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(Texto) Puberteando (extenso)

De más está decir que, en la vida de los hombres, las mujeres no están de más. Llegan a ocupar gran parte de nuestro mundo… y de nuestra vista. Y también viceversa, pero como no soy mujer (por ahora) no voy a escribir desde dicho punto de vista. Voy a abocarme a una etapa fundamental de los hombres tal como es la pubertad. Pero, ¿qué es la pubertad? El diccionario lo define como algo que no se puede romper Que no se puede romper. Y no, no se rompe, sino que algunas veces parece estirarse más y más con la edad. De nuevo ¿Qué es la pubertad? Abarca muchas cosas, pero sobre todo significa, para un hombre, darse cuenta de que tenemos un deseo por el sexo opuesto (además de los cambios físicos que esto implica); o si te desviaste del camino será entonces por el sexo idéntico, pero como no seguí ese camino no sé de qué se trata. Sí, está bien. Cuando eras un nene de pecho, de jardín, te gustaba esa nenita de ojos claros y pelo castaño, la cual el día de hoy está hecha un caño o está hecha un ogro fabbiani. O bien, cuando estabas en 4to grado estabas enamorado, al igual que todos tus compañeros, de otra nena. Es decir, te gustaban, pero no era cosa de chamuyarlas, tirarle la boca y pum, directo al telo. Era más bien, hablar de dibujitos, beso en el cachete y pum, directo al pelotero. Al día de hoy creo que estoy fallando en una de ellas O en varias, no sé, los dibujitos todavía me gustan y me cabe el pelotero. Pero luego empezaste a crecer. Cumpliste 11, 12 años. A tus compañeras las veías con otros ojos, empezaste a relojearle algo más que la cara… Bah, le dejaste de mirar la cara directamente. Hasta que un buen día ¡Pimba! alguien se despertó y dijo: “hola, mucho gusto, me presento”. Todos sabemos de quien hablo, y no, no dice esas palabras, no habla, pero se comunica. Hoy por hoy se presenta muy seguido, es muy educado… Le gusta que lo saluden con la mano. Bueno, volvamos al ruedo. Te diste cuenta que te gustaban las chicas y que tenías ciertas ganas guardadas dentro tuyo las cuales querías liberar pero no sabías que mierda había que hacer, y ahí es cuando recordas lo que te contó tu primo un día sobre el amigo de ahí abajo, y ahí es cuando todo cobra sentido. Descubriste la manera de expulsar esas toneladas ganas que te agarraban cada 2 por 3, cada 3 por 3 y cada 4 por 4. Conociste un nuevo mundo. Ya está, se terminó tu primaria, y no solo académicamente hablando. Ahora te quiero ver picarón. Empezaste la secundaria. A los más grandes los veías gigantes, y ellos te veían como el pelotudo del siglo y no pueden creer que alguna vez fueron así. Sos un pajero, un salame. Sos todo lo que rompe las pelotas en el mundo. Te matas a pajas y estás orgulloso de eso. Es más, querés que te premien por eso. Te gustan todas, estás enamorado de todas, aunque siempre hay una que está en el podio y no la podes sacar de ese maldito pedestal que te carcome la cabeza y eleva tu pelotudez de un grado cuadrático a un grado cúbico. No le hablas a ninguna. Mucho canchereo pero arrugas al momento de los bifes. Te chiva la frente, las axilas, los huevos, y partes de tu cuerpo que no sabías que podían chivar pero ahora chivan. Te querés hacer el poronga en frente de ellas, te haces el bueno, el que les hace favores, y todo con un solo propósito, tan obvio que no vale la pena aclarar. Obviamente no todos son iguales, algunos son más rescatados, otros parecen asexuales, pero el 75% debe encontrarse en esa brecha. Pasemos a algo más personal. Yo, dicho sea, estaba en esa brecha. Pero mi caso era algo distinto. Ser de un colegio técnico te aleja del contacto femenino y complica en cierto modo las cosas. Te la pasas viendo todo de afuera y, eventualmente, tenés contacto con alguna. Pero llega un momento clave en muchos de los chicos adolescentes, y es de lo que quería hablar cuando empecé con esto. Llega un momento el cual varía para todos. A algunos les pasa más temprano, otros más tarde, y a otros demasiado tarde. Soy partidario de que mientras más temprano mejor. Pero por suerte no fue tan tarde para mí. Es, entonces, el momento en que la conoces a ella. Ella que: es distinta, no es como las demás, no te genera lo mismo, es otra cosa, etc. etc. y diez mil etcéteras más que, maldita sea, en ese momento nos creemos con alma y vida. Dicha chica tenemos la oportunidad de conocer y nos parece ideal para nosotros. Dicha chica nos aleja de todas las demás, nos hace mirarla solo a ella, existir solo por y para ella. Pero ella es simplemente ella, y nosotros somos el mismo tarado que venimos arrastrando hace años, el cual nunca sentimos la necesidad de que había que cambiarlo, adiestrarlo y disciplinarlo. Por lo menos hasta ese momento. Ese momento cuando te das cuenta que por tu ignorancia y por tu forma de ver las cosas no vas a poder tenerla. Porque ella ya maduró; quizás no mucho, pero lo suficiente como para entender las cosas. Y vos estás comenzando a despertar, y te das cuenta de las cadenas que tenés atrás, te das cuenta del mundo en el que vivís. Pero no te despertás de un día para el otro. Te lleva tiempo, a algunos más y a algunos menos. Y en ese tiempo a ella la perdiste. Ese tiempo termina el día en que no te queda otra opción que dejar de luchar contra lo inevitable y aceptar lo que te rodea y lo que te rodeó durante tu vida. Termina y te sentís miserables, te sentís un idiota. Miras atrás, a los chicos de primer año y te ves a vos mismo y no podes entender cómo es que son tan estúpidos, como es que fuiste tan estúpido. Y ella ya no está. Ella es ella y tu chance se va con ella. Ella es casi como una llegada necesaria en la vida, que te hace despertar y mirarte a vos mismo y te hace salir de tu mundo. No a todos les sucede igual, y quizás no a todos les sucede con una chica como a mí. Cada uno tiene su historia y a cada uno lo mueven distintas cosas. A cada uno lo despiertan distintas cosas. Es como estar dormido y despertar. Tan absurdo fue tu sueño, tan sin sentido, pero aun así te lo creíste y pensaste que era real. Y no te queda más que preguntarte “¿Cómo no me di cuenta, si era tan obvio? Las cosas que podría haber hecho si me hubiera dado cuenta que nada era real” Despertar lleva tiempo, no es cosa de un día para el otro. Pero pude lograrlo. Aunque todavía deben haber cosas que ignoro, cosas que me mantienen sedado y no puedo reconocer.
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