe: "Allí donde está el cielo, allí está también Dios." P. W. Schmidt, autor de la más voluminosa monografía consagrada al origen de la idea de divinidad, intenta demostrar la existencia de un monoteísmo primordial fundándose esencialmente en la presencia de los dioses celestes en las sociedades humanas más primitivas.
Mircea Eliade, fundador de la Historia de las Religiones, autor del libro Tratado de historia de las religiones.
Lo que está fuera de duda es la casi universalidad de las creencias en un ser divino celeste, creador del universo y garantizador de la fertilidad de la tierra (gracias a las lluvias que vierte). Tales seres están dotados de una presencia y de una sabiduría infinitas; las leyes morales y a menudo los rituales del clan fueron instaurados por ellos durante su breve estancia en la tierra; velan por la observación de las leyes y el rayo fulmina a quien las infringe.
Estos son algunos ejemplos históricos de deidades celestiales:
Ahura Mazda u Ormuz, divinidad persa exaltada por Zoroastro como el Creador no creado. Es el dios del cielo, omnisciente y sacerdote celeste.
Mosaico romano que representa a los dioses primordiales Urano (que literalmente significa cielo) y Terra.

Posible representación sumeria del dios celestial Anu, señor de las constelaciones y rey de los dioses, que vivía con su esposa, la diosa Ki en las regiones más altas del cielo.
Representación en relieve, hallada en el Caldero de Gundestrup, de la deidad celestial celta Taranis.
Fresco renacentista ubicado en la Capilla Sixtina, elaborado por Miguel Ángel; donde se representa a la deidad celestial judeocristiana Yahvé junto a su creatura Adán. Precisamente ilustra el momento bíblico del génesis, aquel instante en el que la deidad celestial le da la vida a Adán, el primer hombre.
Pero antes de ahondar más en divinidades uranias, es necesario tratar de comprender la significación religiosa del cielo en sí mismo.
El cielo revela directamente, por sí mismo, su trascendencia, su fuerza, su sacralidad. La simple contemplación de la bóveda celeste provoca en la experiencia primitiva una experiencia religiosa. Semejante contemplación equivale a una revelación.
El cielo se revela tal como es en realidad: infinito, trascendente. El simbolismo de su trascendencia se deduce, directamente, del simple percatarse de su altura infinita. "El altísimo" se convierte, del modo más natural, en un atributo de la divinidad.
Andreas Cellarius (1660)
Harmonia Macrocosmica, representación del espacio dentro el sistema ptolemaico
Las regiones superiores inaccesibles al ser humano, las zonas siderales, adquieren los prestigios divinos de lo trascendente, de la realidad absoluta, de la perennidad.
Semejantes regiones son la habitación de los dioses; allí es donde llegan algunos privilegiados por medio de ritos de ascensión celeste; allí donde se elevan, según las concepciones de ciertas religiones, las almas de los muertos. .
Lo "alto" es una dimensión inaccesible al ser humano como tal; pertenece por derecho a las fuerzas y a los seres sobrehumanos; aquel que se eleva subiendo ceremoniosamente los escalones de un santuario o la escala ritual que conduce al cielo deja entonces de ser humano; las almas de los difuntos privilegiados, en su ascensión celeste, han abandonado la condición humana.
Representación en fresco de la Ascensión de Cristo elaborada por Giotto di Bondone, en esta imagen se representa la ascensión de Jesucristo al cielo en presencia de sus discípulos tras anunciarles que les enviaría el Espíritu Santo.
• DIOSES AUSTRALIANOS DEL CIELO
Baiame, la divinidad suprema de las tribus del sureste de Australia (Kamilaroi, Wiradjuri, Euahlayi), habita el cielo, junto a un gran curso de agua (la vía láctea), y recibe allí las almas de los inocentes. Está sentado sobre un trono de cristal; el sol y la luna son sus "hijos", sus ojos en la tierra. El trueno es su voz; hace caer la lluvia, reverdeciendo y fertilizando así la tierra entera; en este sentido también es creador. Como los otros dioses uranios (celestiales) Baiame ve y oye todo.
Pintura rupestre de la etnia australiana Wonnarua, que representa a Baiame, dios creador y padre del cielo.
Otras tribus, situadas en la costa este conocen a un ser divino similar: Daramulun. Este nombre esotérico solo es comunicado a los iniciados; las mujeres y los niños no lo conocen sino como "padre" (papang) y "señor" (biambiam).
Del mismo modo las imágenes de arcilla del dios solo son mostradas en el transcurso de las ceremonias de iniciación; después son destruidas y dispersadas con un cuidado particular. En otro tiempo, Daramulun vivió durante algún tiempo en la tierra en inauguró los ritos de iniciación; después se elevó de nuevo al cielo y desde allí se escucha su voz, el trueno; desde allí envía la lluvia.
La iniciación consiste, entre otras cosas, en la revelación solemne del "rombo"; un pedazo de madera de alrededor de 15 cm. de largo y 3 de ancho., que posee en un extremo un orificio por el que pasa un cordel; por su rotación, el rombo produce un sonido análogo al trueno y al mugido del toro (de donde también su nombre inglés de bullroarer). Solo los iniciados conocen la identidad del rombo y de Daramulun. Esos misteriosos gemidos que se escuchan por la noche, provenientes de la jungla, llenan a los no iniciados de un terror sagrado, pues se adivina en ellos la cercanía de la divinidad.
Figura en relieve de la deidad celestial iniciática Daramulun
Los bullroarer o churingas son instrumentos ceremoniales que, al hacerlos girar, emiten un sonido profundo y característico. Este sonido ha sido a lo largo de miles de años considerado sagrado por numerosas culturas.
Fue Bunjil quien creo la tierra, los árboles, los animales y al humano mismo (habiéndolo hecho con arcilla, le "insulfó" el alma por la nariz, la boca y el ombligo). Pero Bunjil, después de haber investido a su hijo Bimbeal del poder sobre la tierra, y a su hija Karakarook del poder sobre el cielo, se retiró del mundo: permanece sobre las nubes, como un "señor", con un gran sable en la mano.
Representación rupestrte del dios celestial Bunjil, deidad suprema de la nación Kulin.
• DIOSES CELESTES ENTRE LOS ANDAMANES, LOS AFRICANOS Y LOS SELKNAM
Por muy borrados que estén los rastros de este tipo de divinidades entre ciertas poblaciones aborígenes de la india, entre ellos los Andamanes, éstas conservan siempre un nexo con la vida urania y meteórica.
En el archipélago andamanés, en una de las poblaciones más antiguas de Asia, Pūluga es el ser supremo, se lo concibe de forma antropomórfica, pero habita en el cielo y su voz es el trueno; el viento, su aliento; el huracán es el signo de su cólera, pues castiga con el rayo a quienes infringen sus mandamientos. Pūluga sabe todo pero no conoce los pensamientos de los humanos sino de día. Creó para sí mismo una esposa y tuvo hijos. Cerca de su residencia celestial se encuentra el sol (femenino) y la luna (masculino), con sus hijos, las estrellas.
Si Pūluga duerme, viene la sequía. Si llueve, eso significa que el dios ha bajado a la tierra y busca su alimento. Pūluga creó al mundo y también al primer hombre, llamado Tomo. La humanidad se multiplicó, tuvo que dispersarse, y después de la muerte de Tomo, olvidó cada vez más a su creador. La ira de Pūluga estalló un día y el diluvio que sumergió a la tierra entera puso fin a la humanidad: solo cuatro personas se salvaron. Pūluga tuvo piedad de ellos, pero los humanos siguieron mostrándose recalcitrantes. Después de haberles recordado una última vez sus mandamientos, el dios se retiró y los humanos no han vuelto a verlo desde entonces.
Representación del dios celeste Pūluga
Al igual que el judaísmo, el cristianismo y otras concepciones religiosas, entre los andamanes también encontramos la representación arquetípica del primer hombre, en este caso llamado Tomo. (Retrato en grabado de Adán con un león, Heinrich Aldegreve).
Entre los cazadores nómadas de los Selknam, de la Tierra de Fuego, el dios se llama Temáukel, pero debido al temor sagrado ese nombre no se pronuncia nunca. Se le llama habitualmente so'onh-haskan, es decir "habitante del cielo".
Es eterno, omnisciente, todopoderoso, creador; pero la creación fue terminada por los antepasados míticos (especialmente por su hijo, también ellos hechos por el dios supremo antes de retirase por encima de las estrellas. Pues este dios se ha aislado de los humanos, indiferente a los asuntos del mundo.
No tenía imágenes ni sacerdotes. Es el autor de las leyes morales, es el juez, y en última instancia el dueño de los destinos. Pero sólo se le dirigían oraciones en caso de enfermedad: "¡Tú, el de arriba, no me quites a mi niño; es todavía demasiado pequeño", y se le hacen ofrendas especialmente durante las intemperies.
Representación de Temáukel, dios supremo Selknam, morador del cielo.
Los selknam pintaban sus cuerpos y cubrían sus rostros con máscaras de troncos de árboles para sus rituales.
En África se han encontrado por todas partes los rastros de un gran dios celeste casi desaparecido, o a punto de desaparecer del culto. Su lugar ha sido remplazado por otras fuerzas religiosas, y en primer lugar por el culto a los antepasados.
Los Thisemplean la palabra Nyankupon, que es el nombre de su dios supremo, para designar al cielo y a la lluvia. Cada vez que llovía, se pensaba que el dios descendía desde su morada en las alturas. Los Ba-ilas, tribus bantúes del valle del Kafúe, creen en un ser supremo todopoderoso, creador, que habita en el cielo, y al que llaman Leza. Para la mayoría de las poblaciones Ewe, Mawu es el nombre femenino del ser supremo, cuyo nombre deriva de "wu", "cubrir".
Mawu también es el término utilizado para designar al firmamento y a la lluvia. El azul del firmamento es el velo con que Mawu se cubre el rostro; las nubes son sus vestidos y sus adornos; el azul y el blanco sus colores favoritos (su sacerdote no puede llevar otros colores). La luz es el aceite con que Mawu unge su cuerpo desmesurado. Ella envía la lluvia y es omnisciente.
Vestimentas y máscaras para el culto a los antepasados en Africa Occidental. Esta práctica religiosa ha ido suplantando poco a poco la creencia de una divinidad suprema a la que hay que rendir culto. El culto a los antepasados es una práctica piadosa común a varias religiones basada en la creencia que los miembros de la familia que han muerto (ancestros) tienen una nueva existencia, se interesan por los asuntos del mundo y poseen la habilidad de influir en la suerte de los vivos.
Representación contemporánea de la diosa celestial creadora Mawu, cuyo culto se extiende a toda la etnia Ewe.
• DEUS OTIOUSUS
La ausencia de un calendario sagrado de los ritos periódicos es una característica de la gran mayoría de los dioses celestes, pues se crea una suerte de trascendencia y pasividad de la deidad suprema, demasiado alejada del hombre para satisfacer sus innumerables necesidades religiosas, económicas y vitales.
En otras palabras, la deidad celestial se retira de su creación y deja de ocuparse de los asuntos mundanos, dejando el cuidado de su creación a otros dioses más jóvenes y activos (claro ejemplo es del dios Urano y Gea que son sustituidos por Zeus y los demás dioses olímpicos, también está el ejemplo de Enlil y Enki que stituyen a su padre Anu en las labores de la creación, o Indra que deja su lugar a Shiva y Vishnú).
De este alejamiento voluntario de la deidad nace la tipificación de "dioses ociosos", aplicado a las deidades supremas retiradas...
Los hermanos sagrados Enki y Enlil fueron ellos los que terminaron la creación divina y sucedieron en el poder a su padre An (o Anu), quien se retiró a su morada divina en los cielos.
Shiva y Vishnu, sucesores del dios supremo Indra en la labor de la creación.
Representación manierista elaborada en fresco por el artista italiano Giorgio Vasari, que ilustra el episodio mitológico de la castración del dios supremo Urano, llevada a cabo por su propio hijo Cronos, quien será el que, después de este acto, tomará la sucesión del poder divino, relegando a su viejo padre al olvido. Paradójicamente, luego será el mismo relevado en el poder divino por otra deidad celestial llamada Zeus.
Los Yorubás de la Costa de los Esclavos creen en un dios del cielo al que llaman Olorún (literalmente "propietario del cielo" ) quien, después de haber comenzado la creación del mundo, confió la tarea de acabarlo y de gobernarlo a un dios inferior, su hijo Obatalá. Por su parte Olorún se retiró definitivamente de los asuntos terrestres humanos y no ha templos, ni estatuas, ni sacerdotes de ese dios supremo. Sin embargo es invocado como último recurso en caso de calamidad.

Ilustración del artista finlandés Ari-Matti Toivonen, que representa al supremo dios africano Olorún, aún vigente en la religión santera.
Obatalá, ser creado por el dios supremo Olorún para poner control en la Tierra ante las malicias de Eshu; también es llamado el Orisha Mayor. Obatalá sucede en el poder de la creación a Olorún, siendo él el dueño de la pureza, de ahí la consagración del color blanco, también es el dueño de todas las cabezas, por lo que rige en todos los seres humanos.
La vida religiosa de estas culturas, está determinada por el temor generado por el culto de los espíritus, son los espíritus de los muertos los que ejercen el verdadero control sobre los asuntos del mundo y es a ellos a quienes ofrecen un culto regular.
Figurilla que representa a la deidad celestial africana Nzambi (o Nsambe, Ndyambi dependiendo del grupo étnico). La tradición oral bakongo cuenta en sus leyendas que, Nzambi creó el cielo, todos los astros, y también a la primera pareja humana, de la cual desciende la humanidad entera. Cuenta la tradición que el hombre y la mujer fueron creados en el cielo y bajados a la tierra a través de un hilo de araña.
Fotografía de finales del s. XIX que retrata a una familia perteneciente al pueblo Herero.
Sin embargo, todo esto no disminuye en nada la autonomía, la grandeza y la primacía de los seres celestes supremos; es cuando mucho, testimonio de que tanto el ser humano "primitivo", como el "civilizado", olvida a estos dioses con mucha facilidad en cuanto no los necesita; que las durezas de la existencia le obligan a mirar más hacia la tierra que hacia el cielo, y que sólo vuelve a descubrir la importancia del cielo cuando la muerte le amenaza desde allá.
EN EL PRÓXIMO APORTE, DESARROLLAREMOS UN POCO MÁS A PROFUNDIDAD ESTA "SUSTITUCIÓN Y FUSIÓN DIVINA" QUE HAN SUFRIDO LOS SERES SUPREMOS CELESTIALES, VEREMOS TAMBIÉN LA REPRESENTACIÓN CULTURAL DE LOS DIOSES URANIOS ENTRE LAS POBLACIONES CENTRO ASIÁTICAS, ÁRTICAS, MESOPOTAMIA, TAMBIÉN LA IMPORTANCIA DEL RAYO, LA LLUVIA ENTRE OTROS FENÓMENOS METEOROLÓGICOS, LA IMPORTANCIA SIMBÓLICA DEL TORO Y LA VACA EN LA TEOGONÍA CELESTE... Y MUCHO MÁS .
Como extra les dejo un excelente cortometraje animado estonio, en el que se definirá el destino de la creación en un masivo encuentro entre todos los dioses y diosas de la tierra.