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(Texto) "¿Qué vendrá después de Facebook?" Parte 2

El cartón amargo Mi experiencia con estupefacientes es escasa. Siempre fui reacio (o cagón) a probar alucinógenos, pero meses atrás me había animado aunque con resultados desalentadores ya que casi no hubo efecto. Me quedó la manija un par de meses. De nuevo, la pregunta había sido hecha. No sé quién la hizo pero seguro fue Tomás. No es por acusarlo de drogadicto, ya que hay motivos suficientes para que cualquiera de los tres haga tal propuesta. Aun así, en algún momento cualquiera haría la pregunta. Simplemente estaba flotando en el ambiente y alguien la encontró. Era alrededor de la 1 de la madrugada. -¿Vos decis? -Al toque ¿Hacemos miti para cada uno? -Y dale El crimen ya estaba hecho. Teníamos en nuestras bocas un pedacito de cartón con un leve sabor amargo. Solo era cuestión de esperar. Ésta vez tenía que suceder. Algo tenía que experimentar. No pedía elefantes entrando por la ventana ni a lucía en el cielo con diamantes. No, no tanto, pero sí algo que me descoloque de mi habitual rutina. Aprovechamos el tiempo tocando Necessary evil y otras huevadas. Ya pasada la hora y monedas surgió otra pregunta, inevitable, dadas las circunstancias. -Che, ¿colamos la otra media? -Naa, banca. Igual no me pegó todavía. -Yo tengo el porro que traje, no sé si alcanza.- Dije yo, sintiendome un adolescente de 15 años el cual prueba una gota de alcohol y se siente Jesús después de convertir Manaos en Termidor, virgo con todas las letras y sentidos. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------ Salí de mi casa con el auto. Primera vez que haría un trayecto “largo”. Estaba algo nervioso. Preparé los preparativos (valga la redundancia) y fui a casa de Tomás. Piso 15, torre 4, departamento 3. Me lo sé de memoria de por vida (o torre 3 depto. 4). Subiose al auto y partimos a casa de nacho. Ignorábamos lo que esa noche iba a suceder. No había expectativas de nada. Hablamos un par de boludeces y nada más. Yo estaba muy enfocado en el camino y en no matar a nadie. La cosa es que una de mis tareas era conseguir del rico, el verde, fasolita, el que da risa, maria juana, bob Marley, churro, charuto, flores, porro, faso, marihuana etc. No se si se entiende. La realidad es que no hacía falta que consiguiera dado que ya tenía. Así que mi tarea se redujo a simplemente llevarlo. Resulta que fue demasiado para mí, y lo único que llevé fue una tuca. Alcanzaba para 2 pitadas y media cada uno. Había olvidado llevar el resto. Hasta pensé en volver a casa, pero tendría que poner una excusa a mis viejos para haber vuelto y… paja. Debía pagar por mis penas, cumplir mi condena. ----------------------------------------------------------------------------------------------------------- -Mal, es verdad, bueno vamo´ a fumar Acto seguido estamos en la cocina, mechando. Tenía miedo de que no alcanzara, y que por mi culpa la noche fuera un fiasco. No lo fue. Empezamos a charlar para matar el tiempo, para esperar el efecto de la burund…de la marihuana. Cada uno había cumplido ya con sus correspondientes pitadas. De repente un tema cuasi filosófico salvaje aparece. ¿Cómo evolucionarían las redes sociales? era el tema en cuestión. Un tema que todavía considero interesante debatir. ICQ había mutado a MSN. Fotolog desapareció por un tiempo para convertirse en Instagram. MySpace y Facebook comenzaron a dar grandes pisadas, por lo que hicieron quedar obsoleto al Messenger (qepd). Twitter nació a la par. Y somos testigos de las transformaciones que van teniendo, en las cuales observamos cierto declive. Hasta que llegó el momento. Creo que Nacho fue quien preguntó -¿Qué va a venir después de Facebook? Una pregunta que, según tengo memoria, quedó a cargo de Tomas responder. Tenía todo un mundo a sus pies. Por algún motivo creíamos que el sabría la respuesta, o que nos daría un indicio por el cual atacar. No hubo respuesta. Es más, la pregunta se repitió unas 2 veces más. Fue como cuando llamas a alguien y escuchas que levantaron el tubo pero no escuchas ninguna voz y te encontras a vos mismo gritandole a la nada "¡¡¡¿Hola?!¿Hola?!!!" Seguíamos sin respuesta. La pregunta no había llegado a entrar en nuestras cabezas. Y si llegó entonces no había pasado a nuestra consciencia. Algo la había obnubilado. Algo se metió en nuestra mente y en nuetros sentidos. Estábamos divagando en nuestros respectivos mundos. Como si algo se estuviese gestando dentro nuestro pero sin darnos indicios solaris de qué se trataba. Mi vista periférica puede ver a Nacho moviéndose de un lugar al otro sin saber qué hacía realmente. Solo mi inconsciente o subconsciente (siempre me equivoco) podía percibirlo. Miro a Tomás esperando por la respuesta y nos damos cuenta. No había respuesta. Por lo menos no en ese momento. Tal vez la respuesta no sería manifestada en forma de palabras. Tal vez la respuesta fue el desencadenante. ¿Qué vendrá después de Facebook? Esto: droga, birra, musica, descontrol, cerebros atrofiados y cuerpos desgastados. Facebook ya no será un lugar de descargo social. Quedará obsoleto como todo. La sociedad va a buscar otros medios donde manifestar sus miedos, sus problemas, sus odios, sus vergüenzas, sus locuras, de vez en cuando sus amores, sus humores. Y ahí es donde entramos nosotros, que ya nos adelantamos o nos creemos adelantados, ofreciendo otro motor a nuestra dopamina. Facebook no está, no existe, sos vos. Vos le das vida. Sin clientes no hay trata. ¿Dios existe o yo lo cree? ¿Acaso creo en Dios para tener un medio de descargo? No lo sé, tampoco me interesa ahora. Son demasiadas preguntas. Solo recuerdo esperar ver a Tomás darme la puta respuesta. Solo recuerdo verlo reírse, y reírme yo también, de un modo totalmente inocente al compás de “¿Y qué se yo?” Claro, a esa frase le faltaba “Estoy re loco” Nacho vuelve a aparecer en escena. En ese momento caí que estaba dando vueltas de un lado para el otro sin pronunciar palabra. Lo veo en un estado de euforia, con una risa atoradísima. No sabía si estaba por llorar, por reírse desaforadamente o si se estaba cagando encima. Las palabras eran más fuertes que él. Estaba rojo, inundado por una sensación superior a él. Ahí fue cuando lo entendí. Entendí qué le pasaba. No hizo falta que me explicara ni tampoco darme cuenta tras un razonamiento lógico. No, yo también estaba como él. A mi modo, pero estaba como él. Me reí...después de tantas risas. Me reí...pero diferente. Me reía pero no dejaba de sonreír. Sentía mis mejillas verse alteradas por mi sonrisa. Sentía que no podía parar de sonreír. Sentía mi sonrisa aun sin sonreír ni reír realmente. Era una especia de secuela en mi cara. Como una huella que queda. Y esa huella me hacía volver a sonreír. Ya no sabía si sonreía realmente o si alguien o algo lo hacía por mí. La música ya estaba sonando. Fuimos de nuevo al living y pasamos la noche bajo el efecto de un cartón con sabor amargo. Estilos variados de música pasaron por nuestras cabezas. Sensaciones, figuras, colores, luces pasaron por nuestros sentidos y consciencias.
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